domingo, 18 de agosto de 2019

Marruecos impide por segunda vez a la abogada Cristina Martínez llegar a El Aaiún al prohibir su acceso a Casablanca

La primera vez fue expulsada nada más llegar a El Aaiún, el 6 agosto.
La abogada madrileña iba como observadora a un juicio contra 8 jóvenes saharauis y uno marroquí, detenidos tras las manifestaciones por la victoria de Argelia en la Copa de África de fútbol.
Cristina Martinez informó al Ministerio de Asuntos Exteriores de su viaje y pidió protección.
Alfonso Lafarga.-
Por segunda vez en dos semanas la policía marroquí ha impedido a la abogada madrileña Cristina Martínez Benítez de Lugo llegar a El Aaiún, capital del Sáhara Occidental, para asistir a un juicio contra jóvenes saharauis.
Si el pasado 6 de octubre no se permitió a la abogada entrar en El Aaiún, esta vez, el 18 de agosto, ha sido interceptada en la zona de control del aeropuerto de Casablanca, donde ha recibido la comunicación de que no es bienvenida en Marruecos, para ser devuelta a Madrid
Cristina Martínez iba comisionada por una organización de Derechos Humanos para asistir el día 19 al juicio contra 9 jóvenes, 8 saharauis y uno marroquí, que fueron detenidos tras las manifestaciones de júbilo del 19 de julio por el triunfo de Argelia en la Copa de África de fútbol, en las que murió la joven saharaui de 23 años Sabah Mint Ozman, atropellada intencionadamente, según testigos presenciales, con un vehículo de las fuerzas auxiliares marroquíes,
El juicio tenía que haberse celebrado el 7 de agosto, un día después de ser expulsada por primera vez la letrada madrileña, pero fue aplazado hasta el 19.
Para asistir a este nuevo señalamiento del juicio Cristina Martínez ha hecho escala en Casablanca, el 18 de agosto, donde ha sido interceptada por la policía y comunicado que no podía continuar viaje, sin más explicación.
“Les he dicho que yo no soy una delincuente, que por qué no me dejaban entrar, y la respuesta ha sido que no soy bienvenida en Marruecos, no les he sacado de ahí. He dicho al policía que deberían ser un poco más abiertos y dejar ver lo que pasa allí, porque si no vamos a pensar muy mal”, ha relatado la abogada.
Con motivo de su primera expulsión, la abogada se dirigió el 13 de agosto a la Subdirección General de Protección y Asistencia Consular del Ministerio de Asuntos Exteriores para contar lo que ocurrió y la falta de atención que tuvo por parte del consulado de Casablanca.
Informó al Ministerio que iba a volver a El Aaiún el día 18 y pidió que hicieran lo posible para no tener problemas: “Les pido que me defiendan, que Marruecos no me prive de mi libertad de circulación ni de mi pasaporte”, concretó, y  abogó por un “dialogo de España con Marruecos para que no se produzcan estas expulsiones, 34 en lo que va de año entre activistas de derechos humanos, periodistas y observadores extranjeros”.
La respuesta de la Subdirección de Protección y Asistencia Consular fue remitir a la abogada a un consulado de Argelia: “Lamentamos el incidente ocurrido durante su viaje. En relación con su consulta, le informamos que hemos dado traslado de la misma a nuestro consulado General de España en Orán para que contacten con Ud. y le informen sobre cómo proceder en este caso”.
Ante la segunda expulsión la letrada se ha dirigido al consulado de Casablanca y la respuesta ha sido que no podían mediar.

viernes, 16 de agosto de 2019

El periódico The American Spectator: The Last Colony, Sahara Occidental


Así titula el periódico estadounidense en un extenso artículo en la que trata la ocupación marroquí a los territorios del Sahara Occidental y la represión que ejerce contra la población que rechaza su ocupación: “La última colonia de África”.
Marruecos continúa bloqueando el desastre humano que ha creado en el Sáhara Occidental, y John Bolton no es el único funcionario estadounidense que no está dispuesto a ignorar el problema por más tiempo. Escribe el periodista estadounidense DAVID KEENE en The American Spectator el pasado 10 de agosto. David Keene es editor en el Washington Times.
El periódico The American Spectator, relata sobre los sucesos de aquella tarde del 19 de julio de 2019 en la ciudad ocupada El Aaiun. La joven Sabah Njourni se unió en la ciudad a la celebración de Copa Africana de Naciones en la que ganó la copa Argelia. El Aaiún, es una ciudad situada en el Sahara Occidental que Marruecos invadió y ocupó en los años setenta. la multitud agitaba banderas de Argelia y el Sáhara Occidental, ya que no solo eran fanáticos del fútbol, ​​sino que los saharauis viven bajo el control marroquí en un territorio que la ONU denomina "Territorio no autónomo".
Escribe The Spectator en su artículo  “Quizás Sabah debería haber sabido que agitar una bandera saharaui como lo hacía esa noche es considerado un crimen por el régimen marroquí, que ha estado dominando desde que se apoderó del Sahara Occidental para borrar cualquier expresión de nacionalismo saharaui o apoyo a la independencia.
Pero Sabah y los demás soltaron riendas esa noche. Celebraban esa noche como fanáticos del fútbol rabiosos y expresaron tanto su amistad hacia Argelia como el apoyo a su causa.
A medida que avanzaba la celebración, la policía y los militares marroquíes entraron en acción contra los saharauis. La reunión pacífica se tornó violenta cuando la policía usó balas de gomas y gas para dispersar a los manifestantes. Al menos 80 de los manifestantes resultaron heridos, y dos, incluido Sabah, fueron asesinados. Este no era el paraíso turístico que tantos estadounidenses imaginan cuando piensan en Marruecos. Advierte The American Spectator.
Testigos entrevistados por Amnistía Internacional relataron cómo la policía marroquí ha decidido atropellar a los manifestantes en la calle y convertir sus vehículos en armas de terror. Sabah, según dos testigos, estaba cruzando una calle semidesierta cuando fue atropellada por un vehículo policial, que la  lanzó por los airees y luego fue atropellada por otro vehículo policial mientras yacía muriendo en la calle. Varios Tambien varios otros sufrieron heridas graves después de haber sido atropellados por la policía.
Escribe el periodista David Keene, “Si esto hubiera sucedido en los EE. UU. o en otros países de Occidente, habría sido una noticia mundial, pero Marruecos sistemáticamente niega el acceso de los periodistas a lo que sucede en el Sáhara Occidental. Es una crisis humanitaria en curso de la que nadie en este país sabe mucho o nada, y esa es la forma en que Marruecos quiere mantenerla. El año pasado, cuando un periodista neoyorquino intentó visitar el área, los agentes marroquíes lo expulsaron, alegando que era un "agitador”.
El periódico hizo uno esbozo sobre el Sahara Occidental para situar su marco histórico en las siguientes lines: El Sáhara Occidental en el que se encuentra El Aaiún fue hasta los años setenta una colonia española conocida como el Sáhara Español. Cuando España renunció a sus colonias, Marruecos la invadió iniciando una guerra de veinte años con los habitantes saharauis mientras intentaba convertir la antigua colonia en parte de un Marruecos ambicioso. Fue una guerra brutal durante la cual cientos de miles de hombres, mujeres y niños saharauis huyeron de la lucha para refugiarse en la vecina Argelia, donde permanecen hasta el día de hoy viviendo en campos de refugiados administrados por la ONU y soñando con el día en que puedan regresar a sus hogares.
Más adelante el periódico resalta que “Al principio, Marruecos reclamó derechos legales e históricos sobre el territorio, pero esos reclamos fueron rechazados como absurdos por la Corte Internacional de Justicia en su dictamen de 1975 que ha sido acordado por cualquier otro tribunal y organismo internacional que haya examinado el tema. Marruecos alega que los saharauis eran una ficción inventada por la antigua Unión Soviética y el Estado de Argelia para debilitar a Marruecos”
Después del colapso de la Unión Soviética y el surgimiento de Argelia como un aliado estratégico de los EE. UU. en la región, el argumento cambió con los diplomáticos marroquíes advirtiendo que la supervivencia de la monarquía marroquí estaba en juego porque renunciar al Sahara Occidental llevaría inevitablemente a su desaparición.
Con la esperanza quizás de abrir una brecha entre el mundo saharaui y musulmán, la prensa marroquí de este año ha presentado otra teoría de la conspiración; alegando que el apoyo de los Estados Unidos a los refugiados saharauis proviene del pacto del diablo entre los líderes del Polisario, los cristianos evangélicos en los Estados Unidos y el senador de Oklahoma James Inhofe, el principal defensor del pueblo saharaui en el Senado de los Estados Unidos, para permitir que los misioneros cristianos instan abiertamente los campos de refugiados para abandonar el Islam por el cristianismo.
La estrategia del régimen marroquí es simple y tiene sentido desde su punto de vista; hace lo que sea necesario para desalentar cualquier acción sobre el tema porque con el tiempo el mundo llegará a aceptar el status quo como legítimo. Para lograr este objetivo, Rabat ha gastado decenas de millones de dólares en cabilderos y otros en Washington para convencer a los responsables políticos de que no hagan nada y, hasta hace poco, Marruecos confiaba en que la estrategia funcionaría.
El periodista americano recuerda que John Bolton resumió la estrategia marroquí tan bien como cualquiera cuando escribió en 2007 que Marruecos "espera que el control de facto  se convierta en control de jure  con el tiempo". Todo eso cambió cuando el presidente Trump designó a John Bolton como su jefe del Consejo de Seguridad Nacional. Un periodista francés que estaba en Rabat cuando la noticia llegó a Marruecos  me dijo que la noticia se recibió como "problemática" y sería una subestimación”. Saben que durante años, Bolton ha estado presionando por una resolución de la situación de los saharauis, porque simpatiza con su difícil situación como por el enfrentamiento continuo y la amenaza para la estabilidad regional en el norte de África y, por lo tanto, para los intereses estadounidenses allí.
Bolton dejó claro su interés de dos maneras. Cada año, la ONU tiene que votar para extender el mandato que permite al organismo internacional continuar financiando los campos de refugiados en Argelia y lo que se conoce como MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental), pero el año pasado con Bolton ya en su posición de influencia, Estados Unidos exigió una extensión de seis meses en lugar de lo que se había convertido en la extensión tradicional de un año del mandato para notificar a las partes que Estados Unidos quería que por fin avanzaran hacia una solución del obstáculo a la promesa referéndum.

