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jueves, 28 de junio de 2012

Saharauis: La cultura de la Resistencia


En los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf pasan cosas, a pesar de la aparente quietud del desierto argelino. Pasa que hay un festival de cine. Pasa que regresan jóvenes que han estudiado con becas en otros países, viajando de un exilio a otro, nutriéndose de otras culturas. Pasa que tienen familiares sufriendo en las zonas del Sáhara Occidental ocupadas por Marruecos. Pasa que la ayuda humanitaria se recorta, pero los lazos de hermandad con la sociedad española están intactos. Pasa que la música, la pintura y la poesía se convierten en embajadoras de las reivindicaciones de un pueblo que lucha por su independencia. Pero, sobre todo, pasa el tiempo. 37 años de paciente y pacífica espera en las duras condiciones del exilio, bebiendo de su cultura como arma de resistencia ante el olvido de la comunidad internacional y los sucesivos Gobiernos españoles.
POR Silvia Melero Abascal
¡Intibáah, skáat, shayel! Atención, silencio, rodando. Heimo Mohamed (21 años) está grabando una escena para su corto. “Quiero aprender cine y luchar para mi pueblo, para que la otra gente vea quiénes somos y dónde vivimos”. Estudia en la Escuela de Cine del Sáhara y ahora rueda una historia sobre dos jóvenes directores de cine, uno saharaui y otro marroquí, que conversan sobre el conflicto. “Quiero decir que el problema no lo tenemos con el pueblo marroquí sino con el Gobierno”. Roberto Lázaro es el director de la escuela, hace un año se inició el curso. “De aquí saldrá la primera generación de cineastas saharauis, por primera vez podrán contar sus propias historias. Hay mucho talento, y eso que encuentran muchas dificultades, por ejemplo, la búsqueda de localizaciones se limita a exterior- desierto, interior-jaima”.
Los cortos que ruedan las alumnas (son mayoría chicas) están directamente ligados a la causa de su pueblo, como muchas de las películas que se proyectan estos días en la pantalla del desierto, bajo las estrellas y la luna llena. Se celebra la IX edición del FiSahara, el festival de cine codirigido por Willy Toledo y Pepe Taboada. Un encuentro entre la cultura española y la saharaui, unos días de convivencia entre dos pueblos hermanos, como señalan los organizadores.
El actor Juan Diego Botto pisa por primera vez los campamentos. “Estoy aprendiendo mucho de su sorprendente generosidad, su confianza y fe en que van a retornar a su hogar, lo pacífico de su lucha... Parece un lugar común decir que es un ejemplo de dignidad, pero lo es”. A Botto le llama la atención el orgullo que sienten por su cultura. “El amor por las palabras es algo que he visto en todas las personas que he conocido, parece que son todos poetas o poetisas”.
Una lengua común. Aunque los saharauis hablan hasanía, un dialecto del árabe, el español es su segunda lengua. Coría tiene 11 años y enamora a todo el campamento con su desparpajo y su acento andaluz. La familia española que la acoge en verano (a través del Programa Vacaciones en paz) vive en Sevilla. Es la protagonista de la película documental Coría y el mar. “Me hicieron un video en el mar, en Cádiz, cogí una concha en la playa, me gusta mucho”, cuenta entre risas.
Casi un siglo de colonización española ha dejado muchos vínculos. Es frecuente que los saharauis más mayores muestren su DNI español. “La nuestra es una cultura heterogénea de origen afroárabe, bereber, influenciada por un siglo de convivencia con la metrópoli”, explica el poeta Bahia Awah, miembro de la Generación de la Amistad, un grupo de poetas y escritores que intenta rescatar desde España el legado cultural saharaui, tradicionalmente transmitido de forma oral. “Tenemos que recuperar el patrimonio propio sin perder lo bueno de la herencia que nos ha dejado la potencia: la lengua española. Un factor más que nos diferencia de los marroquíes y de otros países”. El escritor acaba de presentar El sueño de volver (Ed. Cantarabia), una regresión al pasado para recordar a la generación de oro, la primera que habló y escribió en español sin perder sus raíces. “Nuestra historia hay que buscarla tiempos atrás, en la historia común con los españoles”.
La poesía es para Sara Hasnaui una necesaria descarga emocional. “Sintetiza mis sentimientos ante la situación de mi pueblo, mi literatura se nutre de esta longeva injusticia. Es nuestra plataforma de denuncia”. Cuesta encontrar a un solo saharaui que no esté entregado a la lucha por la independencia. Para Memona Mohamed el cine es también portador de ese mensaje. Es una de las protagonistas de la película Wilaya, y recibió el premio a la mejor actriz en el Festival de Abu Dhabi. Tras este reconocimiento, una persona anónima se ha ofrecido a pagarle una operación que lleva esperando 10 años, ante la posibilidad de quedarse en una silla de ruedas. Desde niña está afectada de polio por una vacuna en mal estado. “Mi madre me enseñó a valerme por mí misma, me dijo que las muletas son como cuatro patas, me enseñó a luchar y a ser independiente. Las primeras luchadoras en los campamentos son las mujeres”.
Memona es educadora en el centro de atención especial para personas con discapacidad del doctor Castro. Una experiencia única en un campo de refugiados. Él lo define como “un oasis en el desierto”. Ella dice que lo único que le queda en este mundo es su identidad saharaui. “La cultura es nuestra herramienta para ser libres. La amamos aunque haya cambios”.
Los hay. Aparecen en El maestro saharaui, dirigida por Nicolás Muñoz. “Cuenta la historia de los jóvenes saharauis que van becados a estudiar a Cuba, salen de aquí con 10 años, hacen allí secundaria y luego la carrera universitaria, y regresan a los campamentos siendo unos hombres. Algunos han dejado hijos allí”. Brahim Cheij es uno de los protagonistas cubarauis. “Somos un pueblo pequeño pero muy tolerante y muy abierto a la diversidad cultural. Miles de jóvenes saharauis estudian en otros países pero luego regresan a volcar sus conocimientos en su sociedad, en una tierra que no es la suya, hay una globalización pero cogemos lo positivo de estas culturas e intentamos mezclarlas para mejorar nuestra sociedad saharaui. No podemos estar estancados, nosotros los jóvenes ya no estamos en el tiempo que han vivido nuestros abuelos en pleno desierto cuando nos llamaban los hijos de las nubes; tenemos que adaptarnos a los nuevos tiempos manteniendo nuestra identidad”.
Choque cultural. Salek (35 años) está emocionado después de ver la película. Se ha sentido muy identificado. A los 12 años se fue a Cuba. Estudió Contabilidad y Finanzas y ahora trabaja en la Radio Nacional Saharaui. “Estaba acostumbrado en Cuba a cosas que aquí no puedo hacer. Tomar alcohol, como las relaciones con las mujeres, tiene que ser de forma muy discreta”. Esconde el cigarrillo que está fumando cuando se acerca su tío. “Es por el respeto a los mayores. El respeto está bien, pero que no limite ni impida ser libre”. Encuentra que la religión y la tradición hacen que la sociedad saharaui sea todavía muy conservadora. Durante una de las proyecciones del festival, una mano ha tapado el reproductor para ocultar una escena de sexo. “Es la autocensura de la propia población, no se sienten cómodos al ver esas escenas. Me gustaría hablar de sexo con mis sobrinas, explicarles, no puedo hacerlo”. Como en cualquier sociedad, los choques entre generaciones son evidentes. “Se ha hecho necesario ir despojándonos de lo obsoleto en una sociedad en constante evolución, a pesar de que la razón medular del conflicto reside precisamente en demostrar y salvaguardar esas señas de identidad en contraposición con las marroquíes”, afirma Sara.
