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domingo, 18 de noviembre de 2012

El activismo saharaui dos años después de Gdeim Izik






Hace dos años las manifestaciones en el Sáhara Occidental detonaron cuatro semanas de protestas en el campamento de Gdeim Izik que fueron respondidas con brutalidad por las fuerzas de ocupación marroquíes
Once civiles fueron asesinados y veintitrés activistas permanecen encarcelados a la espera de un juicio ante un tribunal militar.
Ahora, el activismo se debate entre aliarse con el enemigo o desconfiar del vecino marroquí
*Fotos: Antonio Velázquez
Noviembre marca el aniversario de las manifestaciones en el Sáhara Occidental que detonaron 4 semanas de protestas en campamento de Gdeim Izik en 2010, que fueron respondidas con brutalidad por las fuerzas de ocupación marroquíes. En aquel mes, la población saharaui, según el profesor Noam Chomsky, sembró la semilla de lo que sería la Primavera Árabe. Sin embargo, mientras los gobiernos occidentales apoyaron el derrumbamiento de regímenes dictatoriales en el norte de África ante el foco de la prensa mundial, la violenta reacción de la policía marroquí hacia la sublevación pacífica saharaui ha dejado pocos titulares y aun menor respuesta de la comunidad internacional. El régimen Alauita dejó, no obstante, once civiles muertos y veintitrés activistas encarcelados que esperan juicio ante un tribunal militar.
Antes de que Rabat ordenase reprimir las manifestaciones, el también llamado ‘campamento dignidad’ se convirtió en la mayor demostración de resistencia no violenta desde que Marruecos ocupara la antigua colonia española en 1975. Pero este episodio no es solo el testimonio de la evolución del activismo en el Sáhara Occidental. La lucha pacífica saharaui ha alcanzado un alto grado de internacionalización en las últimas décadas, de la misma forma que consiguió organizar un campamento de protesta con decenas de miles de ciudadanos clamando a favor de su derecho de autodeterminación.
Pese a los logros del activismo saharaui, éste no acaba de cristalizar ni de canalizar cambios en los territorios ocupados. El análisis de la precaria situación de los derechos humanos en la zona tiende a centrarse en el tibio papel de la ONU como mediador y en los intereses de las potencias occidentales. Sin embargo, el bloqueo informativo vela dinámicas políticas más profundas que el manido argumento del conflicto abandonado por la comunidad internacional. Los activistas de derechos humanos saharauis no han tenido mayor éxito no solo porque el conflicto está olvidado por los responsables políticos, sino también por las escasas conexiones con sus homólogos marroquíes. Los últimos quizá no apoyen sus plegarias de independencia, pero sus reivindicaciones de libertad y democracia pavimentan el camino hacia un proceso de reconocimiento libre de derechos desde el que la independencia saharaui dejaría de ser una reto hercúleo plagado de obstáculos – a todas luces – insalvables, para convertirse en una meta democrática.
Inicio de la resistencia saharaui: 37 años de violaciones de derechos humanos
“Gdeim Izik fue una vuelta a la tradición saharaui. Las jaimas estaban abiertas a todos y te recibían sin miedo. Sentí esperanza y liberación”. Sidi Ahmed, activista saharaui presente en el ‘campamento dignidad’, recuerda así las semanas vividas en las afueras de El-Aiún antes de la intervención de las fuerzas marroquíes. Sin embargo, el activismo en la también llamada última colonia de África no es una tendencia reciente. La población saharaui ha resistido a la dominación exterior desde que España ocupara la vasta extensión de este territorio limítrofe con Marruecos, Mauritania y Argelia. Siendo precisamente esta resistencia la que obligó al régimen franquista a organizar un referéndum para 1975. Ya entonces, una visita de la misión de Naciones Unidas se refería al Frente Polisario como una organización de masas. El referéndum, sin embargo, nunca se produciría, y a la ocupación española le siguió la marroquí tras la entrada de 350.000 civiles y militares en la ‘Marcha Verde’, presentada como pacífica ante la opinión pública.
Hasta que el proceso de paz de 1991 puso fin a la guerra entre el Frente Polisario y Marruecos, detenciones arbitrarias, torturas y métodos de garde à vue (incomunicado) fueron prácticas comunes del régimen Alauita. En los ‘Años de Plomo’, Rabat persiguió tanto a ciudadanos saharauis como marroquíes. Sin embargo, el primer informe de Amnistía Internacional en la región, fechado en 1977, ya mencionaba la forma “desproporcionada” en que la población saharaui se veía afectada por la represión marroquí, especialmente en el caso de las desapariciones forzosas. Aunque veladas por la opacidad del régimen, las cifras de saharauis desaparecidos oscilan entre los 249 estimados por un grupo de investigación de la ONU hasta los 1.500 casos investigados por la Federación Internacional de Derechos Humanos. Una campaña de represión orquestada por el estado de similares proporciones a la Argentina de Videla o el Chile de Pinochet. Dahha Rahmouni, entonces manifestante adolescente y ahora reconocido activista saharaui, recuerda cómo fue detenido y secuestrado por agentes marroquíes vestidos de paisano tras una visita técnica de una delegación de la ONU en 1987. “Durante cuatro años sufrimos torturas y nos privaron de cualquier contacto con el exterior. Me han detenido otras cuatro veces más desde entonces y siempre sin cargos. Desgraciadamente nos hemos acostumbrado a vivir con miedo”, confiesa al narrar un cautiverio que se llevó la vida de algunos compañeros suyos.
Aunque las dos comunidades, saharaui y marroquí, sufrieron la dura represión del yugo Alauita, el precoz estado de los movimientos activistas hizo imposible la conexión entre ambas sociedades. El entonces rey Hassan II nunca dejó de utilizar el conflicto en el Sáhara occidental como chivo expiatorio con el que obtener renta política exprimiendo un discurso populista de unidad nacional frente al enemigo común saharaui. Al mismo tiempo, el socorrido discurso del ‘Gran Marruecos’ le servía como cortina de humo con el que velar los golpes de estado frustrados que amenazaban al régimen, mientras seguía inyectando fondos públicos para incrementar la presencia militar y el desarrollo de los territorios ocupados.
En el ámbito internacional, la propaganda del régimen y el bloqueo informativo en el Sáhara Occidental frustraron cualquier intento de construir un movimiento activista transfronterizo. No obstante, algunos grupos europeos de defensa de los derechos humanos comenzaron a concienciar acerca de la situación en los territorios ocupados, tal es el caso de la Asociación Internacional de Juristas por al Sáhara Occidental. Mohamed Ahmed Laabeid, antiguo responsable del departamento de internacional de la primera organización saharaui de derechos humanos creada en 1989, explica las restricciones de las leyes marroquíes al respecto: “AFAPREDESA ha sido proscrita por el gobierno marroquí, pero aún así continúa ejerciendo su actividad dentro del territorio ocupado e incluso dentro de Marruecos”.
Eclosión del activismo: el fracaso de la diplomacia y el cambio en la estrategia de la resistencia saharaui
El alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario sembró la vana ilusión de un posible referéndum, sin embargo Rabat obstaculizó el Plan de Paz desde sus inicios. El régimen siempre intentó boicotear la intervención de la ONU hasta el extremo de enviar una ‘segunda Marcha Verde’ de ciudadanos marroquíes a los territorios ocupados del Sáhara Occidental a comienzos de los 90. Seducidos por generosos subsidios y otros beneficios estatales, los colonos marroquíes han llegado a duplicar a la población autóctona saharaui. Pese a que esta maniobra política pretendía favorecer a Rabat ante un eventual referéndum, el relativo apoyo de algunos marroquíes a las manifestaciones que ocurrirán durante el inicio del presente siglo en los territorios ocupados plantean serias dudas acerca de la efectividad de dicha estrategia.
Entretanto, la misión especial desplegada por la ONU en el territorio (MINURSO) se ha limitado a ser un testigo cómplice de los escollos desplegados por el reino Alauita. Tan claras han sido las omisiones de estas artimañas, que el ex-embajador estadounidense Fran Ruddy denunció ante Human Rights Watch en 1995 la constante vigilancia de las autoridades marroquíes y el abandono del proceso de paz por parte de MINURSO.
La ineficacia de MINURSO tiene fatales consecuencias para la población saharaui que vive bajo el hermético control marroquí. MINURSO es la única misión de paz de Naciones Unidas que no cuenta con un mandato de defensa de los derechos humanos, reduciéndola a un mero testigo cómplice de la constante represión marroquí hacia la minoría saharaui. Lo que a todas luces simboliza falta de estrategia política se revela como una elocuente irresponsabilidad por parte de la ONU dada la inexistencia de un mecanismo dentro de la misión que asegure el respeto al resultado de un eventual referéndum por ambas partes.
La vaguedad de la intervención de la ONU en el conflicto es chocante. Más aun cuando Anna Theofilopoulou, ex oficial de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, revela que el organismo supranacional “nunca pensó que el referéndum fuera a tener lugar”, mientras sostiene que cuando MINURSO comenzó su mandato “no se introdujeron medidas en relación a la defensa de derechos humanos porque se creía que el referéndum tendría lugar en el periodo de un año”.
Tras 20 años de intervención nadie ha revisado la perversión de la estrategia de este organismo de paz. Aun más grave, la incoherencia en las prácticas políticas de la ONU han hecho mella en la relación entre las comunidades marroquí y saharaui, inflamando el resentimiento y la desconfianza mientras se alimentaba la quimera de una solución pacífica auspiciada por la comunidad internacional.
El inacabado proceso de descolonización junto a la inoperatividad de la ONU y el fracaso de la diplomacia han incrementado la frustración saharaui. Tras décadas de negociaciones infructuosas, un levantamiento popular sacudió El Aaiún, capital del Sáhara Occidental ocupado. En 1999, miles manifestantes saharauis protestaron ante el empobrecimiento económico de la región, a lo que las autoridades marroquíes respondieron con la violenta represión de las concentraciones, animando a delincuentes locales a atacar a la población saharaui y sus comercios. Después de la muerte del entonces monarca Hassan II, las protestas y detenciones se extendieron por diferentes ciudades del Sáhara Occidental y Marruecos. Pese a que organizaciones de derechos humanos marroquíes e intelectuales denunciaron tímidamente la violencia del régimen, a estas condenas no les siguió intento alguno de establecer contacto entre las dos comunidades.
