lunes, 22 de junio de 2009

El yacimiento arqueológico de Erqueyez


Revista Travelport. Lugares insólitos

EL YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE ERQUEYEZ. Pablo-Ignacio de Dalmases


El Sáhara, que a ojos del intruso parece un territorio infinito y yermo sin nada de interés es, en realidad, un verdadero universo que guarda numerosos secretos del pasado de nuestro planeta e incluso de la misma existencia humana.


Muchas veces la casualidad acude en apoyo de la ciencia y tal fue el caso ocurrido en 1993 cuando un grupo de estudio de la Universidad de Granada que se desplazaba a Mauritania pasó por el Sáhara occidental y fue alertado por algunos originarios de esta zona de la existencia de ciertos abrigos existentes en las inmediaciones de Tifariti que contenían dibujos que parecían muy antiguos. El hallazgo dio lugar a una primera visita más detenida en 1998 y a un estudio pormenorizado[1] realizado en enero y febrero de 2002 por Teresa Muñoz López, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de dicha Universidad.




UN MACIZO EN FORMA DE ELE

Según su descripción el Erqueyez es “un macizo de arenisca depositada sobre afloramientos magmáticos que fue erosionada desde finales del terciario, generando diversos aspectos en su relieve y siendo éste modelado definitivamente durante los períodos húmedos y áridos del cuartenario del norte de África y Sáhara central y occidental”. Se alinea en dirección suroeste-noreste con alturas comprendidas entre los 405 y los 627 metros sobre el nivel del mar, con profundos barrancos formados por las aguas torrenciales que, cuando llegan, rinden sobre los cauces del Uad Erni y del Gaddar Talhu, afluentes ambos de la Saguia el Hamra.

La investigación acometida dividió la zona a estudiar en un área en forma de ele de 60 kilómetros cuadrados, que fue subdividida en otras tres menores situadas respectivamente al este, oeste y norte-sur, siguiendo el eje de la cadena montañosa. La primera tiene la mayor parte de los abrigos en la cara oriental de formación montañosa y en la ladera que da sobre el río Yasadía; la segunda, presenta los abrigos en la cara occidental y la última ocupa las zonas más altas de la formación montañosa donde se ha ido formando una meseta de la que parten numerosos barrancos.



Muñiz detectó hasta 129 abrigos con pinturas, de los que 98 están en el sector oriental y 31 en el occidental y que contienen figuras humanas con escenas de caza, danzas y actividades rituales; fauna con gacelas, antílopes, jirafas, elefantes, rinocerontes, avestruces, etc; motivos geométricos, manos e incluso grafía tifinar, un tipo de escritura cuasi alfabética que habría surgido en tiempos del imperio romano, en los actuales Túnez y Argelia y habría sido elaborada por los nubios, ancestros de los libios. Curiosamente la investigadora advierte que no hay carros, lo que plantea dudas para la datación sobre todo en comparación con las pinturas de otras zonas del mismo continente, como las del Tassili Ajjer en Argelia o las de Akakus en Libia.

Según Muñiz los abrigos localizados pueden datarse entre el paleolítico inferior y el epipaleolítico, conocido también como mesolítico, que es la fase final y postglaciar del paleolítico y el periodo en que el desarrollo de la tecnología humana precede al período neolítico de la edad de piedra). En todo caso y tal como se advierte al hacer referencia a este yacimiento en el Museo de Tifariti “en toda la extensión del Sáhara encontramos huellas de los primeros seres humanos que poblaron este territorio, sobre todo en las terrazas de los antiguos ríos que pertenecen a un momento de un Sáhara húmedo muy diferente del actual. Sin embargo, a diferencia de otros lugares no existe una secuencia clara de estas poblaciones, debido a la escasez de fondos humanos que han aportado los yacimientos y a la insuficiente investigación. Por tanto no podemos hablar de una secuencia similar a la existente en Europa”.


LA DEPREDACIÓN HUMANA

Cuando fue la arqueóloga Muñiz observó que el estado de conservación de las pinturas habría sufrido alteraciones por dos tipos de causas. Unas, naturales, como la erosión eólica, la termoclastia (es decir, la fragmentación de la roca debida a los cambios de temperatura bruscos), la radiación solar y ciertas descamaciones laminares. Pero otras fueron humanas, tales los graffitis, las expoliaciones y las imprudencias de los visitantes ocasionales.

El acceso a Erqueyez está ahora mismo custodiado noche y día por una patrulla militar saharaui y en la entrada hay dos carteles en árabe, español e inglés que advierten categóricamente de la necesidad de obtener un permiso previo en Tifariti y de la obligación de los visitantes de respetar la integridad de este yacimiento. El segundo cartel es aún más explícito y reza:

“El personal militar de las Naciones Unidas está sujeto a la disciplina militar en caso de contravención de esta norma”.

La advertencia no es gratuita porque en 2007 surgieron varios gritos de alarma a consecuencia de haber sido detectados verdaderos expolios de estas riquezas culturales saharauis a cargo de los únicos que tienen el paso franco por estas zonas en litigio: los soldados de Naciones Unidas. El arqueólogo alemán Stephan Kröpelin advirtió de lo que estaba pasando en Leshuat, una zona alejada 800 kilómetros de Tifariti, mientras que Teresa Muñiz denunció lo ocurrido en Erqueyez, donde algunas pinturas habían sido sencillamente robadas aprovechando la facilidad con la que el estrato superior de la piedra caliza puede extraerse. En otros casos se habían dejado inscripciones bizarras del tipo de “yo estuve aquí”, con la fecha y el nombre. La autoría no dejaba lugar a dudas porque las lenguas utilizadas coincidían con las de las nacionalidades de los soldados internacionales. El escándalo fue mayúsculo y obligó a adoptar severas medidas por parte de los mandos militares de la misión de Naciones Unidas.



FLORES EN EL DESIERTO

Después de haber girado visita a uno de los sectores de este impresionante testimonio de nuestros ancestros descendemos de nuevo de los abrigos situados en la montaña en busca del vehículo detenido en la zona baja, junto al cauce seco de uno de los ríos y nos sorprende la floración espontánea que han producido las lluvias. Los inesperados y fecundos chubascos caídos recientemente han fecundado el desierto y han producido la aparición de una notable e insólita abundancia de flores de vivos colores.


Pregunto a algunos de mis jóvenes acompañantes sobre el nombre de las mismas en hassanía, pero lo ignoran, porque son urbanitas. Me saca de mi ignorancia uno de los viejos conductores de los vehículos que las identifica una a una, describiendo además las aplicaciones prácticas que tienen (con ésta se hace una infusión, con la otra se cura el mal de oído, frotando aquella entre las manos se sustituye con ventaja la falta de agua y jabón, etc).

La lejanía e inaccesibilidad de Erqueyez ha hecho posible, aún a pesar de los últimos incidentes, la supervivencia de este yacimiento que es un verdadero tesoro para los investigadores y que permitirá profundizar en la resolución de grandes incógnitas porque, como dice la profesora Muñiz, “la prehistoria del Sáhara sigue siendo un misterio para la arqueología”.

Pablo-Ignacio de Dalmases. Revista TRAVELPORT

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[1] Muñiz, Teresa, Los abrigos con pinturas rupestres de Erqueyez, Prospección, arqueológica: diseños y resultados, @rqueología y territorio, nº 2, 2005. Universidad de Granada



*Ver expolio de los yacimientos arqueológicos saharauis

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