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lunes, 16 de abril de 2012

Ciberguerra marroquí contra España





La web de la página de Sáhara Libre (muy popular en el entorno de la causa saharaui) tal como quedó tras el asalto de los piratas informáticos marroquíes.
Marruecos ha recrudecido su ofensiva contra el ciberespacio prosaharaui. Sus piratas informáticos ya no se contentan con atacar sitios controlados por organizaciones saharauis sino que han pasado al ataque contra webs, blogs y páginas de Facebook de ciudadanos y organizaciones españolas. Los ataques son reivindicados por una organización de piratas informáticos que se autodenomina Los Monárquicos y que cuenta con una página de Facebook donde sus miembros anuncian cada uno de sus asaltos como un éxito patriótico, mostrando las transformaciones que han ocasionado a los sitios de sus víctimas.
Los ataques reivindican la marroquinidad del Sáhara Occidental obviando que el territorio no autónomo sigue pendiente, según la ONU, de decidir su futuro con un referéndum de autodeterminación. En la mayoría de sus objetivos, (en esta páginasuperviviente también se pueden algunos ejemplos de sus fechorías), en lugar de las fotografías de saharauis torturados o apaleados por la policía que divulgan los sitios originales, aparecen manifestaciones de supuestos saharauis favorables a la anexión de la colonia española al reino de Marruecos. Los mapas del Sáhara Occidental, por supuesto, son sustituidos por otros en los que la antigua provincia española forma parte de Marruecos, como si ya se hubiese celebrado el referéndum de autodeterminación de la ONU y la anexión hubiese triunfado legalmente.
En las páginas atacadas, los ciberactivistas suelen colocar el siguiente encabezamiento sobre fondo rojo: “Un mensaje a todos los españoles, debeis saber que no aceptamos que tocais a nuestra patria. Estamos aquí para defender a nuestras tierras, el Sahara es marroquí y lo quedará para siempre. Quedaremos fuertes y unidos contra todas las personas que quieren el mal a nuestro país. La libertad de Ceuta, Melilla y Canarias”. A continuación sustituyen las entradas originales por otras en las que acusan a las asociaciones de amistad del pueblo saharaui de connivencia con “el Gobierno comunista de Argelia” o atribuyen “la explotación de la cuestión de los saharauis” a una estrategia “para garantizar el mayor número de votos en las elecciones para el Partido Popular, maldita sea”.
Muchos de los sitios afectados han preferido cerrar mientras técnicos voluntarios intentaban resolver el desastre. "Ha sido una semana muy dura en las que los piratas marroquíes (es evidente por sus redacciones que no hablan bien español) han atacado sin distinción webs de organizaciones y páginas Facebook personales. Hasta tres y cuatro cada día", relataba uno de los técnicos especialistas voluntarios que ayer intentaba recomponer Sáhara Libre uno de los objetivos alcanzados por los piratas. Al pinchar en esta web, al igual que en otras similares, se leía el siguiente mensaje: "Volvemos enseguida. No podrán con nosotros".
Es evidente que el objetivo de este ciberterrorismo es la solidaridad de la sociedad civil española con la causa del pueblo saharaui a la que se acusa de ser antimarroquí. En un intento por amedrentar a la opinión pública española, los piratas informáticos recurren a una amenaza habitual en el argumentario anexionista alauita que consiste en asociar la reivindicación del Sáhara Occidental con la de Ceuta, Melilla y las islas Canarias que también se reivindican como marroquíes. Para reforzar esta advertencia, Los Monárquicos han dedicado una virulena ofensiva contra webs de empresas y entidades de Melilla, incluyendo la del Club Melilla Baloncesto.
Puesto que Los Monárquicos atacan en nombre del rey Mohamed VI y piden públicamente a través de su página Facebook la solidaridad de la opinión pública marroquí, no estaría de más que el Gobierno de Mariano Rajoy hiciese alguna gestión en Rabat para que el régimen alauita, que tanto presume ahora de reformismo, demuestre con hechos su respeto a la libertad de expresión. Un Gobierno que asegura haber operado una reforma democrática no puede tolerar estas acciones delincuentes ni por acción, ni por omisión.
Quizás sería mucho pedir que el presidente Rajoy o el rey Juan Carlos le mandase un mensaje a Mohamed VI recordándole que el movimiento prosaharaui actúa en estricta concordancia con el derecho internacional, las resoluciones de la ONU que reconocen el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui y la obligación que España tiene de defender los intereses de los saharauis hasta que Naciones Unidas no de por concluido su proceso de descolonización. Pero, lo mínimo, sería darle un toque al nuevo Gobierno de Benkirane para que les explique a Los Monárquicos que la hostilidad y el pisoteo del derecho a la libre expresión de los españoles, ni tiene nada de patriótico, ni favorece la comprensión y diálogo entre los pueblos.

