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lunes, 25 de noviembre de 2019

Lengua contra viento y arena. Poetas, profesores, y activistas saharauis luchan para preservar la lengua castellana y frenar su retroceso en el desierto del Sáhara

*Fuente: La Vanguardia. XAVIER ALDEKOA | CAMPAMENTO DE TINDUF, CAMPAMENTO DE TINDUF. CORRESPONSAL. 24/11/2019. Foto: Javier Cortés, Un micro para el Sáhara
Hace 44 años, Ahmed Mohamed Fadel lo perdió todo menos tres cosas. Dejó atrás su casa en Sáhara Occidental, vio morir a amigos en la guerra con Marruecos y maniató su futuro en un exilio forzado a los campamentos saharauis de Tinduf. A sus 63 años, hoy Fadel usa un tono sosegado en el salón de su casa de la wilaya de Bajador al recordar cómo atravesó el desierto y llegó a tierras argelinas con una mochila casi vacía al hombro. Dentro, sólo había tres cosas: una foto del Che, un casete de Serrat y un libro de Federico García Lorca. “En aquel momento pensé que era pobre y no tenía nada. Ahora pienso que no podía haber llevado un equipaje más valioso”.
Para Fadel, poeta y activista cultural, esos tres recuerdos condensan una vida dedicada a la lucha y el arte y trazan un lazo invisible entre la historia de España y su excolonia africana, un territorio bajo control castellano durante más de cien años hasta 1975. “En esa mochila –explica Fadel– estaba lo que soy hoy porque el idioma español es todo para mí; es mi niñez, la lengua con la que pienso o siento y con la que me acuesto cada noche. El idioma de Cervantes vive refugiado con nosotros”. Pese a su pasión, al hablar de su amor incondicional a la lengua española, a Fadel se le ensombrece el gesto. Se ajusta el turbante y se revuelve inquieto para lanzar un grito desesperado: el español en el Sáhara está en peligro.
“Necesitamos gargantas que den la voz de alerta. Es una cuestión de cultura española, de legado y de raíz común; la presencia del español aquí se remonta hasta el siglo XV con los Reyes Católicos y se está perdiendo. Si no se pone remedio, en una o dos generaciones, este patrimonio cultural común se perderá”. El de Fadel no es un grito inmóvil. Desde hace décadas, el escritor saharaui organiza encuentros con intelectuales que escriben en español, apoya festivales de cine o teatro y coordina recitales de poesía. Y no está solo en el esfuerzo. Alejados de los focos y desde el anonimato, cientos de saharauis luchan desde diferentes campos para preservar la lengua española y frenar su retroceso en la antigua provincia española del Sáhara.
Madya Mahum, de 26 años, no tiene complejos en considerarse uno de los muchos guardianes del español en el desierto. Tras estudiar en Cuba y España, dirige la biblioteca de Smara, donde el 90% de libros son en castellano. “Sí, me siento parte de una lucha por la supervivencia de la lengua. Somos el único país árabe que habla español, forma parte de nuestra identidad y tenemos que esforzarnos para conservarlo”. Además del préstamo de libros, Madya organiza juegos infantiles y clubs de lectura como parte del proyecto Bubisher, una red de bibliotecas y bibliobuses que lleva libros a los asentamientos para fomentar la lectura en español. Para Madya es necesario actuar ya desde todos los ámbitos. “No hay duda de que el español está en peligro, el nivel en la escuela es cada vez peor porque los mejores profesores se van por la falta de medios. Antes, la primera semana aprendías el abecedario completo, ahora sólo una letra cada semana. No es suficiente”.
A tiro de piedra de la biblioteca, Jadijetu Mohamed, de 23 años, está dispuesta a poner de su parte para llenar ese agujero. Licenciada en Lengua española en Argelia, y con varios másters y cursos online de especialización, representa a la generación joven y formada dispuesta a sumar. “Quiero impartir clases de español a mi pueblo y ayudar a preservarlo, es un tesoro que se hable castellano en el desierto”. Aunque echa de menos a su segunda madre en Cornellà de Llobregat, ciudad en la que vivió varios meses de los once a los catorce años, Jadijetu sabe que sus conocimientos pueden ser útiles en la hamada. “Nadie sabe qué pasará en el futuro, pero mientras tanto quiero ayudar aquí”.
Algunos síntomas avisan de que se acaba el tiempo de reacción. Aunque el español es la segunda lengua oficial de la República Árabe Saharaui Democrática después del hassania, un dialecto del árabe, el año pasado la televisión pública saharaui paró de emitir el único informativo diario en español. Ahora todos son en árabe. Para Jalil Mohamed Lamin, responsable de cooperación del Ministerio de Información, el motivo está en las ausencias. “Cada vez es más difícil. Los jóvenes con buen conocimiento de español se marchan. En la radio pasa igual, antes el castellano tenía una presencia constante y ahora nada”. En este caso, la resistencia viene de Madrid, desde donde el periodista Jalil Mohamed realiza prácticamente en solitario cientos de vídeos y notas de prensa en castellano para la web de la televisión y las redes sociales.
Desde el activismo político en los campamentos, Tiba Chagaf pide perspectiva y reparte culpas. Responsable de cooperación del Ministerio de Cultura, critica la pasividad del Gobierno español y el Instituto Cervantes porque, en su opinión, no respaldan proyectos de fomento del español en los campamentos para no incomodar a Marruecos, que tiene en el control migratorio y los acuerdos de pesca dos importantes cartas de presión. “España debería considerar el español en el Sáhara parte de su cultura, es una pena que priorice intereses políticos”. Pero Chagaf, que se formó en Cuba y conversa cada noche por WhatsApp con sus amigos cubarahuis, diferencia política y sociedad española. Subraya la “importancia clave” de programas como Vacaciones en paz, iniciado en 1979, y en el que familias españolas voluntarias acogen a niños saharauis durante el verano. “Los niños se sumergen en la realidad española y se familiarizan de verdad con el idioma”. Aunque Chagaf admite las dificultades para preservar el español, su alma revolucionaria no admite el desaliento. “Cuando llegamos aquí hace 40 años –recuerda– dábamos clases de español en haimas o tiendas de campaña, sin recursos. Cada profesor hacía los libros a mano para sus alumnos. Si no nos rendimos entonces, no lo haremos ahora”.
Una calurosa mañana, Chagaf insiste en acompañarnos a la escuela Martir Mulay Lhij Sid, del campamento de El Aiun. Al final de un patio alargado, se oye a niños recitar: “eme con la a, ma; eme con la i, mi…”. Dentro, Embarek Rais, profesor de español de 30 años, pregunta cuáles son las palabras favoritas en castellano a sus alumnos, de ocho años, y sonríe satisfecho al observar como todos estiran las manos hacia el cielo. Aunque estamos en mitad del desierto y rodeados de arena, en su elección de palabras preferidas los niños dejan claro que la lengua puede ser también un vehículo para soñar: “¡piscina!”, “¡amigo!”, “¡mar!”.

martes, 5 de marzo de 2019

El Instituto Cervantes estudia abrir un aula en los campamentos saharauis de Tinduf