domingo, 11 de agosto de 2019

La desobediencia civil saharaui anti ocupación marroquí. Ruptura con el Id marroquí


Diario La Realidad Saharaui/DLRS. Por Bahia Mahmud Awah. 11/08/2019
“Marruecos ocupó nuestra tierra y asesinó a nuestra gente en nombre de la religión, ¿de qué manera entonces compartiremos con él una festividad religiosa de concordia?”, Hmad Uld Ali Uld Bachir, alias Hmad Hammad.
Explorando este nuevo tema de la desobediencia civil saharaui ante las leyes del régimen de ocupación marroquí, cabría recordar a Nelson Mandela en su libro “El largo camino hacia la libertad, obra autobiográfica en la que Madiba desgrana detalles de su lucha pacífica contra el dominio del apartheid. Cómo los militantes del ANC diversificaron sus métodos de lucha contra el régimen racista de la Sudáfrica apartheidiana. Uno de esos métodos fue lo que Mandela llamó “DESOBEDIENCIA CIVIL”. Diversificación de lucha  que consistió en desafiar las leyes civiles del Apartheid, apoyadas por la iglesia anglicana que simpatizó con el régimen en contra de los negros, una apuesta que  Nelson Mandela describió en su enfrentamiento con el apartheid: “La Iglesia aprobaba esta política y aportó el apuntalamiento religioso del apartheid sugiriendo que los afrikáners eran el pueblo escogido de Dios, mientras que los negros eran una especie subordinada a ellos. En la visión del mundo que defendía el afrikáner, apartheid y religión marchaban codo con codo.” En el mismo sentido va esta expresión del militante saharaui Hmad Uld Hammad: “Marruecos ocupó nuestra tierra, secuestró, asesinó y enterró vivos a nuestros familiares y compatriotas en nombre de la religión. ¿Cómo vamos a compartir con él una fecha religiosa de concordia que usa en contra de nosotros?”.
Hoy esta filosofía de militancia de ruptura antirégimen reaccionario y religioso ha irrumpido en el activismo de lucha pacífica que practican los saharauis que viven bajo ocupación militar marroquí. Una experiencia con la que los sudafricanos del ANC pudieron avanzar en su largo proceso de liberación contra el dominio del apartheid y la iglesia anglicana. Los saharauis por su naturaleza son receptivos a las buenas experiencias, como lo prevé el proverbio, اعطيني كلبك اباش انخمم “Dame tu corazón (los saharauis lo relacionan con la toma de conciencia) para pensar”. Finalmente los saharauis, conscientes de diversificar sus métodos de lucha, dieron con la clave العصيان المدني (la desobediencia civil) contra la política de la administración con la que Marruecos gestiona los asuntos de los territorios que ocupa en el Sahara Occidental.
Contra esa política de anexión militar arropada desde sus inicios por el uso de la religión, los saharauis captaron el peligro de su mensaje y  declararon la ruptura con ella.  En 2010 un grupo de universitarios saharauis se proclamó como “رافدين الجنسية المغربية” (saharauis que rechazan documentación marroquí), condición que la administración marroquí en 1976 impuso a la población con el propósito de su marroquinización. El elocuente caso de la activista saharaui Aminetu Haidar en 2009 es otro ejemplo al  rechazar que se pusiera en su tarjeta de embarque que es marroquí. La activista saharaui protagonizó una epopeya de 32 días de huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote, un caso que recibió el apoyo de miles de personas en todo el mundo, personificado, entre otros por el Premio Nobel José Saramago, el Centro Robert Kennedy para la Justicia y la Paz y cantantes, actores e intelectuales que hicieron suya la causa de Aminetu.
Para los pueblos nada es imposible en los métodos de lucha contra cualquier poder, sea como sea su naturaleza. Y los ejemplos son muchos, desde los movimientos negros de los derechos civiles en Estados Unidos, el movimiento antiglobalización, los inicios de las primaveras árabes, la oposición civil a guerras como la de Vietnam o Irak (movimiento No a la guerra en España), el 15M español, el mayo del 68 francés. Los ciudadanos se declaran en desobediencia contra sistemas injustos. Posiblemente a muchos anónimos saharauis, defensores de derechos humanos y activistas políticos contra el régimen marroquí también pasarán a la historia por declarar esta desobediencia y ruptura con las leyes políticas y religiosas que Marruecos ha impuesto sobre sus aspiraciones, diferentes y opuestas a las marroquíes.
¿Cómo empezó esta ruptura y cómo se está retroalimentando en el Sahara Occidental?, esta es la interrogante que a continuación respondo partiendo de realidades recogidas sobre el terreno. Desde el inicio de la anexión militar al territorio en 1976 y cuando nadie se atrevía llevarle la contraria a la ocupación, nació la rebeldía en un joven de aquella generación testigo de los últimos años del periodo colonial español. Se llamaba Hmad Hammad y actualmente aún vive en “el calabozo grande” como él llama a la ciudad de El Aaiun. Me contó que desde el principio la invasión marroquí tuvo muy claro desobedecerla y romper con su imposición cultural, ajena y extraña para la cultura e identidad saharaui.
Hmad no cayó en esa macabra estrategia como muchos otros que, por necesidad de estudios, fueron deportados al interior marroquí y acabaron hablando o introduciendo en su personalidad saharaui la dariya marroquí y la lengua francesa. En varias ocasiones me contó que fue represaliado por la administración por dirigirse en hasania o en español a funcionarios marroquíes de la administración de ocupación del territorio. Y que en muchos juicios en los tribunales de la ocupación pedía interprete en su lengua hasania o de español. Método de resistencia que le ha costado cárcel, agresiones y persecución. Ante el saqueo y la destrucción del patrimonio cultural material saharaui, tanto arqueológico como de recursos naturales, Hmad se ha postulado desafiando al régimen para denunciar este atropello, a través de videos y testimonios expuestos en multitud de conferencias y encuentros con los medios.