sábado, 14 de abril de 2012

Ban Ki Moon rompe el silencio cómplice de la ONU con Marruecos


EN ARENAS MOVEDIZAS. ANA CAMACHO 13 de abril de 2012. Uno de los cascos azules de la MINURSO sigue una explosión de minas realizada por el Frente Polisario en los territorios liberados en respeto a las directrices internacionales contra este armamento. Abajo, el embajador Frank Ruddy, en su despacho en Washington.
Fotos de Ricardo Aznar.
El secretario general de la ONU Ban Ki-moon ha acusado a Marruecos de haber espiado a los cascos azules de la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental), estacionados en la antigua provincia española. El titular es llamativo pero la auténtica novedad de la información dada en primicia por la agencia británica Reuters, no está en que en la ONU se hayan enterado de una actuación intolerable y escandalosa por parte de uno de sus Estados miembros sino, en que por fin, uno de sus secretarios generales lo haga público y por escrito en un informe dirigido al Consejo de Seguridad en el que Ban Ki-moon también deja constancia de que los invasores marroquíes del territorio no autónomo impiden el libre acceso de la población saharaui a la MINURSO y el despliegue de banderas de Naciones Unidas en los aledaños del recinto onusiano.
La ONU supo del comportamiento inadmisible de Marruecos con los cascos azules de la MINURSO a los pocos meses del despliegue de esta misión que el pasado septiembre cumplió veinte años sin haber avanzado un ápice en sus objetivos (la celebración del referéndum de autodeterminación saharaui). En febrero de 1992 (la MINURSO había desembarcado en el Sáhara en septiembre de 1991), el Informe Pickart ya denunció en EEUU que los cascos azules no tenían libertad para desplazarse sobre terreno en los territorios del Sáhara ocupados por Marruecos: los responsables militares de Rabat les prohibían patrullar ciertas zonas y, quienes habían intentado eludir estas restricciones se habían visto forzados a dar marcha atrás a punta de pistola por los militares marroquíes que habían llegado a embestir con uno de sus vehículos otro que transportaba al personal díscolo de la ONU, para impedirle seguir su camino.
El autor del informe, George Pickart no actuó entonces como el voluntario de una ONG propolisaria sino que había viajado al Sáhara Occidental como enviado del Senado de EEUU, una potencia muy amiga del rey Hassán, II lo que explica que el majzén le hubiese consentido la entrada en el territorio que entonces Marruecos mantenía cerrado a cal y canto a los extranjeros.
El informe en el que Pickart contó cómo miembros norteamericanos de la MINURSO habían sido testigos, e incluso víctimas del comportamiento gamberro marroquí, fue motivo de un debate público en el Congreso de EEUU en febrero de 1992 al que tuve el privilegio de asistir (e incluso de reseñar en esta información) junto a otros periodistas, expertos en la cuestión y antenas de varios servicios de inteligencia, incluyendo el español. Vamos, que el informe Pickart apenas fue divulgado por la prensa, pero no fue ningún secreto.
Varios antiguos miembros y responsables de la MINURSO siguieron denunciando en los años que siguieron cómo la ONU consentía las tropelías de Marruecos con su propio personal y, para colmo, hacía lo posible para ocultarlas y blanquearlas. No me voy a alargar recordándolos a todos y, para quien quiera ampliar, aquí va un artículo mío sobre la cuestión de 2005 y que no incluía, por ser posteriores a la publicación, las denuncias de Francesco Bastagli, ex Subsecretario General de las Naciones Unidas (aquí las tenéis).
EL SOSPECHOSO VETO A FRANK RUDDY, UN EMBAJADOR DE EEUU
La ONU sabía muy bien lo que ocurría en el Sáhara Occidental pero optó por el silencio cómplice con Marruecos para evitar al rey Mohamed VI todo peligro de acabar señalado como un desobediente a la comunidad internacional. Como muestra de los contudentes métodos con que en la ONU censuraron toda información negativa para la parte marroquí, baste la polémica que protagonizó el embajador de EEUU Frank Ruddy que, tras permanecer en El Aaiún un año como número dos de la MINURSO, denunció por activa y por pasiva el “comportamiento gangsteril” de las fuerzas de ocupación marroquíes tanto con la población saharaui como los cascos azules. Lo hizo en 1995 en el Congreso de EEUU con un informe que dio la vuelta al mundo y en el que contó cómo los responsables de la MINURSO tenían constancia de que los marroquíes intervenían sus comunicaciones en El Aaiún y habían incluso localizado micrófonos con los que sus anfitriones los espiaban hasta en los mismísimos alojamientos personales.
Frank Ruddy intentó también contar en las propias Naciones Undas cómo Marruecos y no el Polisario, había sido el culpable del fracaso de la MINURSO con sus continuos sabotajes a la organización del referéndum. No lo logró porque el entonces secretario general Boutros Boutros-Ghali (el egipcio gran amigo de Hassán II) le impidió testificar en la Cuarta Comisión dedicada a temas de descolonización. El diplomático se convirtió así (suele decir él mismo con ironía, que “a mucha honra”) en la única persona a la que se había prohibido hablar en esa comisión de la ONU desde hacía 60 años.
¿Por qué entonces ahora Ban Ki-moon ha decidido un cambio de rumbo en una connivencia onusiana de veine años con el "matonismo" y "política del terror" (son calificativos de Ruddy) marroquí? Todo apunta a que a Ban Ki-Moon le preocupa sinceramente que el ejemplo de la revuelta tuareg liderada en Malí por el Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA) prenda en la frustración reinante en el pueblo saharaui.