*Fuente: Periodistas en español.com Por Jesús Cabaleiro Larrán -05/03/2019
El director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, de visita oficial en Argelia, examinó la posibilidad de abrir una sede especial para ayudar a los refugiados saharauis que viven en los campamentos de Tinduf.
 “Es un legado histórico que debe ser preservado en la región en aras de la consolidación de la cultura y de la lengua españolas”, señaló el ministro argelino de Cultura, Azzedine Mihoubi, tras reunirse con el responsable del Cervantes.
La posible apertura es una larga demanda desde que un grupo de escritores españoles –entre los que se encontraba entonces el propio García Montero- solicitara hace ya casi quince años, en junio de 2004 que se abriera un aula, petición que fue reiterada en 2010 por la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS).
También el diputado socialista Odón Elorza presentó una iniciativa al respecto en 2017 con una proposición no de ley para crear un aula del Cervantes en Tinduf.
El español, tras el árabe hassanía, es la segunda lengua en la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). El Instituto Cervantes cita en su informe de 2018 a los refugiados saharauis en Argelia, país donde figuran 175 000 nativos en español –cuarto país donde no es lengua oficial y hay más nativos identificados como refugiados saharauis tras años de soslayar ese dato- y 48 000 personas con competencia limitada.
Actualmente en Argelia hay dos Institutos Cervantes, en Argel y Orán, y nada impediría crear otro o un aula delegada en Tinduf. No obstante, con un Gobierno en situación interina y en espera del resultado de las elecciones del 28 de abril no se sabe, dependiendo del resultado, si el proyecto saldría definitivamente adelante.

jueves, 26 de julio de 2018

El Cervantes para el Sahara en Tinduf, pendiente de su nuevo director Luis García Montero


*Fuente: Periodistas en español.com; Jesús Cabaleiro Larrán  25/07/2018             
El poeta y catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada Luis García Montero fue nombrado recientemente como nuevo director del Instituto Cervantes. En su declaración de intenciones, en su primer acto en Orihuela como responsable de la institución, señaló que impulsará “las distintas lenguas y culturas que se integran en la nación española”.
Con su nombramiento es posible que también se pueda dar un impulso a la anunciada apertura de un aula del Instituto Cervantes en los campamentos saharauis de Tinduf, dado que García Montero tiene una amplia trayectoria de apoyo y manifestaciones a la causa saharaui, además de firmar manifiestos por una solución justa al Sahara en el marco de la ONU.
Por citar algunos apoyos, en junio de 2012 se manifestó ante la embajada de Marruecos exigiendo la liberación de dos presos políticos saharauis y antes, en 2009, respaldó a la activista saharaui Aminetu Haidar cuando escribió el artículo ‘Aminetu y la sinceridad’.
Es de suponer, y dado que en ningún caso se trata de un problema económico, se materialice la posible instalación del aula, aunque siempre se ha argumentado, como excusa oficial para no haberlo hecho ya, el buscar una “fórmula” para que sea legal. Actualmente en Argelia hay dos Institutos Cervantes, en Argel y Orán y nada impediría crear otro en Tinduf.
Hay que recordar que el diputado socialista Odón Elorza presentó en abril de 2017 una proposición no de ley sobre el Instituto Cervantes y la necesidad “de abrir una antena en la región de Tinduf” para favorecer la expansión de la lengua y cultura española entre los refugiados saharauis.
En su exposición de motivos el parlamentario socialista citaba que el castellano “contó con gran arraigo” en el Sahara Occidental cuando fue colonia española, aunque sufrió un retroceso después de que el territorio pasara a la Administración marroquí en 1975 y llegaran personas de otras zonas de Marruecos, en alusión a los colonos, provenientes de zonas de habla francesa.
El compromiso del aula de Tinduf existe desde que un grupo de escritores españoles solicitó en junio de 2004 que se abriera un aula, petición reiterada en 2010 por la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS).
El español, tras el árabe hassanía, es la segunda lengua en la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), y eso a pesar del nulo apoyo del Cervantes que cita en su informe de 2017 a los refugiados saharauis en Argelia, país donde figuran 175 000 nativos en español –cuarto país donde no es lengua oficial y hay más nativos de lengua española- y 48 000 personas con competencia limitada.

sábado, 3 de febrero de 2018

Sin noticias del Instituto Cervantes en Tinduf

Fuente: Periodistas.es; Jesús Cabaleiro Larrán  01/02/2018           
El Gobierno español contestó al diputado socialista Odón Elorza en abril de 2017 respecto a una proposición no de ley sobre el Instituto Cervantes y la necesidad “de abrir una antena en la región de Tinduf”[1], que “no hay planes inmediatos” sobre dicha apertura.
Desde entonces, no se ha producido ninguna novedad, salvo la protagonizada por la Asociación Riojana de Amigos del Sahara que anunció, el pasado diciembre de 2017, que dirigiría a los grupos parlamentarios en la Cámara autonómica una propuesta para que el Instituto Cervantes cree una sede “de pequeño tamaño” en los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf. Se propone que desde la Cámara riojana se traslade dicho acuerdo, si es aprobado, al Gobierno central.
Como se recordará, existía el compromiso del Instituto Cervantes de abrir una extensión en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia, desde que un grupo de escritores españoles solicitó en junio de 2004 que se abriera un aula, petición reiterada en 2010 por la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS).
Por su parte, Elorza, en su proposición no de ley solicitaba la apertura de un centro del Instituto Cervantes en los campamentos de Tinduf para favorecer la expansión de la lengua y cultura española entre los refugiados saharauis.
Recordaba en la exposición de motivos de la proposición que el castellano “contó con gran arraigo” en el Sahara Occidental cuando fue colonia española, aunque sufrió un retroceso después de que el territorio pasara a la Administración marroquí en 1975 y llegaran personas de otras zonas de Marruecos, en alusión a los colonos.
Por el contrario, en la respuesta al diputado, sí informó el Gobierno que el consejo de administración del Instituto Cervantes autorizó la creación de una extensión en El Aaiún el 10 de diciembre de 2013.
Posteriormente se negoció y se firmó un convenio con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, para que el Cervantes pudiera instalarse en el colegio español La Paz de la capital saharaui.
Su puesta en marcha está pendiente de aprobación por el Comité Ejecutivo de Política Exterior (CEPE). El gasto de adaptación de aulas en el citado colegio no llegará a los 20 000 euros, según la información El español, tras el árabe hassanía, es la segunda lengua en la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), y eso a pesar del nulo apoyo del Cervantes que cita en su informe de 2017 a los refugiados saharauis en Argelia, país donde figuran 175 000 nativos en español –cuarto país donde no es lengua oficial y hay más nativos de lengua española- y 48 000 personas con competencia limitada.
Por su parte, el director de la Academia de Idiomas Unamuno en Dajla, el saharaui Brahim Hamedaya ha realizado unas declaraciones en Tenerife donde ha denunciado la “desidia del Gobierno español con la defensa del idioma”. El centro abrió en 2012 y en 2016 es reconocido como oficial por el Instituto Cervantes habiendo pasado ya 360 alumnos por sus aulas.