Para la juventud saharaui supone un desgaste la falta de perspectivas laborales y personales en los campamentos. Sara entiende que muchos jóvenes apuesten por retomar la lucha armada. “Se les ha despojado de todo, de su patria, de su familia, del presente y, como sigamos así, también del futuro. No es nada fácil para ellos, no olvidemos que han nacido y viven en un campamento de refugiados. Con el estancamiento de las negociaciones diplomáticas, 20 años desde el alto al fuego y la promesa de la celebración del referéndum de autodeterminación por parte de Naciones Unidas, ha nacido la desesperanza; piensan que sólo les queda volver a las armas para acabar con esta situación, y no les culpo”.
A Bahía le preocupan esas generaciones nacidas en el exilio, que no conocieron la tierra por la que luchan, que estudian en otros lugares la historia de otros países y no la suya. “Uno va a una sociedad occidental o latina diferente, crece allí, vuelve y es un choque frontal. Sin embargo, la identidad del saharaui es un instinto, la recupera enseguida. Me identifico de una forma antropológica con la vestimenta, con mi darrá (traje tradicional) aunque debajo lleve vaqueros, con nuestra cultura bilingüe, con las huellas profundas de nuestra sociedad heterogénea. Por mucho que te exilies, tienes que buscar tus raíces”.
En las zonas ocupadas por Marruecos se ha intentado exterminar la cultura saharaui. “Trataron de marroquinizar nuestro pueblo, pero nuestra identidad está tan arraigada que ahora intentan hacer lo contrario, la hasanizacion de marroquíes en los territorios ocupados, saharauizar a los colonos”, asegura Zahra Ramdán, presidenta de la Asociación de Mujeres Saharauis. “Compartimos cosas con los países vecinos, somos africanos, musulmanes, árabes, pero el respeto a las mujeres en nuestra sociedad (cualquier hombre que maltrate sería desterrado, esto es inaceptable) y el protagonismo que siempre han tenido las mujeres en la sociedad bereber y en la organización de los campamentos nos diferencia de otros países musulmanes”. Zahra destaca que en el parlamento saharaui hay un 35% de representación femenina. “Todavía hay que luchar contra el machismo que existe, aún así es una cifra muy elevada en el entorno africano”. Y reitera su voluntad inquebrantable de ser libres. “El problema es que por intereses económicos y geoestratégicos los sucesivos Gobiernos españoles (PSOE y PP) favorecen a Marruecos, legitimando la ocupación. Sin embargo, un Sáhara soberano favorecería la estabilidad en el norte de África y tendría excelentes relaciones con España. No habrá progreso social sin derechos humanos, y el régimen dictatorial marroquí no los respeta”.
Silencio marroquí. Es complicado encontrar voces marroquíes que hablen del conflicto. Marruecos mantiene un hermetismo absoluto sobre este tema tabú.Lo sabe bien el periodista marroquí Ali Lmrabet. Estuvo en la cárcel por sus informaciones sobre el rey Mohamed VI y el Estado alauí le prohibió ejercer su profesión en su país durante 10 años por decir que los saharauis de Tinduf son refugiados y no secuestrados por el Polisario, como mantiene la propaganda oficial. “Me deprime este conflicto, para cualquier marroquí salir de esa unanimidad es traición a la patria. Vivimos un sentimiento nacional exclusivo y retrógrado. Tenemos un problema pero no queremos y no podemos resolverlo”. Recuerda que ambos pueblos han sido víctimas de la ocupación extranjera, pero les separa este largo conflicto y el sentimiento, feroz, que hace que cada bando estime que tiene razón. “Creo que después de lo que pasó en Gdeim Izik, un muro casi infranqueable separa a los marroquíes de los saharauis. Existía hace años el mito de que sólo la democracia podía acercar posturas, creo que la realidad demuestra que son irreconciliables. No quiero ser pesimista, pero lo soy”.
En medio del hastío, actividades como el FiSahara rompen la rutina y hacen que la vida sea más fácil durante una semana. Al colorido de las melfas que visten las mujeres se suman los colores de Pallasos en Rebeldía. Su portavoz, Iván Prado, cuenta cómo le impresionan las saharauis. “Son mujeres dueñas de la jaima, dueñas de su vida, que gobernaron las wilayas durante la guerra, que por la cultura nómada tienen gran poder, incluso la lectura que se hace del Corán yo diría que es feminista. Viéndolas a ellas entiendes por qué este pueblo ha resistido tantas décadas de sufrimiento e injusticia”. Iván y sus compañeros han repartido juegos y magia entre pequeños y mayores. “El ser humano tiene tres grandes fuerzas interiores: el amor, las ganas de transformar el mundo y la risa. Con el humor conectamos con todas las generaciones posibles, la risa es el sonido del cosmos, es lo que te revoluciona por dentro y por fuera, es la llave que te abre la esperanza, es la mejor conexión entre las personas”.
Risas no han faltado y música tampoco. El público saharaui bailó a ritmo español durante el divertido concierto que ofrecieron El Canijo de Jérez (Los Delinqüentes) y Tomasito, acompañados de Juanito Makandé. “Nos encontramos como en casa porque nosotros somos muy callejeros también, somos del sur de Cádiz y date cuenta que estamos todo el día en calzones en la playa y estamos aquí como allí, todo el día en la arena”, bromea El Canijo, encantado con el intercambio musical que están viviendo. “Nos entienden la alegría, la gracia, se empapan de eso”. Tomasito añade que “se les ve muy buena gente, tienen un punto de nobleza que no veas, no tienen nada y te lo dan todo”. Y se lanzan a cantar el tema que acaban de componer: “Sahareando, por la libertad yo sigo cantando en este pueblo herido que sigue esperando”.
De música saharaui sabe mucho Manuel Domínguez, director de la discográfica Nubenegra. Explica que el haul es una música viva, abierta a influencias múltiples de las más diversas procedencias.” Los grupos y cantantes que iniciaron su trayectoria en los críticos momentos posteriores a la invasión marroquí, como Mártir Luali, dedicaron sus canciones a animar a la población civil para superar las difíciles condiciones de supervivencia y a informar de la brutal agresión marroquí”. Mariem Hassan es la voz indiscutible de la música saharaui. Con el tiempo se ha convertido en una de las divas norteafricanas, respetada y querida en la escena de las músicas del mundo. “Su impresionante voz es fuente de consuelo, aliento y esperanza para todos los saharauis”, afirma Manuel.
Van surgiendo otras voces, como la de Aziza Brahim, premiada en el Festival de Málaga por la banda sonora de la película Wilaya. O Suilma Aali, hija de padre saharaui musulmán y madre española cristiana. Nació en Madrid, pero se apresura a definirse como hispano-saharaui. Acaba de sacar su primer disco, en el que canta en español. “No tiene nada que ver con la música tradicional saharaui, que me encanta, esto es una mezcla de jazz, soul, pop. Hablo de diferentes cosas, pero hay una canción dedicada a la tierra de mi familia, el Sáhara, me siento parte de ella. Cuando voy a los campamentos, aunque yo he crecido en una cultura occidental, me veo muy reflejada en muchas cosas, me siento muy de allí”. Admira la fortaleza ante la adversidad y el sentimiento de unidad. “Quiero creer que se volverá al Sáhara libre. No hay nada imposible. Costará, pero con fuerza se logrará”.
El barco del desierto. A Suilma le han encargado la canción para el proyecto El barco del desierto, una iniciativa que promueven diversos artistas, entre ellos el pintor Moulud Yeslem. “Se trata de rehabilitar los restos de un barco que hay cerca de los campamentos y llevarlo hasta el mar para que sea un buque insignia que lleve el mensaje del pueblo saharaui”. Dice Moulud que el arte es su campo de batalla. “Cuando se firmó el alto el fuego se acabó la guerra con armas, pero siguió la lucha y ahí entran la pintura, el cine, la música, la poesía, que son armas más potentes que las de fuego. Si tienes un don, tienes que aportarlo a la causa”. Es la forma de romper el aislamiento. “Si estás en un campo de refugiados es como estar en Marte, estás muy desvinculado del mundo, te sientes lejos, quieres que otros conozcan tus problemas. Hay un muro físico, el marroquí, que es el más grande del mundo. Pero hay otro peor, el de la información. Nos han bloqueado. Tenemos que resistir al silencio y la indiferencia”. •