Recientemente, cuando la población saharaui en los territorios ocupados se está preparando para celebrar la fecha religiosa de las pascuas del Sacrificio, Id El Adha, que para la administración de ocupación marroquí es el lunes 12 de agosto, ha surgido un interesante debate en torno a esta fecha. Entre la población del Sahara Occidental, dividida por un muro militar, han surgido nuevas y contundentes voces en contra de la fecha estipulada por el ocupante para la celebración de la festividad religiosa. Y ante el debate que si los saharauis en la parte ocupada deben ceñirse a las indicaciones de la administración marroquí, se han declarado contrarios anteponiendo su Id para celebrarlo hoy domingo 11 de agosto, con su compatriotas en los territorios liberados y en los campos de refugiados en Argelia.  
El viernes 9 de agosto el activista saharaui Hmad Hammad me enviaba un audio donde un foro de saharauis arengaba a la población a la desobediencia religiosa a Marruecos y la ruptura con su fecha del Id. Pero también hubo opiniones discrepantes al respecto, que alegan otras razones de interpretaciones religiosas. Hmad Hammad se dirigía a los saharauis que no los tienen claro: “Si ellos lo van a celebrar el lunes 12, nosotros debemos celebrarlo el domingo para no coincidir con ellos y unirnos a la fecha de celebración de nuestra República, que a través de sus sabios y ulemas nos guía para esa fecha y no según la agenda del ocupante”. Hmad tiene sus ideas muy claras y ante sus  correligionarios explicó por qué los saharauis deben desobedecer las prácticas religiosas de la administración marroquí que controla esta parte de la población y territorio saharaui con las siguientes razones: “He escuchado vuestro debate sobre la fecha de celebración de El Id, y veo que se esta tratando su lado religioso. Pero quiero dejar clara una cosa, Marruecos invadió nuestro territorio en nombre de la religión, mató nuestra gente en nombre de la religión, envenenó nuestros pozos en nombre de la religión, secuestró nuestros hijos en nombre de la religión, asesinó nuestra madres, hermanas, compañeros, los enterró vivos y también les lanzó vivos desde sus helicópteros, en nombre de la religión”.
Cuando  repasamos la historia de la ocupación del territorio que Marruecos y la prensa española llama la “Marcha Verde”, tenemos una imagen de hordas de maltrechos ciudadanos marroquíes, ciegamente exaltados por el llamado de su rey Hasan II para recuperar el Sahara a los españoles. Miles de personas caminaron por el desierto hacia el Sahara Occidental, portando en sus manos el libro del Corán, sus sudarios y la bandera marroquí junto a la americana de Henry Kissinger.
Riszard Capuscinski recordaba cómo se justificaban los ideólogos del apartheid: “somos partidarios de que todo el mundo viva cada vez mejor y pueda desarrollarse”. El rey de Marruecos Hasan II alegaba en su defensa de la ocupación del Sahara Occidental que lo hacía para liberar a los saharauis y unirlos a lo que alegaba que siempre había sido su patria, Marruecos. Pero los líderes saharauis tenían su propia respuesta, como los desaparecidos Mahfud Ali Beiba y Bujari Ahmed. Mahfus Uld Ali Beiba decía que “si algún día los saharauis quieren ser «otros» yo no seré ese «otro»”. Y Bujari Uld Ahmed Uld Barikala afirmaba que “La coyuntura internacional es como lo que decía Bismarck,  el manto de Dios pasa una vez delante de tu puerta cada mil años. Y nosotros los saharauis estaremos preparados para el paso del manto de Dios”. Es decir, la ocasión de este tipo de lucha ya está servida para no perderla. Y los saharauis no deben esperar más y redoblar la desobediencia contra las leyes tanto religiosas como administrativas del ocupante marroquí. 
El difunto poeta Beibuh Uld El Hach, llamaba con estos clarividentes versos a cerrar filas y luchar unidos y con todos los medios.
“Unidos, mi llamado os llega, /hombres dignos y bravos, /no aceptéis arrodillaros, /es preciso que os rebeléis”.

jueves, 8 de agosto de 2019

El líder saharaui Brahim Ghali apela al CS de la ONU no contribuir en el sufrimiento de su pueblo



Fuente: Diario La Realidad Saharaui/DLRS y la agencia Sps 8/08/2019
Las declaraciones fueron realizadas este jueves en la capital de Argelia en la clausura de la 10 Universidad de Verano dedicado al proceso de liberación del pueblo saharaui.
El líder saharaui advirtió ante cientos de participantes saharauis y argelinos que “Ya es hora de que el Consejo de Seguridad de la ONU asuma toda la responsabilidad por el retraso inaceptable e injustificado en la solución de la cuestión saharaui”. El mandatario saharaui recalcó que "ha llegado el momento de que las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad en particular, asuman toda la responsabilidad por el retraso inaceptable e injustificado en el proceso de descolonización del Sáhara Occidental, la última colonia en África".
Ghali en su discurso ante el mundo académico argelino, el activismo saharaui en los territorios ocupados y cuadros de la República Saharaui, no ocultó su enfado por la inoperancia de las Naciones Unidas en ponerle punto final al proceso de descolonización y al sufrimiento de los saharauis, “es injusto, irresponsable y poco ético continuar  prolongando el sufrimiento del pueblo saharaui que es  también una prolongación del sufrimiento del pueblo marroquí y de los pueblos de la región, es una injusticia  irreparable, que sólo conducirá a más tensión y una amenaza para la paz y la seguridad en la región y el mundo”.
Los esfuerzos de la ONU que estaban puestos en marcha se colapsaron tras la dimisión del Enviado Personal del SG de la ONU para el Sahara Occidental, el Sr. Horst Köhler que fue en mayo de este año. Y hasta la fecha no se ha asignado ningún enviado en su lugar, porque las paciencias de los saharauis y sus aliados está llegando sus límites.


miércoles, 7 de agosto de 2019

Marruecos expulsa del Sáhara Occidental a una abogada española que iba a cubrir el juicio de ocho activistas saharauis


