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miércoles, 28 de julio de 2010

Un activista pacense, agredido en una carga policial en el Sáhara




ES COLABORADOR DEL OBSERVATORIO DE DERECHOS HUMANOS DEL COLEGIO DE ABOGADOS.

Un activista pacense, agredido en una carga policial en el Sáhara

Tuvo que refugiarse en una casa junto a un centenar de saharauis durante horas.

LA CRONICA DE BADAJOZ 27/07/2010 B. C.

Javier Sopeña, un activista pacense de 25 años y colaborador del Observatorio de Derechos Humanos del Colegio de Abogados de Badajoz, resultó herido hace unos días en una carga de la policía marroquí en El Aaiún, la capital del Sáhara Occidental, donde llegó hace dos meses.

Según su testimonio, se encontraba junto a decenas de saharauis y otros cuatro españoles en una vivienda esperando la llegada de once activistas saharauis que regresaban de los campamentos de Tinduf (Argelia) y cuando salieron a recibirlos "policías de paisano", que habían mantenido cortada y vigilada durante todo el día la zona, comenzaron "a cargar contra todos los que estábamos en la puerta con patadas y puñetazos", relató.

Sopeña logró repeler los golpes en la cabeza protegiéndose con las manos, pero recibió una fuerte patada a la altura del riñón que le causó lesiones de las que varios días después aún no se ha recuperado. Otros tres activistas canarios también fueron agredidos. Contó que durante toda la noche, más de un centenar de personas --entre ellos muchos niños-- tuvieron que permanecer refugiadas en la vivienda ante el asedio de la policía marroquí "que lanzó piedras tan grandes como cabezas" a través de las ventanas.

El joven pacense lamentó la impunidad con la que la policía marroquí actúa y señaló que el Observatorio de Derechos Humanos del Colegio de Badajoz ya ha redactado una denuncia basándose en el informe que él mismo ha remitido para presentarla ante la misión de la ONU y no descarta otras acciones legales.

No es la primera vez que el activista pacense es agredido por las fuerzas de seguridad marroquí, en marzo vivió un suceso similar. "Aquí es lo habitual", afirmó con resignación desde El Aaiún, donde continuará desarrollando su labor a pesar de este último incidente. Es la cuarta vez que Javier Sopeña viaja al Sáhara, donde su labor consiste en apoyar a los activistas saharauis, con tareas como el acompañamiento cuando éstos regresan de los campamentos de refugiados.

jueves, 22 de julio de 2010

El Gobierno español se inhibe ante la agresión a sus ciudadanos






*Ver GALERIA DE FOTOS (GuinGuinBali)

ASUNTOS EXTERIORES NO HA PRESENTADO NINGUNA QUEJA NI HA ABIERTO INVESTIGACIÓN

El Gobierno español se inhibe ante la agresión a sus ciudadanos

GUINGUINBALI J.N. Las Palmas de Gran Canaria 22/07/2010

Los observadores españoles que estuvieron el domingo en el Sahara, tres de los cuales sufrieron en sus propias carnes la agresión de la Policía marroquí, no han recibido ningún tipo de apoyo por parte del Gobierno español o de su Ministerio de Asuntos Exteriores, ni han sido llamados para investigación alguna. La única y escasa intervención del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero ha sido la petición de un informe al depositario de los Bienes Culturales en el Sahara, según ha asegurado éste.

Los cinco españoles que se encontraban en El Aaiún el pasado domingo y que vivieron en primera persona la agresión de la policía marroquí, hasta el punto de que tres de ellos fueron golpeados, zarandeados o empujados, no han recibido ningún tipo de llamada, apoyo o iniciativa por parte del Gobierno español o del Ministerio de Asuntos Exteriores, que, de hecho, no ha actuado en ningún sentido en este tema.

La única medida adoptada hasta ahora, de la que se tiene conocimiento indirecto y no oficial, es la petición de un informe al depositario de los Bienes Culturales del Estado en el Sahara, Mariano Collado, según ha asegurado éste, aunque de dicha petición solo se tiene constancia por sus palabras.

Esta inacción del Gobierno de España ante la agresión que tuvieron que sufrir sus ciudadanos o el hecho de que se le retirara a la fuerza su material fotográfico, llega hasta el punto de que no ha merecido ni siquiera una queja formal por parte del Gobierno español, lo que vuelve a poner de manifiesto la laxitud del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero en este tema. No se ha abierto investigación de ningún tipo y nadie se ha puesto en contacto con los observadores españoles.

Hayat Rguibi: "He visto palizas desde que era una niña"



HAYAT RGUIBI, UNA DE LAS ACTIVISTAS QUE VISITÓ LOS CAMPAMENTOS EN TINDUF Y RECIBIÓ UNA PALIZA AL REGRESAR AL AAIÚN

"He visto palizas desde que era una niña"

GUINGUINBALI LAURA GALLEGO Las Palmas de Gran Canaria 22/07/2010

Estos días, se han publicado imágenes de esta mujer dolorida, en el suelo, después de recibir golpes y porrazos por parte de la policía la noche del domingo; aparece en otra fotografía en mitad de una masa de gente, hinchadas las venas del cuello, puño en alto, haciendo la señal de victoria con la que los saharauis expresan su lucha por la independencia. Es una de las activistas por los derechos humanos que regresaba de visitar los campamentos de Tinduf.

Pero al día siguiente, Hayat Rguibi, sentada en el suelo, en la esquina de una habitación de una típica casa saharaui, es, también, una adolescente de solo 19 años que se sonroja cuando su amigo, que está haciendo las veces de traductor, le lanza pícaras insinuaciones. Y se deshace en carcajadas nerviosas cuando le decimos que hacen buena pareja. Una adolescente que, por haber realizado este viaje, ya no podrá asistir al instituto, donde estaba estudiando informática. Pero que aún aspira a aprender idiomas; e incluso, puestos a soñar, a convertirse en “abogada, para defender a mi gente”.