La provincia 53
Los conquistadores españoles llegan al Sáhara Occidental en 1884 y firman tratados de protectorado con tribus saharauis nómadas independientes del sultán marroquí. El Sáhara Occidental abarca 266.000 km2, con 1.000 km de costa, y posee importantes recursos naturales (bancos pesqueros, fosfatos).
En 1958 Franco decide declarar el territorio provincia española (la provincia 53). La ONU reconoce en 1966 la independencia de los pueblos colonizados y varias resoluciones obligan a España a organizar un referéndum para que la población saharaui ejerza su derecho a la autodeterminación. Pero el rey de Marruecos, Hassan II, en plena agonía de Franco, promueve la Marcha Verde en 1975 con 350.000 civiles que se asientan en el territorio. Las autoridades españolas se retiran y abandonan a los ciudadanos saharauis a cambio de acuerdos económicos secretos. Niños, mujeres y ancianos murieron bajo las bombas del ejército marroquí en su huída hacia el desierto de La Hamada, una de las zonas mas áridas del planeta, en Tinduf (Argelia). Allí levantaron sus jaimas y proclamaron en 1976 la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). El Frente Polisario (movimiento de liberación nacional), apoyado por Argelia, inició una guerra con Marruecos y logró liberar un tercio del territorio del Sáhara Occidental. El resto permanece bajo la ocupación marroquí, rodeado por un muro de 2.700 kilómetros de longitud, protegido por siete millones de minas antipersona y más de 100.000 soldados marroquíes.
En 1991 se firma el alto el fuego y se fija la fecha para el referéndum que nunca ha llegado a celebrarse, boicoteado sistemáticamente por Marruecos (apoyado por Francia y Estados Unidos).
Las organizaciones humanitarias han denunciado las violaciones de derechos humanos que sufre la población saharaui en los territorios ocupados. En 2010 se estableció un campamento de protesta en Gdeim Izik. Unos 20.000 saharauis instalados en 7.000 jaimas reclamaban condiciones de vida dignas y respeto a los derechos humanos. Fue desmantelado de forma violenta por las fuerzas de seguridad marroquíes. Para algunos analistas es el detonante de la primavera árabe.
Al otro lado del muro, en los campamentos de refugiados, 200.000 saharauis sobreviven gracias a la ayuda humanitaria. La RASD es un Estado en el exilio sin agua corriente ni electricidad. Pero la población saharaui (sobre todo las mujeres) ha creado en estos 37 años de espera una estructura administrativa con colegios, hospitales, centros de mujeres, guarderías, etc.

lunes, 25 de junio de 2012

La Revista 21 dedica su número de junio a la cultura saharaui



La Revista 21 dedica en su número de junio un extenso reportaje y la portada a la cultura saharaui. La periodista Silvia Melero viajó a los campamentos de refugiados saharauis durante la celebración de la IX Edición del FISahara, en el campamento de Dajla. Allí pudo hablar con actores españoles participantes en el Festival como Juan Diego Botto, o con músicos como El Canijo de Jérez (Los Delinqüentes) y Tomasito, cuyo concierto cerró el festival.
Pero además Silvia ha hablado ampliamente con artistas saharauis, las jóvenes alumnas de la Escuela de Cine del Sáhara; la actriz saharaui Memona Mohamed, de plena actualidad por su participación en la aclamada película Wilaya; el equipo del documental “El maestro saharaui” dedicado a los cubarauis; pintores como Moulud Yeslem, que forma parte del proyecto de El Barco del desierto; las cantantes Suilma Aali, Aziza Brahim y Mariem Hassan, todas ellas de actualidad por sus nuevos discos recién editados; o escritores saharauis en español como Zahra Hasnaui y Bahia Mahmud Awah, de la Generación de la Amistad Saharaui.
Un número completísimo para conocer lo último de la siempre viva cultura saharaui, una cultura de resistencia que está conociendo en estos años un esperanzador auge.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Mención especial en el FiSahara para el documental “Gdeim Izik: detonante de la primavera árabe”, de Sahara Thawra


En el pasado FISAHARA se concedió una mención especial al documental del colectivo Sahara Thawra 'Gdeim Izik: detonante de la primavera árabe', que narra la creación y el desalojo, en noviembre de 2010, del campamento que los saharauis de la zona ocupada por Marruecos establecieron en El Aaiún. Una protesta que algunos analistas consideraron el principio de esa revolución en el mundo árabe.
Documental – “GDEIM IZIK- Detonante de la primavera árabe”, por Sahara Thawra