Recordada por los saharauis como la primera intifada – término árabe para definir un levantamiento popular que, sin embargo, la prensa internacional reduce al ámbito de la resistencia palestina – esta revuelta supuso “un cambio radical, ya que desde aquel entonces la población civil saharaui ha perdido el miedo a la represión marroquí y muestra de ello es que no han cesado las manifestaciones y concentraciones”, explica Laabeid, presente en las protestas. Este evento no solo derribó el muro de miedo, sino que supuso el desarrollo de pujantes aunque débiles conexiones entre ciudadanos saharauis y marroquíes denunciando políticas económicas que empobrecen el territorio.
Al mismo tiempo, la revuelta popular supuso un cambio inesperado en la estrategia saharaui. Hasta entonces fue la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), desarrollada en los campos de Tinduf (Argelia) donde 200.000 refugiados saharauis languidecen tras huir de los bombardeos de napalm y fósforo blanco durante el conflicto armado con Marruecos, la que gestionaba la diplomacia formal con relación al conflicto. Pero el levantamiento de los territorios ocupados de 1999 desplazó la atención hacia la población oprimida tras el muro de 2.700 km de largo – la barrera militar más larga del mundo – construido por Rabat durante la guerra para separar al pueblo saharaui. Lejos de ser un conato de cambio en la resistencia saharaui, las manifestaciones han devuelto de forma permanente la atención política a los territorios ocupados en detrimento de la fallida diplomacia del estado en el exilio con base en los campamentos de refugiados.
Tras las revueltas de 1999, el ascenso al trono de Mohammed VI indujo modestas reformas en la monarquía Alauita, aplaudidas por la comunidad internacional. Marruecos fue pionero entre los estados árabes en la creación de organismos nacionales de defensa de derechos humanos así como en la institucionalización de normativas internacionales relativas a los mismos, como la Convención contra la Tortura. Estas medidas se demostraron cortinas de humo y cosmética del régimen cuando las comisiones encargadas de investigar violaciones de derechos humanos hacían caso omiso de las que afectaban a la población saharaui. Las líneas rojas del reino de Marruecos se han diseñado en torno a la figura del monarca y a la integridad territorial. Asimismo, el régimen ha sido acusado de controlar la actividad de ONGs marroquíes encargadas de investigar violaciones de derechos humanos. Este contexto no ha hecho otra cosa que acrecentar la desconfianza de los activistas saharauis hacia simpatizantes marroquíes.
Internacionalización del activismo: Intereses de las grandes potencias y el dilema saharaui
Anquilosado por la propaganda alienante del gobierno Makhzen – denominación local hacia las élites que rigen el estado marroquí – y aislado del tablero de la política global, el activismo saharaui no ha tenido un lugar en el foco de la prensa internacional hasta la hace una década cuando los medios sociales permitieron canalizar información al exterior. Una nueva revuelta popular en 2005 fue ampliamente cubierta por los medios de comunicación después de que las autoridades marroquíes atacaran con violencia las concentraciones pacíficas asesinando a un joven saharaui. Mustafa Ahmed, quien participó en las manifestaciones, relata: “Durante un año, el Aaiún vivió de forma diaria disturbios, enfrentamientos, detenciones, juicios…  Los saharauis pudieron mantener la intifada gracias a  las nuevas tecnologías… Fue la primera vez que, tras la salida de España del Sahara, El Aaiún salió en TVE.” Todos los gobiernos españoles desde la transición siempre han relativizado el papel de España remitiéndose y amparándose en las decisiones de la ONU. Una posición de tendenciosa neutralidad en un asunto internacional en el que Madrid tiene algo más que responsabilidades históricas – en 2002, una carta del Secretario General Adjunto de Asuntos Jurídicos de la ONU señala que España no pudo transferir sus competencias en el Sáhara Español con los acuerdos tripartitos de Madrid y que, por tanto, es ésta y no Marruecos la Potencia administradora del territorio –.
La comunidad internacional, sin embargo, volvió la espalda a la situación una vez más. Vergonzosamente, una delegación de observadores del Parlamento Europeo fue repetidamente bloqueada por Marruecos a su llegada al territorio. Pero fue la huelga de hambre de Aminatou Haidar en 2009 lo que consolidó el activismo saharaui como un movimiento de resistencia pacífica a nivel internacional, activando los resortes diplomáticos de España, Estados Unidos y Francia hasta que Rabat finalmente permitió su retorno a El Aaiún.
Al mismo tiempo, el activismo transnacional ha dado sus frutos, centrándose principalmente en la denuncia del expolio ilegal de los recursos naturales del Sahara Occidental ocupado. La importancia de éstos explica el interés desmesurado de Marruecos por el territorio. Lejos de ser un desierto yermo, la reserva de fosfatos del Sáhara Occidental es una de las más vastas del planeta, mientras que los caladeros saharauis suponen una parte integral de la industria pesquera marroquí. Lo que añade complejidad al puzzle es que la batalla sobre la explotación del petróleo y de los productos agrícolas involucra tanto a estados como empresas privadas. Hasta ahora, el activismo internacional ha conseguido presionar a empresas estadounidenses y francesas para rescindir sus acuerdos con Marruecos para la exploración petrolífera en el territorio, así como el apoyo de parlamentarios europeos en la condena a productos agrícolas de la región etiquetados como marroquíes. Igualmente exitosa fue la campaña para bloquear la renovación del acuerdo pesquero entre la UE y Marruecos debido a las dudas de los europarlamentarios acerca de su legalidad y los exiguos beneficios para la población autóctona.
Sin embargo, este activismo ha tenido poca eficacia en lo concerniente a la represión ejercida por Marruecos. MINURSO continúa sin tener un mandato claro para prevenir las continuas violaciones de derechos humanos de Rabat, pese a que Francia fue presionada para aceptar el vago término de “medidas” en la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU de 2011. Paris ha apoyado al régimen Alauita desde el comienzo del conflicto. La antigua metrópoli es el principal socio comercial de Marruecos, aportando 2.8 millones de dólares en ayuda civil y militar en 2007.
De la misma forma, Marruecos es un aliado estratégico en la región tanto para la Unión Europea como para Estados Unidos. Washington ha mostrado abiertamente su apoyo a la ambivalente proposición de Rabat para una autonomía en el Sáhara Occidental. La ubicación geoestratégica de Marruecos atrae la ayuda europea y americana para desarrollo militar y social destinada a políticas antiterroristas, y contra el tráfico de droga y la inmigración ilegal. Con estos intereses sobre el tapete, es difícil imaginar a miembros del Consejo de Seguridad de la ONU deshaciendo el nudo gordiano con Marruecos sabiendo que Rabat pone en juego algo más que sus credenciales políticos y sus pingües gastos militares en el Sahara Occidental. Anna Theofilopoulou no deja lugar a dudas: “La ONU no va a resolver este problema”
A pesar de la criminalización del activismo saharaui y la propaganda alienante por parte de Marruecos, se han producido acercamientos entre las dos comunidades. Las protestas callejeras de las últimas décadas han alentado el descontento de marroquíes afectados por la situación económica que se vive en los territorios ocupados. Sin embargo, los ciudadanos marroquíes temen las represalias políticas y el acoso judicial del régimen. “Me enterrarían vivo si me uno a vuestras protestas, con lo que mejor organizamos nuestra propia concentración en El Aaiún”, le dijo un marroquí a Sidi Ahmed, activista saharaui presente en las manifestaciones de Gdeim Izik en 2010. Dahha Rahmouni, miembro de la ONG saharaui de derechos humanos ASDVH, también explica que los contactos con los contrapartes marroquíes son “complejos y, casi siempre, no oficiales”. La comunicación entre ciudadanos comunes de ambos bandos en conflicto es difícil incluso para miembros de las diásporas en el extranjero, como confirma Zahra Ramdan, presidenta de la Asociación de Mujeres Saharauis en España. De la misma manera, las interlocuciones, cuando existen, dan lugar a lecturas en las que la autodeterminación queda relegada a niveles inferiores con respecto al resto de derechos sociales y políticos. Tal es el caso de Ali Lmrabet, periodista marroquí, quien sostiene que existen “conexiones entre la principal asociación de derechos humanos marroquí (AMDH) y los Saharauis, pero siempre en el marco de la defensa de los derechos humanos, lejos de las reivindicaciones políticas”.
El dilema radica en que los Saharauis persiguen objetivos que, en fundamento, son diferentes de los de sus contrapartes marroquíes. Unos defienden el derecho de autodeterminación bajo un referéndum libre y justo, mientras que los otros abogan por una mejora en la situación de sus derechos civiles y políticos así como en lo que respecta a los derechos socio-económicos básicos para la distribución de la riqueza tanto en los territorios ocupados como en Marruecos. Reivindicaciones similares, estas últimas, a las que se producen en otros países del Magreb y Oriente Próximo exigiendo mayor niveles de democracia. Jamal Bachri, periodista saharaui y defensor de los derechos humanos, explica: “Los Saharauis no tenemos nada que ver con la democracia en Marruecos… Eso es un problema puramente marroquí que no nos incumbe. Sin embargo, creemos que si existiera democracia e Marruecos, nuestra interlocución con relación al Sáhara Occidental cambiaría en algo”.
Los activistas saharauis coinciden en indicar que sus homólogos marroquíes exigen cambios ‘internos’, que difieren sustancialmente del derecho de autodeterminación que debe de ser amparado ‘internacionalmente’ bajo un referéndum como parte de un proceso de descolonización que no se culminó. Pese a la manifiesta diferencia entre ambas demandas, el conflicto en el Sáhara Occidental también se explica como el enfrentamiento entre la realpolitik y la legalidad internacional. Intereses de seguridad así como acuerdos geoestratégicos y económicos con Marruecos han prevalecido ante el derecho internacional. Por lo tanto, mientras los organismos de la ONU continúen siendo meros testigos impasibles de la situación en la región, la única salida para un eventual referéndum en el Sáhara Occidental pasa por la reforma democrática del reino de Marruecos así como un meticuloso programa para reconciliar a ambas sociedades del ya sedimentado rencor regado por el tiempo y la propaganda.
Todo parece indicar que no existirá un Marruecos democrático sin una solución imparcial y pacífica al problema del Sáhara Occidental, de la misma forma en que no se producirá un referéndum libre y justo sin un Marruecos democrático. La conjunción del activismo de ambas comunidades aceleraría la democratización del reino Alauita, dando alas a la participación cívica en las instituciones y permitiendo la discusión de demandas políticas y de derechos más exigentes y complejos que los políticos y sociales. Lo que no atenúa lo arriesgado de la estrategia para el activismo saharaui. Poner en peligro la resistencia pacífica de casi 40 años y su objetivo último: el derecho de autodeterminación.

