martes, 9 de marzo de 2010

Los hijos del desierto… necesitan libertad

MA. VICTORIA LÓPEZ Y GARCÍA*

Hace 34 años, Panamá fue el primer país de América Latina que dio su respaldo a un país que luchaba y sufría por buscar su identidad. Nos referimos a la República Árabe Saharaui Democrática. El único país árabe de habla hispana. “A partir de la pérdida de la mayor parte del Imperio Americano llevó a España a volcarse cada vez más en sus dominios en África, y la soberanía española fue reconocida en la Conferencia de Berlín de 1884: España administraba Sidi Ifni y el Sáhara Occidental conjuntamente. El 26 de febrero de 1976 España abandonó el territorio, tras lo cual el Frente Polisario (apoyado por Argelia) proclamó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y emprendió una guerra de liberación del territorio contra Marruecos y Mauritania”.

A 34 años de lucha por la autodeterminación, aún negocian los saharauis su libertad. En 2009 la Eurocámara expresó su preocupación ante la ONU por el deterioro de la situación de los derechos humanos en la región. Expresamente se refirió a los derechos de “ libertad de expresión, asociación, manifestación y comunicación ”. Añade además que la justicia marroquí de la zona está sesgada por la presión de protección del dominio.

Lo que no es palpable mediáticamente, pero sí en las negociaciones de los poderosos y con juegos bajo la mesa, es que la que hasta ahora se ha denominado la guerra del petróleo, puede ser sustituida por la guerra del fosfato. El Sáhara es el mayor nacimiento de fosfato del mundo y desde 2008 un artículo de L”Economiste , atribuye el aumento del costo del fosfato en los mercados a una gran demanda en India y China de este elemento vital para el desarrollo de la industria y la agricultura...

Pero por encima de los intereses económicos, religiosos, geopolíticos y colonialistas está la libertad de la autodeterminación de los pueblos, y este es el caso de los saharauis, los hijos del desierto, los que no paran de creer que no tienen por qué seguir siendo un pueblo nómada y sufrido, viendo cómo en su territorio, en las arenas que ellos tanto aman, caminar significa que cualquier mina los puede hacer volar o dejar impedidos. Quieren que sus hijos crezcan en paz y libertad.

¿Acaso será por siempre aquel triste verso de Lauro Olmo en la canción del Alto Alto? Decía el poeta que hay niños saharauis que cuando les preguntas: “ ¿Qué quieres ser? ”, contestan: “ Alto como el fusil de mi padre para poderlo coger ”. Y como reza en sus estrofas: “ Como el fusil creció el niño y ya lo pudo coger. La indiferencia del mundo nada dijo, ¿para qué? ¿Acaso tiene importancia que un niño quiera crecer como el fusil de su padre para poderlo coger? Niño-fusil saharaui, ¡más alto te quiero ver! Alto, alto como el pueblo que, altivo, te vio nacer. Más alto que ese fusil que tanto ansias coger. ¡Tan alto, tan alto, niño, que hombre libre puedas ser! Que hombre libre es pueblo libre y la libertad su ser ”.

¿Cuándo los saharauis serán un pueblo libre? ¿Cuándo serán libres esos niños, mujeres, ancianos, hombres, literatos, artistas y buscadores de paz? Los bereberes arabizados, los hombres de arena, los hijos del desierto.

¿Será eterno para ellos aquel pensamiento del poeta español, Rafael Lorente?: “ Que la libertad se cierne, acaso aun distante, frente a todo y a todos, a pesar de los pactos ”.

Que Panamá, siendo “ Pro Mundi Beneficio ”, siga marcando la diferencia como hizo 34 años atrás.

*Asesora The Map Communications

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