De momento, siendo tan joven, ya tiene un nombre dentro de la Intifada. Es activista desde los 14 años. Ella nació bajo la ocupación y, en las circunstancias actuales, desgraciadamente, parecen más realistas los anhelos que también expresa a este respecto: “Es bueno que todos sepan quien eres, si, es a lo que aspiro, a que me respeten por mi lucha”.

La delegación de la que formó parte es la séptima que desde el pasado mes de octubre visita los campamentos; la séptima formada por activistas de los derechos humanos. Hasta ese momento, iban los que, en virtud de un acuerdo firmado entre el Polisario y Marruecos, eran escogidos para un programa denominado Puente de la confianza, y a quienes acompañaba personal de la ONU. Pero según dicen los dirigentes saharauis, Marruecos “solo deja usar ese puente a quienes no pueden protestar, selecciona a los que tienen comercios, o familiares en la cárcel, cualquier circunstancia que les impida hablar claro cuando llegan a los campamentos”. Por eso, ellos están haciendo llegar ahora a estos activistas.

En Tinduf, donde Hayat ha pasado cinco días, se ha reunido con familiares que no conocía, pero de los que llevaba años oyendo hablar; aunque todos, dice, son de algún modo familia. Los más ancianos se echaron a llorar al verlos. “Nos preguntan por la opresión marroqui, quieren saber cómo vivimos aquí y se les saltan las lágrimas al ver que hay jóvenes luchando como ellos lo han hecho”, narra.

No obstante, lo que más le conmovió fue “ver con mis ojos que allí hay un país, con un gobierno, gente muy inteligente que lucha por ser libre; fue muy emocionante, la verdad es que no tengo palabras para explicar lo que sentí”. Tampoco para describir “la tristeza de ver que nuestro país está partido en dos; eso duele mucho”, añade.

Hubo una manifestación clave en su vida, a partir de la cual, se incorporó a la lucha pacífica pero activa; aunque “la causa”, ese Sahara libre al que aspiran, la maman desde la cuna. “He visto pegar a mucha gente, palizas, desde que era una niña, desde que recuerdo; cuando eres pequeña la policía entra a veces en clase, a mis padres les han golpeado delante mía”. Por eso, por difícil que pueda resultar entender desde fuera que hagan a los niños partícipes de sucesos como los del domingo -cuando la policía, a su llegada, cargó contra decenas de personas que esperaban para recibirlos y tuvieron que atrincherarse en una vivienda durante toda la noche- a ella le parece normal: “Es bueno que estén, para que conozcan su causa, no es demasiado duro, no, así se acostumbran”. A los golpes, dice, se van a tener que acostumbrar aunque no quieran. En su caso, ha pasado por todo. Detenciones, torturas e incluso, confiesa en un hilo de voz “intentos de violación”.

Para Hayat, lo esa noche ya es algo normal. “Me alegro de que hubiera españoles, porque si no, hubieran entrado en la casa desde el primer momento, pero no quieren que la gente lo vea, que sepan lo que ocurre”. ¿Cómo explicar esa violencia? “En cualquier país ocupado, el ocupante aplasta al ocupado, ellos dicen que todos somos marroquis, y no quieren que salgas a decir que eres saharaui, ni que nuestro mensaje sobre los territorios ocupados llegue a los campamentos; nosotros somos portavoces de algo que quieren ocultar”.

Pero eso no les va a frenar, asegura. Ella conocía bien el riesgo y, aún así, cuando el Frente Polisario la eligió para formar parte del grupo se sintió “honrada”. “Esperaba este recibimiento, si, pero es que estoy dispuesta a hacer lo que sea por mi país, dar la vida si es necesario”. Como ella, había varias estudiantes más en el grupo. Afafe El Houcain o Inguia Elhaouassi, que se suman a la conversación, comentan que, si antes estaban fichadas, “ahora más, pero no nos importa”.

“Es que estas mujeres son muy valientes”, comenta el traductor. Cierto es que las mujeres, a nivel de activismo, están en primera fila. No hay distinciones respecto a los hombres. Sus grandes referencias son Aminatu Haidar y Algaliya Djime. “¡El ejemplo más grande!”, dice Afafe.

Entonces ¿que les parece que no haya presencia femenina en el Frente Polisario, en el Gobierno?. “La mujer lucha, y es una parte muy importante, además, pero sí, nos gustaría que fueran también llegando al poder, entrando en el gobierno; yo creo iremos llegando poco a poco”, analizan.

Hay un par de ideas que todas quieren dejar claras, volviendo loco al traductor por un momento: “El pueblo saharaui va a seguir luchando, no queremos dinero de Marruecos, ni esperamos nada bueno de ellos, claro. Por eso agradecemos mucho a los españoles que nos apoyan, pero tienen que presionar a su gobierno y al resto de Europa para que hagan algo”.

miércoles, 21 de julio de 2010

Testigo del apartheid saharaui. Laura Gallego (GuinGuinBali)






Testigo del apartheid saharaui

GUINGUINBALI LAURA GALLEGO Las Palmas de Gran Canaria 21/07/2010

Esa casa era una fiesta. Durante todo el día cantaron, rieron y algunos de ellos, se sentaron un rato al lado de esta periodista para contarle sus experiencias. Algunas de las preguntas formuladas entonces dejaron de tener sentido poco después ¿Qué significa el miedo para ustedes? ¿De dónde sacan la esperanza?. No significa nada, y no les queda otra. Los cuatro españoles que viajamos desde Canarias para participar con los saharauis del recibimiento a los 11 compatriotas que regresaban de visitar los campamentos de Tinduf, llegamos al barrio de Casa de Piedra, en El Aaiún, sobre las tres de la tarde, y desde el primer instante quedó claro que la policía marroquí no veía con buenos ojos ese encuentro.