jueves, 27 de octubre de 2011

Secuestro en el Sáhara y viaje a Marruecos de Trinidad Jiménez


El secuestro de los dos cooperantes españoles y su colega italiana tuvo lugar en los campamentos del Frente Polisario situados en territorio de Argelia. Sin embargo, ha sido a Marruecos a donde la ministra Trinidad Jiménez ha corrido en visita oficial, poniendo mucho relieve en la importancia de la colaboración marroquí para la liberación de los tres secuestrados. ¿Será que en Marruecos tienen más información sobre los raptores de los tres cooperantes que en Argelia o en los campamentos del Frente Polisario?

Otro dato de lo más sorprendente: le he pedido aclaraciones al representante del Polisario en España Bucharaya Beyun sobre esa supuesta persecución de la que tanto hablaron el lunes y el martes en TVE y asegura que todas esas informaciones se han basado en la versión de la "oposición" del Jat Chahid que ha saltado a la fama con este desgraciado evento. La versión del Polisario se ha limitado a explicar el ataque de los agresores de acuerdo a los principios de "prudencia" que ha exigido la propia Trinidad Jiménez. Nada que ver con ellos el relato de esa supuesta persecución de militares polisarios detrás de los dos todoterreno de los secuestradores a través de territorio mauritano o la intervención de helicópteros argelinos apoyando a los polisarios. En opinión de Bucharaya Beyun, los portavoces del supuesto grupo de oposición se han dedicado a filtrar datos proporcionados por Marruecos para redondear lo que para el Polisario ha sido el principal objetivo del secuestro de los tres cooperantes: "perjudicar al pueblo saharaui". Es decir: a favorecer al anexionismo marroquí.