martes, 19 de abril de 2011

Veinte presos saharauis inician una huelga de hambre en Marruecos



Reclaman un juicio justo tras ser arrestados en noviembre del año pasado por su relación con el campamento de protesta de Gdeim Izik, en El Aaiún, y los disturbios ocasionados tras su desmantelamiento

Veinte prisioneros comienzan este martes en la cárcel de Salé, cerca de Rabat, una huelga de hambre "dadas las condiciones difíciles e inhumanas a las que estamos sometidos", aseguran los detenidos en un comunicado. Llevan más de cinco meses encarcelados, sin haber sido juzgados, a la espera de que lo haga el Tribunal Militar de Rabat. Su principal demanda se basa en la "aceleración" de sus juicios y en que estos sean "justos e imparciales"

El desmantelamiento, el 8 de noviembre de 2010, del campamento de jaimas (tiendas nómadas) que miles de saharauis instalaron como protesta un mes antes a 15 km de El Aaiún, la capital administrativa del Sáhara Occidental, dejó algo más que miles de tiendas incendiadas y un halo de incertidumbre alrededor de lo que realmente ocurrió ese día y las semanas de después. Marruecos cerró a cal y canto el territorio del Sáhara Occidental. Tan solo un puñado de periodistas, entre ellos, un equipo de la Cadena SER, fue capaz de entrar, temporalmente, a El Aaiún, para informar, o al menos intentarlo, de lo que estaba sucediendo.

Decenas de civiles saharauis fueron detenidos por las fuerzas de seguridad. Muchos resultaron encarcelados en la prisión de El Aaiún. Otros veinte se encuentran desde entonces en la cárcel de Salé, localidad vecina a la capital Rabat. Más de cinco meses en prisión sin haber sido juzgados. Algunos, como el activista Enaama Asfari, fueron arrestados incluso antes del desmantelamiento. "Aasfari fue detenido el día 7 de noviembre, por lo que no tuvo nada que ver con los disturbios del desmantelamiento", afirma a la Cadena SER Abdeslam Omar, presidente de la Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos Saharauis (AFAPREDESA). "Lo único que hizo", continúa, "fue vigilar el cumplimiento de los derechos humanos e intentar introducir en el campamento a un diputado francés para que éste viera lo que ocurría dentro".

"Reclaman ser considerados como presos políticos, que les traten como seres humanos", además de que "su juicio sea independiente y justo" insiste Abdeslam Omar, quien también se queja del trato que están recibiendo los prisioneros. "Tenemos constancia, al igual que organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, de que, al menos durante las dos o tres primeras semanas del encarcelamiento, los detenidos fueron torturados, vejados e incluso hubo casos de agresión sexual".

Desde AFAPREDESA aseguran estar "muy preocupados" con esta decisión que han tomado los prisioneros, ya que la huelga de hambre va a ser, en principio, indefinida, con "los problemas que esto puede acarrear para su salud", subraya Omar. No se trata de la primera huelga de hambre que realizan estos presos, ya que, según aseguran en su comunicado, ya llevaron a cabo otras en febrero y en marzo, aunque de tiempo determinado.

Además de demandar un juicio justo y una mejora de sus condiciones de vida, entre las que incluyen más facilidades de visita para sus familiares, los prisioneros instan a Naciones Unidas, la Unión Europea, Francia y España a "hacer presión sobre el Estado marroquí" para "proteger sus derechos como presos políticos saharauis". En lo que concierne al resto de saharauis detenidos en relación a estos acontecimientos, ayer lunes fueron liberados 12 presos de la bautizada como "cárcel negra" de El Aaiún. Actualmente, se encuentran en libertad provisional. "Marruecos se quiere así lavar las manos para no llevarles a un juicio que ahora mismo va a ser seguido por los informadores internacionales", concluye Omar.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Regreso a El Aaiun ocupado de 35 activistas saharauis de DDHH que participaron en el aniversario de la RASD en los campamentos


REGRESO A LOS TERRITORIOS OCUPADOS DEL SÁHARA OCCIDENTAL DE LOS 35 ACTIVISTAS SAHARAUIS

Miércoles, 9 marzo de 2011 - 20.30 h.

El grupo de 35 activistas saharauis (14 mujeres y 21 hombres) que regresaron hoy desde Argelia, después de participar en las celebraciones por el 35º aniversario de la proclamación de la RASD, han llegado hoy a la ciudad ocupada de El Aaiun, vía Casablanca. Entre las 14 mujeres se encuentra Sultana Jaya y una niña de dos años de edad llamada Azza, hija del ex-desaparecido Saleh Zigan y la ex-presa política Mbarka Alina Baali, los tres de El Aaiun ocupado.

El paso por Casablanca no revistió problemas, pero a la llegada a El Aaiun, alrededor de las 17.30 h. (hora local) se produjo un forcejeo entre los activistas y la policía por haber escrito en la tarjeta de identificación que debían cumplimentar en el aeropuerto, que su nacionalidad es la del Sáhara Occidental.

Cada uno de ellos fue llevado a una habitación donde les desnudaron y fotografiaron registrando todas sus propiedades. A las 20.30 h. continúan los registros en el aeropuerto controlados por la policía.

Un dato insólito hasta ahora, ha sido la presencia de miembros de la MINURSO grabando en vídeo la llegada de los activistas y su descenso del avión.

Los ciudadanos se han concentrado en la casa de la activista Mailemnin Sueyah, miembro también de la delegación y representante de los 15 desaparecidos, mientras la calle se encuentra tomada por la policía.

INFORMAN: ACTIVISTAS SAHARAUIS


sábado, 22 de enero de 2011

Una delegación de activistas saharauis inicia este sábado una visita a los campamentos de refugiados saharauis

Chahid El Hafed, 22/01/2011 (SPS).-Una delegación compuesta por 13 activistas saharauis de los derechos humanos provenientes de los territorios ocupados del Sáhara Occidental, inician una visita a los campamentos de refugiados saharauis a partir de este sábado.

Los miembros de la delegación quieren con esta visita transmitir un mensaje de desafío a Marruecos, asegurando que "las autoridades marroquíes no puede en ningún modo impedir que los saharauis en los territorios ocupados del Sáhara Occidental, a visitar a hermanos en los campamentos de refugiados", estimando que Frente Polisario sigue siendo el único representante legítimo del pueblo saharaui.

También han reafirmado la determinación de los ciudadanos saharauis en los territorios ocupados del Sáhara Occidental para continuar la Intifada pacífica contra la ocupación marroquí hasta la victoria y la independencia.

La delegación saharaui llegó a Argel este viernes por la noche, donde fue recibida por el Embajador de la RASD en Argel, Brahim Ghali, y el ministro de los Territorios Ocupados y de las comunidades saharauis establecidos en el extranjero, Jalil Sidi Mohamed. (SPS).

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Resistencia Saharaui se reúne en Ginebra con miembros de la ONU



A UN MES DEL DESALOJO VIOLENTO DE GDEIM IZIK. REUNIÓN DE RESISTENCIA SAHARAUI CON MIEMBROS DE LA ONU


HOY SE CUMPLE UN MES DEL DESALOJO VIOLENTO DEL CAMPAMENTO DE GDEIM IZIK A 15KM DEL AAIUN OCUPADO.