La vivienda estaba cercada por numerosos agentes vestidos de paisano que, poco después de nuestra llegada, empezaron a impedir el acceso a los saharauis que seguían queriendo llegar hasta ella. Dentro había alrededor de 200 personas ya. A media tarde, un grupo de policías se dirigió a los españoles, en la calle, y nos solicitó la documentación, y después de un rato, nos comunicó que, dado que habíamos entrado como turistas -y estar allí, para ellos, se salía del circuito- quedábamos bajo nuestra propia responsabilidad.

Cuando supimos que la delegación de 11 activistas por los derechos humanos había aterrizado -la mayoría de ellos jóvenes estudiantes que desde el domingo han perdido el derecho a seguir acudiendo al instituto, por cierto- decidieron desde que ventana tomaría yo las fotos. La que estaba situada justo sobre la puerta de entrada. Debían respetar mi posición. Aunque entre 200 personas repartidas en más de diez habitaciones, ningún mensaje llegaba a todos.

Ya estaban cerca; Cecilia Alvarado, Lorena López y José Febles, los tres canarios con los que viajé, se sumaron al grupo que los recibiría fuera. Javier Sopeña, un extremeño que desde hace dos meses se ha comprometido a vivir con ellos, y sufrir lo que sufran ellos, para utilizar sus herramientas después, como español, para denunciarlo, también estaba allí.

En parte creíamos que su presencia serviría para frenar la reacción de la policía. Pero cuando la furgoneta en la que iban los once activistas aparcó frente a la vivienda, vi como estos se bajaban, la multitud empezaba a cantar y por el rabillo del ojo, correr a la policía desde todas las esquinas. Fue entonces cuando sentí que alguien pisaba el acelerador. No, no hubo provocación, ni intento previo por acallar los cánticos. Llegaron corriendo y empezaron a golpear a varios de ellos. Vi como les tiraban al suelo y la emprendían a puñetazos, patadas y porrazos. En cuestión de segundos, tenía a decenas de personas gritando a mis espaldas, empujándome contra las rejas de la ventana. Durante la siguiente media hora larga, la más intensa, lógicamente, no volvieron a reparar en mi presencia.

Salí como pude, agachada entre las piernas de todos ellos, a buscar otra ventana desde la que poder tomar fotos. Estaba en un rellano de un metro cuadrado, de una angosta escalera por la que muchos bajaban enfervorizados para salir a socorrer a sus amigos, a sus familiares. Entré en la habitación más próxima y cuando me acercaba a la ventana de la cocina algo rompió los cristales. Regresé sobre mis pasos y empezaron a llegar heridos. Personas cargadas en brazos por otras, con el labio partido, la ceja abierta, la espalda amoratada....gimiendo de dolor. Los dejaban sobre algún cojín y regresaban.

Todo eran golpes, ruido, gritos. Luego supe que en ese arranque fueron también a por los españoles, con la intención de alejar testigos incómodos; a Lorena y a José les golpearon contra una pared y arrastraron hasta otra calle cercana. Como querían regresar, y clamaban por sus dos compañeras españolas y, Lorena, por su documentación, que no llevaba encima, les amenazaron y volvieron a golpear. A ellos y a varios ciudadanos que intentaron mediar. Salieron corriendo y consiguieron llegar al hotel.

A Javier, a quien cada vez respetan menos, por muy español que sea, le patearon en el suelo y, en posición fetal, consiguió protegerse de todos los golpes menos de uno en la parte baja de la espalda por el que todavía camina con dificultad.

A Cecilia la agarraron violentamente de un brazo, pero consiguió zafarse y entrar en la casa.

Dentro, en algunos rincones apartados, había ancianos que rezaban en silencio. Contemplaban lo que sucedía con dolor, pero diría que con la resignación de la costumbre. Una mujer que chocó contra mi en un momento dado, y que sí reparó en que tenía un testigo, no dejó pasar la oportunidad de desahogarse; me agarró por los brazos y me gritó desesperada: “¡Quiero salir, pero no me dejan! Los policías marroquíes son unos cobardes, están tirando piedras!” . A base de piedras habían roto ya todos los cristales, y entre varios, fueron tapando las ventanas con mesas o con lo que encontraban a mano para impedir que entraran esas armas arrojadizas con las que sí consiguieron partirle el labio a uno de ellos.

Si la policía hubiera entrado entonces, no sé que hubiera pasado. La puerta era de hierro, y entre decenas de personas que atascaban la escalera creo que consiguieron detenerlos. Aunque la situación estaba fuera de control, y dentro, había personas mayores, niños. Dicen los saharauis que a veces lo hacen, que entran, rompen todas las luces, y la emprenden contra cualquier bulto que se mueva. Quizás eso es lo que impidió nuestra presencia.

Después de media hora subí por la escalera a la habitación donde esperaban algunos de los que no habían intervenido, y me alcanzó el grito desesperado de Cecilia llamándonos a los españoles. Hasta dos horas después no supimos qué había pasado con Lorena y José. Javier si subió al rato, dolorido.

Con las ventanas tapiadas, sin ningún resquicio que dejara entrar el aire -que fuera si era fresco- y con todas aquellas personas presas del terror y de la ira a partes iguales, la temperatura y la humedad alcanzaron niveles insoportables. Desde esa habitación en el tercer piso, seguíamos escuchando los gritos que llegaban del piso inferior. Aunque cada vez más espaciados. Cuando subieron algunos de los activistas de la delegación, en una de las habitaciones, banderas en mano, empezaron con los habituales cánticos, clamando por un Sahara libre; saltando, todos a una, a voz en cuello, se fueron exaltando, tratando supongo también de recuperar los ánimos, de recordarse a sí mismos el porqué de tanto horror. Aunque allí nadie se permite un momento de debilidad respecto a su compromiso con la causa. “Por mi país, lo que haga falta, doy hasta la vida, no tengo miedo”. Todos se expresan así.