domingo, 28 de enero de 2018

SOS al idioma español en el Sáhara

Brahim Hameyada, director de la Academia de Idiomas Unamuno, acreditada por el Instituto Cervantes, censura que el Gobierno central "siga mirando para otro lado" mientras el español retrocede y, en dos generaciones, podría diluirse.
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Fuente: El dia.es Morales 25/ene/18  
Las heridas de la salida de España del Sáhara no son solo políticas y profundas, sino culturales y lingüísticas. Tanto que, si bien la población saharaui en general, en los territorios ocupados y en los campamentos, aún habla el español en un 60%, ese porcentaje está en riesgo y podría reducirse de forma alarmante si no se toman medidas. Así lo advierte Brahim Hameyada, impulsor y director de la Academia de Idiomas Unamuno, centro que abre en 2012 y que en 2016 es reconocido como oficial por el Instituto Cervantes, pero que teme que, en dos generaciones, un idioma que sienten como propio quede en un lugar más que secundario por el avance del francés y la desidia de "los sucesivos gobiernos españoles", que nunca les han ayudado "ni económica ni moralmente".
Invitado por el profesor de Sociología en la Universidad de La Laguna, Francisco Déniz, este apasionado del español pasa unos días en Tenerife. En el despacho universitario del también diputado regional de Podemos, explica a El Día una situación idiomática que le preocupa cada vez más y que lo hace ser pesimista sobre el futuro del español en el Sáhara si no se toman medidas. Según subraya, "Francia invierte mucho en su cultura en esta zona. Está mucho más orgullosa de su pasado colonial que España y el francés está avanzando muchísimo, sobre todo porque se estudia como enseñanza obligatoria desde tercero de Primaria".
Por el contrario, el español se convirtió en asignatura optativa en 1998, lo que supuso una mejora tras su abandono total desde 1978, pero insuficiente para que el idioma de padres y abuelos no vaya decayendo entre las nuevas generaciones saharuis. "Con la salida de España -explica-, hubo un acuerdo con Marruecos para mantener la enseñanza del español, pero, desde el curso 78-79, se ha incumplido por completo".
En 2002, Hameyada decide crear la Asociación Cultural Río de Oro (Villa Cisneros) para, junto a otras entidades similares, tratar de paliar el declive del idioma. Diez años después, y tras completar sus estudios de español, al matricularse en 2006 y acabar Filología Hispánica en Rabat, ya que antes solo tenía un nivel de Secundaria, se lanza a fundar su academia. Al poco, en 2016, logra ser reconocido como centro del Instituto Cervantes y, desde entonces, ha formado o examinado de manera oficial a unos 370 alumnos, a los que se les entrega el Diploma Español de Lengua Extranjera (Dele). Según remarca, con su academia y otras asociaciones, el número de estudiantes saharauis y el interés por el español "no ha bajado en estos últimos años, pero tampoco ha subido". Por eso, por la pujanza del francés y el "total desinterés del Gobierno español", teme que, a la larga, las nuevas generaciones acaben sin conocerlo ni hablarlo, por más que se mantenga un porcentaje mucho más pequeño que sí.
"Hay jóvenes que, porque ven como lo hablan sus padres y abuelos, lo sienten como algo propio, como un patrimonio cultural, y quieren aprenderlo, pero el problema es a largo plazo". En este sentido, no solo lamenta la dificultad para explicar la situación a las autoridades españolas o, incluso, canarias, sino la falta total de apoyo económico y moral. Su academia se costea, principalmente, con las matrículas que abonan sus estudiantes o los que simplemente quieren o necesitan examinarse para obtener el título, pero carece de ayudas externas y le resulta imposible ofrecer becas.
Por supuesto, Hameyada vincula estos obstáculos y riesgos futuros a la situación de bloqueo político respecto al Sáhara Occidental, pero subraya "que la cultura no tiene barreras y esto, más allá de la política, es una cuestión cultural, pues sentimos el español como algo propio, como algo a mantener".
Escaso apoyo de partidos y muy débil en las Islas
En una etapa en la que, por Cataluña, muchos balcones de España se llenan de banderas y en la que partidos como Cs reflotan con una defensa acérrima de lo español, su idioma y su supuesta persecución o debilidad por el soberanismo, a Hameyada le llama la atención el total desinterés por la causa saharaui, ya no solo política, sino en pro de la lengua de Quevedo o Galdós. Una situación que, según recalca, "nos lleva a la impotencia porque muchos reconocen que es algo inaceptable, como nos dice el director del centro Cervantes en Rabat, pero ningún gobierno o partido han hecho algo". Tampoco ha visto mucho apoyo en Canarias, si bien subraya un curso intensivo desarrollado junto a la Universidad de Las Palmas, que desplazó a 2 profesores. De resto, y salvo apoyos como el de Déniz, "más bien nada".

martes, 7 de marzo de 2017

“Unamuno pasa examen de español en el Sáhara”, la Agencia EFE desde la antigua ciudad saharaui ocupada, Villa Cisneros, Dajla. Javier Otazu

Imagen captura de pantalla. RTVE
Dajla (Sáhara Occidental), 6 marzo 2017 (EFE).- ¿Quién le iba a decir a Miguel de Unamuno que un día su nombre serviría para llevar la lengua española a los confines del desierto del Sáhara? En la ciudad de Dajla, antigua Villa Cisneros, hoy el español regresa a las aulas después de haber desaparecido de las mismas durante 40 años.
El próximo viernes se producirá un pequeño acontecimiento en Dajla, cuando se entreguen oficialmente los primeros seis diplomas del DELE (diploma de español como lengua extranjera) que se expiden en una ciudad que fue fundada por los españoles en 1883 y abandonada por ellos en 1975 para ser ocupada por Mauritania y luego por Marruecos.
El "culpable" de que el español tenga otra vez un sitio académico es la Academia Unamuno, creada por un voluntarioso saharaui llamado Brahim Hameyada, un hombre con un empeño quijotesco: "Detener el retroceso del español en el Sáhara", dice a Efe.
Que se sepa, Unamuno jamás pisó el Sáhara Occidental y lo más cerca que estuvo fueron los pocos meses de su vida en que pasó exiliado en la isla canaria de Fuerteventura (enfrente de las costas saharauis), deportado por la dictadura de Primo de Rivera en 1924.
El nombre de la academia se debe simple y llanamente al amor que Hameyada profesa por el escritor vasco, solo comparable al que siente por Miguel Delibes.
Hameyada, que hoy tiene 55 años, aprendió a leer en una escuela española que cerró abruptamente en 1975, fecha de la marcha de los españoles [y ocupación de la ciudad por Marruecos]. Muchos años más tarde, en 2002, "un grupo de cuarentones saharauis" se juntaron para salvar del olvido una lengua "que para nosotros era como materna", según explica en un perfecto castellano pese a no haber vivido jamás en España.
De aquel empeño surgió una asociación y más tarde la Academia Unamuno, aunque se vio obligado a enseñar también francés e inglés, en parte forzado por la demanda y en parte para camuflar así "la peculiaridad saharaui" que supone el apego por el español frente a un Marruecos que ha optado desde su independencia por el francés como lengua de apertura.
Afortunadamente, hoy los tiempos han cambiado; en la época del anterior rey, Hasán II, abrir una academia de español en el Sáhara Occidental estaba lisa y llanamente prohibido.
A su modo, Hasán II combatía así esa peculiaridad étnica o histórica, que explica que hoy en día los estudiantes de español sean saharauis, mucho menos numerosos que los que optan por el francés o el inglés, que en su mayor parte son marroquíes llegados del norte.
Sea por lo que fuere, el empeño de este saharaui ha tenido su premio: tras dos años de actividad de su academia, el Instituto Cervantes homologó sus cursos en noviembre de 2015, y los exámenes que pasan los alumnos de la "Unamuno" son los DELE, los mismos que los de cualquier aula del Cervantes.
Este quijote del desierto asegura que no gana dinero con la academia, y que los ingresos le sirven apenas para pagar los gastos de alquiler, agua, luz y profesores: "Mi primer interés es salvaguardar el español, porque es una pena que un país abandone así su lengua y su cultura", se lamenta. EFE