El pasado 8 de noviembre el Sáhara Occidental estallaba en los medios de comunicación por la violencia que emplearon las fuerzas de seguridad marroquíes en el desalojo del campamento de protesta de Gdeim Izik y posteriormente la dura represión que continúan ejerciendo en los territorios ocupados por Marruecos en el Sáhara Occidental.

El gobierno español continúa sin condenar el ataque por parte de Marruecos a un campamento donde más de 20.000 saharauis protestaban de manera pacífica para reclamar una vida digna y el respeto a sus derechos.
Existen pruebas claras y contundentes así como testigos que demuestran tanto la violenta intervención en el campamento como las posteriores vulneraciones a los derechos humanos de las fuerzas de seguridad marroquíes en los territorios ocupados.

Por otra parte, el Consejo de Seguridad de la ONU que se reunió de manera extraordinaria a petición del Embajador de México, Claude Heller, el pasado 17 de noviembre, sólo ha decretado la situación de deplorable. Francia volvió a vetar en el Consejo de Seguridad una comisión que investigue los acontecimientos en los territorios ocupados.

El pasado lunes 6 de diciembre, los activistas defensores de los Derechos Humanos, Antonio Velázquez e Isabel Terraza del grupo Resistencia Saharaui, junto al saharaui con nacionalidad española Ahmed Yeddou Salem Lecuara, se reunieron en el Palacio Wilson de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, con dos miembros de la Oficina de los Derechos Humanos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas con el objetivo de denunciar los acontecimientos ocurridos en el violento desalojo del campamento de Gdeim Izik y los trágicos sucesos posteriores en la ciudad del Aaiún, testificando el genocidio de las fuerzas ocupantes marroquíes en el Sáhara Occidental.

Los representantes de Naciones Unidas, la señora Sara Hamood perteneciente a la Oficina de Derechos Humanos de Oriente Medio y África del Norte del Alto Comisionado de Naciones Unidas y el señor Safir Syed de la Oficina de Derechos Humanos de Sociedad Civil del Alto Comisionado de Naciones Unidas después de escuchar y transcribir los testimonios, recalcaron sus limitaciones y alegaron que son un organismo independiente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que es el que tiene la jurisdicción de enviar una comisión de investigación a los territorios ocupados por Marruecos en el Sáhara Occidental.

La Oficina de Derechos Humanos de la ONU puede gestionar el envío de relatores para constatar las violaciones de derechos humanos a un territorio cuando es invitado por el gobierno del mismo, cosa que en el Sáhara Occidental sería el régimen ocupante, a pesar de que ningún país reconozca la soberanía marroquí en los territorios del Sáhara Occidental.

La acción que ahora mismo se puede llevar a cabo desde la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas es la de presentar pruebas de peso ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para poder enviar a estos relatores de manera confidencial  para constatar las violaciones de los derechos humanos por parte de las autoridades marroquíes contra la población civil saharaui.

Los activistas prosaharauis reclamaron una intervención inmediata de la ONU en los territorios ocupados por Marruecos en el Sáhara Occidental ya que en estos momentos la situación continúa siendo crítica, así como reunirse con el pleno del Consejo de Seguridad y el Secretario General de la ONU, el señor Ban Ki Moon. Los miembros de la Oficina de Derechos Humanos respondieron a estas peticiones que no son de su competencia.

Las fuerzas de seguridad del régimen marroquí siguen sembrando el terror cometiendo allanamientos de morada, detenciones arbitrarias y torturas contra la población civil saharaui. El pueblo saharaui no puede salir a la calle porque pueden ser víctimas de brutales agresiones y violaciones indiscriminadas por parte de militares y policias marroquíes.
Los heridos saharauis no pueden recibir asistencia médica porque los hospitales están militarizados, algunos tienen balas dentro de su cuerpo.
La mayoría cumple hoy un mes de cautiverio y muchos se están enfermando por esta situación de encierro.

Desde Resistencia Saharaui continuamos con la difusión del conflicto y la denuncia del genocidio del régimen marroquí y mandamos nuestro apoyo a todos los saharauis en los territorios ocupados.

jueves, 22 de julio de 2010

Hayat Rguibi: "He visto palizas desde que era una niña"



HAYAT RGUIBI, UNA DE LAS ACTIVISTAS QUE VISITÓ LOS CAMPAMENTOS EN TINDUF Y RECIBIÓ UNA PALIZA AL REGRESAR AL AAIÚN

"He visto palizas desde que era una niña"

GUINGUINBALI LAURA GALLEGO Las Palmas de Gran Canaria 22/07/2010

Estos días, se han publicado imágenes de esta mujer dolorida, en el suelo, después de recibir golpes y porrazos por parte de la policía la noche del domingo; aparece en otra fotografía en mitad de una masa de gente, hinchadas las venas del cuello, puño en alto, haciendo la señal de victoria con la que los saharauis expresan su lucha por la independencia. Es una de las activistas por los derechos humanos que regresaba de visitar los campamentos de Tinduf.

Pero al día siguiente, Hayat Rguibi, sentada en el suelo, en la esquina de una habitación de una típica casa saharaui, es, también, una adolescente de solo 19 años que se sonroja cuando su amigo, que está haciendo las veces de traductor, le lanza pícaras insinuaciones. Y se deshace en carcajadas nerviosas cuando le decimos que hacen buena pareja. Una adolescente que, por haber realizado este viaje, ya no podrá asistir al instituto, donde estaba estudiando informática. Pero que aún aspira a aprender idiomas; e incluso, puestos a soñar, a convertirse en “abogada, para defender a mi gente”.

De momento, siendo tan joven, ya tiene un nombre dentro de la Intifada. Es activista desde los 14 años. Ella nació bajo la ocupación y, en las circunstancias actuales, desgraciadamente, parecen más realistas los anhelos que también expresa a este respecto: “Es bueno que todos sepan quien eres, si, es a lo que aspiro, a que me respeten por mi lucha”.

La delegación de la que formó parte es la séptima que desde el pasado mes de octubre visita los campamentos; la séptima formada por activistas de los derechos humanos. Hasta ese momento, iban los que, en virtud de un acuerdo firmado entre el Polisario y Marruecos, eran escogidos para un programa denominado Puente de la confianza, y a quienes acompañaba personal de la ONU. Pero según dicen los dirigentes saharauis, Marruecos “solo deja usar ese puente a quienes no pueden protestar, selecciona a los que tienen comercios, o familiares en la cárcel, cualquier circunstancia que les impida hablar claro cuando llegan a los campamentos”. Por eso, ellos están haciendo llegar ahora a estos activistas.

En Tinduf, donde Hayat ha pasado cinco días, se ha reunido con familiares que no conocía, pero de los que llevaba años oyendo hablar; aunque todos, dice, son de algún modo familia. Los más ancianos se echaron a llorar al verlos. “Nos preguntan por la opresión marroqui, quieren saber cómo vivimos aquí y se les saltan las lágrimas al ver que hay jóvenes luchando como ellos lo han hecho”, narra.

No obstante, lo que más le conmovió fue “ver con mis ojos que allí hay un país, con un gobierno, gente muy inteligente que lucha por ser libre; fue muy emocionante, la verdad es que no tengo palabras para explicar lo que sentí”. Tampoco para describir “la tristeza de ver que nuestro país está partido en dos; eso duele mucho”, añade.

Hubo una manifestación clave en su vida, a partir de la cual, se incorporó a la lucha pacífica pero activa; aunque “la causa”, ese Sahara libre al que aspiran, la maman desde la cuna. “He visto pegar a mucha gente, palizas, desde que era una niña, desde que recuerdo; cuando eres pequeña la policía entra a veces en clase, a mis padres les han golpeado delante mía”. Por eso, por difícil que pueda resultar entender desde fuera que hagan a los niños partícipes de sucesos como los del domingo -cuando la policía, a su llegada, cargó contra decenas de personas que esperaban para recibirlos y tuvieron que atrincherarse en una vivienda durante toda la noche- a ella le parece normal: “Es bueno que estén, para que conozcan su causa, no es demasiado duro, no, así se acostumbran”. A los golpes, dice, se van a tener que acostumbrar aunque no quieran. En su caso, ha pasado por todo. Detenciones, torturas e incluso, confiesa en un hilo de voz “intentos de violación”.

Para Hayat, lo esa noche ya es algo normal. “Me alegro de que hubiera españoles, porque si no, hubieran entrado en la casa desde el primer momento, pero no quieren que la gente lo vea, que sepan lo que ocurre”. ¿Cómo explicar esa violencia? “En cualquier país ocupado, el ocupante aplasta al ocupado, ellos dicen que todos somos marroquis, y no quieren que salgas a decir que eres saharaui, ni que nuestro mensaje sobre los territorios ocupados llegue a los campamentos; nosotros somos portavoces de algo que quieren ocultar”.

Pero eso no les va a frenar, asegura. Ella conocía bien el riesgo y, aún así, cuando el Frente Polisario la eligió para formar parte del grupo se sintió “honrada”. “Esperaba este recibimiento, si, pero es que estoy dispuesta a hacer lo que sea por mi país, dar la vida si es necesario”. Como ella, había varias estudiantes más en el grupo. Afafe El Houcain o Inguia Elhaouassi, que se suman a la conversación, comentan que, si antes estaban fichadas, “ahora más, pero no nos importa”.