martes, 8 de mayo de 2012

Documental: «Cubarauis», la realidad oculta del Sahara


Miles de refugiados saharauis regresan al desierto para luchar por la independencia tras años acogidos en Cuba. Dejan atrás incluso hijos
Ayub Ali Mohamed, un refugiado saharaui acogido con una beca de estudios en Cuba, recoge sus pertenencias después de más de una década en la isla caribeña. Todo lo que se lleva le cabe en una pequeña maleta. Pero con él no van de vuelta a los campamentos de Tinduf (sur de Argelia) ni la hija que ha tenido en Cuba ni la madre de esta.
La despedida es durísima por su sencillez y su crudeza. «¿Me voy a quedar sin papá?». La pregunta de la pequeña es una puñalada que en cierta medida se encarga de responder el documental «El maestro saharaui. Océanos de exilio», de Nicolás Muñoz, que estos días se ha proyectado en el Festival Internacional de Cine del Sahara (Fisahara). Ayub es uno de sus protagonistas, uno de los integrantes de la conocida como generación «cubaraui». Casi ninguno de ellos pone los pies de nuevo en Cuba después de regresar.
Tocado con un sombrero de paja y hablando en perfecto «cubano» volvió hace un par de años a la durísima vida en la «hamada», el inhóspito pedregal del desierto argelino que acoge desde hace más de tres décadas a los refugiados que huyeron del Sahara Occidental cuando en 1975 España abandonó el territorio y lo ocupó Marruecos.
La película de Muñoz no se ha llevado ninguno de los galardones del Fisahara, lo que ha dejado mal sabor de boca a más de uno, pero seguramente haya sido la que más debates ha abierto. «Es un asunto sensible y espinoso», reconoce el realizador. Desde esa década de los setenta unos 10.000 saharauis han estudiado, aprendido una profesión y vivido en Cuba. Pero la crisis impide ahora viajes masivos como antes y hoy apenas son unos cuantos los que logran la deseada invitación.
A pesar de este intenso movimiento de población, un tupido velo cubre muchos aspectos de la estancia de la inmensa mayoría de ellos en la isla. De lo que no se habla es como si no hubiera ocurrido, piensan muchos. Por eso Ayub es un valiente, según Muñoz. Por dejar que se grabara con la cámara lo que muchos ni si quiera se atreven a comentar.
«La película no refleja bien lo duro que es irse. Mi llegada fue durísima», reconoce Salek Mohamed Lamín, de 35 años, que pasó en Cuba desde los once hasta los 28 años. Es el mayor de tres hermanos que se quedaron huérfanos pronto. «Mi tía no podía con todos nosotros y a mí me mandaron allí, sin familia, sin saber el idioma…».
Choque cultural y religioso
Basta ver el documental para hacerse una idea del enorme choque que supone sacar a un niño de unos diez años de familia musulmana de una tienda de campaña en el desierto, sin agua ni luz, montarlo en un barco ruso –como viajaban los primeros años- y asentarlo a miles de kilómetros al otro lado del Atlántico. Y en Cuba.
«A mí me encanta bailar, pero traemos de vuelta una cultura ajena, todo lo contrario a nuestras costumbres aquí. Para los saharauis lo que traemos de Cuba son irregularidades y falta de respeto», añade Sale después de ver «El maestro saharaui» junto a este enviado especial.
Algunos de los «cubarauis» con los que ha podido hablar ABC calculan que, como la hija de Ayub, podría haber entre 200 y 500 hijos de saharauis en Cuba sin que apenas se sepa de su existencia. «Creo que es exagerado. Me extrañaría que fueran más de cien», señala Muñoz sin embargo. «Si hubiese tal cantidad me hubiera costado menos encontrarlos para el documental», añade.
Ayub, como muestran las imágenes de la película, fue recibido con enorme cariño por su familia en el campamento 27 de Febrero de Tinduf. Pero su padre, muy tradicional y piadoso, no entiende que haya tenido un hijo con una cubana y menos fuera del matrimonio. «El padre no lo acepta para nada y le pide a su hijo que se olvide. Pero Ayub está tratando de volver a Cuba, sobre todo por su hija», explica Nicolás Muñoz.
Vivir bajo el qué dirán
Slaka Gasuani también tuvo un hijo en Cuba. Y allí lo dejó cuando tenía seis meses para volver a lo que la inmensa mayoría de saharauis consideran que es su obligación por encima de todo, a veces incluso de la familia, que es luchar por la independencia de su pueblo.
Muñoz conoció al hijo de Slaka durante el rodaje y llevó una carta que éste, de 18 años, escribió a su padre. La lectura de la misiva fue el empujón que necesitó el refugiado saharaui para ir a conocer a su hijo durante una veintena de días antes de retornar de nuevo al campamento Dajla, donde se ha celebrado Fisahara. El emocionante encuentro entre ambos, otra afirmación de esa realidad negada, también fue filmado por Muñoz.
La crisis ha obligado a La Habana a dar por cerrado casi definitivamente el programa de becas, pero en los campamentos es fácil encontrarse con «cubarauis». Algunos bailaban la otra noche en El Palmeral, un chiringuito al aire libre convertido en el único sitio de ocio del campamento Dajla. Son capaces de forzar su acento hasta el punto de no poder distinguir si son verdaderos cubanos. Y menos si los ves bailar bachata y merengue agarrados de las manos y las caderas de algunas de las extranjeras que acuden al festival de cine.
«Allí eres totalmente libre. Aquí vivimos siempre pendientes del qué dirán», concluye Salek Mohamed Lamín.

domingo, 6 de mayo de 2012

El documental de Javier Bardem, premiado en el FiSahara


"Hijos de las nubes", que aborda el conflicto saharaui, se convierte en el ganador de la Camella Blanca del Festival de Cine del Sahara
VirginiaHebrero | EFE  06-05-2012 El documental "Hijos de las nubes, la última colonia", producido y protagonizado por Javier Bardem, es el ganador de la Camella Blanca, el primer premio del Festival de Cine del Sahara (FiSahara), que se clausura este fin de semana en este campamento de refugiados.
Dirigido por Álvaro Longoria, este filme que analiza los intereses políticos y estratégicos que impiden la resolución del conflicto saharaui, fue estrenado bajo las estrellas de Dajla antes de que pueda verse en salas comerciales en España dentro de unas semanas, y tras haber sido presentado en la Berlinale.
En la película, Bardem conduce al espectador desde las raíces del conflicto hasta la situación actual de estancamiento y olvido del dama saharaui.
Ni Bardem ni Longoria viajaron a Dajla, por lo que el premio, otorgado por un jurado popular en este festival no competitivo -el único del mundo que se celebra en un campamento de refugiados- será recogido de manos de la actriz Aitana Sánchez Gijón por el técnico de sonido Charlie Schmukler.
El codirector del festival, el actor Willy Toledo, consideró, en declaraciones a Efe, que era "previsible" que "Hijos de las nubes" se alzara con el premio, porque "siempre que hay una gran película que aborda el conflicto saharaui, como "El problema" hace dos años, se aprecia mucho aquí".
El actor destacó igualmente que el documental de Bardem "tiene un enfoque de alta política, los pasillos de la ONU, los dirigentes mundiales, que no había visto en otras películas de temática saharaui, y además es muy didáctica para quienes no conocen el conflicto".
Rompiendo la tradición de ofrecer la verdadera camella a la familia saharaui que ha alojado en su jaima al galardonado, los organizadores han decidido donarla a la Gendarmería saharaui que estos días ha garantizando la seguridad del público y los invitados del evento.
Ello para evitar cualquier posibilidad de que pudiera repetirse un hecho tan dramático como el secuestro, hace más de seis meses en los campamentos saharauis, de tres cooperantes -los españoles Ainhoa Fernández y Enric Gonyalons, y la italiana Rosella Urru- a los que el festival ha rendido homenaje.
También se concederán dos menciones especiales, una de ellas al documental "Gdeim Izik: detonante de la primavera árabe", que narra la creación y el desalojo, en noviembre de 2010, del campamento que los saharauis de la zona ocupada por Marruecos establecieron en El Aaiún, una protesta que algunos analistas consideraron el principio de esa revolución en el mundo árabe.
Una segunda mención especial será para la risa, y las sonrisas, que han arrancado estos días los integrantes de "Pallasos en rebeldía", con sus payasadas, magia y pasacalles sobre la arena del desierto.

sábado, 5 de mayo de 2012

El film “El maestro saharaui” se interna en la realidad de los “cubarauis”