Conté siete niños menores de tres años. Había además, muchos más de entre 4 y 15 años. La gente está sentada, apretada en los sofás y por el suelo. Desde mi lugar, veo aproximarse a un grupo cargando a una niña y gritando en torno a ella; quieren entreabrir una ventana para que tome aire. Está sudando, con cara de pánico, y apenas consigue que el oxígeno llegue a sus pulmones, con bocanadas asfixiantes. Le duele el pecho. Sufre un ataque de ansiedad. Ví a otras dos en diferentes momentos en la misma situación.

Cuando alguien intenta abandonar la vivienda, regresa apaleado. El martes, visité a varias personas que también fueron golpeadas por acercase a ella, en la calle. Las marcas de los golpes son brutales. Y si no han ido al hospital, me explican, es porque allí “volverían a pegarnos”. Utilizan remedios caseros y algunas medicinas españolas.

Hasta la 1:30 hubo momentos de más tensión y otros, incluso, de cierto relajo. Hay quien trata de dar una cabezada; la noche, ya lo saben, va a ser larga. Pero a esa hora, llega alguien con un papel. Tiene un teléfono anotado y nos dice que debemos llamar, que se lo han dado los otros españoles; discuten entre ellos. Hay quien cree que es una artimaña de la policía, pero poco después, otra persona trae un número nuevo e insiste en que nos asomemos por la ventana, que Lorena y Jose están abajo. Efectivamente, Cecilia y yo les vemos, acompañados por un señor, que resultó ser el Depositario de los Bienes Españoles en El Aaiún, quien, a pesar de no tener competencias diplomáticas, se encarga de asistir a los españoles cuando la Embajada lo solicita. Y Lorena había contactado con él a través del servicio de emergencia consular. Ha venido a sacarnos de allí; Lorena insiste en que debemos hacerle caso, pero no puede explicarse, está rodeada por la policía que tiene la casa sitiada. Este señor nos dice que si no abandonamos el lugar, él habrá sido testigo de que nos hemos quedado por nuestra propia voluntad, y a partir de ese momento, no podrá garantizar nuestra seguridad.

Aunque nadie, en realidad, puede hablar claro en ese momento.

Dentro, algunos nos piden que nos quedemos, que sino, acabará en “un baño de sangre”. Otros entienden que es nuestra decisión. Durante más de dos horas dudamos cual tomar; cambiamos de opinión a cada momento. Javier no. Tiene claro que se queda con ellos hasta el final. Está bastante seguro de que con nosotros dentro, la policía no va a entrar. Desde fuera, nos dicen que ésta les ha advertido de que lo harán de todas formas. La presencia del funcionario español, quien, por primera vez acude al lugar en este tipo de situaciones, acrecienta el nerviosismo de los agentes.

No estábamos allí para convertirnos en mártires, sino para ver con nuestros propios ojos y poder contarlo la terrible violación de los derechos humanos que padece el pueblo saharaui. Mis compañeros como miembros de la Asociación Canaria de Solidaridad con el Pueblo Saharaui y yo, como periodista. Se trataba ahora de decidir entre dos opciones: olvidar el trabajo y a título personal, apostar por salvar con tu presencia y tu pasaporte la integridad de un grupo de seres humanos o estar dispuesto a sufrir con ellos las consecuencias, o, una segunda: confiar en las personas que desde abajo, sin poder dar una explicación clara, nos recomiendan con firmeza que debemos abandonar la casa.

No teníamos herramientas para saber con certeza qué iba a ocurrir. Sí, efectivamente, podíamos evitar una masacre, o estábamos empeorando las cosas. O si esta no se iba a producir, de todos modos. Porque nos costaba imaginar que, si la policía se había controlado hasta ese momento, si no había tomado la vivienda porque estábamos allí, lo fuera a hacer justo después de que saliéramos. Un funcionario español estaba siendo testigo de la situación; si al amanecer, habían arrasado el lugar, resultaría -no fácil de imaginar, sino evidente- qué había sucedido. Y tienen demasiadas ocasiones, por desgracia, para hacerlo a espaldas del mundo.

Afortunadamente, parece que así fue. Después de marcharnos, sobre las cuatro de la mañana, mantuvieron el asedio durante varias horas. Hasta que decidieron ir dejándolos salir en grupos de 10 y detuvieron a cuatro. Pero no hubo tal masacre. Ese día.

Fuera, alguien esperaba con una bandera marroquí y antes de que pudiera darme cuenta, confundida con la oscuridad del exterior, me fotografiaron delante de la misma. Cecilia supo dar el conveniente rodeo y evitó que captaran esa imagen.

Ya juntos, una treintena de agentes rodearon el vehículo del funcionario español, en cuyo interior estábamos sentados, y nos reclamaron las cámaras fotográficas. En principio nos negamos. Lorena exigía una orden judicial, porque iba en contra, obviamente, de todos nuestros derechos. Pero no pensaban dejarnos marchar con ellas. El depositario también insistía en que debíamos entregarlas, que al día siguiente nos serían devueltas. Obviamente, sin las imágenes que no fueran de su agrado. Accedimos porque el asedio era importante; incluso a que nos registraran el bolso; aunque el material estaba en realidad a salvo.