“Es que estas mujeres son muy valientes”, comenta el traductor. Cierto es que las mujeres, a nivel de activismo, están en primera fila. No hay distinciones respecto a los hombres. Sus grandes referencias son Aminatu Haidar y Algaliya Djime. “¡El ejemplo más grande!”, dice Afafe.

Entonces ¿que les parece que no haya presencia femenina en el Frente Polisario, en el Gobierno?. “La mujer lucha, y es una parte muy importante, además, pero sí, nos gustaría que fueran también llegando al poder, entrando en el gobierno; yo creo iremos llegando poco a poco”, analizan.

Hay un par de ideas que todas quieren dejar claras, volviendo loco al traductor por un momento: “El pueblo saharaui va a seguir luchando, no queremos dinero de Marruecos, ni esperamos nada bueno de ellos, claro. Por eso agradecemos mucho a los españoles que nos apoyan, pero tienen que presionar a su gobierno y al resto de Europa para que hagan algo”.

miércoles, 21 de julio de 2010

Testigo del apartheid saharaui. Laura Gallego (GuinGuinBali)






Testigo del apartheid saharaui

GUINGUINBALI LAURA GALLEGO Las Palmas de Gran Canaria 21/07/2010

Esa casa era una fiesta. Durante todo el día cantaron, rieron y algunos de ellos, se sentaron un rato al lado de esta periodista para contarle sus experiencias. Algunas de las preguntas formuladas entonces dejaron de tener sentido poco después ¿Qué significa el miedo para ustedes? ¿De dónde sacan la esperanza?. No significa nada, y no les queda otra. Los cuatro españoles que viajamos desde Canarias para participar con los saharauis del recibimiento a los 11 compatriotas que regresaban de visitar los campamentos de Tinduf, llegamos al barrio de Casa de Piedra, en El Aaiún, sobre las tres de la tarde, y desde el primer instante quedó claro que la policía marroquí no veía con buenos ojos ese encuentro.

La vivienda estaba cercada por numerosos agentes vestidos de paisano que, poco después de nuestra llegada, empezaron a impedir el acceso a los saharauis que seguían queriendo llegar hasta ella. Dentro había alrededor de 200 personas ya. A media tarde, un grupo de policías se dirigió a los españoles, en la calle, y nos solicitó la documentación, y después de un rato, nos comunicó que, dado que habíamos entrado como turistas -y estar allí, para ellos, se salía del circuito- quedábamos bajo nuestra propia responsabilidad.

Cuando supimos que la delegación de 11 activistas por los derechos humanos había aterrizado -la mayoría de ellos jóvenes estudiantes que desde el domingo han perdido el derecho a seguir acudiendo al instituto, por cierto- decidieron desde que ventana tomaría yo las fotos. La que estaba situada justo sobre la puerta de entrada. Debían respetar mi posición. Aunque entre 200 personas repartidas en más de diez habitaciones, ningún mensaje llegaba a todos.

Ya estaban cerca; Cecilia Alvarado, Lorena López y José Febles, los tres canarios con los que viajé, se sumaron al grupo que los recibiría fuera. Javier Sopeña, un extremeño que desde hace dos meses se ha comprometido a vivir con ellos, y sufrir lo que sufran ellos, para utilizar sus herramientas después, como español, para denunciarlo, también estaba allí.

En parte creíamos que su presencia serviría para frenar la reacción de la policía. Pero cuando la furgoneta en la que iban los once activistas aparcó frente a la vivienda, vi como estos se bajaban, la multitud empezaba a cantar y por el rabillo del ojo, correr a la policía desde todas las esquinas. Fue entonces cuando sentí que alguien pisaba el acelerador. No, no hubo provocación, ni intento previo por acallar los cánticos. Llegaron corriendo y empezaron a golpear a varios de ellos. Vi como les tiraban al suelo y la emprendían a puñetazos, patadas y porrazos. En cuestión de segundos, tenía a decenas de personas gritando a mis espaldas, empujándome contra las rejas de la ventana. Durante la siguiente media hora larga, la más intensa, lógicamente, no volvieron a reparar en mi presencia.

Salí como pude, agachada entre las piernas de todos ellos, a buscar otra ventana desde la que poder tomar fotos. Estaba en un rellano de un metro cuadrado, de una angosta escalera por la que muchos bajaban enfervorizados para salir a socorrer a sus amigos, a sus familiares. Entré en la habitación más próxima y cuando me acercaba a la ventana de la cocina algo rompió los cristales. Regresé sobre mis pasos y empezaron a llegar heridos. Personas cargadas en brazos por otras, con el labio partido, la ceja abierta, la espalda amoratada....gimiendo de dolor. Los dejaban sobre algún cojín y regresaban.

Todo eran golpes, ruido, gritos. Luego supe que en ese arranque fueron también a por los españoles, con la intención de alejar testigos incómodos; a Lorena y a José les golpearon contra una pared y arrastraron hasta otra calle cercana. Como querían regresar, y clamaban por sus dos compañeras españolas y, Lorena, por su documentación, que no llevaba encima, les amenazaron y volvieron a golpear. A ellos y a varios ciudadanos que intentaron mediar. Salieron corriendo y consiguieron llegar al hotel.

A Javier, a quien cada vez respetan menos, por muy español que sea, le patearon en el suelo y, en posición fetal, consiguió protegerse de todos los golpes menos de uno en la parte baja de la espalda por el que todavía camina con dificultad.

A Cecilia la agarraron violentamente de un brazo, pero consiguió zafarse y entrar en la casa.

Dentro, en algunos rincones apartados, había ancianos que rezaban en silencio. Contemplaban lo que sucedía con dolor, pero diría que con la resignación de la costumbre. Una mujer que chocó contra mi en un momento dado, y que sí reparó en que tenía un testigo, no dejó pasar la oportunidad de desahogarse; me agarró por los brazos y me gritó desesperada: “¡Quiero salir, pero no me dejan! Los policías marroquíes son unos cobardes, están tirando piedras!” . A base de piedras habían roto ya todos los cristales, y entre varios, fueron tapando las ventanas con mesas o con lo que encontraban a mano para impedir que entraran esas armas arrojadizas con las que sí consiguieron partirle el labio a uno de ellos.

Si la policía hubiera entrado entonces, no sé que hubiera pasado. La puerta era de hierro, y entre decenas de personas que atascaban la escalera creo que consiguieron detenerlos. Aunque la situación estaba fuera de control, y dentro, había personas mayores, niños. Dicen los saharauis que a veces lo hacen, que entran, rompen todas las luces, y la emprenden contra cualquier bulto que se mueva. Quizás eso es lo que impidió nuestra presencia.

Después de media hora subí por la escalera a la habitación donde esperaban algunos de los que no habían intervenido, y me alcanzó el grito desesperado de Cecilia llamándonos a los españoles. Hasta dos horas después no supimos qué había pasado con Lorena y José. Javier si subió al rato, dolorido.

Con las ventanas tapiadas, sin ningún resquicio que dejara entrar el aire -que fuera si era fresco- y con todas aquellas personas presas del terror y de la ira a partes iguales, la temperatura y la humedad alcanzaron niveles insoportables. Desde esa habitación en el tercer piso, seguíamos escuchando los gritos que llegaban del piso inferior. Aunque cada vez más espaciados. Cuando subieron algunos de los activistas de la delegación, en una de las habitaciones, banderas en mano, empezaron con los habituales cánticos, clamando por un Sahara libre; saltando, todos a una, a voz en cuello, se fueron exaltando, tratando supongo también de recuperar los ánimos, de recordarse a sí mismos el porqué de tanto horror. Aunque allí nadie se permite un momento de debilidad respecto a su compromiso con la causa. “Por mi país, lo que haga falta, doy hasta la vida, no tengo miedo”. Todos se expresan así.

Conté siete niños menores de tres años. Había además, muchos más de entre 4 y 15 años. La gente está sentada, apretada en los sofás y por el suelo. Desde mi lugar, veo aproximarse a un grupo cargando a una niña y gritando en torno a ella; quieren entreabrir una ventana para que tome aire. Está sudando, con cara de pánico, y apenas consigue que el oxígeno llegue a sus pulmones, con bocanadas asfixiantes. Le duele el pecho. Sufre un ataque de ansiedad. Ví a otras dos en diferentes momentos en la misma situación.

Cuando alguien intenta abandonar la vivienda, regresa apaleado. El martes, visité a varias personas que también fueron golpeadas por acercase a ella, en la calle. Las marcas de los golpes son brutales. Y si no han ido al hospital, me explican, es porque allí “volverían a pegarnos”. Utilizan remedios caseros y algunas medicinas españolas.

Hasta la 1:30 hubo momentos de más tensión y otros, incluso, de cierto relajo. Hay quien trata de dar una cabezada; la noche, ya lo saben, va a ser larga. Pero a esa hora, llega alguien con un papel. Tiene un teléfono anotado y nos dice que debemos llamar, que se lo han dado los otros españoles; discuten entre ellos. Hay quien cree que es una artimaña de la policía, pero poco después, otra persona trae un número nuevo e insiste en que nos asomemos por la ventana, que Lorena y Jose están abajo. Efectivamente, Cecilia y yo les vemos, acompañados por un señor, que resultó ser el Depositario de los Bienes Españoles en El Aaiún, quien, a pesar de no tener competencias diplomáticas, se encarga de asistir a los españoles cuando la Embajada lo solicita. Y Lorena había contactado con él a través del servicio de emergencia consular. Ha venido a sacarnos de allí; Lorena insiste en que debemos hacerle caso, pero no puede explicarse, está rodeada por la policía que tiene la casa sitiada. Este señor nos dice que si no abandonamos el lugar, él habrá sido testigo de que nos hemos quedado por nuestra propia voluntad, y a partir de ese momento, no podrá garantizar nuestra seguridad.