Campamento de refugiados saharauis de Dajla (Argelia), 5 may (EFE).- Les llaman “cubarauis”. Fueron a Cuba a estudiar, allí pasaron toda su juventud y volvieron a los campamentos de refugiados dejando detrás recuerdos, vivencias y, en ocasiones, hijos.
Entre los documentales de temática saharaui que han podido verse en la IX edición del Festival de Cine del Sahara (FiSahara), que cerrará esta noche, “El maestro saharaui”, del español Nicolás Muñoz, ha presentado esta realidad, a veces delicada para la tradicional cultura saharaui en la pantalla del campamento de refugiados de Dajla.
Terminado en 2011 tras dos años de trabajo, este largometraje, que se ha presentado en otros festivales pero aún no tiene estreno comercial, se diferencia de otros como “Hijos de las nubes” de Javier Bardem o “Wilaya” porque rebasa la habitual temática de corte político o histórico sobre el conflicto saharaui para abordar un aspecto humano que interesa a su director.
“Estaba un poco tenso, toda esta historia de los niños que dejaron atrás es un tanto conflictiva. Lo cubarauis a veces tienen su pasado cubano apartado u olvidado”, dice a Efe el director del filme.
En la cinta se siguen varias historias de “cuabarauis”, como la de Ayub Ali Mohamed, un joven que tras graduarse regresa a los campamentos dejando allí a su esposa y a una hija pequeña.
“Sabíamos que algunos habían dejado hijos, pero una cosa es saberlo y otra que estén dispuestos a que les graben”, afirma Muñoz. “Tuvimos mucha suerte en encontrar a Ayub, que nos permitió filmar la escena en que se separa de su hija y de su esposa”, añade el director.
También se narra la historia de Slaka Gasuani, un saharaui que vive en este campamento de Dajla, y de su hijo cubano Bassiri, a quien dejó con apenas seis meses y sólo volvió a ver 18 años después.
“Conocimos en Cuba al hijo de Slaka y nos entregó una carta para su padre. Vinimos aquí sin conocerle, preguntamos dónde vivía y fuimos a buscarle sin saber si su mujer saharaui conocía este pasado o si nos iba a tirar a un camello para que nos mordiera”, recuerda Muñoz.
“Afortunadamente, incluso tenían allí la foto del hijo cubano, ya que se habían enviado algunas cartas en estos años”, agrega.
Su visita fue “el empujón que le hacía falta para echarle valor y viajar a Cuba”, y así se grabó la imagen más emocionante de la película, el reencuentro de padre e hijo envueltos en lágrimas.
Otro de los protagonistas, Brahim Cheij, tiene perfectamente asumido su pasado cubano y ha sido, con Muñoz, uno de los impulsores del documental.
“No me siento avergonzado, mi pasado es el de cualquier joven, allí dejé muchos amigos, mucha gente que nos brindó de todo, tuvimos novias, la cultura cubana es muy diferente a la nuestra, allí puedes invitar a una chica a bailar, aquí aunque la invites a té tienes que pedir su mano”, dice a Efe Brahim.
Este sociólogo de 37 años que llegó a Cuba con 11 años y se quedó hasta terminar la Universidad, se muestra muy agradecido. “En Cuba aprendí muchas cosas, a ser yo mismo, a ser solidario y sincero, y todo eso lo utilizo para defender mi causa”, asegura.
“Viajé a Cuba con toda la inocencia de los 11 años, creía que iba a un sitio cercano, éramos 800 niños saharauis en varios vuelos chárter para La Habana y fue una experiencia amarga al principio. Del desierto a un clima tropical, los mosquitos, lejos de la familia y yo estuve 14 años pero lo pasamos de lo lindo, de allí tengo los mejores recuerdos”, añade con un perfecto acento cubano.
En el documental, Brahim regresa a Cuba más de diez años después de haberse ido para llevar ayuda recaudada por una recién creada red de “cubarauis” a una escuela especial de niños con problemas.
Después de muchos años recibiendo a saharauis -estudiaron en Cuba cerca de 10.000 desde 1976- el programa prácticamente ha desaparecido ante la crisis que vive la isla.

Desde los campamentos saharauis: Historias de cine. Historias propias



Segunda crónica de la periodista Jessica Romero desde los campamentos de refugiados de Dajla donde se celebra el Festival de Cine del Sáhara.
Proyección "Hijos de las nubes" de Longoria y Bardem. Foto: Jessica Romero.
Cada año el número de películas dirigidas o protagonizadas por saharauis es más abundante. El cine es una ventana para llevar el mensaje de este pueblo por cada rincón del mundo. “Hay muchos documentales sobre la situación política del Sáhara contada siempre desde un punto de vista, porque Marruecos nunca quiere hablar” comenta Nicolás Muñoz, director del documental El maestro saharaui. Para la película dirigida por Álvaro Longoria y producida por Javier Bardem (Hijos de las nubes. La última colonia), ninguna autoridad marroquí quiso ser entrevistada, ni tampoco otros cargos de diversas instituciones, entre ellos el exministro español de Exteriores Miguel Ángel Moratinos, quien canceló la cita con Bardem y Longoria una hora antes de celebrarse.
Hijos de las nubes. La última colonia es el resultado del viaje que Javier Bardem hizo a Dajla durante la quinta edición del FiSahara. El impacto fue tan mayúsculo que lanzó junto a otros actores un manifiesto de apoyo al pueblo saharaui que se cristalizaría en la puesta en marcha de la plataforma 'Todos con el Sáhara', que entregó al Gobierno de Zapatero 230.000 firmas de ciudadanos españoles exigiendo una solución al conflicto. A día de hoy, 230.000 personas aún no han tenido respuesta. Hace unos meses, el actor, que se ha convertido en un gran altavoz de apoyo para los campamentos estuvo en la Asamblea General de Naciones Unidas dirigiéndose a los gobiernos internacionales.
Nicolás Muñoz incide en la necesidad de contar también las historias personales de este pueblos, las consecuencias de un drama vital con daños colaterales, familiares y emocionales. Con el ánimo de buscar en esa grieta se fijó en la figura de los cubarahuis: saharauis que se fueron a Cuba siendo niños y, tras doce años de estudio, vuelven siendo hombres a los campamentos de refugiados. “Los saharauis, en general, son muy pudorosos y no hablan de sus sentimientos, especialmente los hombres”. El maestro saharaui es la historia de tres separaciones muy dolorosas, de padres que dejan hijos y novias en Cuba.
Omar Hassena, nuestro guía durante esta semana de festival, es trabajador social y uno de esos cubarahuis de los que habla el documental. “Me ha impactado mucho” dice esta mañana durante el desayuno y comienza a narrarnos las diferentes historias que Muñoz cuenta en la película, mientras hace aspavientos. “Yo he llorado” afirma, “miraba a mi alrededor y no entendía que el resto no lo hiciera” se sorprendía Omar, quien dejó atrás a su novia cubana.
Historias de separaciones forzadas, familias que se dejan atrás porque el acuerdo para estudiar tiene un tiempo limitado y hay que volver al lugar al que perteneces para devolverle al pueblo lo que has aprendido. Omar cuenta cómo se entristeció con una escena de El maestro saharaui en la que una niña, después de que su padre le dijera que tiene que ir a ver a los abuelos pregunta: “¿me voy a quedar sin papá?”. Historias propias, decíamos. Historias humanas.

'No conocemos ningún festival de cine más útil que éste'