Y nos fuimos. A comprar cigarrillos para los fumadores. A relajar los nervios. Pero ellos se quedaron allí. Volvimos a verlos la noche siguiente, en casa de otro amigo; sabían que la prensa española se había hecho eco de lo sucedido, y nos lo agradecían. En realidad, es lo único que quieren: que no miremos a otro lado. Los saharauis no tienen una ciudadanía plena. No tienen derecho a trabajar ni a ir a la universidad; tienen prohibido ir al cine y al teatro. En cualquier momento, un policía puede increparles por la calle, y desde luego, cualquier manifestación, de cualquier tipo, a favor de la independencia del Sahara, se paga con torturas, desapariciones, años de cárcel. Todos tienen un familiar con heridas irreversibles, cuando no llevan años sin saber de él o ha perdido la cordura en la cárcel. Eso es lo que conocen desde que nacen. Una forma de apartheid. Ni más ni menos. Sus verdugos son sus jueces.

Como ellos dicen, prácticamente toda la comunidad internacional reconoce que el Sahara Occidental no pertenece a Marruecos.

Su compromiso es inquebrantable. Y mantienen la esperanza en que la sociedad civil obligue a los gobiernos extranjeros a buscar una solución. Para que dejen de hacer como que no saben lo que pasa allí; yo también lo cuento para eso. Es exactamente lo que sucedió esa noche. En singular, en mi caso. Pero es su vida. O su lucha por una vida.


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UNA DE LAS OBSERVADORAS QUE VIVIERON LA BRUTAL AGRESIÓN POLICIAL EN EL AAIÚN

"No he recibido ningún apoyo por parte de la dirección del PP de Canarias"

GUINGUINBALI Las Palmas de Gran Canaria 20/07/2010

Lorena López, una de las españolas agredidas el pasado domingo en El Aaiún, responderá mañana miércoles a partir de las 12:00 de la mañana a las preguntas de los lectores.

Pese a que estaba como observadora en El Aaiún fue zarandeada y empujada contra un muro por la policía, que además le requisó la cámara y le destrozó la tarjeta de memoria.

1) Desde la Asociación Soriana de amigos del pueblo saharaui, felicitarte a tus compañeros y a ti por tu valentía.

L.L.: Muchas Gracias por el apoyo, tanto a mi persona como al resto de compañeros que allí nos encontrábamos. Al fin y al cabo, los valientes son los y las saharauis que se encuentran día a día, recibiendo el mismo trato que hemos recibido nosotros o peor. Así que me sumo a la Asociación Soriana de amigos del pueblo saharaui, para que apoyar y animar al pueblo saharaui en su lucha y que no decaiga su fortaleza porque no están solos en la defensa de las libertades y el cumplimento de los DDHH en el Sahara Occidental.

¿Tu crees, Lorena, que el pueblo saharaui en las zonas ocupadas, harto ya de la indiferencia internacional, puede optar por la vía violenta o "palestinización" para intentar al menos llamar más la atención sobre el conflicto saharaui?¿Ves la vía pacífica agotada?


L.L: El Pueblo Saharaui se ha caracterizado durante estos 36 años de ocupación marroquí por ser un pueblo que defiende la legalidad internacional y sus derechos de una forma pacífica. Es cierto, que la situación en los territorios ocupados , y mucho más, después de la detención de los 7 de Casablanca , el caso Aminetu , y la violación constante de los DDHH en el territorio, es cada vez más tensa. . Es obvio, que la paciencia tiene un límite, pero en mi opinión la violencia no sería la mejor forma de solucionar el conflicto. Tanto la comunidad Internacional como los países vecinos, España, Francia etc, deberían hacer esfuerzos porque no suceda lo mismo que esta ocurriendo en la caso palestino , y se cumpla con la legalidad internacional, respetando las resoluciones de Naciones Unidas, a través, de la realización del Referéndum en el Sahara Occidental.



2) Lorena, que te parece la siguiente frase: Muy bien por Lorena y el grupo de personas que periódicamente van al Sahara para ser testigos directos de como trata la administración marroquí a los saharauis y a los extranjeros que se identifican o están con ellos en sus casas, muy mal por parte del PSOE, PP y demás partidos que tratan el tema saharaui de una forma irresponsable y desde luego miran para otro lado permitiendo este mal trato sistemático a los ciudadanos saharauis, muy mal por parte del Sr.Soria y el gobierno canario por incentivar la inversión empresarial en un territorio ocupado, el Sahara occidental. Gracias por responder y que no decaiga tu apoyo personal..Creo a la causa de los saharauis y su derecho a la independencia. Ciudadano.

L.L: Pues todas las opiniones me parecen respetables. Por lo tanto no tengo nada en contra de la suya. Dicho esto, si dejar claro, primero que el Gobierno de España , debería tener una política más clara en la defensa de los DDHH y en la resolución del conflicto en el Sahara Occidental, en pro de la justicia internacional, es decir cumpliendo las resoluciones de Naciones Unidas. Dejando claro , que no es solo una crítica al actual Gobierno , sino si en el futuro hubiese un Gobierno del PP y su política no fuese esta también recibiría la misma critica que en este momento hago al Partido Socialista. Porque creo que tanto el PP como el PSOE deben de tener una postura clara en este sentido respetando la legalidad internacional y España como administrador del territorio debería ser más proactiva en la defensa de los derechos y libertades de los Saharuais.

Por otra parte, comprendo perfectamente lo que comenta en relación al Gobierno de Canarias, dado que incumple la Declaración de Derechos Humanos. Por lo tanto, el Gobierno Canario no debería actuar en connivencia con Marruecos avalando este tipo de actividades comerciales en un territorio en conflicto.

Por lo que a mi respecta, Siempre me van a encontrar en la defensa de los Derechos y libertades de los individuos y de parte de la justicia . Me es indiferente quien la incumpla o quien permita que otros, con su apoyo, actúen en contra de la misma, por lo tanto si el Señor Soria, el Señor Zapatero, o cualquier otro no trabajan en este sentido , encontraran mi crítica y mi desaprobación. En este sentido, creo que por encima de los partidos están las personas, y que por encima de los intereses políticos están los ciudadanos, y en esa postura voy a estar pese a quien le pese.