*Actualización de Equipe Media sobre el juicio. El tribunal de ocupación aplazó hoy el juicio de los 8 saharauis y un marroquí en El Aaiún ocupado para 19/08/2019. Denegando la petición de la defensa de libertad provisional. Un juicio sin observadores internacionales. Ayer fue expulsada Cristina Martínez de El Aaiún ocupado.
Rabat, 7 de agosto de 2019 (EFE).- Las autoridades marroquíes expulsaron hoy de El Aaiún, en el Sáhara Occidental, la abogada española Cristina Martínez que venía como observadora para asistir en el juicio que tendrá lugar mañana contra ocho activistas saharauis.
Según informó a Efe por teléfono la letrada, las autoridades en el puerto de El Aaiún no le permitieron entrar en la ciudad tras su llegada hoy por la tarde en un vuelo que procedía de la ciudad de Casablanca, en el centro de Marruecos.
Martínez, que tuvo que tomar un vuelo de vuelta hacia Casablanca, explicó que las autoridades le prohibieron la entrada con el argumento de que no disponía de una acreditación, al mismo tiempo que señaló que le rechazaron la acreditación del Observatorio de Abogados Saharauis que presentó.
La abogada española calificó de "vergonzosa" su expulsión, y añadió que es la primera vez que se le impide entrar en el territorio saharaui.
El Tribunal de Apelación de El Aaiún retoma mañana el juicio contra ocho saharauis acusados por su supuesta implicación en los disturbios que estallaron el pasado 19 de julio en la ciudad de El Aaiún tras las celebraciones por la victoria de Argelia en la Copa de África.
Durante los disturbios una estudiante saharaui falleció tras ser atropellada de forma accidental por vehículos antidisturbios.
Los procesados están acusados de sabotear vehículos y colocar obstáculos en la vía pública con el fin de perturbar el tráfico.
El juicio fue pospuesto el pasado miércoles para permitir a los abogados preparar su defensa.
La expulsión de hoy tiene lugar tras otra el pasado 23 de junio cuando las autoridades marroquíes expulsaron a tres abogados españoles del territorio del Sáhara Occidental que viajaron entonces para asistir al juicio de la periodista saharaui Nezha Khalidi, que fue condenada a pagar una multa de 400 euros por ejercer la profesión de periodismo sin obtener una previa acreditación.
Las autoridades marroquíes justifican estas expulsiones con el argumento de que estos abogados y observadores internacionales "traen una agenda hostil a Rabat" y "vienen a hacer activismo".

domingo, 4 de agosto de 2019

Mohamed VI y la complicidad del establishment español


*Fuente: La Voz del Sur. Abdo Taleb Omar. 4 de agosto 2019 
En estos días, el monarca marroquí, Mohamed VI, celebra su 20 aniversario de acceso al trono, más conocido en Marruecos por Fiesta del Trono, que se inicia con una serie de rituales cuyo pistoletazo de salida suele ser el Discurso del Rey, en el que se aborda el estado de la nación. En esta ocasión, el rey, quien compagina el reinado simbólico con facultades ejecutivas atribuidas por la constitución, mantuvo el ya tradicional discurso basado en promesas y “reconocimiento” de las insuficiencias que aún persisten, y que, según él, son culpa de los demás cargos políticos.
La ocasión no ha sido desaprovechada por las personalidades que han sido las máximas autoridades españolas durante las dos últimas décadas. Es el caso de Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, quienes publicaron extensas notas de opinión elogiando la gestión de Mohamed VI. La única diferencia entre los tres, como no puede ser de otra manera, es que los socialistas optaron por el diario El País, mientras que Rajoy prefirió ABC. De las aludidas tribunas se desprende que las citadas figuras políticas, de forma somera, renuncian a que su país tenga personalidad y visión propia a la hora de hacer acción exterior: aparte de seguir la línea de Francia, sobrevaloran enormemente el tamaño de Marruecos frente a España. Zapatero llegó a afirmar que “buena parte del futuro de la España democrática, en su dimensión de política exterior, dependía de nuestra relación con Marruecos y de su proceso de modernización”.
Dicha visión, a mi juicio, es la que obliga a España a estar detrás de Marruecos en múltiples aspectos entre los que se encuentran sus relaciones con la UE, tal y como reconoce Pedro Sánchez, quien admite que su país se implicó activamente en el proceso de negociación y la posterior firma del Acuerdo Agrícola y del Acuerdo de Pesca entre la UE y Marruecos, en una clara contradicción con el contenido y el espíritu de sucesivas sentencias del Tribunal Europeo de Justicia, así como la opinión mayoritaria dentro de la Unión, especialmente de los países nórdicos e Irlanda quienes no admitían que se sabotee el derecho comunitario por unos acuerdos que solo afectan a España y Portugal.
España, según la visión de sus políticos, no quiere malas relaciones con Marruecos por dos razones principales: el control de la inmigración ilegal y la lucha antiterrorista. Otros especialistas agregan el tema de Ceuta y Melilla. Por ello, por ejemplo, cuando Pedro Sánchez elogia la colaboración de Marruecos, lo hace citando, exclusivamente, las cifras que demuestran el descenso del número de pateras que arribaron a España, mientras omite las grotescas actitudes del Majzen, como los constantes intentos de espionaje; la implicación del tejido estatal en el narcotráfico; o el hecho de abrir el grifo de la inmigración para “recordar a un gobierno socialista que acaba de llegar el grado de dependencia que tiene España con Marruecos”, afirma Ignacio Cembrero.
A eso se suma el “desprecio” que muy de vez en cuando hace Marruecos con las máximas autoridades españolas. Lo plasman las sucesivas cancelaciones de la última visita de los reyes de España a Marruecos. Lo mismo ocurrió con el propio Pedro Sánchez, quien tuvo que suspender su visita sin anunciar fecha por la ambigüedad que rodeó la duración de las vacaciones de Mohamed VI en Francia. Sánchez solo pudo efectuarla después de la audiencia privada que tuvo el monarca marroquí con Zapatero y Moratinos, quienes le habrían transmitido las garantías necesarias.
Aun así, el establishment español no escatima esfuerzos para aprobar los “avances” que consiguió Marruecos de la mano de su rey. Ni siquiera los políticos franceses felicitaron a Mohamed VI con similares términos de sus homólogos españoles que, con datos macroeconómicos en la mano, quisieron transmitir que “Marruecos es un referente de estabilidad y progreso entre los principales países del mundo árabe”, zanja Mariano Rajoy. Paradójicamente, Mohamed VI desmiente la afirmación del político español al reconocer, en su Discurso del Trono, el fracaso de su proyecto socioeconómico que no llegó a reflejarse en la mayoría de la población, por lo que crea una Comisión Especial encargada de buscar un nuevo modelo de desarrollo y la elaboración de cambios urgentes en el seno del ejecutivo. Los datos de NNUU van en la misma línea.
En términos de desarrollo humano colocan  a Marruecos en el puesto 123 del ranking mundial, muy detrás de países como Venezuela (78) o Libia (108), naciones que suelen encabezar los telediarios del mainstream media. Su Coeficiente de Gini (el indicador que mide las desigualdades), lo hace formar parte de los países mas desiguales del mundo; un tercio de su población es analfabeto; más de la mitad de los jóvenes se encuentran en situación de desempleo; altos índices de pobreza multidimensional, etcétera. Eso ocurre mientras Mohamed VI no cesa de engrosar sus cuentas. La revista Forbes lo considera el hombre más adinerado de su país y de África: cuenta con 12 palacios, más de 600 coches de lujo, uno de los yates más grandes del mundo (recién adquirido por 80 millones de euros) y múltiples cuentas corrientes en paraísos fiscales.
En cuanto a la opinión pública marroquí, un estudio del Barómetro Árabe sostiene que más del 70% de la población desea emigrar y otro 50% quiere cambios urgentes. Y si vamos al terreno de los DDHH, es peor aún. A nivel internacional, Amnistía, HRW y Reporteros Sin Fronteras alertan por la gravedad de la situación. La propia Asociación Marroquí de Derechos Humanos lamenta las sistemáticas violaciones sufridas a manos de las propias instituciones. El propio Hassan Aurid, ex portavoz del Palacio Real, en un artículo recién publicado, admite la profunda crisis del régimen marroquí por falta  de instrumentos políticos adecuados para desatascar la situación y recurre a Antonio Gramsci para ilustrarlo: en Marruecos lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no puede nacer. Por lo cual, Hassan Aurid augura un gran estallido social que puede derrumbar los pilares, no solo de la monarquía, sino que de todo el Estado. Este es el país de las maravillas del que nos hablan Zapatero, Rajoy y Sánchez.
En fin, los políticos españoles, especialmente los socialistas, a mi juicio, priorizan la contención de la inmigración ilegal por su impacto sobre la derechización de la opinión pública española que afecta directamente a sus posibilidades electorales. También lo hacen por las más de 600 empresas españolas registradas en Marruecos, así como los intereses personales. Felipe González es un claro ejemplo. De ahí  la constante tarea de procurar mantener contento al gendarme de la rivera sur del Mediterráneo. El resto de temáticas se colocan en el segundo plano. Todo vale: mentir, tergiversar los datos y blanquear la imagen de Marruecos en Europa. Es decir, un enfoque cortoplacista. El estallido del que habla Hassan Aurid es inevitable en Marruecos. Todos los ingredientes están allí. Con ello, España enfrentará todo aquello que quería evitar al apostar por la sobrevivencia de un sistema moribundo: avalanchas de inmigrantes y solicitantes de asilo; radicalización; pérdida de intereses económicos, etcétera.
Abdo Taleb Omar, doctorando en Ciencias Políticas.