Aitana Sánchez-Gijón y Malena Alterio, en su haima saharaui.
Pantalones deportivos, pies descalzos, arena sobre la piel... Aitana Sánchez Gijón y Malena Alterio comparten haima estos días en Dajla, el campamento saharaui que acoge el festival de cine FiSahara. Aquí el glamour se cotiza bajo. La foto, eso sí, se valora más. Es el elemento que atestigua el compromiso actoral. Imagine ésta: Aitana Sánchez Gijón recibe en la puerta de una casa de adobe y presenta a un hombre de piel morena: "Nuestro padre saharaui", dice. Con la cara lavada y vestida de sport conduce a sus invitados hasta la haima de la familia, la tienda tradicional en la que vivían los saharauis que hace más de tres décadas levantaron los campamentos huyendo de la ocupación de su tierra.
Junto a ella, Malena Alterio, su compañera 'de piso' estos días de cine en el desierto. Se sientan en el suelo y se someten al ritual del té con el que agasajan a cada minuto los saharauis. "Me tiene hipnotizada y, además, estoy enganchada, está buenísimo", dice Aitana mientras reparte vasos entre los recién llegados.
'Estoy muy impresionada por la capacidad de organización de este pueblo. Levantaron esto de la nada y, a pesar de la situación de bloqueo, han definido muy bien sus competencias', Sánchez Gijón
Las dos habían oído hablar de la vida en los campamentos. Tras nueve ediciones, la 'experiencia FiSahara' circula de boca en boca. "Me lo habían contado muchas veces, pero verlo es tremendo. Sobre todo, estoy muy impresionada por la capacidad de organización de este pueblo. Tuvieron que levantar esto de la nada y, a pesar de la situación de bloqueo, han definido muy bien sus competencias. Y es triste porque tienen muchísimo potencial, pero ninguna opción para desarrollarse y depender de sí mismos".
La acompaña en el viaje su hija pequeña, prueba de que no ha dudado en ningún momento de la seguridad del campamento: "Es que los secuestros de los cooperantes han podido hacer mucho daño a los saharauis en este terreno y, bueno, pudo pasar una vez porque no estaban preparados, pero no van a permitir que vuelva a suceder. Está todo muy controlado. Yo me siento tranquila en cada momento".
'A lo mejor si los responsables políticos de la situación pasasen unos días viviendo en estas condiciones, ponían más empeño en buscar una salida', Alterio
"La mejor manera de concienciarte de lo que viven los saharauis es viniendo. A lo mejor si los responsables políticos de la situación pasasen unos días viviendo en estas condiciones, ponían más empeño en buscar una salida al conflicto", afirma Malena Alterio. Y las condiciones de las que habla son dependiendo al 100% de la ayuda humanitaria, sin apenas asistencia médica, sin luz ni agua corriente, ni opciones de futuro y en uno de los pasajes más áridos del planeta.
"Hay cerca de 200.000 personas viviendo en el exilio y unas 90.000 están en un umbral de pobreza preocupante porque ha disminuido la ayuda internacional", añade Sánchez Gijón, "y a pesar de todo eso siguen con un estado de conciencia muy activo. Si Marruecos espera que esto se extinga por sí mismo, está muy equivocado". Tampoco se olvida de España y las "promesas incumplidas" de sus sucesivos gobernantes
Las dos actrices se están empapando de testimonios de saharauis. Escuchan y dan su opinión a cualquiera que la requiera. De eso trata el FiSahara, el único festival de cine que se celebra en un campo de refugiados: "El festival más útil al que he asistido. Y el más necesario", dice Alterio. Y se enfrascan en una conversación sobre la necesidad de que su compromiso se prolongue en el tiempo. El ritual del té en la haima se prolonga sin remedio... El tiempo se ha detenido en el desierto.

jueves, 3 de mayo de 2012

Los refugiados asisten a la clase de política de 'Hijos de las nubes'


Longoria: 'Cuenta cosas que no casan con el mensaje del Frente Polisario'
Ficciones como 'Wilaya' y documentales políticos completan el FiSahara
Y de pronto, bajo la luna, el 'monopoli' de la política internacional se despliega ante los ojos de los refugiados saharauis. Y se les revelan algunos de los porqués de su conflicto: las claves del apoyo de Francia y EEUU a Marruecos, la inoperancia de la ONU, el desinterés de España... Y cómo pocos confían ya en que su drama vaya a tener la salida de autodeterminación que esperan.
La clase de diplomacia llegó anoche en forma de documental, 'Hijos de las nubes', la cinta producida por Javier Bardem y dirigida por Álvaro Longoria que aborda 37 años de negociaciones fallidas. Compromisos laborales les han impedido estar en FiSahara, pero querían que su trabajo de cuatro años llegase a los saharauis. "Creo que van a escuchar testimonios que no han escuchado antes. El documental intenta recoger las versiones de todas las partes y cuenta cosas que no se corresponden con el mensaje del Frente Polisario al que están acostumbrados. Van a entender de golpe algunas de las razones de por qué están como están", contaba Longoria a ELMUNDO.es horas antes de que comenzase el festival.
Y como están es divididos entre la zona controlada por Marruecos desde los Acuerdos de Madrid y los campamentos a los que huyeron miles de refugiados en el desierto argelino. Todo el proceso se ve en el documental. En la pantalla de cine que cada año despliega FiSahara en la wilaya de Dajla, los saharauis pudieron ver imágenes de la Marcha Verde pacífica con la que Marruecos entró en el Sáhara Occidental cuando era colonia Española, de los soldados del Frente Polisario en la guerra que se cerró en 1991 o de la represión que sufren los suyos.
El silencio era absoluto. Pensativas, unas 300 personas escuchaban discursos de líderes de la ONU, EEUU, Francia o España que los 'cosificaban' como si fuesen un ente. Su reflexión sólo se rompía para vitorear a los soldados en pantalla o dedicar algún adjetivo al ex monarca Hassan II.
Longoria y Bardem han estado cuatro años recopilando testimonios. Y no ha sido fácil. "Nos han cerrado muchas puertas. Nadie de Marruecos ha querido hablar, tampoco Aznar, Moratinos...", cuenta Longoria. La idea surgió precisamente en un FiSahara, el de 2008, en el que ambos descubrieron a los saharauis y su lucha de mano de la familia que los acogía. En Dajla se acuerdan de aquéllo. "¡Qué raro se hace ver a Bardem vestido de traje en Naciones Unidas después de haberle visto aquí tirado en la haima!", dice un joven que le acompañó en la visita.
'Hijos de las nubes', que se estrena en una semana en Madrid, no es la única cinta de temática saharaui que se proyectará en FiSahara estos días. Habrá cintas como 'Carta a Sasha', de Javier Reverte y Andoni Jaén, o el documetal 'Gdeim Izik, detonante de la Primavera Árabe', del colectivo Thawra, en el que se abordan los sucesos de esos días. Otras de las esperadas es 'Wilaya', de Pedro Pérez Rosado, rodada en los campos de refugiados con actores saharauis no profesionales. Nadhira Mohamed es una de las protagonistas de la cinta, que cuenta la historia de dos hermanas que se reencuentran en los campamentos tras 16 años sin verse, ya que una de ellas vive en España.
"Cuenta la situación del exilio. Cómo una madre se sacrifica por el bienestar de su hija y para que tenga más opciones, la manda lejos, cómo se hace con el proyecto Vacaciones en paz. No es un documental de la historia del conflicto, pero sí muestra un drama al que puede llegar cualquier familia saharaui. Todos tienen algún miembro fuera", describe Nadhira, que llegó a España en 2002 de la mano de su madre, estaba enferma y necesitada de tratamiento.
Desde España, Nadhira es muy activa por la causa saharaui. "A todos nos gustaría vivir en mejores condiciones y si quieres, puedes irte a Mauritania o intentar venir a España... Pero ésa no es la solución. Hay que resistir en los campamentos hasta que el mundo se acuerde un poco de nosotros", cuenta.
Entre los saharauis que asisten cada noche a las proyecciones los hay en todas esas situaciones: con familia fuera, en trámites para marcharse, resignados al exilio... Con 23 años, Nadhira pertenece a la tercera generación de saharauis en los campamentos. "Hemos nacido allí y no concemos otra cosa que haimas, casas de adobe y desierto. Creo que tenemos más rabia que nuestros mayores porque nos han privado de todo sin ningún motivo. Buscamos una salida más activa y si fuera por nosotros, habríamos vueltos a las armas hace tiempo", dice ella. Es el mensaje que lleva años escuchándose entre los más jóvenes de los campamentos.

