domingo, 15 de diciembre de 2013

Hassana Aalia: «Es duro no poder volver a tu país y no ver a tu familia»

El joven ha sido juzgado dos veces por su participación en el Campamento Dignidad en el Sahara occidental
Hassana Aalia es un joven de 25 años. Ayer estaba sentado desde primera hora y en primera fila en la Casa del Cordón para participar en la presentación del libro República Saharaui. Un 12 de octubre: El nacimiento de una nación. Su testimonio es real, directo y desgarrador. Narra el día a día de una opresión que ha vivido desde niño en el Sahara ocupado. Al otro lado está el campamento de refugiados de Tinduf. «Nos separa el muro más largo y desde pequeños no entendemos porqué no podemos cruzarlo para ver a nuestra familia». Una fuerte represión a cualquier movimiento de la población saharaui mientras las delegaciones de Naciones Unidas «miran para otro lado». «Marruecos lleva a cabo muchas políticas como la explotación de los recursos naturales del Sahara, incluso se sabe que promueven salidas de pateras con jóvenes saharauis que buscan un futuro mejor porque allí el trabajo es para los colonos», resume. Hay 500 desaparecidos y desaparecidas, desde 2005 contabilizan al menos 15 desparecidos y otros tantos asesinados. La cárcel es testigo de torturas. La población ha realizado manifestaciones pacíficas duramente reprimidas. Aalia recuerda los apenas diez días de mantenimiento del conocido como Campamento de la Dignidad en Gdeim Izik. «20.000 saharauis nos fuimos del Aiun a una zona rural, organizamos un campamento donde pudimos vivir en libertad durante unos días». El que se conoce como germen de los movimientos de la Primavera Árabe terminó 28 días después a las seis de la mañana. Aalia dormía en su haima y el llanto y gritos de niños, mujeres y hombres le despertó. Las tropas marroquíes «entraron con armas, con todo, mataron a un niño de 14 años y a más personas y apenas unas imágenes pudieron salir al exterior», recuerda.
Tras la disolución por la fuerza del campamento Hassana Aalia fue a prisión, sufrió tortura. Había cumplido su condena y después pudo salir hasta en cuatro ocasiones del país. Hoy ha pedido asilo político en España. No puede volver. Un juicio militar, celebrado en febrero, le condenó, sin pruebas, a él a cadena perpetua y a más de veinte años de cárcel a otros veinte compañeros. Todos ellos acusados de la muerte de 11 policías en el brutal desmantelamiento de Gdeim Izik. Activistas, observadores internacionales y eurodiputados ha denunciado la ilegalidad del proceso. «Porque Marruecos no tiene jurisdicción sobre población saharaui y porque si es un juicio militar no pueden impartir justicia civiles». Afirma que la condena a cadena perpetua «es dura la palabra, lo que significa» pero duele más «estar en un país que no es el tuyo, no poder ver a tu familia». Reconoce que aquí en España hace una lucha por sus compañeros que no pueden defenderse y por su país. Vive en el País Vasco. Llegó a España para estudiar español. No pudo volver al ser declarado en rebeldía y posteriormente condenado a cadena perpetua. Ahora está en España como refugiado y ha solicitado asilo político pero España tiene un convenio de extradición con Marruecos. «No tengo miedo. Me tocó esto. Hasta hoy no he tenido ningún problema, estoy en trámites de asilo político y estoy esperando. Estoy tranquilo» asegura. Su objetivo es dar a conocer la realidad que se vive en los territorios ocupados del Sahara y la violación constante de los derechos humanos que se producen en la zona. «Estoy haciendo una serie de conferencias por España para explicar cuál es la situación que estamos viviendo, para defender la verdad algo que mis compañeros no pueden hacer», asegura. Es uno de los testimonios más realistas con el que arrancaron ayer las III Jornadas sobre derechos humanos en el Sáhara occidental.

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