Ella (Trinidad) dijo en Rabat sigue sin estar segura de que los responsables del secuestro hayan sido yihadistas de Al Aqmi. En el Polisario ayer, ya hablaban de la participación en el secuestro de posibles “traidores”.

viernes, 30 de enero de 2009

Europarlamentarios al Sáhara: ¿y si las cañas se tornasen en lanzas?




Por Ana Camacho
GEES. Colaboraciones nº 2506 29 de Enero de 2009


Una delegación del Parlamento Europeo acaba de visitar El Aiún, la capital del Sáhara Occidental, en el marco de una visita a Marruecos centrada en la situación de los derechos humanos. Los saharauis proreferéndum de autodeterminación, desesperados ante el silencio internacional sobre su drama, le han visto el lado positivo: por fin alguien saca del olvido el conflicto que mantiene la paz alejada de su tierra desde hace 34 años[1]. Por su parte, los europarlamentarios han vendido la misión como un acontecimiento “histórico”, la primera vez que miembros de la Eurocámara tienen la oportunidad de evaluar sobre terreno la situación de los derechos humanos hablando no sólo con los agresores, sino también con las víctimas. A pesar de tanto júbilo, cabe preguntarse si, tras las buenas intenciones, no nos encontramos ante un nuevo intento del poderoso lobby promarroquí en Bruselas por respaldar la estrategia con que el régimen marroquí lleva desde 1975 intentando legalizar la anexión de un territorio que ese año invadió después de que el Tribunal Internacional de la Haya confirmase que nunca fue suyo.

La visita la anunció la pasada semana en Bruselas el eurodiputado español del PP, Carlos Iturgáiz, en calidad de presidente de la delegación del Parlamento Europeo para las Relaciones con el Magreb, poniendo mucho énfasis en que, por fin, el Gobierno marroquí había accedido a dar la autorización al viaje que la delegación de europarlamentarios llevaba solicitando desde 2005.

El hecho de que los eurodiputados reconozcan alto y claro que para viajar a El Aiún han tenido que someterse a la voluntad de las autoridades marroquíes indica dos cosas: en primer lugar que, como ha denunciado en múltiples ocasiones, entre otros, Frank Ruddy, diplomático, experto en derecho internacional y ex número dos de la misión de paz de Naciones Unidas para el Sáhara, la ONU ha consentido hasta tal punto el ninguneo marroquí, que los cascos azules desplegados en el territorio han acabado por convertirse en una presencia ornamental a las órdenes de los ocupantes cuando, en todo caso, debería ser lo contrario; segundo y, más grave, que al pedir la autorización marroquí, los eurodiputados también acatan implícitamente la política de hechos consumados con que Marruecos ha intentado, desde los vergonzosos (para España) llamados acuerdos de Madrid, simular que manda en la colonia española con título de propiedad.

Con ello han contribuido a dar por hecho que lo normal es que corresponda al Gobierno de Marruecos dar el permiso para su viaje a El Aiún. Mientras el evento les ha dado pie para resaltar la posición “absolutamente constructiva” [2] que está tomando el régimen de Mohamed VI (esa posición constructiva y de avances con la que en Bruselas han justificado la negociación del acuerdo de estatuto avanzado con el país magrebí), hasta el momento no han rectificado las declaraciones oficiales con las que en Rabat han destacado la visita de los europarlamentarios a “las provincias del Sur”, como llaman los marroquíes al territorio del Sáhara Occidental, haciendo caso omiso de que, según la ONU, está pendiente de descolonizar. [3]