miércoles, 22 de febrero de 2017

Los profesores españoles del Sáhara

La escuela de Daora (Sáhara Occidental) en 1967. DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE HUESCA
Un libro evoca la experiencia hasta ahora poco conocida de aquellos docentes españoles que fueron a dar clase a la antigua colonia española. Emilio Ruiz y Cayo Hernández llegaron a finales de los años 60 con la enciclopedia Álvarez y salieron transformados de su paso por el desierto
EL MUNDO. OLGA R. SANMARTÍN @olgarsanmartin  22/02/2017
La escuela de Cayo Hernández voló literalmente por los aires en 1967. Un viento huracanado se levantó en Uad Tennuaca, un polvoriento paraje del Sáhara Occidental por el que pasa el Trópico de Cáncer, y este maestro de Soria logró refugiarse en su caravana. Pero el siroco se llevó por delante la tienda de lona en donde el docente había instalado el aula. Sus 35 alumnos no pudieron ir a clase durante varios días, hasta que se logró reparar toda la tela rasgada.
Situaciones como ésta ocurrían con frecuencia en la colonia española, en donde impartían clase por aquel entonces más de 100 jóvenes maestros procedentes de la metrópoli. A finales de los años 60, la progresiva sedentarización de los saharauis y el aumento de expatriados por el despegue de las explotaciones mineras provocaron un incremento en la demanda de plazas escolares. Los maestros españoles llegaban convocados por el BOE y atraídos por un sueldo que cuadruplicaba el de un docente normal. Pasar una estancia en el Sáhara les proporcionaba, además de aventuras, doble puntuación para el concurso de traslados, y les evitaba destinos menos atractivos que, por tener poca antigüedad, les correspondían.
El entonces veinteañero Cayo Hernández, con un salario de 20.000 pesetas al mes, era el profesor de una de las seis escuelas nómadas que el Gobierno español había repartido por el territorio. A diferencia de los más apacibles colegios de las zonas urbanas de El Aaiún y Villa Cisneros, estas infraestructuras itinerantes que educaban a los hijos de los nómadas mientras las familias se desplazaban en busca de pasto eran los destinos más difíciles para trabajar. A la escuela nómada de Cayo Hernández se llegaba en un avión Junkers. Estaba instalada en el desierto, en mitad de la nada. A cierta distancia se asentaban las jaimas de 25 familias lideradas por el chej Seila, que ese curso tenía escolarizado en el aula a su hijo Hamudi. El maestro español no sólo impartió clase al crío, sino que también tuvo que prestar asistencia sanitaria a la mujer del jefe de la tribu. Porque en el desierto tocaba hacer de todo, desde repartir sandalias a los alumnos hasta organizar el comedor, pasando por mediar, como jueces de paz, cuando se producían conflictos. Con tantas tareas, ¿les daba tiempo a enseñar algo a los niños?
«Cuando llegué a la escuela nómada, ninguno de los alumnos sabía español y algunos venían desnudos. El primer día, como nunca habían visto una silla, se sentaban en el suelo o encima de las mesas del aula con las piernas cruzadas. A la hora de comer no acertaban a manejar los cubiertos. Pero eran bastante espabilados y despiertos y pronto aprendieron. Les enseñé a leer», explica Cayo Hernández, quien, medio siglo después de su estancia en el Sáhara, vive en Zaragoza como maestro jubilado.
Recuerda que los estudiantes saharauis contemplaban con los ojos como platos las ilustraciones de El parvulito, el manual de la Enciclopedia Álvarez. No sabían lo que era una casa con su tejado a dos aguas, ni un barco de vela, ni mucho menos El Cid Campeador. Gracias a docentes como Cayo Hernández, los saharauis conocieron más cosas del mundo occidental. Pero también ocurrió lo contrario: los maestros españoles salieron transformados de su paso por el desierto. De todo esto habla el libro Tiza y arena. Un viaje por las escuelas del Sáhara español, que sintetiza la experiencia hasta ahora poco conocida de aquellos docentes que dieron clase en la que fuera provincia española entre 1958 y 1976, un año después de la invasión marroquí que supuso la Marcha Verde.
Su autor, el antropólogo y educador Enrique Satué, sostiene que estos maestros «ejercieron un importante papel en la historia del antiguo Sáhara español», entre otras cosas porque de los colegios menores de El Aaiún y Villa Cisneros (una especie de internados para los alumnos de Bachillerato) salieron jóvenes que luego se convertirían en destacados dirigentes del Frente Polisario, que empezaba a luchar por la independencia de la colonia. Satué habla de Carmelo Moya, el director del colegio menor de El Aaiún, ya fallecido, que se convirtió en un modelo a seguir para sus alumnos. «Les hablaba de su responsabilidad como estudiantes para un Sáhara que iba a ser de ellos, y cuando oían esto algunos se trasponían, se les caían las lágrimas de la emoción», apunta el libro.
«Carmelo desempeñó un papel providencial para los saharauis, que pronto vieron en él un auténtico referente. Combinaba el liderazgo moral y la autoridad con la responsabilidad y el reconocimiento de los derechos de los alumnos», asegura Satué. En realidad, este docente no hizo otra cosa que lo que haría cualquier buen maestro: enseñar a sus pupilos a pensar por sí mismos.
«Se educaba al alumno en la responsabilidad, pues, de modo rotativo, uno se encargaba de la organización del centro, auxiliado por dos compañeros [...]. Además, cada interno poseía un carné del que se restaban puntos según un catálogo de faltas consensuado por todos los miembros del internado [...]. Por otra parte, se seguía el procedimiento del modelado, por el que los alumnos mayores servían de modelos, referentes o tutores a los más pequeños», relata el libro. Algunos de los docentes españoles pusieron en marcha en el Sáhara métodos pedagógicos que eran poco frecuentes para la época y que están muy presentes en la escuela actual, medio siglo después. «Mis maestros Emilio Ruiz y Juan Molina rompieron el esquema de currículo que teníamos y empezaron a hacer clases participativas. Ponían las mesas en forma de U y todos opinábamos sobre un tema.
Dejaron de darnos con un palo en la palma de la mano y comenzamos a entender mejor las cosas. Aquella dinámica trajo a más niños al colegio», explica el escritor y poeta Bahia Awah, uno de los niños saharauis que estudió con maestros españoles.
Su profesor Emilio Ruiz está de acuerdo. Medio siglo después de dar clase a Bahia Awah, recuerda que «había instrucciones para respetar las costumbres de los saharauis en su totalidad, y así se hizo». «Por ejemplo, los maestros españoles no enseñábamos Religión católica. Por las tardes, los alumnos tenían un profesor de árabe y Corán que completaba su formación», explica este maestro de 77 años de Santander, que estuvo dando clases en el Sáhara durante cuatro cursos, dos de ellos en el puesto de Auserd, junto a la frontera con Mauritania.
¿Por qué se fue tan lejos? «Era 1966 y yo tenía prácticamente terminada la carrera de Magisterio. Había trabajado ya en pueblos rurales de Cantabria.Sacaron 13 plazas de maestro y pedí una. África siempre me ha llamado... Yo hice la mili en Ceuta y siempre he sido muy aventurero», cuenta.
De Bahia Awah guarda el mejor de los recuerdos: «Era un chico inquieto, muy preocupado por su pueblo y por la cuestión social. Le impactó mucho Antonio Machado, que yo le descubrí.Siempre decía que el pueblo saharaui le debía mucho a este poeta». «Era el maestro más tierno que he conocido», responde, también muy elogioso, Bahia Awah, evocando cómo «Don Emilio» les daba cada tarde una merienda de pan con membrillo y Cola Cao. Tampoco puede olvidarse de la acacia que sus maestros ponían en el patio cada Navidad. La llenaban de luces y de regalos. Camiones, aviones, el parchís...Emilio Ruiz confiesa que él aprendió «mucho» del Sáhara y que «siempre» ha intentado aplicar «las virtudes del pueblo saharaui» en cada escuela por donde ha pasado a lo largo de sus 42 años como profesor. Destaca, por encima de todas las cosas, «el respeto a los mayores» que observó en sus alumnos y en sus familias; «su impresionante hospitalidad», y el «elevado valor» que le daban a la figura del docente.Bien lo sabe la escritora y cineasta canaria María Jesús Alvarado, que vivió en el Sáhara español desde que era un bebé hasta los 15 años. Tanto su padre como su madre eran maestros y, en 1960, ambos pidieron una plaza en Villa Cisneros con la idea de probar dos años, ahorrar un poco de dinero y regresar a Las Palmas. Pero estaban tan a gusto que se quedaron hasta 1975, cuando la Marcha Verde.
«Mis padres solían decir que aquí nos vendían la moto con innovaciones educativas que ya se hacían en el Sáhara. La escuela era un espacio de convivencia donde se respetaba al otro sin imponerse a él», señala. Cuando piensa en aquellos días de su infancia, María Jesús Alvarado se recuerda desayunando gofio con leche en polvo Lita mientras de fondo sonaba Radio Ecca. «Jugábamos fuera. Trepábamos por las dunas, buscábamos fósiles y conchas por la playa y atábamos lagartos con un cordón. Hasta los 12 años nunca vi la tele; leía todo lo que caía en mis manos. No recuerdo muñecas, no la necesitaba».
Cayo Hernández (izqda.) hace un alto en el camino de la escuela nómada, en 1967. D. DE HUESCA