sábado, 3 de agosto de 2019

Sáhara, una cárcel sin barrotes

Marruecos ha expulsado este año a 19 españoles del Sahara por motivos políticos. No quiere periodistas ni observadores. La censura oculta las torturas, palizas y detenciones arbitrarias que sufre la población saharaui
ANA CORTÉS. Sábado, 3 agosto 2019
Las motocicletas se esquivan como pueden en las calles abarrotadas de El Aaiún nocturno. A orillas del océano Atlántico, la capital del Sahara Occidental duerme hasta que cae la noche y baja la temperatura. El bullicio que domina los restaurantes no se concibe por el día, cuando la mayoría de adultos cumple con su jornada laboral. Sin embargo, existe un grupo de ciudadanos que descansa por el día y se moviliza por la noche. Las casas familiares en las que se dan cita se han convertido en refugios contra las intervenciones policiales. Bajo techo y en la clandestinidad, la comunidad saharaui se organiza para que su identidad sobreviva a las vejaciones.
En 1975, Marruecos invadió la entonces provincia española con la Marcha Verde y estalló una guerra sin cuartel contra el Frente Polisario. La expansión, que incluía Ceuta y Melilla, se enmarcó en el sueño del 'Gran Marruecos'. Los niveles de violencia siguen intactos en la actualidad. Un combinado de torturas descabelladas, penas de cárcel desorbitadas, prohibiciones de moverse libremente y el muro minado convierten al Sahara en un correccional a cielo abierto.
Las organizaciones saharauis de derechos humanos combaten pacíficamente por el referéndum de independencia. Una votación reconocida por las Naciones Unidas y que fue prometida por España cuando ejercía como potencia administradora de su entonces colonia. Los colectivos están vigilados constantemente por las autoridades marroquíes y la violencia es su herramienta para disuadir sus protestas o asambleas. Sus acciones quieren evitar la censura. Denuncian la brutalidad policial incluso ante agentes de la MINURSO, la Misión de Naciones Unidas para el referendo.
El bloqueo mediático es total y ya se cuentan 19 españoles expulsados del territorio en lo que va de año. Sus intenciones políticas fueron la causa. Diez de ellos eran juristas que acudían como observadores internacionales a diversos juicios que se desarrollaban contra activistas locales. Reporteros sin Fronteras (RSF) denuncia frecuentemente que Rabat obstaculiza deliberadamente el trabajo de los periodistas. Consideran que informar en el Sahara es un inconveniente crítico. Dos profesionales españolas fueron forzadas a abandonar El Aaiún en los pasados meses de febrero y junio. Una muestra de la inexistente libertad de prensa que padece el Sahara Occidental. Las expulsiones suelen ser poco difundidas en los medios españoles, y tampoco se aprecia interés por el seguimiento del conflicto.
Polizones en el Sahara
Patricia e Irati inauguraron la serie de expulsiones a principios de enero. Fueron acusadas de promover la independencia de la región. Les siguió el jurista aragonés Luis Mangrane, interceptado tras aterrizar en El Aiaún y a quien se prohibió la entrada por ser «una persona non grata para Marruecos». Ni siquiera llegó a salir del aeropuerto.
En febrero, tres activistas navarros fueron expulsados tras permanecer varios días en El Aaiún. María, Iratxo y Alberto, miembros de la Asociación Navarra de Amigos del Sahara, conversaron con la comunidad de forma clandestina durante su estancia. Su relato de la expulsión coincide con el patrón habitual en estas circunstancias. Fueron vigilados por la Policía y los servicios de inteligencia, detenidos y agredidos durante los interrogatorios. Finalmente, viajaron hasta la urbe marroquí más cercana, Agadir, donde nadie habla de la represión y el turismo hace caja.
«Cada país tiene sus límites», sentenciaba un agente de Policía con cigarrillo en la boca durante el interrogatorio a esta redactora, quien fue expulsada semanas más tarde. Para los cuerpos de seguridad de Rabat, reunir información política en el Sahara rompe todas las reglas. En marzo, se siguió el mismo procedimiento con una joven gallega y en abril se produjo la sexta salida forzosa. Se trataba de dos activistas vascas que se habían reunido con militantes saharauis. Las personas con las que se encontraron fueron golpeadas, según el medio local 'Equipe Media'. A mediados de mayo les tocó el turno a cinco abogados españoles que llegaron a El Aaiún para asistir al juicio de Nazha El Khalidi. Fueron retenidos en el aeropuerto de la capital y después trasladados al de Casablanca. Un mes más tarde expulsaron a Judith Prat, fotoperiodista oscense premiada a escala internacional. La Policía marroquí fue a buscarla dos horas después de recalar en la zona. De nuevo en junio, tres observadores del Consejo General de la Abogacía fueron obligados a volver a España nada más aterrizar.
El singular urbanismo de las casas saharauis suele sorprender al viajero que las visita por vez primera. Las ventanas de los inmuebles pueden contarse con los dedos de una mano y los muros de las azoteas llegan a medir dos metros de alto sin apenas vanos. La comunidad sólo se siente libre a cubierto, entre paredones de hormigón.
Las aguas del Sahara Occidental son las más ricas del Norte de África, pero son explotadas por terceros sin permiso de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática).
España encontró ese año el primer yacimiento de fosfatos en el territorio. La abundancia de estas sales lo vuelve esencial en el mercado de este material.
Historia de una invasión
En 1965 el Sahara Occidental es calificado territorio no autónomo por la ONU y se inicia el proceso de descolonización. Como potencia administradora, España se comprometió a celebrar un referéndum de independencia con los allí censados, los locales. No obstante, firmó en 1975 los Acuerdos de Madrid con Marruecos y Mauritania, en los que se establecía una administración tripartita temporal, inválida según el Derecho internacional.
La región saharaui fue dividida de norte a sur con un muro minado. Oculta entre 10 y 40 millones de minas terrestres, según la ONU. Las costas, las ciudades principales y los yacimientos de fosfatos quedan al oeste del muro, bajo poder marroquí. Al este se constituyó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Una zona liberada, pero yerma y desértica.
Es el año en que España abandona el territorio debido a la inestabilidad que provocó la Marcha Verde y la muerte del dictador. Marruecos asaltó el territorio en el verano del 75 con civiles escoltados por agentes armados. La ONU condenó la ocupación y pidió la retirada inmediata de la población marroquí. Según la legislación internacional, España es aún la responsable de proteger al pueblo saharaui.
Demografía y desempleo
El Sahara, cuyo tamaño supera al de Reino Unido en veinte kilómetros cuadrados, alberga a 566.000 personas. Se estima que sólo el 20% son saharauis, pues en la guerra gran parte se refugió en Argelia.
Según cifras oficiales, cuatro de cada diez jóvenes en entornos urbanos están en el paro. A esta coyuntura se suma que el origen saharaui suele ser una traba laboral.
Última víctima mortal
Una estudiante saharaui de 24 años fue atropellada por vehículos antidisturbios marroquíes el pasado sábado en El Aaiún. Todo ocurrió cuando salía del instituto y cruzaba una vía atestada de manifestantes.
Pese a sus méritos, Mohammed Mayara engrosa la lista de parados saharauis desde hace diez años. A sus 44, es uno de los activistas más acosados por las autoridades marroquíes. Desde que era joven, motivado por el asesinato de su padre durante la Marcha Verde (la invasión marroquí del Sahara español), se convirtió en un diligente defensor de los derechos humanos. A su progenitor se lo llevaron a comisaría en su ciudad natal, Tan Tan, y no regresó. Está oficialmente desaparecido, porque no se ha encontrado su cuerpo.
Fue profesor de Historia en aulas de secundaria a finales de los 90. Perdió su puesto seis años más tarde porque no explicaba «la propaganda marroquí». Una de las consignas que el régimen de Rabat enseña en sus libros de texto y que justifica la ocupación es que el Sahara Occidental tenía conexiones históricas y geográficas con Marruecos. Como historiador, Mayara asegura que no es cierto y lanza una simple pregunta: «Si el Sahara fuese o hubiese sido en algún tiempo de Marruecos, ¿por qué en un primer momento se dividió el pastel con Mauritania?». La soberanía marroquí no es reconocida por ningún Estado ni organización internacional. Sin embargo, la ONU tampoco considera la región como país. El resultado es que el Sahara es el último territorio de África por descolonizar.
Con serenidad y dulzura, la voz de Mayara atrapa al espectador en el cortometraje 'Tres cámaras robadas'. Las imágenes muestran protestas pacíficas en El Aaiún y su disolución por las autoridades marroquíes. La fuerza bruta es la protagonista. La mayor parte de los participantes son mujeres, pues, gracias al movimiento feminista, la detención de una de ellas genera más controversia que la de un hombre. Todas las tomas están grabadas desde las azoteas de las casas. También denuncia que la seguridad marroquí requisa las cámaras en las manifestaciones y las usa para filmar a sus dueños en otras revueltas. Cuando era niño tuvo que enfrentarse a insultos y burlas en la escuela. Como adulto, encara palizas y detenciones. La última fue en el aeropuerto de la capital, al regresar de los campos de refugiados de Tinduf, en Argelia. La agresión ha sido denunciada por la Organización Mundial Contra la Tortura.
Los tribunales de El Aaiún condenaron a Nazha El Khalidi con una multa de casi 400 euros por ejercer como reportera sin la autorización estatal. El Khalidi es una ciudadana saharaui de 27 años que se convirtió en periodista para contar la situación de su pueblo. La vista se celebró en junio y se enfrentaba a una posible pena de hasta dos años de prisión. Los hechos tuvieron lugar en diciembre del año pasado y fue detenida cuando emitía una manifestación en directo a través de sus redes sociales. En el vídeo, de cuatro minutos, se observa una protesta pacífica repleta de mujeres. En los últimos segundos, un policía la persigue y se abalanza sobre ella cortando la emisión.
Habla de «un día en el infierno» para referirse a su primera tortura. Tenía 13 años. Participaba en una concentración contra la soberanía marroquí en las calles de la capital cuando comenzaron las cargas policiales. «Pedí ayuda en una casa que tenía la puerta abierta y estuve segura hasta que las autoridades empezaron a registrar los edificios», recuerda. Los agentes sacaron a decenas de personas de sus viviendas y buscaron entre ellas a los manifestantes. «Aprovecharon para lanzar televisores, vajillas y comida por las ventanas», relata. Nazha fue localizada rápidamente y la colocaron en fila con el resto de mujeres sospechosas. «Nos amenazaron con violarnos y nos dijeron los objetos que utilizarían», asegura. Llegaron los golpes y los jirones de ropa en plena calle. Muchas quedaron desprovistas de su melfa y todas ellas fueron trasladadas a un cuartel. Esposada y con los ojos vendados, lloró toda la noche sentada sobre un suelo mojado. «Quien se puso detrás me preguntaba y, si no contestaba lo que ellos querían oír, me abofeteaban», prosigue. A su edad, ni siquiera entendió cada uno de los insultos que escuchó.
Su familia está dividida por el muro minado. La mayor parte de sus tíos viven en los campos de refugiados de Tinduf, donde la comunidad se mantiene gracias a la ayuda humanitaria internacional. De sus familiares en El Aaiún, nadie trabaja. Sus ocho hermanos han sido torturados y uno de ellos también pasó año y medio en prisión por manifestarse.