Contribuir a la ficción de que lo normal es que sea el régimen de Marruecos quien controle las fronteras del Sáhara, es acorde con el legado de los firmantes de la Declaración de Madrid, ese simulacro de acuerdo con el que el último Gobierno de Franco traicionó en 1975 al pueblo saharaui, abriendo las puertas del Sáhara a la invasión del ejército marroquí. Los responsables de la entrega del pueblo saharaui a sus enemigos pretendieron aparentar con estos mal llamados acuerdos tripartitos un traspaso de la administración a Marruecos y Mauritania que no fue dado por bueno por la ONU y que, aunque tomó nota de estos acuerdos, siguió señalando a España como potencia administradora del Sáhara. No podía ser de otro modo puesto que los mismos españoles que orquestaron la farsa, una vez que se quitaron la patata caliente de encima (la amenaza de una guerra con Marruecos para defender al pueblo saharaui como requerían sus compromisos con la carta de la ONU), ni siquiera osaron intentar legalizar los supuestos acuerdos, como requería la ley española, publicándolos en el Boletín Oficial del Estado. Hubiese sido el colmo.

El resultado de esta peculiar variante del higienismo político español (el lavado de manos con el pueblo saharaui) es lo que los Gobiernos de derechas e izquierdas, desde la transición, han llamado equívocamente la posición de neutralidad activa de la política exterior española en relación al conflicto. En la práctica se traduce así: hago como que soy neutral y equidistante no tomando partido por ninguna de las dos partes en conflicto pero, en realidad, Marruecos me debe el gran favor de no ejercer la responsabilidad que le corresponde a España como potencia tutelar del pueblo saharaui, defendiendo sus derechos e intereses.

Los sucesivos gobiernos españoles han colaborado activamente con la monarquía alauita para que la comunidad internacional olvidase quién es la auténtica potencia administradora del Sáhara (España) con el fin de evitar tener que reconocer ante la ONU, como hizo Portugal con Timor Este tras la invasión indonesia, que si no podía ejercer sus responsabilidades de potencia colonizadora era por la situación de guerra creada por la invasión marroquí.

Cabe imaginarse cuál sería la reacción marroquí: invasión de pateras de las islas Canarias y el sur de España; hostigamiento diplomático y militar con Ceuta, Melilla y, quizás, Canarias; no cooperación en temas de seguridad (incluida la amenaza islamista).
Por mucho menos, al entonces presidente Aznar, que simplemente se limitó a actuar como le corresponde en el escenario internacional al jefe de Gobierno de cualquier madre patria, el asunto le costó el disgusto de la amenaza bélica en el islote de Perejil.

A pesar del empeño de los gobiernos españoles porque se acabase dando por bueno que la administración del Sáhara corresponde a Marruecos, (única vía para evitarse quebraderos de cabeza que la Conferencia de Múnich demostró no pueden resolver el pacifismo y las políticas de apaciguamiento), hay un factor que se les sigue resistiendo: la legalidad internacional que, en 2002, volvió a confirmar el Asesor Jurídico de la ONU, Hans Corell al señalar en su declaración sobre la inviolabilidad de los recursos naturales del Sáhara Occidental que Marruecos es potencia ocupante del Sáhara pero no la administradora.