Emilio Ruiz, con sus alumnos, en Auserd, en 1966. D. DE HUESCA

martes, 10 de enero de 2017

Polémica por la futura apertura del Instituto Cervantes de El Aaiún

La tan anunciada apertura del centro del Instituto Cervantes en la capital saharaui, El Aaiún, ha derivado en una polémica política. La delegada del Frente Polisario en España, Jira Bulahi, se ha quejado de manera oficial al Gobierno español por la apertura del centro del Instituto Cervantes en El Aaiún, al considerar que servirá para “legitimar la ocupación”.
Jira Bulahi ha calificado de “extremadamente grave” que una entidad como el Instituto Cervantes “se preste a una maniobra política por la que Marruecos pretende buscar una fórmula para legitimar su ocupación ilegal”.
La también representante de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) recuerda que el Gobierno a través de su Ministerio del Interior citó a Dajla –la histórica Villa Cisneros- como ciudad marroquí. Asimismo mencionó que el español, tras el árabe, es la segunda lengua en la RASD, y eso a pesar del nulo apoyo del Cervantes que, paradójicamente, ubica como argelinos a los refugiados saharauis ya que es en Argelia donde figuran 175 000 nativos –cuarto país donde no es lengua oficial y hay más nativos de lengua española- y 48 000 personas con competencia limitada.
El alto número de ‘argelinos’ que hablan español es porque el Cervantes soslaya que son refugiados saharauis. Un dato significativo y que lo aclara todo: en el anuario del año 2014 del Cervantes referido a Argelia había tan solo 300 nativos españoles y 48 000 con competencia limitada. Mientras el segundo dato permanece, el primero pasa en 2015 nada menos que de 300 a 175 000 en un solo año.
El anuncio de la apertura del centro de El Aaiún viene siendo recurrente desde hace años pero ahora parece que tendrá lugar durante este año 2017 y que dependería del centro de Rabat, lo que es aprovechado por la propaganda marroquí para apuntar que España hace así un reconocimiento de la soberanía marroquí del territorio cuando, como se sabe, ningún país del mundo lo reconoce.
Según se anunció, se ubicaría en el colegio español La Paz de El Aaiún, fundado en 1955 en la etapa del Sahara español, y que actualmente tiene dos únicos profesores de español y sólo 29 alumnos.
El Cervantes, en su último informe ‘El español en el mundo 2015’, (este mes debe hacerse público el de 2016) separa claramente el territorio de Marruecos del Sáhara, donde aparecen 22 000 personas con competencia limitada del español en el Sáhara Occidental y sin embargo la cifra de nativos en dicho territorio está en blanco.
Hay que recordar que existía también el compromiso del Instituto Cervantes de abrir una extensión en los campamentos de refugiados de Tinduf, desde que un grupo de escritores españoles solicitó en junio de 2004 que se abriera un aula en dichos campamentos, petición reiterada en 2010 por la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS). La excusa oficial para no haberlo hecho es buscar una “fórmula” para que sea legal.
Conviene también recordar que todas las ciudades del Sahara, salvo Smara, fueron fundadas por los españoles y su nombre fue cambiado oficialmente por Marruecos al francés y ahora, hasta medios españoles promarroquíes y otros, los escriben en la lengua de Molière, queriendo así justificar la ocupación y renegando hasta de su propio idioma.
La numerosa colonia de marroquíes que llegó tras 1976 provienen de la zona del antiguo Protectorado francés y apenas hablan español. Tan solo lo mantienen los saharauis que se mantienen en la zona controlada por Marruecos, tanto los promarroquíes como los que están a favor de la autodeterminación, aunque ambos son minoría en su propio territorio.
Para completar el panorama de la polémica, el ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastís, viaja el martes día 10 a Marruecos en visita oficial.

viernes, 7 de octubre de 2016

Ponencia del escritor y antropólogo Bahia M. Awah en el Congreso Internacional “La Recepción de Cervantes en los siglos XX y XIX. Mitos y leyendas” Universidad Alcalá de Henares

Fuente: EIC Poemario por un Sahara Libre, 7 de octubre de 2016
El escritor y antropólogo saharaui Bahia Mahmud Awah ha participado este viernes 7 de octubre en la mesa “Cervantes en otras lenguas y culturas” en la Universidad de Alcalá de Henares, con la ponencia “Don Quijote, el azri de la badia saharaui” y la Generación de la Amistad. Una antología de los escritores saharauis en homenaje al inmortal personaje, cuando se cumple este año el IV centenario de la muerte de Cervantes. El libro fue prologado y editado en 2009 por la Doctora Carmen Valero Garcés profesora e investigadora de la misma universidad.
La profesora Valero recordó el momento en que el grupo de los escritores saharauis le confió la iniciativa para hacer el merecido homenaje a Cervantes. Y expuso de forma breve sobre el contenido de texto vertido en el libro del grupo de escritores saharauis que le hizo llegar Bahia Awah cuando era estudiantes de la Universidad de Alcala, en 2009. Una antología que ella pudo disfrutar y para la que escribió el prólogo.
En su conferencia Bahia destacó la importancia y la vinculación de la lengua de Cervantes en la cultura y política saharaui, “España colonizó el Sahara Occidental durante un siglo y en un día abandonó el territorio sin cumplir con el derecho a la descolonización, pactando y entregando el territorio a un país extranjero, Marruecos, quien perpetró una guerra de 16 años y un largo conflicto que aún perdura sin solventar”. El escritor saharaui destacó que la lengua española ha coexistido históricamente con la lengua hassaniya, hasania, y los saharauis la han sabido acoger como lengua franca y de resistencia para la causa que se libra en el Sahara Occidental. También consideró que sin ella los saharauis y su proceso de liberación no hubieran podido trascender, escuchar y acoger en el seno de la gran familia hispanohablante. “Para nosotros esta lengua es un factor más de identidad y un puente indestructible con los pueblos iberoamericanos, tanto en el ámbito diplomático como cultural”.
En su conferencia hizo homenaje a la Generación del 27, que algunas generaciones saharauis durante el periodo colonial pudieron leer de manera clandestina y hacerles saber de otros horizontes y pensamientos de progreso y justicia. Citó el compromiso del grupo de los 21 escritores y poetas españoles que en 1981 visitaron a los saharauis, en un momento en que se libraba la guerra contra el régimen marroquí, y publicaron aquella resonada antología de apoyo a la lucha del pueblo saharaui titulada “Os doy esto desnudo que es mi mano”. Recordó que entre ellos estaba el escritor y profesor Emilio Sola, quien estaba presente en la conferencia, José Agustín Goytisolo, Ángel Alda, Javier Reverte, Fani Rubio y otros que suscribieron el manifiesto como Jorge Guillén, el uruguayo Mario Benedetti o el palestino Mahmud Sobh. Un apoyo intelectual sobre el que Bahia afirmó “Esperamos retomar pronto el espíritu de aquel manifiesto intelectual para seguir homenajeando y recordando a muchos que ya no están con nosotros y retomar el manifiesto cuatro décadas después para acompañar al pueblo saharaui en su lucha por recuperar su territorio”.
Bahia Awah concluyó recordando que su generación abrió su corazón pensando y retomando antecedentes de históricos intelectuales que desafiaron la injusticia y desempeñaron su rol en sus procesos. Recordó al argelino-francés Frantz Fanón y su legado cuando decía “Cada generación en su relativa opacidad, debe descubrir su misión, cumplirla o traicionarla”.