3)Hola, ante todo agradecerle el trabajo que ha realizado al ir al Sáhara Occidental para cubrir los acontecimientos ahí ocurridos.¿cree que el gobierno español defienda de alguna manera, no a todas las victimas de los hechos, sino ya a los ciudadanos españoles que ahí estabais presentes?

L.L: Antes que nada , Muchas Gracias. En relación a la pregunta si me sentí protegida Y en relación a este me di cuenta de lo diferentes que somos, por desgracia , yo por tener un pasaporte español , pude ser rescata y protegida por alguien mientras que los saharauis que se encuentran en el territorio , son agredidos continuamente por el juez y por el verdugo sin que ningún tercero pueda defenderlos y protegerlo.

4) Crees que el Gobierno de España debió haber velado por ustedes si fueron por su propia voluntad? Rosa

L.L: Buenos días Rosa, Creo que el Gobierno debe velar por todos y cada una de las personas que estén fuera del territorio, sobre todo, porque todos vamos de forma voluntaria a los sitios, o por lo menos eso quiero creer, que es lo que sucede normalmente. Por tanto, la protección yo creo que es algo que no se puede negar a nadie.

5) Sigues en el Partido Popular. ¿Esperabas una defensa o alguna reacción del que fuera tu partido? Nacionalista.

L.L: Buenos días, sigo afiliada al Partido Popular, aunque en este momento, me encuentro sin ningún tipo de responsabilidades publicas ni orgánicas. Sí es cierto que he recibido la llamada de un compañero de Telde, aunque también es cierto , que no he recibido ningún apoyo por parte de la dirección del Partido. Estoy un poco sorprendida que algunas personas no se hayan interesado cómo me encontraba, dado que saben perfectamente quién soy. No le puedo exigir a nadie que haga lo que no quiere hacer. Yo creo que antes que los partidos están las personas, y que por humanidad y cortesía me interesaría por como se encuentra cualquier compañero comparta o no lo que defiende .

6) Todavía se te recuerda en el Cabildo. Qué pena que ya no estás. Igualmente, enhorabuena por tu valentía y tu compromiso. Una pregunta ¿Crees que te dejaran entrar otra vez al Sahara Occidental? Funcionario.

L.L: Muchas Gracias. Y que sepan que yo también los echo de menos. Fue una etapa muy bonita y que recordare siempre. Yo voy a seguir intentando defender en lo que creo y si para ello es necesario volver al territorio lo haré. En principio no tendrían por qué, dado que no tengo prohibición alguna de entrada. Por lo tanto entiendo que debería ser que si, auque con la policía marroquí todo es posible.

Informe de observador ante la grave represión marroquí en El Aaiun




Testimonio de Javier Sopeña

El Aaiún, 18-07-2010

Me encuentro en la capital de los territorios ocupados del Sáhara Occidental desde hace cerca de dos meses. En general, mi labor aquí consiste en apoyar a los activistas saharauis. Esto incluye diferentes tareas, entre las que se encuentra la realización de misiones de acompañamiento con delegaciones saharauis que vuelven a los territorios después de haber viajado a los campamentos de refugiados.

En esta ocasión, acudo sobre las cuatro de la tarde en compañía de Sidahmed Lmjyed y Sloh Deila a la casa de la familia de Ozman Ndour, pues allí se celebrará el recibimiento de la delegación. A la entrada de la calle, varios policías de paisano nos pidieron la documentación. En ese momento nos percatamos de que la policía había cortado la calle, como es habitual en estas situaciones, para evitar la entrada de saharauis. Tras revisar nuestra documentación, nos permiten seguir nuestro camino hasta la casa de Ozman. En este trayecto observamos varias furgonetas de antidisturbios, además de un gran número de policías de paisano. Al entrar en la casa nos encontramos con muchos activistas saharauis y además a cuatro españoles procedentes de Canarias. Estos son José Vicente Febles, Laura Gallego, Lorena López y Cecilia Alvarado. Pasamos un rato charlando e intercambiando opiniones, tras lo cual Sidahmed nos pide que bajemos para poder comprobar cómo la policía impide la entrada de la mayor parte de saharauis que intentan acceder a esta calle. En varias ocasiones, se producen discusiones airadas entre saharauis y policía de paisano. Mientras estamos en la calle, un miembro del gobierno de El Aaiún y varios policías de paisano se nos acercan para pedirnos los pasaportes. Se los llevan y tras un buen rato vuelve el mencionado miembro del gobierno para devolvérnoslos, al tiempo que me pide que advierta a los canarios de que si no van al hotel, tendrán que asumir la responsabilidad de lo que les suceda. Me lo dice porque me conoce de otras situaciones similares. Alrededor de las nueve de la noche, los saharauis nos avisan de que la delegación ya ha aterrizado en el aeropuerto de El Aaiún. La delegación tarda en llegar a la ciudad porque son retenidos durante más de una hora en el aeropuerto. Llegan a la casa en varios coches. En ese momento José, Cecilia, Lorena y yo nos posicionamos a ambos lados de la puerta para disuadir a la policía de cargar contra los saharauis. Laura se posiciona en una ventana para registrar todo lo que suceda con su cámara de fotos. Apenas da tiempo de que los miembros de la delegación bajen de los coches, cuando, de repente, toda la policía de paisano sale corriendo en dirección la puerta de la casa, arremetiendo contra todo lo que se encuentra en su camino.