Aunque nadie, en realidad, puede hablar claro en ese momento.

Dentro, algunos nos piden que nos quedemos, que sino, acabará en “un baño de sangre”. Otros entienden que es nuestra decisión. Durante más de dos horas dudamos cual tomar; cambiamos de opinión a cada momento. Javier no. Tiene claro que se queda con ellos hasta el final. Está bastante seguro de que con nosotros dentro, la policía no va a entrar. Desde fuera, nos dicen que ésta les ha advertido de que lo harán de todas formas. La presencia del funcionario español, quien, por primera vez acude al lugar en este tipo de situaciones, acrecienta el nerviosismo de los agentes.

No estábamos allí para convertirnos en mártires, sino para ver con nuestros propios ojos y poder contarlo la terrible violación de los derechos humanos que padece el pueblo saharaui. Mis compañeros como miembros de la Asociación Canaria de Solidaridad con el Pueblo Saharaui y yo, como periodista. Se trataba ahora de decidir entre dos opciones: olvidar el trabajo y a título personal, apostar por salvar con tu presencia y tu pasaporte la integridad de un grupo de seres humanos o estar dispuesto a sufrir con ellos las consecuencias, o, una segunda: confiar en las personas que desde abajo, sin poder dar una explicación clara, nos recomiendan con firmeza que debemos abandonar la casa.

No teníamos herramientas para saber con certeza qué iba a ocurrir. Sí, efectivamente, podíamos evitar una masacre, o estábamos empeorando las cosas. O si esta no se iba a producir, de todos modos. Porque nos costaba imaginar que, si la policía se había controlado hasta ese momento, si no había tomado la vivienda porque estábamos allí, lo fuera a hacer justo después de que saliéramos. Un funcionario español estaba siendo testigo de la situación; si al amanecer, habían arrasado el lugar, resultaría -no fácil de imaginar, sino evidente- qué había sucedido. Y tienen demasiadas ocasiones, por desgracia, para hacerlo a espaldas del mundo.

Afortunadamente, parece que así fue. Después de marcharnos, sobre las cuatro de la mañana, mantuvieron el asedio durante varias horas. Hasta que decidieron ir dejándolos salir en grupos de 10 y detuvieron a cuatro. Pero no hubo tal masacre. Ese día.

Fuera, alguien esperaba con una bandera marroquí y antes de que pudiera darme cuenta, confundida con la oscuridad del exterior, me fotografiaron delante de la misma. Cecilia supo dar el conveniente rodeo y evitó que captaran esa imagen.

Ya juntos, una treintena de agentes rodearon el vehículo del funcionario español, en cuyo interior estábamos sentados, y nos reclamaron las cámaras fotográficas. En principio nos negamos. Lorena exigía una orden judicial, porque iba en contra, obviamente, de todos nuestros derechos. Pero no pensaban dejarnos marchar con ellas. El depositario también insistía en que debíamos entregarlas, que al día siguiente nos serían devueltas. Obviamente, sin las imágenes que no fueran de su agrado. Accedimos porque el asedio era importante; incluso a que nos registraran el bolso; aunque el material estaba en realidad a salvo.

Y nos fuimos. A comprar cigarrillos para los fumadores. A relajar los nervios. Pero ellos se quedaron allí. Volvimos a verlos la noche siguiente, en casa de otro amigo; sabían que la prensa española se había hecho eco de lo sucedido, y nos lo agradecían. En realidad, es lo único que quieren: que no miremos a otro lado. Los saharauis no tienen una ciudadanía plena. No tienen derecho a trabajar ni a ir a la universidad; tienen prohibido ir al cine y al teatro. En cualquier momento, un policía puede increparles por la calle, y desde luego, cualquier manifestación, de cualquier tipo, a favor de la independencia del Sahara, se paga con torturas, desapariciones, años de cárcel. Todos tienen un familiar con heridas irreversibles, cuando no llevan años sin saber de él o ha perdido la cordura en la cárcel. Eso es lo que conocen desde que nacen. Una forma de apartheid. Ni más ni menos. Sus verdugos son sus jueces.

Como ellos dicen, prácticamente toda la comunidad internacional reconoce que el Sahara Occidental no pertenece a Marruecos.

Su compromiso es inquebrantable. Y mantienen la esperanza en que la sociedad civil obligue a los gobiernos extranjeros a buscar una solución. Para que dejen de hacer como que no saben lo que pasa allí; yo también lo cuento para eso. Es exactamente lo que sucedió esa noche. En singular, en mi caso. Pero es su vida. O su lucha por una vida.


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UNA DE LAS OBSERVADORAS QUE VIVIERON LA BRUTAL AGRESIÓN POLICIAL EN EL AAIÚN

"No he recibido ningún apoyo por parte de la dirección del PP de Canarias"

GUINGUINBALI Las Palmas de Gran Canaria 20/07/2010

Lorena López, una de las españolas agredidas el pasado domingo en El Aaiún, responderá mañana miércoles a partir de las 12:00 de la mañana a las preguntas de los lectores.

Pese a que estaba como observadora en El Aaiún fue zarandeada y empujada contra un muro por la policía, que además le requisó la cámara y le destrozó la tarjeta de memoria.

1) Desde la Asociación Soriana de amigos del pueblo saharaui, felicitarte a tus compañeros y a ti por tu valentía.

L.L.: Muchas Gracias por el apoyo, tanto a mi persona como al resto de compañeros que allí nos encontrábamos. Al fin y al cabo, los valientes son los y las saharauis que se encuentran día a día, recibiendo el mismo trato que hemos recibido nosotros o peor. Así que me sumo a la Asociación Soriana de amigos del pueblo saharaui, para que apoyar y animar al pueblo saharaui en su lucha y que no decaiga su fortaleza porque no están solos en la defensa de las libertades y el cumplimento de los DDHH en el Sahara Occidental.

¿Tu crees, Lorena, que el pueblo saharaui en las zonas ocupadas, harto ya de la indiferencia internacional, puede optar por la vía violenta o "palestinización" para intentar al menos llamar más la atención sobre el conflicto saharaui?¿Ves la vía pacífica agotada?


L.L: El Pueblo Saharaui se ha caracterizado durante estos 36 años de ocupación marroquí por ser un pueblo que defiende la legalidad internacional y sus derechos de una forma pacífica. Es cierto, que la situación en los territorios ocupados , y mucho más, después de la detención de los 7 de Casablanca , el caso Aminetu , y la violación constante de los DDHH en el territorio, es cada vez más tensa. . Es obvio, que la paciencia tiene un límite, pero en mi opinión la violencia no sería la mejor forma de solucionar el conflicto. Tanto la comunidad Internacional como los países vecinos, España, Francia etc, deberían hacer esfuerzos porque no suceda lo mismo que esta ocurriendo en la caso palestino , y se cumpla con la legalidad internacional, respetando las resoluciones de Naciones Unidas, a través, de la realización del Referéndum en el Sahara Occidental.



2) Lorena, que te parece la siguiente frase: Muy bien por Lorena y el grupo de personas que periódicamente van al Sahara para ser testigos directos de como trata la administración marroquí a los saharauis y a los extranjeros que se identifican o están con ellos en sus casas, muy mal por parte del PSOE, PP y demás partidos que tratan el tema saharaui de una forma irresponsable y desde luego miran para otro lado permitiendo este mal trato sistemático a los ciudadanos saharauis, muy mal por parte del Sr.Soria y el gobierno canario por incentivar la inversión empresarial en un territorio ocupado, el Sahara occidental. Gracias por responder y que no decaiga tu apoyo personal..Creo a la causa de los saharauis y su derecho a la independencia. Ciudadano.

L.L: Pues todas las opiniones me parecen respetables. Por lo tanto no tengo nada en contra de la suya. Dicho esto, si dejar claro, primero que el Gobierno de España , debería tener una política más clara en la defensa de los DDHH y en la resolución del conflicto en el Sahara Occidental, en pro de la justicia internacional, es decir cumpliendo las resoluciones de Naciones Unidas. Dejando claro , que no es solo una crítica al actual Gobierno , sino si en el futuro hubiese un Gobierno del PP y su política no fuese esta también recibiría la misma critica que en este momento hago al Partido Socialista. Porque creo que tanto el PP como el PSOE deben de tener una postura clara en este sentido respetando la legalidad internacional y España como administrador del territorio debería ser más proactiva en la defensa de los derechos y libertades de los Saharuais.

Por otra parte, comprendo perfectamente lo que comenta en relación al Gobierno de Canarias, dado que incumple la Declaración de Derechos Humanos. Por lo tanto, el Gobierno Canario no debería actuar en connivencia con Marruecos avalando este tipo de actividades comerciales en un territorio en conflicto.

Por lo que a mi respecta, Siempre me van a encontrar en la defensa de los Derechos y libertades de los individuos y de parte de la justicia . Me es indiferente quien la incumpla o quien permita que otros, con su apoyo, actúen en contra de la misma, por lo tanto si el Señor Soria, el Señor Zapatero, o cualquier otro no trabajan en este sentido , encontraran mi crítica y mi desaprobación. En este sentido, creo que por encima de los partidos están las personas, y que por encima de los intereses políticos están los ciudadanos, y en esa postura voy a estar pese a quien le pese.