El rostro más conocido de la revolución dicta su sentencia: «He sacrificado todo en la vida». Aminetu Haidar llegó a las televisiones en 2009 por su huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote tras ser expulsada del Sahara Occidental. Para regresar debía pedir disculpas al rey Mohammed VI y anunciar públicamente que era marroquí. Se levantó el veto después de 32 días.
A los 20 años fue encarcelada en una de las prisiones secretas marroquíes por manifestarse a favor de la autodeterminación. No se presentaron cargos contra ella, ni se celebró un juicio; pero pasó cuatro años retenida y con los ojos vendados. Vivió hacinada con una decena de mujeres más en un pequeño habitáculo. «El techo era de chapa y el calor, insoportable; sobre todo, cuando dormíamos. Era una lata de sardinas», cuenta.
Su familia nunca conoció su paradero. Por aquel entonces, en pleno conflicto armado, era la actuación habitual de Marruecos y el Frente Polisario. El alto el fuego de 1991 supuso la liberación de los presos de ambos bandos. Recuerda con mucho dolor varios episodios que sufrieron sus compañeros. «Mohamed Jalil Ayach tendría más o menos mi edad cuando lo encontré muerto en los baños, era un niño», dice. Su delito fue no reconocer al entonces ocupante del trono, Hassan II, como su rey. En el patio practicaban 'El avión' o 'El pollo'. Los agentes ataban los pies de los reclusos a una grúa y le hacían girar con ella. «Se lo hicieron al que sería el padre de mis hijos», explica pausadamente.
Aminetu abandonó sus estudios, pero preside el Colectivo Saharaui de los Derechos Humanos. En enero, recibió a una delegación política interesada en la autodeterminación del Sahara, visitas que se suceden con frecuencia. Se les prohibió la salida de la ciudad y fue agredida ante agentes de la MINURSO (la Misión de Naciones Unidas para el referéndum en el Sahara Occidental). A su juicio, no tiene sentido el trabajo de la ONU en el Sahara. Para Aminetu, el conflicto no se ha resuelto todavía porque «la comunidad internacional no tiene voluntad política». Ella se define libre cuando llega al desierto, donde se evade de la atenta mirada de los centinelas que vigilan su casa día y noche.
Cuando era más joven, Ahmed Ettanji temía a la Policía. Había oído muchas historias sobre las comisarías de El Aaiún. A sus 30 años, no duda en responder a las provocaciones. «Cuando los agentes me amenazan con llevarme a una, insisto en que lo hagan; perdí el miedo cuando fui torturado por primera vez», asegura tranquilo.
Cada noche que pasó retenido llenaba su estómago con un mendrugo de pan. «Me daban lo justo para que no me desmayara», recuerda. Ettanji permaneció cuatro días en un centro policial de la capital, sometido a interrogatorios constantes. Su familia desconocía su paradero. De nuevo, los ojos vendados. Atado de pies y manos, obligado a golpes a quedarse quieto. También estuvo mucho tiempo desnudo. Cuando pensaba que no había nadie, movía el cuerpo y sentía los puños por todas partes. No sabía cuántos hombres había en la celda, pero siempre solía haber vigilancia. Ettanji se ha encontrado en numerosas ocasiones con los policías que lo torturaron. No los identifica por sus rostros, pero sus voces se le quedaron grabadas.
Ahmed fue cuestionado por su papel en organizaciones que apoyan la independencia. A la Policía le interesaba cómo contactaban, sus puntos de reunión y nombres completos. Por aquel entonces formaba parte de un colectivo que repartía folletos sobre la causa saharaui y coordinaba protestas. Suele viajar por Europa, especialmente por España, para informar sobre el sufrimiento en su hogar. Este año ha organizado entrevistas y conferencias en Madrid, Pamplona, Valencia o Vitoria. «No me planteo vivir aquí -confiesa-, el trabajo está en las zonas ocupadas». Quiere dejar un legado a las generaciones futuras por medio de la lucha pacífica.
Domina el castellano, pues estudió Filología Española en la Universidad de Agadir. En el Sahara no hay ningún centro de estudios superiores, el más cercano de la capital está allí, a 640 kilómetros. Esto favorece la diáspora del pueblo. Ettanji nunca ha trabajado, aunque es licenciado y habla tres idiomas con fluidez. Con triste calma, habla de su vida plagada de marginaciones. Lo que más le pesa es sentirse sitiado y la sensación constante de ser perseguido.