Sin embargo, si la ONU sigue reconociendo que el Sáhara forma parte de la lista de Territorios No Autónomos (pendientes de descolonizar) tendrá que haber una potencia administradora puesto que el Gobierno de España no transfirió la administración del Sáhara a la ONU, como se había de hecho planteado, con una iniciativa (el plan Waldheim) que hubiese sido la única vía posible para librarse legalmente del fardo incómodo de sus responsabilidades con los saharauis. Tenían un precedente que, por cierto, los marroquíes indicaban como el modelo a seguir, el de Holanda con su colonia del Irian Occidental, en la isla de Nueva Guinea situada al norte de Australia. Quizás, estuviésemos a tiempo de hacerlo (cederle formalmente a la ONU la administración al Sáhara) pero, ponerle el cascabel al gato ahora, vendría a constituir un reconocimiento de que todos los Gobiernos (empezando por el de Zapatero), que han defendido que España ya no tiene responsabilidades con el Sáhara, han mentido descaradamente a los españoles y a la comunidad internacional. Además, vista la actuación de la ONU en el Sáhara, una iniciativa en esa dirección ya no contaría con el efecto sorpresa y la ingenuidad con que la opinión pública hubiese acogido en 1975 ese gesto como el triunfo del derecho a la autodeterminación: el Sáhara a estas alturas se ha convertido en una interesante muestra del arte de la marrullería del que ni siquiera Naciones Unidas se libra y que tiene uno de sus más desgraciados ejemplos precisamente en el caso del Irian Occidental que acabó siendo anexionado a Indonesia con un simulacro de ejercicio de autodeterminación.

Volviendo al Sáhara, si Marruecos no es la potencia administradora y la ONU tampoco, ¿quién ejerce esta responsabilidad de acuerdo a derecho? La respuesta es tan obvia como evidente es el interés que tanto la diplomacia de Zapatero como la francesa han demostrado, tras el 11-M, en favorecer la estrategia anexionista marroquí. Con este esfuerzo conjunto Sarkozy se cobra ese "te daré lo que me pidas" de Zapatero a cambio de una silla (o un taburete) con el que poder posar en el escenario internacional sin más resultados que las fotos de consumo estrictamente español. El resultado para Francia es la firma en Bruselas de acuerdos de pesca y la aprobación de un estatuto avanzado para Marruecos que no se toman el trabajo de distinguir entre territorio marroquí y saharaui como en cambio hicieron los responsables económicos de la vituperada administración Bush al excluir explícitamente al Sáhara Occidental de su Acuerdo de Libre Comercio (ALC) con Marruecos. [4]

La Eurocámara no es una ONG cualquiera de la misma forma que el Parlamento español, donde casualmente también se está promoviendo una visita al Sáhara con apoyo del PSOE, tampoco lo es: los diputados son representantes de la soberanía española y no vale eso de decir que viajarían a El Aiún en misión no política (como sugirieron algunos para intentar evitar las repercusiones jurídicas y políticas), como si esa representatividad pudiese tomarse unas vacaciones.

El interés por verificar la situación de los derechos humanos le da una aceptable y piadosa cobertura a la que, los eurodiputados y diputados españoles desprevenidos y confundidos por el silencio y la tergiversación activa promarroquí, difícilmente pueden resistirse. Sin embargo, hay interesantes precedentes de por qué los marroquíes, que tanto tienden a dificultar la labor de organizaciones comprometidas con la defensa de los derechos humanos, han en cambio facilitado la visita a El Aiún de diplomáticos y miembros de Gobiernos extranjeros. Por ejemplo, lo primero que hizo el rey Hassán II, padre y antecesor de Mohamed VI, cuando en noviembre de 1975 lanzó la invasión del Sáhara desafiando la legalidad internacional, fue invitar a las Embajadas extranjeras en Rabat a que enviasen representantes para ser testigos de cómo la mal llamada Marcha Verde, esa supuesta manifestación pacífica popular que se lanzó desde Marruecos para recuperar el Sáhara, culminaba su objetivo cruzando la frontera del Sáhara español. ¿Y qué hicieron los diplomáticos occidentales?