3)Hola, ante todo agradecerle el trabajo que ha realizado al ir al Sáhara Occidental para cubrir los acontecimientos ahí ocurridos.¿cree que el gobierno español defienda de alguna manera, no a todas las victimas de los hechos, sino ya a los ciudadanos españoles que ahí estabais presentes?

L.L: Antes que nada , Muchas Gracias. En relación a la pregunta si me sentí protegida Y en relación a este me di cuenta de lo diferentes que somos, por desgracia , yo por tener un pasaporte español , pude ser rescata y protegida por alguien mientras que los saharauis que se encuentran en el territorio , son agredidos continuamente por el juez y por el verdugo sin que ningún tercero pueda defenderlos y protegerlo.

4) Crees que el Gobierno de España debió haber velado por ustedes si fueron por su propia voluntad? Rosa

L.L: Buenos días Rosa, Creo que el Gobierno debe velar por todos y cada una de las personas que estén fuera del territorio, sobre todo, porque todos vamos de forma voluntaria a los sitios, o por lo menos eso quiero creer, que es lo que sucede normalmente. Por tanto, la protección yo creo que es algo que no se puede negar a nadie.

5) Sigues en el Partido Popular. ¿Esperabas una defensa o alguna reacción del que fuera tu partido? Nacionalista.

L.L: Buenos días, sigo afiliada al Partido Popular, aunque en este momento, me encuentro sin ningún tipo de responsabilidades publicas ni orgánicas. Sí es cierto que he recibido la llamada de un compañero de Telde, aunque también es cierto , que no he recibido ningún apoyo por parte de la dirección del Partido. Estoy un poco sorprendida que algunas personas no se hayan interesado cómo me encontraba, dado que saben perfectamente quién soy. No le puedo exigir a nadie que haga lo que no quiere hacer. Yo creo que antes que los partidos están las personas, y que por humanidad y cortesía me interesaría por como se encuentra cualquier compañero comparta o no lo que defiende .

6) Todavía se te recuerda en el Cabildo. Qué pena que ya no estás. Igualmente, enhorabuena por tu valentía y tu compromiso. Una pregunta ¿Crees que te dejaran entrar otra vez al Sahara Occidental? Funcionario.

L.L: Muchas Gracias. Y que sepan que yo también los echo de menos. Fue una etapa muy bonita y que recordare siempre. Yo voy a seguir intentando defender en lo que creo y si para ello es necesario volver al territorio lo haré. En principio no tendrían por qué, dado que no tengo prohibición alguna de entrada. Por lo tanto entiendo que debería ser que si, auque con la policía marroquí todo es posible.

Informe de observador ante la grave represión marroquí en El Aaiun




Testimonio de Javier Sopeña

El Aaiún, 18-07-2010

Me encuentro en la capital de los territorios ocupados del Sáhara Occidental desde hace cerca de dos meses. En general, mi labor aquí consiste en apoyar a los activistas saharauis. Esto incluye diferentes tareas, entre las que se encuentra la realización de misiones de acompañamiento con delegaciones saharauis que vuelven a los territorios después de haber viajado a los campamentos de refugiados.

En esta ocasión, acudo sobre las cuatro de la tarde en compañía de Sidahmed Lmjyed y Sloh Deila a la casa de la familia de Ozman Ndour, pues allí se celebrará el recibimiento de la delegación. A la entrada de la calle, varios policías de paisano nos pidieron la documentación. En ese momento nos percatamos de que la policía había cortado la calle, como es habitual en estas situaciones, para evitar la entrada de saharauis. Tras revisar nuestra documentación, nos permiten seguir nuestro camino hasta la casa de Ozman. En este trayecto observamos varias furgonetas de antidisturbios, además de un gran número de policías de paisano. Al entrar en la casa nos encontramos con muchos activistas saharauis y además a cuatro españoles procedentes de Canarias. Estos son José Vicente Febles, Laura Gallego, Lorena López y Cecilia Alvarado. Pasamos un rato charlando e intercambiando opiniones, tras lo cual Sidahmed nos pide que bajemos para poder comprobar cómo la policía impide la entrada de la mayor parte de saharauis que intentan acceder a esta calle. En varias ocasiones, se producen discusiones airadas entre saharauis y policía de paisano. Mientras estamos en la calle, un miembro del gobierno de El Aaiún y varios policías de paisano se nos acercan para pedirnos los pasaportes. Se los llevan y tras un buen rato vuelve el mencionado miembro del gobierno para devolvérnoslos, al tiempo que me pide que advierta a los canarios de que si no van al hotel, tendrán que asumir la responsabilidad de lo que les suceda. Me lo dice porque me conoce de otras situaciones similares. Alrededor de las nueve de la noche, los saharauis nos avisan de que la delegación ya ha aterrizado en el aeropuerto de El Aaiún. La delegación tarda en llegar a la ciudad porque son retenidos durante más de una hora en el aeropuerto. Llegan a la casa en varios coches. En ese momento José, Cecilia, Lorena y yo nos posicionamos a ambos lados de la puerta para disuadir a la policía de cargar contra los saharauis. Laura se posiciona en una ventana para registrar todo lo que suceda con su cámara de fotos. Apenas da tiempo de que los miembros de la delegación bajen de los coches, cuando, de repente, toda la policía de paisano sale corriendo en dirección la puerta de la casa, arremetiendo contra todo lo que se encuentra en su camino.

En ese momento empiezo a recibir puñetazos y patadas por todos lados. Me pongo de cuclillas contra la pared y me cubro la cabeza con las manos mientras uno o varios policías me patean la cabeza. No puedo determinar quién o quienes me atacaron pues en ese momento me resultaba imposible levantar la vista. Consigo parar las patadas que se dirigen a mi cabeza con los brazos, pero en algún momento un policía me da un puntapié en la espalda, en la zona en la que se encuentra mi riñón izquierdo. Tras este golpe, me zafo como puedo hacia la puerta de la casa y consigo entrar el último. Cuando entro, los saharauis cierran la puerta. Me ayudan a subir las escaleras hasta el primer rellano. Aquí descanso unos segundos y siento un terrible dolor en el riñón. Apenas me da tiempo de tomar conciencia de lo que acaba de suceder, cuando veo volar un pedrusco y una lluvia de cristales rotos de una ventana justo a mi lado. La policía está apedreando la casa desde la calle. Sigo subiendo las escaleras agachado con varios saharauis hasta llegar a la estancia donde se encuentran todos. Los saharauis han tapiado las ventanas usando mesas y han colocado una barricada en la puerta que da a la azotea. Todos los niños están llorando aterrados. Una muchacha joven tiene un ataque de ansiedad y no puede respirar. Hay saharauis heridos. Hace un calor insoportable pues hay demasiada gente en la casa y al estar la puerta de la entrada y la azotea cerradas, no corre nada de aire. Encuentro a Laura y a Cecilia, preocupadas por todo lo que ha pasado y porque además no saben nada de José y de Lorena. Comprueban que no están en la casa, por lo que pensamos que se los ha llevado la policía. En un momento dado, oigo golpes en la puerta de la entrada.

Los saharauis se ponen nerviosos. Los niños comienzan a llorar de nuevo. Las mujeres se escudan con cojines. Pasa un rato y parece que la cosa se tranquiliza. Es la policía que intenta sembrar el terror entre los que estamos en la casa. Pasa el tiempo y Cecilia y Laura me dicen que la policía ha llevado a los dos españoles desaparecidos al hotel. Los saharauis retiran la barricada de la azotea, quitan las mesas de las ventanas y abren la puerta de la entrada. Entra en la casa un saharaui que trabaja en la Casa de España para negociar. Laura baja a la calle y habla con Mariano Collado, miembro de la misma institución, que se encuentra en frente de la casa con José y Lorena. Yo sigo dentro de la casa mientras todo esto sucede. Mariano, en lugar de subir para hablar, me llama por teléfono. Hablamos un rato. Me cuenta que los españoles deben salir de la casa, porque la policía quiere entrar y cargar contra los saharauis que hay dentro. Que si no salimos van a cargar igualmente. Le digo que yo me voy a quedar en la casa y que sea lo que Dios quiera. Cecilia y Laura deciden, tras larga deliberación, acceder a la petición de Mariano y salir. Ahora son más o menos las cuatro de la madrugada. Abdelahi Aljfawni, uno de los miembros de la delegación, decide salir de la casa. La policía le registra, le hacen una foto y le interrogan. Después le dejan marchar. Dah Hassan, otro de los miembros, decide salir de la casa para ir a ver a su madre. La policía le arresta inmediatamente. Otro saharaui, Deiu Baba, también decide intentar salir. Es detenido en el acto y llevado a comisaría. Cuando amanece, Ozman Tanaja, de la delegación, sale a la puerta de la casa e ipso facto la policía le golpea y le introduce en una furgoneta, para llevarle a comisaría. Otro miembro, Sidi Sbai sale y es cacheado, interrogado, fotografiado y llevado a la comisaría. Los demás saharauis van bajando en grupos reducidos, siendo algunos de ellos interrogados. Es más o menos media mañana ya, y en la casa sólo quedan algunos familiares y amigos de Ozman Ndour. Una mujer de la familia nos avisa de que la policía va a subir para registrar la casa. Suben doce policías de paisano, entre los que se encuentra el miembro del gobierno al que se hace referencia al comienzo de este documento.