Bahia con el escritor Emilio Sola y la profesora Carmen Valero Garcés

jueves, 7 de enero de 2016

Victorias cotidianas en El Aaiún. Del blog Africa no es un país (Blogs El Pais)


Los maestros marroquíes en las escuelas de El Aaiún enseñan que la historia del Sáhara comienza el 6 de noviembre de 1975 con la Marcha Verde. Antes solo existe el olvido. La nada. Después de cuarenta años bajo la ocupación, el simple hecho de vestir sus trajes típicos o recordar las canciones de las abuelas en el desierto, son victorias cotidianas. Pequeñas realidades, recreaciones que podrían parecer insignificantes, ejemplifican la crudeza a la que se enfrentan los saharauis en su día a día.
La pérdida de nuestra identidad sería la victoria definitiva de Marruecos
Marruecos ha implantado una guerra cultural en los territorios ocupados y se ha servido de la educación y los medios de comunicación para ahogar la más simple expresión identitaria saharaui de la vida pública e institucional. Los profesores son solo marroquíes y los niños tienen prohibido utilizar el hassanía, dialecto árabe y rasgo común de las tribus originarias del Sáhara Occidental. Las jaimas, tiendas o casas donde viven, herencia de su tradición nómada, están prohibidas. No está permitido celebrar las fiestas nacionales saharauis ni vestir ropas típicas como el zam, el turbante negro utilizado en el desierto. Además, los medios de comunicación marroquíes, con una presencia hegemónica, ridiculizan su cultura.
Aun así, existe una transmisión generacional de los valores, la tradición y la lengua saharaui. Distintas asociaciones promueven desde hace años la recuperación de la cultura como un valor necesario para conseguir la autodeterminación. Ante la intransigencia de Rabat, hablar y escribir hassanía, vestir melfas y darras, levantar jaimas y vivir según sus valores, son muestras de resistencia. “Un pueblo que pierde la conciencia de serlo, es un pueblo derrotado. La pérdida de nuestra identidad sería la victoria definitiva de Marruecos”, expresa Mohamed Hammia, miembro fundador de la Asociación Saharaui para Proteger y Divulgar la Cultura y el Patrimonio (ASPDCP).
Desde 1975, la monarquía marroquí ha desarrollado una intensa política demográfica para justificar la “marroquinidad” del Sáhara Occidental. Ha promovido el desplazamiento de colonos mediante la adjudicación gratuita de casas y parcelas, subvenciones directas, entrega gratuita de productos de primera necesidad o pluses en el sueldo de los funcionarios. Según el censo español de 1974, en el Sáhara Occidental vivían 74 mil saharauis y 20 mil españoles. En la actualidad, el total de habitantes alcanza los 480 mil, de los que solo una tercera parte son de origen saharaui. “Han intentado que nos sintamos como extraños en nuestro propio país, que seamos una cosa que no somos”, aclara Mohamed Aabas, vicesecretario de la ASPDCP.
“Conservamos la cultura en la manera de vivir, de comer, de vestir, en nuestros valores. Las tradiciones y la cultura se quedan en las personas hasta que se mueren, es la forma de ser parte del pueblo”, reflexiona Fatimatu Zargo, fundadora de la ASPDCP, mientras prepara el té. La transmisión de la cultura saharaui, hasta ahora y como siempre, ha sido oral y las mujeres han jugado un papel determinante. Pero ante los ataques han tenido que reinventarse. Desde hace varios años se edita la revista cultural Jaima, se organizan encuentros entre jóvenes, conferencias, clases de hassanía y recitales de danza, música y poesía. Además, las redes sociales han ayudado a revivir y dignificar la cultura entre los jóvenes.
Hoy ninguna asociación saharaui es considerada legal por el gobierno marroquí, a excepción de la Asociación Saharaui de Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos (ASVDH), que fue legalizada el pasado mes de julio. Es muy difícil desarrollar proyectos culturales o sociales y el trabajo que realizan los diferentes colectivos casi siempre es clandestino. “Sabemos que si nos detienen podríamos ir a la cárcel y ser torturados, solo por querer divulgar nuestra cultura. Aquí pasa cada día”, señala Mohamed Aabas.
Rabat, además, se ha esforzado por hacer desaparecer los restos de la colonización española. Todo aquello que permita intuir que el Sáhara Occidental es un sujeto propio con derechos es erradicado. El castellano ha sido relegado de la educación y la administración. Resulta paradójico que la huella de la colonia sirva ahora para reivindicar la singularidad frente a Marruecos. Según el censo de 1974, el 13% de los adultos saharauis podían leer y escribir en castellano, hoy esa cifra, aunque no hay datos exactos, es mucho menor. Marruecos se ha encargado de ello.
Pero los activistas saharauis reclaman que el Gobierno español no olvide su responsabilidad en la situación actual. La precipitada salida de la última colonia y el abandono de los saharauis a su suerte. El Sáhara Occidental es el único territorio de África que queda por descolonizar. La huída de la metrópoli y los acuerdos Tripartitos de Madrid de 1975, entre España, Marruecos y Mauritania condenaron al Sáhara a la ocupación. Fue el alfil que la dictadura española, con un Franco convaleciente a punto de morir, sacrificó para mantener los intereses económicos en la zona.
Los contingentes militares desplazados por el gobierno alauí en el territorio ocupado superan los 160 mil soldados y un muro de 2720 km separa las principales ciudades del país de los campamentos de refugiados en Tinduf (desierto de Argelia), donde viven unos 170 mil saharauis. Además, la poca eficacia de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO), en el territorio desde 1991, se ha hecho evidente. Es la única misión de Naciones Unidas que no vigila la violación de derechos humanos y parece todavía lejos de cumplir sus objetivos. Los saharauis continúan a la espera. Luchan para no olvidar y para no ser olvidados.
La jaima
Un proverbio saharaui dice: “Lo más amargo para Marruecos son las jaimas y el atsaghrita” (grito de las mujeres). Las jaimas simbolizan la vida del pueblo, son la escenificación de la tradición nómada de las tribus que recorrían largas distancias a través del desierto. Son un símbolo de la identidad y la cultura saharaui. Y por eso, están prohibidas.
Asociaciones saharauis trabajan en la clandestinidad para conservar su cultura
En octubre de 2010, se levantó a las afueras de El Aaiún, el campamento de Gdeim Izik o campamento de la dignidad. Miles de jaimas y más de 20 mil personas. Una manifestación pacífica para reivindicar la mejora de los derechos sociales y económicos de la población saharaui en los territorios ocupados. Noam Chomsky lo consideró el inicio de la Primavera Árabe. El campamento fue desalojado el 8 de noviembre y las protestas posteriores en la capital, reprimidas. Las autoridades marroquíes prohibieron la entrada de prensa extranjera, reteniendo varios periodistas. Al menos cuatro muertos, miles de heridos y 140 detenidos, de los cuales algunos han sido condenados a cadena perpetua por el Tribunal Militar de Rabat, según datos de la ASVDH.
El pueblo saharaui hizo una demostración de fuerza y de organización. De unidad. Y una escenificación de su forma de vida. La jaima. Desde entonces, el levantamiento de tiendas es considerado por Marruecos un acto de desobediencia. Aun así, los saharauis continúan construyéndolas en las terrazas de sus casas, hechas con telas y pelo de camello. En ellas hacen el té, comen, conviven, cantan, bailan. En ellas mantienen su cultura.
La vida en el desierto
Los saharauis son un pueblo nómada. Transeúntes de un desierto del que se sienten parte y del que han obtenido, por difícil que parezca, todo lo que necesitan para vivir. Se les ha definido como “Hijos de las nubes”, porque van a donde éstas van. Sin límites, sin barreras. En busca de pastos para sus rebaños de cabras y camellos.
La ocupación cultural de Marruecos ahoga la identidad saharaui
En la Conferencia de Berlín de 1884-1885, los europeos se repartieron África. Establecieron fronteras improvisadas en unos desiertos y selvas que nunca las habían tenido. Dividieron pueblos, clanes, tribus, familias. El Sáhara Occidental quedó bajo administración española. Era el comienzo de la ocupación de unas personas que veían como su forma de vida quedaba supeditada al modo de hacer de la nueva autoridad colonial.
“Las ciudades para los saharauis, son cárceles. Adoramos la libertad de los espacios abiertos y en el desierto nos sentimos libres, sin obstáculos”, señala Mohamed Hammia. Para alguien que siempre ha vivido en El Aaiún, el simple hecho de estar en el desierto, de poder cantar, hablar y decir lo que quiera, sin que nadie le controle, es la sensación más parecida a la libertad que ha podido tener. Una experiencia que, posiblemente, nadie que no haya sufrido la ocupación sería capaz de entender.
Del desierto y de la forma de vida de los clanes tribales que vivían en él, nace la identidad saharaui. La comunidad y la solidaridad son pilares de su forma de vida. La conciencia nacional de los saharauis tuvo sus primeras expresiones a finales de los sesenta en el movimiento de liberación. A día de hoy, todavía reivindican sus orígenes. Su derecho a ser y a vivir según sus costumbres. La vida en el desierto.
(*) La entrevista con la ASPDCP tuvo lugar en primavera de 2015, El Aaiún (Sáhara Occidental)  