Tomemos como ejemplo la diplomacia británica que, por sus intereses coloniales y por la tradicional conexión entre la cuestión del Sáhara y la de Gibraltar, siempre siguió con suma atención los pasos españoles en este territorio: desde Londres se dieron claras instrucciones a sus diplomáticos en Rabat de que, aunque se desplazasen hacia el sur del país para observar los preparativos de la marcha, nunca, bajo ninguna circunstancia, cruzasen los límites internacionales entre Marruecos y el Sáhara español. Las recomendaciones, como demuestran los archivos, eran inequívocas a pesar de que en ese momento Inglaterra tenía sumo interés en no indignar al rey Hassán II porque, como consecuencia del cierre de la verja de Gibraltar por parte española, la mano de obra marroquí, los suministros marroquíes, y la plataforma alternativa que ofrecía desde sus aeropuertos Hassán II, eran vitales para el mantenimiento de su colonia en el Peñón. De hecho, las mismas instrucciones que insistían en poner todo tipo de excusa a Hassán II para no secundar su invitación, estaban acompañadas de otras tantas recomendaciones para que sus diplomáticos moviesen los hilos con el resto de las representaciones diplomáticas para promover un no colectivo, especialmente europeo, tras el que escudarse y aparentar que se veían obligados a adherirse a una negativa que no era suya sino de sus aliados.

Con el interés que tenían los ingleses en quedar bien con los marroquíes ¿qué les hubiese costado un gesto que hoy se hace aparecer sin importancia? En primer lugar, que tampoco querían quedar mal con España donde Franco había apoyado la autodeterminación del Sáhara y que, gracias a esa capacidad de resistencia ante la enfermedad que estaba apagando su vida, (una resistencia que sólo ha logrado igualar su colega, compatriota y amigo Fidel Castro), no permitía culminar la maniobra a los que ya estaban preparando el viraje que finalmente se concretó en los acuerdos de Madrid. En segundo lugar, porque los británicos, siempre fueron muy escrupulosos a la hora de evitar maniobras políticas que pudiesen convertirse en precedentes jurídicos contrarios a la doctrina de la autodeterminación que ha sido la espina dorsal de su política descolonizadora tanto en Belice, como en Gibraltar o las Malvinas.

La prioridad británica en relación al Sáhara era no hacer nada que, por ejemplo, el Gobierno de Guatemala, pudiese esgrimir ante la comunidad internacional como un vergonzoso doble rasero, frente al derecho de autodeterminación que Londres estaba defendiendo para la descolonización de Belice que los guatemaltecos reclamaban como parte integrante de su territorio, ni, por supuesto, dar un mal paso que los españoles pudiesen aprovechar en su en su contencioso con Gibraltar. Hasta tal punto era importante para la diplomacia británica no debilitar ni los principios doctrinales que sostenían su política, ni la coherencia de su acción diplomática a la hora de defenderlos, que los responsables de su política exterior dieron una prioridad a la preservación de su "consistencia diplomática" en relación al derecho internacional y el principio de la autodeterminación del pueblo saharaui, por encima de posibles problemas en Gibraltar derivados de una eventual represalia marroquí. ¿Será que el derecho internacional ha cambiado tanto desde 1975?

La estrategia de enviar una visita al El Aiún de la Eurocámara recuerda la maniobra con la que los ingleses, durante la crisis hispano-marroquí de 1975, hicieron que sus diplomáticos aparentasen permanecer en la retaguardia y seguir las iniciativas de terceros mientras, por ejemplo, animaban a los países africanos bajo su influencia a defender en primera línea las resoluciones que apuntalaban el derecho a la autodeterminación saharaui. Sólo que en 2009, España y Francia, la gran valedora del expansionismo marroquí en el Sáhara, son las que mueven los hilos y en sentido contrario, hacia el desgaste de la doctrina de la autodeterminación.