El Sahara grita «¡Libertad!» para Ainhoa y Enric (y Rossella)


Los campamentos de refugiados al sur de Argelia rinden homenaje a los cooperantes secuestrados hace más de seis meses
Homenaje en los campamentos de refugiados saharauis de los tres cooperantes secuestrados
 “Con el secuestro de Ainhoa, Enric y Rosella han secuestrado el corazón de todos los saharauis”, se lamenta la ministra de Cultura del Frente Polisario, Jadiya Hamdi. Un grupo terrorista se llevó a tres cooperantes, dos españoles y una italiana, en la noche del pasado 22 de octubre de los campamentos de refugiados en la provincia de Tinduf, en el sur de Argelia.
Era la primera vez que ocurría algo así desde que los saharuis se asentaron en esta inmensidad vacía y hostil hace casi cuatro décadas. “No descansaremos hasta encontrarlos y poner a los responsables ante la Justicia”, dice firme el Primer Ministro, Abdelkader Teleb Omar.
Cae la tarde en el campamento de Dajla y los últimos rayos del sol del desierto iluminan un sencillo cartel con las fotos de de Ainhoa Fernández, Enric Gonyalons y Rosella Urru. Junto a ellos, en castellano y en árabe, una palabra: Libertad. El Frente Polisario y la sociedad civil española y de otros países han querido aprovechar la novena edición del Festival Internacional de Cine del Sahara (Fisahara) para rendir un homenaje a los tres cooperantes, que trabajaban en diferentes proyectos a favor de los refugiados.
Desde aquella infausta noche de disparos y carreras se impone la escolta para los que llegan de fuera. Los viajes de extranjeros por la zona llevan ahora solapadas unas medidas de seguridad que hasta entonces nadie consideraba necesarias. Los que nos encontramos estos días sobre el terreno vamos acompañados casi de manera permanente no solo por militares del Frente Polisario, sino también por patrullas de la Gendarmería argelina. Los organizadores del festival tratan de que todo discurra con normalidad, pero los que han vivido ya otros viajes a la zona saben que la preocupación es permanente.
“Nuestro palacio de cristal se ha roto”, opina Bucharaya Beyún, delegado del Frente Polisario en España instantes antes de la inauguración, en la que no estuvo presente ninguna autoridad española. “Toda la región del Sahel se encuentra ahora amenazada”, añade la ministra de Cultura, refiriéndose a una región en la que más de una decena de extranjeros se encuentran secuestrados.
Las autoridades del Polisario no esconden que la acción se llevó a cabo con la participación de saharauis que muy probablemente conocían el edificio de Rabuni (Tinduf) asaltado para llevarse a los cooperantes. De hecho, llevaron a cabo algunas detenciones sobre las que no quieren ofrecer datos.
Más allá del triple secuestro, el problema para los saharauis es tratar de mantener en pie el esencial entramado de ayuda extranjera del que dependen para seguir sobreviviendo. Y no es fácil, porque los gobiernos mantienen a su vez la alerta por el peligro que corren los extranjeros que se desplacen a la zona. Esto ha llevado ya en algunos casos a impedir la llegada a los campamentos de refugiados, al menos desde España, de algunos responsables de proyectos.
“No les olvidamos ni un minuto”, asegura ante el micrófono José Taboada, presidente de la Coordinadora Estatal de CEAS (Asociaciones Solidarias con el Sahara), una de las personas que está en contacto con familiares de los secuestrados. Los autores de este “acto terrorista”, añade, “han intentado cortar la solidaridad de España con el pueblo saharaui, pero no lo van a conseguir”.
Los contactos de los gobiernos español e italiano no han servido hasta el momento para liberarlos. Es más, el optimismo ha dado un importante paso atrás con la creciente inestabilidad en el norte de Malí, adonde fueron trasladados por sus captores.
El ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, se apresuró a decir que el golpe de estado del pasado 22 de marzo en ese país no iba a afectar a las negociaciones emprendidas. Pocos días después tuvo que reconocer que se había perdido el contacto con el mediador. Lo último que está intentando el Gobierno español es solicitar la ayuda de los independentistas tuareg.
Terroristas, radicales islámicos e independentistas tuareg controlan las tres enormes provincias norteñas de Tombuctú, Gao y Kidal, más grandes que España. Han logrado expulsar al Ejército de Malí en diferentes ofensivas desde enero. La zona ya estaba además en manos de grupos de bandidos y traficantes de todo tipo. Todos ellos tejen a menudo alianzas de intereses.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Comienza la IX Edición del FiSahara

El festival de cine del Sáhara recuerda a los cooperantes secuestrados supuestamente por un grupo escindido de Al Qaeda para el Magreb Islámico
PUBLICO  VIRGINIA HEBRERO (EFE) Campamento de refugiados saharauis de Dajla 02/05/2012
El festival de cine del Sáhara (FiSahara) inauguró esta noche su IX edición en el campamento de refugiados de Dajla, trayendo una vez más la magia del cine a la población saharaui y con un recuerdo emocionado a los cooperantes secuestrados hace seis meses.
El copresidente de FiSahara, José Taboada, presidente de la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sahara (CEAS), presentó esta "ventana solidaria y cultural bajo las estrellas" que, desde hoy y hasta el día 6 ofrecerá una muestra del mejor cine español de 2011 así como películas de temática saharaui.
"Un recuerdo emocionado a nuestros compañeros privados de libertad Ainhoa (Fernández), Enric (Gonyalons) y Rosella (Urru), amigos y cooperantes que están sufriendo por un acto cobarde e indigno. No les olvidamos ni un minuto, estamos cerca de sus familias y amigos, estamos seguros de que pronto estarán entre nosotros, queremos abrazarles lo antes posible", afirmó Taboada en la presentación.
En el escenario estaban colgadas las fotos de los dos jóvenes españoles y la italiana capturados en octubre pasado, supuestamente por un grupo escindido de Al Qaeda para el Magreb Islámico y trasladados al norte de Mali, mientras una pancarta reclamaba su libertad. "Han pretendido atemorizarnos, desanimarnos para que disminuya la solidaridad con este heroico pueblo que resiste dignamente hace tanto tiempo. No lo van a conseguir y quien esté detrás de este acto vergonzoso, que sepa que no nos vamos a rendir y que redoblaremos nuestro apoyo y nuestras ayudas", aseguró el copresidente del festival.
Con ocasión de esta muestra, las autoridades saharauis han reforzado la seguridad, como dijo a Efe el gobernador de la "wilaya" de Dajla, Salem Lebsir. "Hemos establecido tres perímetros de seguridad alrededor de la 'wilaya', por parte del Ejército, la policía y la gendarmería saharaui", señaló Lebsir.
La constatación de que ese hecho no acabará con la solidaridad con el pueblo saharaui la comparte el otro codirector de FiSahara, el actor Willie Toledo, que consideró que el secuestro "buscaba minar la credibilidad del Frente Polisario, después de que en los 37 años que los saharauis están exiliados se haya mantenido siempre una seguridad ejemplar". Toledo no entiende "que algunas personas, incluido algún colega mío, hayan renunciado a viajar a los campamentos por miedo.
Juan Diego Botto, Aitana Sánchez Gijón y Malena Alterio, bajo las estrellas
Ese no es el caso de otros famosos que, como en todas las ediciones, han llegado a Dajla para participar en este festival atípico, que se celebra en un campamento de refugiados y nació en 2003 con la vocación de desaparecer en el momento en que los saharauis pudieran volver a su tierra, lo que todavía no ha ocurrido. Entre ellos, por la arena de la wilaya de Dajla podía verse hoy a Juan Diego Botto, Aitana Sánchez Gijón, Eduard Fernández, Malena Alterio y Jordi Aguilar. Los directores Gerardo Herrero y Gregorio Rocha también asisten a esta edición, que tiene como invitado a México, país natal del segundo.
Entre las películas que pueden verse desde esta noche en 35 milímetros, mediante proyectores móviles desde camiones, y en algunos casos en DVD, se encuentra la película ganadora de los Goya 2012 No habrá paz para los malvados o Chico y Rita, candidata a los Óscar de Hollywood. Katmandú, un espejo en el cielo, de Icíar Bollaín, La voz dormida, de Benito Zambrano, Eva, de Kike Maíllo, El sueño de Iván, de Roberto Santiago, o Silencio en la nieve, de Gerardo Herrero, son otras de las cintas que participan en este festival no competitivo, que busca tanto llevar el cine a la población saharaui como acercar a la opinión pública la realidad de estos refugiados.
Temática saharaui
Y entre las de temática saharaui, el documental Hijos de las nubes, la última colonia, dirigido por Álvaro Longoria y producido y protagonizado por Javier Bardem (un actor muy implicado con la causa de este pueblo), será estrenado en el desierto antes de que salga en España el 18 de mayo, tras su presentación el pasado febrero en la Berlinale.
Entre la decena de películas sobre la realidad saharaui, destaca también Wilaya, una incursión en la vida de los campamentos que acaba de recibir la Biznaga de Plata a la mejor banda sonora en el Fesival de Cine Español de Málaga. Los rollos perdidos de Pancho Villa, de Gregorio Rocha, y Espiral, de Jorge Pérez Solano, representarán a México.