lunes, 9 de noviembre de 2015

Réquiem por el español en el Sáhara



La lengua de Cervantes retrocede sin remisión en el Sáhara Occidental, uno de los pocos lugares de África que llegó a figurar en el atlas mundial del español en los años 60 y 70 del pasado siglo.
La salida precipitada de los aproximadamente 30.000 españoles que habitaban en el llamado Sáhara español hace ahora 40 años tuvo consecuencias humanas, políticas, y económicas, pero también culturales: el español comenzó a perder terreno y hoy es casi un recuerdo.
No quedan casi jóvenes que puedan expresarse correctamente en español, pero los ancianos saharauis todavía son capaces de pronunciarlo con un asombroso acento de la meseta castellana.
Las comparaciones son odiosas, pero a veces pertinentes: mientras que el Colegio La Paz de El Aaiún (único español que quedó abierto en el Sáhara Occidental) tiene este curso matriculados a 29 alumnos, el francés Paul Pascon de la misma ciudad tiene a 122, a los que hay que sumar los 110 inscritos en el colegio francés de Dajla, según cifras de los servicios educativos franceses.
El Colegio La Paz fue abierto en 1955; el Paul Pascon, en 2013. El español tiene dos profesores, el francés, ocho solamente en El Aaiún, más una cantidad similar en Dajla. El colegio español está en franco retroceso, y el francés en ascenso, pues no deja de abrir nuevos niveles cada año que pasa (de momento solo cubre hasta quinto de primaria). Y eso que la matrícula del colegio francés viene a ser entre 35 y 40 veces más cara que la del español, que no cuesta ni cien euros anuales.
¿No quieren los saharauis estudiar español?
Al contrario, se indigna el saharaui Lagadaf Lahsen, que lleva años combatiendo por una batalla quijotesca: abrir un ciclo de enseñanza secundaria en La Paz, pues desde el abandono del territorio por parte de España en 1975 y el cierre de los institutos, no existe continuidad para los niños que estudian primaria en el colegio.
Un colegio infrautilizado
Para un niño que estudia en el Colegio La Paz, la escolarización termina abruptamente a sus 12 años, y a esa edad debe integrarse en un sistema escolar marroquí totalmente distinto, salvo que opte por desplazarse a Canarias o a algún colegio español de Marruecos, de los que el más próximo está a 1.200 kilómetros, en Casablanca.
Lagadaf dice que él se deja "casi todo lo que gana" en mantener a su mujer y sus tres hijos en Tánger, adonde se han mudado para escolarizarse en el Colegio Español de la ciudad, a un coste económico -"y emocional", subraya- que muchos no pueden asumir.
Sus hermanos, por ejemplo, ex alumnos de La Paz como él y que "piensan en español", han optado por la enseñanza marroquí sabedores de que no podrían asumir la separación de sus hijos o el coste de enviarlos fuera.
El Colegio La Paz de El Aaiún ocupa media manzana (la otra media fue expropiada por el estado marroquí para hacer su propia escuela) en el barrio de Colominas, que data de la época española, y está obviamente infrautilizado: sólo dos aulas y dos profesores bastan para los 29 alumnos entre preescolar y sexto de primaria, que estudian mezclados en varios niveles.
La biblioteca, el aula de informática, los patios para deportes, tristemente desangelados, por no hablar de las 17 aulas hoy vacías; todo esto daría para acoger hasta 800 alumnos, siempre que hubiera una continuidad escolar para los niños, recuerda Lagdaf.
Esa y no otra -recuerda- es la razón de que los saharauis deserten la escuela española. Y que haya un goteo de bajas que puede terminar en cierre.
¿Y qué sucede con el Instituto Cervantes? Pues que debido a la particular situación jurídica del Sáhara y a que España se resiste a desplegarse institucionalmente en el territorio, el Cervantes no cuenta con alumnos allí donde posiblemente más demanda habría del mundo.
Hay incluso un centro cultural español en perfecto estado en El Aaiún, que según la Depositaría de bienes españoles en el territorio sólo necesitaría una pequeña obra para ser operacional y acoger algunas aulas.
Para paliar tanto déficit y tanto abandono, el Cervantes ha decidido romper un tabú y comenzar a dar clases en El Aaiún, pero no en la llamada Misión Cultural Española, sino en La Paz, donde sobran aulas.
La decisión está tomada, pero ahora falta un sinfín de procedimientos administrativos para poner en marcha las clases, además de encontrar y contratar a los profesores listos para ejercer en este rincón africano del desierto.

viernes, 18 de septiembre de 2015

El español del desierto de Tinduf. Tesis doctoral “El español en los campamentos saharauis de Tinduf: práctica docente”, Agustín Jiménez Jiménez