La 'Gandhi saharaui ' se enfrenta a una brecha generacional en el Sáhara Occidental


*Fuente: OZY.com Por Ruairi Casey. Traducción: Diario La Realidad Saharaui/DLRS 4 de agosto de 2019
El periódico estadounidense OZY publica ayer 2 de agosto un extenso artículo sobre la mujer saharaui que puso el régimen marroquí en su sitio, tras su intento de expulsarla del territorio, tras años de desaparecida por los servicios secretos del régimen. Aminetu Haidar es presidenta de la Asociación de Derechos Humanos Saharaui CODESA. Interesante repaso a la historia del conflicto saharaui y sus efigies más destacadas, como Aminetu Haidar.
¿POR QUÉ DEBERÍA IMPORTARTE?
Aminatou Haidar es la cara de la lucha de su pueblo por la libertad, pero le preocupa que los jóvenes activistas pronto puedan ir a la guerra.
A última hora de la noche de 1987, policías marroquíes llegaron a una casa en la ciudad ocupada de El Aaiun, la capital del Sáhara Occidental, y exigieron hablar con Aminetu Haidar. Solo le tomaría 10 minutos, le dijeron a su familia aterrorizada; pero esos minutos se extendieron en días, semanas, meses y luego años. La joven de 20 años fue desaparecida sin juicio en una instalación secreta no lejos de su casa, donde los guardias la torturaron, sometiéndola a morir de hambre y amenazas de violación, el precio por pintar graffiti y hacer circular folletos para pedir un Sáhara Occidental libre.
El día que fue puesta en libertad, más de tres años después, no pudo ponerse de pie, su cuerpo casi se rompió por la terrible experiencia. Pero Haidar no fue disuadida del activismo y desde entonces se ha convertido en una voz líder de resistencia a la represión marroquí en el territorio, considerada como la última colonia de África. "Me hizo más fuerte y más decidida, y estaba aún más consciente de la necesidad de liderar una lucha por la autodeterminación", afirmaba.
Para los saharauis, un pueblo anteriormente de nómadas nativos de la región, Haidar es el "Gandhi del Sáhara Occidental", una incansable defensora de la resistencia pacífica que presta atención internacional a su difícil situación olvidada; para el gobierno marroquí en Rabat, ella es una agitadora y separatista peligrosa que continúa desafiando lo que el reino llama sus "provincias del sur", aunque ningún otro país reconoce esta afirmación.
Ahora, a los 53 años, se ha convertido en una voz de moderación, enfrentada a una nueva generación de activistas saharauis que Haidar teme que estén demasiados ansiosos por lanzar una guerra a gran escala, con tensiones en aumento en la frontera militarizada más larga del mundo.
NO VOY A [NEGAR] QUE UNA GUERRA PUEDE COMENZAR EN CUALQUIER MOMENTO.
AMINATOU HAIDAR
Desde que Marruecos invadió el territorio en 1975, desencadenando una guerra de 16 años con el Frente Polisario, el movimiento de liberación saharaui, quienes apoyan la independencia han enfrentado discriminación y vigilancia sistemáticas. La policía prohíbe las manifestaciones o asalta a los manifestantes, y los activistas son condenados a través de juicios "muy injustos", según Amnistía Internacional.
Alrededor de 170,000 saharauis viven en el exilio en campos de refugiados en el oeste de Argelia, separados de su tierra natal y sus familias por la fortificación más larga del mundo: un muro de 1,700 millas que serpentea a través de la frontera del desierto. Un alto el fuego patrocinado por las Naciones Unidas en 1991 prometió un referéndum para decidir el futuro del Sáhara Occidental. La votación aún no se ha materializado, y Marruecos ahora dice que no concederá más que la autonomía regional dentro de Marruecos.
Varios levantamientos han sacudido el Sáhara Occidental en los años posteriores al alto el fuego, incluida la “Intifada de la Independencia" de 2005 cuando Haidar fue torturada por la policía marroquí. El brutal ataque la dejó con sangre saliendo de su cabeza y requirió 12 puntos de sutura.
Ver vídeo de conferencia de Aminetu en Oslo
"Las imágenes de una Haidar ensangrentada y golpeada galvanizaron la resistencia saharaui y sorprendieron a muchos observadores extranjeros", dice Jacob Mundy, profesor de la Universidad de Colgate que escribe sobre el conflicto del Sáhara Occidental. "Fue catapultada rápidamente al centro del escenario porque es una figura muy comprensiva y una comunicadora efectiva".
El liderazgo de Haidar de la asociación de derechos humanos CODESA y la defensa de los presos políticos y los desaparecidos le han valido numerosos elogios internacionales, incluido el Premio de Derechos Humanos Robert F. Kennedy, pero su enfoque nunca se ha alejado mucho de su tierra natal. Y hoy su principal preocupación se refiere a la creciente división entre los líderes saharauis y sus homólogos más jóvenes.
Como la mayoría de su generación, la infancia de Haidar se vio empañada por la pérdida de un tío y un primo que murieron en la guerra, y ella aborrece la idea de una lucha renovada. Pero los nacidos después de que las armas se callaron han pasado toda una vida en una oscuridad desesperada, hastiados por la falta de oportunidades y un moribundo proceso de paz.
Una encuesta realizada en los campamentos argelinos en 2014 encontró que más del 60 por ciento de los refugiados menores de 40 años quieren volver a la guerra, lo que concuerda con las preocupaciones de Haidar de que los jóvenes están siendo impulsados ​​a tomar medidas desesperadas.
"No solo en los campamentos, sino también en los territorios ocupados, e incluso hablan de atacar a los 'traidores' saharauis", dice, refiriéndose a lo que los jóvenes llaman colaboradores pro marroquíes.
Un estallido de combates podría tener consecuencias peligrosas para la región del Sahel, que ya es un semillero de grupos armados y extremistas, a quienes le preocupa reclutar a jóvenes descontentos. Haidar pasa sus días reuniéndose con jóvenes saharauis y está en constante comunicación con otros activistas a través de las redes sociales y WhatsApp (su teléfono estaba sonando con frecuencia durante nuestra entrevista en Londres antes de que lo pusiera en silencio). En persona, Haidar habla con una confianza característicamente tranquila, sus rasgos afilados se acentúan mientras se cepilla el chal floral azul, el tradicional Al malahfa que usan las mujeres saharauis.
"Trato de decir que no hay ventaja en la guerra", dice ella. "Hemos perdido a muchos seres queridos y a muchas personas, y la forma pacífica y no violenta nos ha permitido dar luz a nuestra causa".
Mohamed Mayara, un periodista saharaui que conoció a Haidar en 2013, dice que Haidar es "todavía una figura muy importante", a pesar de que una nueva guardia de activistas está tomando el relevo.
Un rayo de esperanza se infiltró en el movimiento de independencia en 2017, cuando la ONU designó al ex presidente alemán Horst Köhler como enviado para el Sáhara Occidental, quien en cuestión de meses llevó al Polisario y Marruecos a la mesa de negociaciones por primera vez en seis años.
Sin embargo, después de dos encuentros muy publicitados en Ginebra, Köhler renunció abruptamente en mayo, citando preocupaciones de salud, convirtiéndolo en el cuarto enviado en no lograr un acuerdo político. Los colegas activistas más jóvenes de Haidar expresan el cansado cinismo marroquí, y tienen sospechas que las negociaciones políticas son un callejón sin salida. Bromearon que los enviados de la ONU solo fueron designados como pasantes.
"No voy a [negar] que una guerra puede comenzar en cualquier momento", dice Haidar. "Realmente es cuestión de tiempo, especialmente si la comunidad internacional y la ONU no designan un nuevo enviado especial rápidamente para presionar a Marruecos y al Polisario para que se reúnan nuevamente".
No es la primera vez, la perspectiva de un Sahara Occidental libre, con todas las libertades civiles negadas a los saharauis bajo ocupación, ha retrocedido más allá del horizonte saharaui.
Haidar se mantiene optimista mientras reflexiona sobre los años venideros y lo que podrían traer para su hijo e hija, que ahora tienen más de 20 años. Incluso en sus días más oscuros, las visiones de un futuro más brillante no la abandonaron, y en ocasiones sus pensamientos se desplazaron hacia los otros activistas que fueron detenidos esa misma noche en 1987. Algunos nunca se han visto desde entonces, dice, y sus familias siguen sin saber de sus paraderos o si están vivos o muertos.
Aún con las cicatrices de la tortura, la salud de Haidar es frágil. Sufre de artritis y problemas de columna. Pero descarta la idea de retirarse a una vida más tranquila sin dudarlo en ningún momento: "Solo la muerte me mantendrá en silencio".