Tres cinturones militares custodian el campamento de Dajla, sede del festival
Agentes de la Gendarmería del Polisario recorren cada zona de la wilaya
Todos los movimientos de los españoles, controlados por saharauis
No está permitido subirse en coches de particulares ni circular al caer la noche
EL MUNDO  Raquel Quílez (Enviada especial) | Dajla (Sáhara)
Una luz rosa intenso inunda las pistas del aeropuerto militar de Tinduf, puerta de entrada a los campos de refugiados saharauis que, desde hace más de tres décadas, se extienden en la hamada argelina. Cae la tarde sobre el desierto y la caravana del FiSahara aterriza cargada de cine y compromiso con ellos. Un nutrido grupo de militares les recibe. Es la herencia del secuestro de tres cooperantes en la zona hace ya más de seis meses. Ni el Frente Polisario ni la organización quieren sorpresas. La seguridad es prioridad absoluta en este evento.
"Aún tenemos en el cuerpo el susto del secuestro de los compañeros, todavía bajo cautiverio -los españoles Enric Gonyalons y Ainhoa Fernández de Rincón, y una tercera de nacionalidad italiana. La vigilancia debe ser absoluta", dice José Taboada, codirector del festival e impulsor de las asociaciones de ayuda al pueblo saharaui en España. Y se nota a cada paso que damos.
La caravana del cine deja el aeropuerto escoltada por el ejército argelino. Media hora después entra en la zona que Argelia cedió a la RASD (República Árabe Saharaui Democrática) tras la Marcha Verde de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y los Acuerdos de Madrid por los que España repartió su ex colonia a terceros. En ese punto toman el control las fuerzas de seguridad del Frente Polisario, el partido gobernante en el exilio. No volverán a soltarlo.
El convoy llega al campamento de Dajla después de cuatro horas y media de trayecto. Es la una de la madrugada y los españoles recogen su equipaje fuertemente escoltados. Hombres armados y con el uniforme militar de la Gendarmería del Polisario -fuerza equivalente a nuestra Guardia Civil- controlan cada movimiento y un saharaui es asignado para velar por la seguridad de cada grupo de cuatro. Ningún español anda suelto: duermen con ellos en la haima que los acoge y serán su sombra durante los días que dure el festival.
Salem Lebsir, gobernador de Dajla, explica que cada wilaya ha establecido un plan de acción concreto. "Aquí tenemos una extensa frontera con Mauritania, Mali y Argelia y hemos creado un fuerte cinturón de seguridad para protegerlas", cuenta. Tres anillos de seguridad custodian el campamento: el primero a 80 kiometros, el segundo, a 40 y un tercero más cerca a las áreas pobladas. Además, policías, militares y gendarmes patrullan los barrios de adobe. "Y hemos concienciado a todos los saharauis de que nos ayuden y denuncien en seguida si ven algo raro", matiza. Seguridad extrema.
Los propios saharauis se sorprenden del despliegue. "Nunca habíamos visto tantos gendarmes. ¡Qué exageración!", comentan tres de las mujeres que acogen a los invitados en sus haimas. El gobernador de Dajla lo justifica por la sorpresa que les supuso el secuestro: "En los 37 años de conflicto nunca habíamos tenido este tipo de problemas. Nuestra lucha era contra Marruecos, no pensábamos que un acto terrorista así podía ocurrir en nuestro territorio".
Prohibido alquilar coches y 'toque de queda'
Los agentes velan por la seguridad de todos: organización, periodistas y actores como Juan Diego Botto, Aitana Sánchez-Gijón, Malena Alterio o Eduard Fernández, que comienzan a familiarizarse con los campamentos.
Uno de los 'acompañantes' asignados, Salam, cuenta que tienen la orden de que no caminemos solos en ningún momento. Se acabó la despreocupación de otros años, en los que subirse a cualquier coche era el medio habitual para alcanzar destino. El secuestro de octubre -en la zona administrativa de Rabuni, donde se establece el protocolo de cooperación- ha marcado un antes y un después en la vida saharaui.
La acción la ha reivindicado el Movimiento Yihad en África del Oeste y el Gobierno español negocia su liberación con los tuareg de Mali, pero el golpe de Estado en la zona ha ralentizado el proceso.
"Está prohibido subirse en taxis o coches alquilados y moverse por libre de campamento en campamento. Hemos habilitado coches y autobuses oficiales para llevar a cada uno adonde quiera", explica Taboada. La organización del FiSahara ha trabajado a fondo la seguridad con el Polisario. Incluso se ha instaurado una especie de toque de queda cuando cae la noche para que ningún coche circule entre campamentos. Los desplazamientos nocturnos están vetados estos días de visita extranjera. Los cooperantes que trabajan en Rabuni también tienen la orden de moverse en vehículos identificados y avisar de cada desplazamiento.
Y es que la solidaridad internacional es clave para la supervivencia de los saharauis en el exilio. "Con los secuestros han querido hacernos daño en ese sentido y la verdad es que lo han conseguido porque ha bajado un poco el interés por venir aquí y ha limitado la libre movilidad que teníamos", reconoce el gobernador. "Pero vamos a cerrar todos los huecos por donde puedan atacarnos. Ahora sabemos que debemos estar preparados", sentencia. Y eso pese al coste económico que supone en unos campos de refugiados asfixiados por los recortes en cooperación.
"Para nosotros es raro, un poco incómodo, pero se hace para que los que vengan estén seguros", dice uno de los vendedores de artesanía que expone sus productos aprovechando el festival. Y mientras lo cuenta pasa a escasos metros de él un 'jeep' con tres militares y un kalashnikov bien sujeto. A izquierda, cuatro gendarmes hacen guardia a pleno sol.
Y se les ve en cada rincón de la wilaya, escoltando a los españoles que visitan las escuelas, a los que deambulan por los proyectos humanitarios o a los que simplemente buscan su haima entre el marasmo de abobe que es el campamento. La gran prioridad del festival parece resuelta. El cine y la solidaridad pueden ocupar sus puestos.