El Ideal
El  pasado día once de septiembre se defendió en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada la tesis doctoral “El español en los campamentos saharauis de Tinduf: práctica docente”. Este trabajo, que obtuvo la calificación de sobresaliente cum laude por unanimidad, ha sido realizado por D. Agustín Jiménez Jiménez, bajo la dirección de Dña. Dimitrinka G. Níkleva, profesora del Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la misma facultad. Su autor es maestro de español del programa del Aula Temporal de Adaptación Lingüística (ATAL) en la comarca de la vega de Granada, licenciado en Psicopedagogía por la Universidad Oberta de Cataluña (UOC) y pertenece a diferentes grupos de innovación docente y de I+D+I.
¿Por qué una Tesis Doctoral sobre los saharauis de Tinduf?
En el mes de noviembre se cumplen cuarenta años de la firma de los acuerdos Tripartitos de Madrid entre Marruecos, Mauritania y España, que significaron el abandono por parte de España del Sahara Occidental sin descolonizar, sin celebrar el referéndum de autodeterminación que la ONU había reconocido y provocando que Marruecos los invadiera por el norte con la Marcha Verde y Mauritania por el Sur. Con la ocupación marroquí comenzó la guerra y el éxodo de población civil, que tuvo que huir bajo los bombardeos de fósforo y napalm. Estos españoles saharauis que huían se asentaron en campamentos de refugiados en Tinduf (Argelia), en la hamada, el lugar más inhóspito, sin vegetación ni vida animal. En este contexto baldío, bajo el lema “saharaui que sabe saharaui que enseña” consiguieron en solo diez años pasar de una tasa de analfabetismo de casi el 73% a la escolarización completa de 3 a 16 años en 1986, una meta pocas veces alcanzada a lo largo de la historia de los pueblos. Actualmente el español es su segunda lengua y se enseña en todas sus escuelas como lengua de supervivencia.
Mi investigación tiene como objeto de estudio la enseñanza del español en estos campamentos y reconoce el esfuerzo que el pueblo saharaui ha hecho durante estas cuatro décadas, uniéndose así a los actos que recuerdan este triste aniversario.
Su tesis es un trabajo ambicioso ¿qué persigue con su elaboración?
Esta República es el único país del mundo árabe y musulmán que tiene el idioma español como segunda lengua hablada y escrita. Mi intención es valorar la labor educativa que hacen los saharauis en sus escuelas, en la familia y en el desierto para seguir enseñándolo, y para continuar comunicándose en español, contribuyendo de esta manera a la difusión y a la permanencia de nuestra lengua en África y en el mundo; dar voz a los maestros que enseñan sin tener los recursos adecuados para ello; valorar el programa “Vacaciones en Paz” (estancias temporales de menores saharauis en España), no solo por ser una actividad saludable desde el punto de vista alimenticio, o médico-quirúrgico, sino también por su utilidad como aprendizaje de inmersión lingüística en el aprendizaje del español; y solicitar al Instituto Cervantes que materialice su presencia en este lugar tan desfavorecido en el que se habla español. Por otra parte, también pretendemos definir objetivos a cumplir de cara a futuros proyectos de cooperación internacional: si se conoce la opinión de los profesores de español, se podrán establecer programas de ayuda acordes con sus necesidades y se podrán hacer propuestas viables que redunden en una mejora sustancial de la calidad de enseñanza del español en este desierto.
¿Qué añade al conocimiento científico?
El sistema educativo saharaui se sustenta sobre una detallada legislación educativa que fija los principios de igualdad, respeto, sinceridad, objetividad, confianza como objetivos educativos de su Estado. Nos ha sorprendido cómo este pueblo refugiado político, que lleva viviendo bajo el sol en tiendas de lona desde hace cuatro décadas, ha sido capaz de desarrollar una legislación educativa que da respuesta a sus necesidades. Gracias a esta investigación podemos conocer por primera vez el marco normativo que regula la actividad educativa en un campo de refugiados y la opinión de los maestros que allí enseñan español sobre su práctica docente. Este trabajo ha sido posible gracias a la predisposición de las autoridades saharauis. A partir de ahora, la comunidad científica cuenta con un nuevo objeto de estudio, de conocimiento: el campamento de refugiados saharauis de Tinduf. Se podrán realizar todas aquellas investigaciones que sean respetuosos con su cultura, ayudándoles de esta forma a salir del aislamiento y del abandono que padecen.
¿Qué consecuencias se derivan de su trabajo?
De esta investigación se siguen diversas propuestas de mejora. Para paliar la escasez de libros en sus escuelas y bibliotecas, se ha formulado una propuesta (“Un libro para la paz”) consistente en incluir en el equipaje un libro en español cuando se viaja a los campamentos, para entregarlo en una de sus escuelas. La  propuesta ya ha sido asumida por la Federación Andaluza de Asociaciones Solidarias con el Sahara (FANDAS) que recomienda a las familias de acogida del programa “Vacaciones en paz” que lo incluyan en el equipaje de regreso de los menores al desierto, al igual que la Delegación Saharaui en Andalucía en las visitas que organiza a los campamentos. Además, el Instituto Cervantes está valorando si sumarse a esta iniciativa para pedir a todos los españoles que cuando viajen al extranjero incluyan un libro en español en su maleta para entregarlo en cualquier biblioteca o escuela del cualquier país del mundo. De esta manera entre todos estaremos ayudando a la difusión del español en el mundo.
En otro sentido, las asociaciones e instituciones se han preocupado hasta ahora de realizar mayoritariamente proyectos de cooperación alimenticios o sanitarios, a partir de este momento será necesario organizar proyectos educativos en el desierto. Nos hemos preocupado de llevarles alimentos e infraestructura, pero nos hemos olvidado de sus carencias en el ámbito educativo.
El fin último de esta tesis es provocar la reflexión de la comunidad internacional sobre las condiciones educativas de quienes fueron una provincia española hasta 1975, porque hablar de escuelas y maestros saharauis es hablar de la difusión del español en el mundo sin recursos y con esfuerzo.  

martes, 19 de mayo de 2015

Instituto Cervantes prevé comenzar clases de español en El Aaiún en 2016

Fachada del Instituto Cervantes, en Madrid. / BERNARDO PÉREZ, El Pais

*Fuente. http://www.lavanguardia.com/
Rabat, 19 mayo de 2015 (EFE).- El Instituto Cervantes prevé comenzar las clases de español en El Aaiún, capital del Sáhara Occidental a principios de 2016, dijo a Efe Javier Galván, coordinador de los centros Cervantes en Marruecos y del que dependerá el centro saharaui.
El comienzo de las clases en El Aaiún, anunciado hace ahora un año y que debía cristalizar en el curso actual, se ha retrasado, pues no se tomó hasta ayer, durante el Consejo de Administración del organismo.
Las clases se llevarán a cabo en las instalaciones del Colegio La Paz de El Aaiún, que forma parte de las propiedades que el Estado español aún posee en la capital de su antigua colonia y que alberga actualmente una pequeña escuela española que imparte solo enseñanza primaria.
El Aaiún no contará propiamente con un Instituto Cervantes, sino que funcionará como una "extensión" regida desde Rabat y a la que será enviado un profesor-gestor que pondrá en marcha las clases y que a partir de ahora debe ser seleccionado.
Desde la independencia del Sáhara Occidental en 1975, no existían en El Aaiún clases "regladas" de español para adultos, y durante muchos años, en el reino de Hasán II (1961-2000) esas clases estaban incluso prohibidas en el territorio.
España no reconoce legalmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, y lo considera, en línea con la ONU, un territorio en disputa, lo que durante cuarenta años ha impedido la cristalización de cualquier proyecto español en la capital de su ex colonia.
Fuentes diplomáticas españolas precisaron a Efe que la implantación del Cervantes en El Aaiún se tomó de acuerdo con las autoridades marroquíes -que administran el territorio ocupado en 1975, tras la salida de las tropas españolas-, que ven con buenos ojos la apertura de este centro.
Además -añadieron- la apertura del centro responde a una alta demanda de la población local, en alusión a que la población de origen saharaui tiene el español como segunda lengua, tras el árabe.
En principio, la apertura de esta "extensión" del Cervantes en El Aaiún se produciría en paralelo a otra similar en la región de Tinduf, en el sur de Argelia, donde se encuentran los campos de refugiados saharauis, pero por el momento el proyecto de Tinduf no se llevará a cabo.
A pesar de que han pasado casi 40 años de la salida de las tropas españolas del Sáhara, el idioma español sigue siendo muy utilizado por los saharauis, principalmente en Tinduf (donde es segunda lengua obligatoria), y en menor medida en el Sáhara ocupado por Marruecos.