jueves, 1 de agosto de 2019

Amnistía Internacional pide a Marruecos investigar "brutal represión" a manifestantes saharauis


Amnistía Internacional (AI) denunció este jueves la "brutal represión" que sufrió un grupo de manifestantes en el Sáhara Occidental a manos de las fuerzas de seguridad marroquíes el pasado 19 de julio e instó a Rabat a esclarecer lo sucedido.
En un comunicado, AI informó de que ha verificado imágenes de vídeo y ha reunido los testimonios de varias personas que aseguran que las fuerzas de seguridad marroquíes "usaron fuerza excesiva, arrojando piedras para dispersar a la multitud de manifestantes y desencadenando enfrentamientos".
Poco después de que Argelia ganara la Copa de África el 19 de julio, algunos manifestantes se echaron a las calles de El Aaiún (capital del Sáhara Occidental) para celebrar esta victoria agitando banderas argelinas y saharauis y cantando consignas en favor de la autodeterminación del pueblo saharaui.
Como resultado de los enfrentamientos con la Policía, dos testigos afirmaron haber presenciado cómo Sabah Ozman Hameida [Nota: Njourni es el apellido impuesto por el ocupante], una mujer de 24 años, fue asesinada después de que dos coches de la fuerza auxiliar marroquí la atropellaran.
Según AI, las imágenes y los testimonios muestran cómo las fuerzas de seguridad marroquíes intervinieron en las celebraciones arrojando piedras, usando balas de goma y rociando a los manifestantes con gases lacrimógenos y agua para dispersarles, a lo que estos respondieron lanzando piedras a los agentes.
"Hay clara evidencia que sugiere que la respuesta inicial de las fuerzas de seguridad marroquíes a la protesta saharaui, que comenzó pacíficamente, fue excesiva y provocó enfrentamientos violentos que podrían y deberían haberse evitado", indicó Magdalena Mughrabi, directora adjunta de AI para Oriente Medio y norte de África.
Mughrabi añadió que la muerte de Sabah Ozman Hameida "parece ser el resultado directo de la falta de moderación de la policía" y consideró necesaria "una investigación exhaustiva", cuyos resultados se hagan públicos, para que cualquier miembro de la Policía implicado "sea llevado ante la justicia".
En una declaración oficial, las autoridades locales de El Aaiún señalaron que un grupo "impulsado por individuos hostiles" aprovechó las celebraciones para llevar a cabo actos de vandalismo y saqueo y que las fuerzas de seguridad se vieron obligadas a intervenir para proteger la propiedad pública y privada.
Se cree que decenas de manifestantes saharauis resultaron heridos y, de acuerdo con AI, hay fuentes que apuntan a que hasta 80 personas sufrieron lesiones, aunque el número exacto se desconoce. EFE

Palabras del activista saharaui de DDHH Brahim Dahan al periódico El País con motivo del 20 aniversario de la subida al trono de Mohamed VI


Por su parte, el saharaui Brahim Dahane, de 53 años, presidente de la Asociación Saharaui de Víctimas de violaciones graves de Derechos Humanos (ASVDH), ofrece un balance sombrío de los últimos 20 años en el Sáhara. Dahane se encuentra en España por razones de salud y desde allí comenta por teléfono: “En 2007 me crucé con nuestro expresidente [Mohamed Abdelaziz, líder del Frente Polisario durante 40 años] y me dijo que con Hassan II, a pesar de que fue duro, era un hombre de Estado y se podía llegar a un acuerdo. Y añadió que el entorno del nuevo rey no tiene una idea clara de qué es una guerra y se hace más difícil llegar a un acuerdo”.
Respecto a la vida diaria en El Aaiún, el lugar donde nació y reside, Dahane tampoco asume mejoras: “Hay más colonos marroquíes, eso sí. Y las infraestructuras que han hecho son para cambiar la base demográfica de la zona. Las manifestaciones comenzaron poco antes de Hassan II. Continúan las mismas represiones y torturas. Cuando ganó Argelia la manifestación fue brutalmente reprimida”.
“Lo que ha cambiado”, concluye Dahane, “es que ahora Marruecos trabaja mucho en su propaganda. Hay periodistas españoles que fueron expulsados de Marruecos y no pueden conseguir sus acreditaciones. Yo sé cómo ha presionado y presiona Marruecos a los medios. Y han conseguido que los medios de comunicación están utilizando la misma terminología que ellos: independentistas, separatistas...”.
*****Leer el artículo completo aquí. El Sáhara Occidental, la gran cuenta pendiente de Marruecos

El juicio de 8 presos saharauis y un marroquí se pospone para el 7 de agosto


*Fuente: Equipe Media. 31 julio 2019
El miércoles por la mañana el Tribunal de Apelaciones de El Aaiún ocupado aplazó por segunda vez el juicio de ocho saharauis y un  marroquí hasta el 7 de agosto, en respuesta a una solicitud de los abogados para preparar la defensa.
Los 8 presos están acusados de sabotear vehículos por el uso de la fuerza. Que pusieron en marcha mecanismo que obstaculizan el tráfico y humillaron a los miembros de las fuerzas públicas. Es moneda corriente que sean acusados los activistas saharauis de los  derechos humanos con estos cargos. 
El corresponsal de  Equipe Media, afirma que  las fuerzas de ocupación sitiaron el edificio de la corte e impidieron que los familiares de los procesados puedan verlos.