En el caso de la visita de la Eurocámara, el Gobierno de Zapatero tendrá la coartada de que no iba a oponerse a una iniciativa fruto del consenso europeo. Luego, cuando en el Congreso de los Diputados, como está previsto, se vuelva a discutir sobre la visita que desde la anterior legislatura se viene intentando organizar también al Sáhara, sus señorías tendrán más difícil oponerse a una iniciativa que ya ha recibido las bendiciones nada más y nada menos que del Parlamento Europeo. Algunos, incluso, se dejarán confundir hasta el punto de defender que los españoles, por su especial responsabilidad histórica con el Sáhara, debían de haberse anticipado a Bruselas. Ante la sensibilidad de la opinión pública con la defensa de los derechos humanos, se eclipsará el hecho de que una visita del Parlamento español al Sáhara tiene repercusiones jurídicas y políticas mucho más graves que la del Parlamento Europeo que, al fin y al cabo, no tiene la misma personalidad jurídica que un estado soberano que, precisamente, sigue siendo la Potencia Administradora de iure del territorio.

Su vulnerabilidad ante los argumentos del lobby promarroquí es comprensible pues el PSOE cuenta ahora con la complicidad del PP de Rajoy que ha vuelto a la política promarroquí defendida tradicionalmente por Manuel Fraga Iribarne, dando la espalda al cambio de rumbo impuesto a las relaciones de España con el Magreb en el segundo mandato de Aznar. A cambio de una alianza estratégica con el PSOE para erradicar de una vez los restos del aznarismo, (en la que va incluida esa falsa polémica entre blandos y duros del PP aireada por los medios afines a la izquierda), el portavoz de Exteriores del PP en el Congreso, Gustavo de Arístegui, ha vuelto a defender esas tesis que, de corazón, siempre fueron las suyas: que lo mejor para el pueblo saharaui es aceptar la autonomía que le ofrece Marruecos.

Quizás, desconfiar de las visitas parlamentarias a El Aiún forme parte del maximalismo y el irrealismo, como dicen los promarroquíes, propio de los que, sin estar a favor de la independencia (eso sólo lo puede decidir el pueblo saharaui), no están en su bando. Pero ojo, los que defienden esas visitas a El Aiún se cuidan mucho de no promover viajes institucionales para tomarle el pulso a la situación de los saharauis que viven en los llamados territorios liberados, la estrecha franja del Sáhara español que quedó bajo control del Polisario. Como mucho, se alientan visitas a los campos de refugiados saharauis en Tinduf, en territorio argelino pero nunca, por ejemplo, a Tifariti, capital de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) proclamada por el POLISARIO en 1976 que se encuentra al otro lado de la frontera argelina, dentro de los límites internacionales del Sáhara Occidental.

Ni a España, ni a ninguna otra potencia occidental se le ha ocurrido reconocer a la RASD a pesar de que sí lo han hecho decenas de países de Iberoamérica, África y, en especial, la Organización para la Unidad Africana (OUA) con una decisión que sigue manteniendo su sucesora la Unión Africana que hace dos años, durante los festejos del aniversario de la RASD, mandó a un representante a Tifariti cuya intervención pública hizo montar en cólera al Gobierno marroquí y amenazar con una acción militar para "recuperar" esta localidad.

Como dato curioso sobre esa sorprendente dualidad que no da importancia a ciertos detalles cuando se trata del Sáhara ocupado por Marruecos pero está muy alerta cuando se trata de las pretensiones de reconocimiento de la RASD: el Ministerio de Exteriores bajo las directrices de Moratinos tiene terminantemente prohibido desplazarse a Tifariti a nadie que pueda ser señalado como un enviado del Gobierno español. Ni siquiera a los encargados de la ayuda humanitaria de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo dependiente del Ministerio de Exteriores (¿será porque es una agencia gubernamental?) Bajo ningún concepto, está prohibido, aunque a los saharauis los barra un tsunami.


Notas
[1] http://poemariosaharalibre.blogspot.com/
[2]www.elconfidencial.com/cache/2009/01/26/9_delegacion_inicia_visita_historica_marruecos_sahara.html
[3] www.lematin.ma/Actualite/Express/Article.asp?id=106661
[4] www.house.gov/pitts/press/speeches/040722s-moroccoFTA.htm


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