En ese momento empiezo a recibir puñetazos y patadas por todos lados. Me pongo de cuclillas contra la pared y me cubro la cabeza con las manos mientras uno o varios policías me patean la cabeza. No puedo determinar quién o quienes me atacaron pues en ese momento me resultaba imposible levantar la vista. Consigo parar las patadas que se dirigen a mi cabeza con los brazos, pero en algún momento un policía me da un puntapié en la espalda, en la zona en la que se encuentra mi riñón izquierdo. Tras este golpe, me zafo como puedo hacia la puerta de la casa y consigo entrar el último. Cuando entro, los saharauis cierran la puerta. Me ayudan a subir las escaleras hasta el primer rellano. Aquí descanso unos segundos y siento un terrible dolor en el riñón. Apenas me da tiempo de tomar conciencia de lo que acaba de suceder, cuando veo volar un pedrusco y una lluvia de cristales rotos de una ventana justo a mi lado. La policía está apedreando la casa desde la calle. Sigo subiendo las escaleras agachado con varios saharauis hasta llegar a la estancia donde se encuentran todos. Los saharauis han tapiado las ventanas usando mesas y han colocado una barricada en la puerta que da a la azotea. Todos los niños están llorando aterrados. Una muchacha joven tiene un ataque de ansiedad y no puede respirar. Hay saharauis heridos. Hace un calor insoportable pues hay demasiada gente en la casa y al estar la puerta de la entrada y la azotea cerradas, no corre nada de aire. Encuentro a Laura y a Cecilia, preocupadas por todo lo que ha pasado y porque además no saben nada de José y de Lorena. Comprueban que no están en la casa, por lo que pensamos que se los ha llevado la policía. En un momento dado, oigo golpes en la puerta de la entrada.

Los saharauis se ponen nerviosos. Los niños comienzan a llorar de nuevo. Las mujeres se escudan con cojines. Pasa un rato y parece que la cosa se tranquiliza. Es la policía que intenta sembrar el terror entre los que estamos en la casa. Pasa el tiempo y Cecilia y Laura me dicen que la policía ha llevado a los dos españoles desaparecidos al hotel. Los saharauis retiran la barricada de la azotea, quitan las mesas de las ventanas y abren la puerta de la entrada. Entra en la casa un saharaui que trabaja en la Casa de España para negociar. Laura baja a la calle y habla con Mariano Collado, miembro de la misma institución, que se encuentra en frente de la casa con José y Lorena. Yo sigo dentro de la casa mientras todo esto sucede. Mariano, en lugar de subir para hablar, me llama por teléfono. Hablamos un rato. Me cuenta que los españoles deben salir de la casa, porque la policía quiere entrar y cargar contra los saharauis que hay dentro. Que si no salimos van a cargar igualmente. Le digo que yo me voy a quedar en la casa y que sea lo que Dios quiera. Cecilia y Laura deciden, tras larga deliberación, acceder a la petición de Mariano y salir. Ahora son más o menos las cuatro de la madrugada. Abdelahi Aljfawni, uno de los miembros de la delegación, decide salir de la casa. La policía le registra, le hacen una foto y le interrogan. Después le dejan marchar. Dah Hassan, otro de los miembros, decide salir de la casa para ir a ver a su madre. La policía le arresta inmediatamente. Otro saharaui, Deiu Baba, también decide intentar salir. Es detenido en el acto y llevado a comisaría. Cuando amanece, Ozman Tanaja, de la delegación, sale a la puerta de la casa e ipso facto la policía le golpea y le introduce en una furgoneta, para llevarle a comisaría. Otro miembro, Sidi Sbai sale y es cacheado, interrogado, fotografiado y llevado a la comisaría. Los demás saharauis van bajando en grupos reducidos, siendo algunos de ellos interrogados. Es más o menos media mañana ya, y en la casa sólo quedan algunos familiares y amigos de Ozman Ndour. Una mujer de la familia nos avisa de que la policía va a subir para registrar la casa. Suben doce policías de paisano, entre los que se encuentra el miembro del gobierno al que se hace referencia al comienzo de este documento.

Se llevan a Labras Mustafa a comisaría. Varios policías nos fotografían y nos graban en vídeo mientras otros registran la casa. Se marchan. Cuando veo que la situación se normaliza, me despido de la familia. Al salir a la calle veo que los coches de los saharauis están destrozados. Veo que hay un coche de policía de paisano en frente de la casa. La calle ya no está cortada y la gente puede andar tranquilamente. Aún así veo algunas furgonetas de antidisturbios que continúan haciendo guardia. Me dirijo, cojeando por el dolor en el riñón, a casa de Sidahmed para descansar por fin. Sidahmed me comenta que al tiempo que todo esto sucedía en la casa de Ozman Ndour, los saharauis se estaban manifestando en la calle Skekima. La policía cargó contra ellos y los heridos se estiman en una veintena. Son las diez de la noche cuando Sidahmed me informa de que los saharauis arrestados han sido liberados.

Se respira un ambiente extraño. Comparto con los saharauis la sensación de que, en cualquier momento, Marruecos volverá al ataque.

Firmado: Javier Sopeña
Fotografía: Laura Gallego

martes, 20 de julio de 2010

El Ministerio de Exteriores solicita un informe de los graves sucesos de El Aaiún

Lekhaila Hayuh

Los observadores españoles y la periodista Laura Gallego (Guinguinbali) testigos de la brutal actuación marroquí



NO ACEPTAN LAS DENUNCIAS DE LOS CIUDADANOS ESPAÑOLES EN NINGUNA COMISARÍA

El Ministerio de Exteriores solicita un informe de lo ocurrido en El Aaiún


GUINGUINBALI Las Palmas de Gran Canaria 20/07/2010

Tras la agresión del domingo por la noche, no todo ha vuelto a la calma. De los cinco detenidos, cuatro han sido puestos en libertad, quedando uno en prisión. Los heridos evolucionan favorablemente, incluido Javier Sopeña, el español que recibió una paliza por parte de la policía marroquí. El Ministerio de Exteriores solicita un informe de lo ocurrido en El Aaiún.