Se llevan a Labras Mustafa a comisaría. Varios policías nos fotografían y nos graban en vídeo mientras otros registran la casa. Se marchan. Cuando veo que la situación se normaliza, me despido de la familia. Al salir a la calle veo que los coches de los saharauis están destrozados. Veo que hay un coche de policía de paisano en frente de la casa. La calle ya no está cortada y la gente puede andar tranquilamente. Aún así veo algunas furgonetas de antidisturbios que continúan haciendo guardia. Me dirijo, cojeando por el dolor en el riñón, a casa de Sidahmed para descansar por fin. Sidahmed me comenta que al tiempo que todo esto sucedía en la casa de Ozman Ndour, los saharauis se estaban manifestando en la calle Skekima. La policía cargó contra ellos y los heridos se estiman en una veintena. Son las diez de la noche cuando Sidahmed me informa de que los saharauis arrestados han sido liberados.

Se respira un ambiente extraño. Comparto con los saharauis la sensación de que, en cualquier momento, Marruecos volverá al ataque.

Firmado: Javier Sopeña
Fotografía: Laura Gallego

Secuestro e interrogatorio de dos jóvenes defensoras saharauis de derechos humanos en El Aaiun



El Aaiun, Sahara ocupado 21 de julio Fuente UPES (Traduccíón no oficial: Poemario por un Sahara Libre)

Según ha declarado Nguia El Hauasi a los defensores de derechos humanos saharauis, ella junto a su compañera Hayat Erguibi fueron sorprendidas y secuestradas sobre las 17 horas del martes por una patrulla de policías marroquíes vestidos de paisano en la calle de Smara cuando éstas salían de domicilio de Hayat. Los agentes le obligaron a la fuerza a subir en el coche donde fueron esposadas y los ojos vendados en un ambiente de miedo e intimidación para ser trasladadas a un lugar desierto y fuera de la ciudad donde les bajaron y les obligaron sentarse en el suelo.

Las dos activistas de derechos humanos permanecieron esperando hasta que oyeron a los policías marroquíes hablar con su superior, un tal El Hach, que venía al lugar para someterles a un duro interrogatorio sobre su visita a los campamentos de refugiados saharauis. El interrogatorio duró más de dos horas y el oficial marroquí le interrogó sobre los campamentos saharauis, las instituciones saharauis y sobre los dirigentes del Polisario y si les habían recibido. También fueron interrogadas sobre el recibimiento que les hicieron los ciudadanos saharauis a su regreso, quién “les financia” y los nombres de los participantes. Por otra parte el agente les interrogó sobre revistas y periódicos que les fueron confiscados en el registro del aeropuerto marroquí de Rabat.

Las dos activistas de derechos humanos fueron puestas en libertad el mismo día después de siete horas y medio bajo una fuerte presión psicológica debido a las amenazas y malos tratos tras el largo tiempo que permanecieron secuestradas, esposadas y con los ojos vendados en pleno descampado.


martes, 20 de julio de 2010

El Ministerio de Exteriores solicita un informe de los graves sucesos de El Aaiún

Lekhaila Hayuh

Los observadores españoles y la periodista Laura Gallego (Guinguinbali) testigos de la brutal actuación marroquí



NO ACEPTAN LAS DENUNCIAS DE LOS CIUDADANOS ESPAÑOLES EN NINGUNA COMISARÍA

El Ministerio de Exteriores solicita un informe de lo ocurrido en El Aaiún


GUINGUINBALI Las Palmas de Gran Canaria 20/07/2010

Tras la agresión del domingo por la noche, no todo ha vuelto a la calma. De los cinco detenidos, cuatro han sido puestos en libertad, quedando uno en prisión. Los heridos evolucionan favorablemente, incluido Javier Sopeña, el español que recibió una paliza por parte de la policía marroquí. El Ministerio de Exteriores solicita un informe de lo ocurrido en El Aaiún.

El ministerio de Exteriores del Gobierno de España ha solicitado un informe de lo ocurrido durante la noche del domingo en El Aaiún. No en vano, un súbdito de España recibió una paliza de la que aún se recupera, dos fueron arrastrados y empujados hacia un hotel y otros dos fueron cercados por la policía en una vivienda, siendo amenazados en todo momento.

Sin embargo, y a pesar del conocimiento del Ministerio, nadie del Gobierno de España se ha puesto en contacto con los ciudadanos españoles que fueron agredidos por la policía marroquí sin que estuvieran cometiendo delito alguno. Además, sufrieron la sustracción de cámaras de fotos y otros objetos electrónicos que fueron devueltos con las tarjetas de memoria "destrozadas".

Los españoles que aún están en El Aaiún han intentado denunciar lo ocurrido en distintas comisarías, sin que se haya podido hacer efectiva en ningunda debido a la "dejadez" de los funcionarios marroquíes que "se reían de nosotros", según los propios implicados. Durante la mañana de este martes se dirigirán a la MINURSO, a sabiendas de que su misión no es velar por los Derechos Humanos, a petición de Francia, para dejar constancia de lo sucedido.

Durante la agresión de la policía marroquí, se produjeron cinco detenciones de ciudadanos saharauis. Cuatro de ellos fueron puestos en libertad en la noche del lunes, quedando uno de ellos en prisión.


EL CONSEJERO DE SOLIDARIDAD DE LA INSTITUCIÓN GRANCANARIA ASEGURA QUE MARRUECOS SOLO PRETENDE SEMBRAR ELTERROR

El Cabildo de Gran Canaria denuncia el "estado de sitio" que vive El Aaiún


GUINGUINBALI Las Palmas de Gran Canaria 19/07/2010

El presidente de la Federación Española de Instituciones Solidarias con el Sahara (Fedissa) y consejero de Solidaridad del Cabildo de Gran Canaria, Carmelo Ramírez, ha denunciado el "estado de sitio" que se vive en la capital del Sahar Occidental y el hecho de que Marruecos pretende "sembrar el terror" en los territorios ocupados.

"En la ciudad de El Aaiún hay un estado de sitio. El Gobierno de Marruecos mantiene la represión permanente y la violación constante de los Derechos Humanos", aseguró Ramírez, para quien es incomprensible que esta represión se produzca "contra un grupo de ciudadanos saharauis que estaba dando una pacífica bienvenida a los activistas que regresaban de Tinduf".

Por ello, el consejero de Solidaridad del Cabildo de Gran Canaria opina que "lo único que persigue Marruecos es sembrar el terror, algo agravado en este caso por la agresión a cinco observadores españoles".

A su juicio, "hay que exigir a Marruecos que cumpla con las resoluciones de Naciones Unidas, que celebre de una vez por todas el referendum de autodeterminación y que cese en su constante violación de los Derechos Humanos", consideró el también presidente de Fedissa.

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CC pide al Gobierno español que condene agresión a saharauis en El Aaiún

Santa Cruz de Tenerife, 20-07-2010 (EFE).- Coalición Canaria (CC) pidió hoy al Gobierno español que condene la "nueva agresión indiscriminada" contra saharauis que se produjo el pasado domingo por parte de parte de policías marroquíes contra activistas saharauis en El Aaiún.

En un comunicado, Coalición Canaria considera que se trata de un episodio más de la "escalada de agresiones" de Marruecos contra los saharauis, y recuerda que la agresión se produjo en un acto convocado para celebrar la llegada de once activistas saharauis procedentes de los campos de refugiados de Tinduff.

Los nacionalistas señalan que este "nuevo acto salvaje de las autoridades policiales marroquíes, en el que se han visto implicados tres grancanarios, supone un ejemplo más de que Marruecos no está dispuesto a ceder en su escalada de agresiones y vulneración de los derechos humanos".

CC exige que el Gobierno del España "condene sin medias tintas esta nueva agresión y exija a Marruecos que ponga fin a su estrategia de acoso y derribo contra la población saharaui y respete los derechos fundamentales y la libertad de expresión y de manifestación pública del pueblo saharaui".

La comunidad internacional, agrega CC, no puede ser cómplice con su silencio de esta nueva actuación violenta e injustificada y debe sancionar la actitud reincidente de las autoridades marroquíes. EFE

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El senador Nuet (Entesa Catalana de Progrés) insta a Moratinos a pedir explicaciones a Marruecos por la agresión policial que sufrió ayer un grupo de saharauis y cooperantes españoles en El Aaiun (Sahara Occidental)

Los activistas volvían de visitar los campos de refugiados de Tinduf cuando fueron sorprendidos por la carga de la policía marroquí.

El senador de EUiA, adscrito al grupo de la Entesa Catalana de Progrés, Joan Josep Nuet, ha dirigido una carta al ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, en la que le insta a pedir explicaciones al embajador de Marruecos en España por la brutal carga policial que sufrieron un grupo de activistas saharauis y cooperantes españoles ayer 19 de julio en El Aaiun, cuando regresaban de visitar los campos de refugiados de Tinduf. Según ha explicado el senador, miembros del movimiento solidario con la causa del pueblo saharaui junto con unas 300 personas reunidas para recibir a los activistas fueron atacados por la policía marroquí. El resultado fue de 30 heridos, entre ellos 2 españoles.


Policías marroquíes de paisano



Mohamed Manolo


Jadiyetu Lemaadal


Lekhaila Hayuh


Estado en que quedó el coche del defensor saharaui de DDHH Hmad Hamad