El ministerio de Exteriores del Gobierno de España ha solicitado un informe de lo ocurrido durante la noche del domingo en El Aaiún. No en vano, un súbdito de España recibió una paliza de la que aún se recupera, dos fueron arrastrados y empujados hacia un hotel y otros dos fueron cercados por la policía en una vivienda, siendo amenazados en todo momento.

Sin embargo, y a pesar del conocimiento del Ministerio, nadie del Gobierno de España se ha puesto en contacto con los ciudadanos españoles que fueron agredidos por la policía marroquí sin que estuvieran cometiendo delito alguno. Además, sufrieron la sustracción de cámaras de fotos y otros objetos electrónicos que fueron devueltos con las tarjetas de memoria "destrozadas".

Los españoles que aún están en El Aaiún han intentado denunciar lo ocurrido en distintas comisarías, sin que se haya podido hacer efectiva en ningunda debido a la "dejadez" de los funcionarios marroquíes que "se reían de nosotros", según los propios implicados. Durante la mañana de este martes se dirigirán a la MINURSO, a sabiendas de que su misión no es velar por los Derechos Humanos, a petición de Francia, para dejar constancia de lo sucedido.

Durante la agresión de la policía marroquí, se produjeron cinco detenciones de ciudadanos saharauis. Cuatro de ellos fueron puestos en libertad en la noche del lunes, quedando uno de ellos en prisión.


EL CONSEJERO DE SOLIDARIDAD DE LA INSTITUCIÓN GRANCANARIA ASEGURA QUE MARRUECOS SOLO PRETENDE SEMBRAR ELTERROR

El Cabildo de Gran Canaria denuncia el "estado de sitio" que vive El Aaiún


GUINGUINBALI Las Palmas de Gran Canaria 19/07/2010

El presidente de la Federación Española de Instituciones Solidarias con el Sahara (Fedissa) y consejero de Solidaridad del Cabildo de Gran Canaria, Carmelo Ramírez, ha denunciado el "estado de sitio" que se vive en la capital del Sahar Occidental y el hecho de que Marruecos pretende "sembrar el terror" en los territorios ocupados.

"En la ciudad de El Aaiún hay un estado de sitio. El Gobierno de Marruecos mantiene la represión permanente y la violación constante de los Derechos Humanos", aseguró Ramírez, para quien es incomprensible que esta represión se produzca "contra un grupo de ciudadanos saharauis que estaba dando una pacífica bienvenida a los activistas que regresaban de Tinduf".

Por ello, el consejero de Solidaridad del Cabildo de Gran Canaria opina que "lo único que persigue Marruecos es sembrar el terror, algo agravado en este caso por la agresión a cinco observadores españoles".

A su juicio, "hay que exigir a Marruecos que cumpla con las resoluciones de Naciones Unidas, que celebre de una vez por todas el referendum de autodeterminación y que cese en su constante violación de los Derechos Humanos", consideró el también presidente de Fedissa.

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CC pide al Gobierno español que condene agresión a saharauis en El Aaiún

Santa Cruz de Tenerife, 20-07-2010 (EFE).- Coalición Canaria (CC) pidió hoy al Gobierno español que condene la "nueva agresión indiscriminada" contra saharauis que se produjo el pasado domingo por parte de parte de policías marroquíes contra activistas saharauis en El Aaiún.

En un comunicado, Coalición Canaria considera que se trata de un episodio más de la "escalada de agresiones" de Marruecos contra los saharauis, y recuerda que la agresión se produjo en un acto convocado para celebrar la llegada de once activistas saharauis procedentes de los campos de refugiados de Tinduff.

Los nacionalistas señalan que este "nuevo acto salvaje de las autoridades policiales marroquíes, en el que se han visto implicados tres grancanarios, supone un ejemplo más de que Marruecos no está dispuesto a ceder en su escalada de agresiones y vulneración de los derechos humanos".

CC exige que el Gobierno del España "condene sin medias tintas esta nueva agresión y exija a Marruecos que ponga fin a su estrategia de acoso y derribo contra la población saharaui y respete los derechos fundamentales y la libertad de expresión y de manifestación pública del pueblo saharaui".

La comunidad internacional, agrega CC, no puede ser cómplice con su silencio de esta nueva actuación violenta e injustificada y debe sancionar la actitud reincidente de las autoridades marroquíes. EFE

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El senador Nuet (Entesa Catalana de Progrés) insta a Moratinos a pedir explicaciones a Marruecos por la agresión policial que sufrió ayer un grupo de saharauis y cooperantes españoles en El Aaiun (Sahara Occidental)

Los activistas volvían de visitar los campos de refugiados de Tinduf cuando fueron sorprendidos por la carga de la policía marroquí.

El senador de EUiA, adscrito al grupo de la Entesa Catalana de Progrés, Joan Josep Nuet, ha dirigido una carta al ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, en la que le insta a pedir explicaciones al embajador de Marruecos en España por la brutal carga policial que sufrieron un grupo de activistas saharauis y cooperantes españoles ayer 19 de julio en El Aaiun, cuando regresaban de visitar los campos de refugiados de Tinduf. Según ha explicado el senador, miembros del movimiento solidario con la causa del pueblo saharaui junto con unas 300 personas reunidas para recibir a los activistas fueron atacados por la policía marroquí. El resultado fue de 30 heridos, entre ellos 2 españoles.


Policías marroquíes de paisano



Mohamed Manolo


Jadiyetu Lemaadal


Lekhaila Hayuh


Estado en que quedó el coche del defensor saharaui de DDHH Hmad Hamad