domingo, 4 de mayo de 2014

Sidi Mohammed Daddach: “Durante 14 años esperé cada día el momento de mi muerte”

DAJLA (CAMPAMENTO DE REFUGIADOS EN TINDUF, SÁHARA).– Sid Mohammed Daddach (Guelta Zemmur, 1957), conocido por ser el Nelson Mandela del pueblo saharaui, es el preso de conciencia que más tiempo ha estado encarcelado en África, después del líder sudafricano. Daddach fue detenido en 1976 por Marruecos cuando intentó unirse al Frente Polisario y fue forzado a servir en el ejército marroquí. En agosto de 1979, intentó huir sin éxito siendo encarcelado. Apenas unos meses después, en abril de 1980, un tribunal militar de Rabat le condenó a pena de muerte “por alta traición”. “Si quito todas las torturas recibidas, mi peor recuerdo de la cárcel fue el momento en el que el juez pronunció esas palabras”, explica a cuartopoder.es Sid Mohammed Daddach en el campamento de refugiados de Dahjla, donde ayer, miércoles, arrancó la XI edición del Festival Internacional de Cine del Sáhara.
La pena de muerte podía ser ejecutada en cualquier momento. Marruecos no tenía por qué avisar de cuándo se produciría. “Durante 14 años estuve esperando cada día el momento de mi muerte”. Tras 14 años condenado a muerte, la pena fue conmutada por la cadena perpetua. Era el 8 de marzo de 1994. Después de 21 años detenido, en 1997, Marruecos permitió que el CICR realizara una visita de observación de sus condiciones carcelarias. “Me liberaron gracias a la presión de los organismos internacionales de Derechos Humanos”, señala Daddach.
La excarcelación se produjo el 7 de noviembre de 2001. “Desde mi primer día detenido hasta hoy mi voluntad ha sido la misma. A pesar de todas las torturas y maltratos que he sufrido sigo peleando por los derechos fundamentales de mi pueblo. Mi causa es la autodeterminación de mi pueblo y lo será siempre. Hasta que lo consigamos”, explica Daddach, que asegura que durante su larga estancia en prisión fue su fe en la causa saharaui lo que le ayudó a vivir.
Daddach vive hoy en los territorios ocupados por Marruecos en el Sahara Occidental, concretamente, en El Aaiun. Allí reside junto a su mujer y sus hijos y sigue sufriendo a día de hoy, según afirma, numerosas intimidaciones, presiones psicológicas, allanamientos de morada y palizas de la policía durante las reinvindicaciones saharauis en los territorios ocupados. Sus padres y sus hermanas viven en los campamentos de refugiados de Tinduf. Tras la excarcelación, vio a su madre por primera vez en noviembre de 2002 cuando recibió el premio de Rafto, el ‘Nobel de los Derechos Humanos’, en Bergen (Noruega). No podía verla desde su segunda detención en 1979. “En la cárcel lo que más aprendí fue a tener paciencia”, comenta.
Este hombre de 57 años habla tranquilo. Con un tono bajo y explicativo. Acaba de terminar una charla con jóvenes para tratar de concienciarles de la importancia del voluntariado para la población saharaui. “Yo no soy político, ni tengo ningún puesto de responsabilidad en el Frente Polisario. La juventud insiste en la lucha armada. Es una petición de cada vez más gente joven de los campamentos pero también de los jóvenes de los territorios ocupados. La voz de esta gente joven debe ser escuchada”, asegura Daddach, que señala que él, como el Polisario, aboga por la vía pacífica aunque “no de manera indefinida”.
El límite que se marca para pasar de la defensa de la vía pacifista a la vía armada es “el que marca la comunidad internacional”. “Vamos a continuar confiando en la comunidad internacional a ver si las negociaciones nos llevan a buen puerto y nos ayuda a seguir apostando por la vía pacífica. Si no observamos avances en la lucha  tendré que cambiar de opinión y abogar por la vía armada”, afirma.
La comunidad internacional no se lo está poniendo fácil a los defensores de la vía pacífica. Este martes el Consejo de Seguridad de la ONU prolongó por un año más el mandato de la Minurso en el Sáhara Occidental, cuyo último objetivo debe ser la celebración de un referéndum de autodeterminación entre el pueblo saharaui. Sin embargo, esta misión es la única en todo el mundo que no tiene competencias para proteger y salvaguardar los derechos humanos de la población saharaui en los territorios ocupados.
“Lamentamos la decisión que ha tomado el Consejo de Seguridad, pero seguiremos trabajando para que la Minurso supervise el cumplimiento de los derechos humanos. Este año hemos conseguido que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, recomiende al Consejo de Seguridad que incluya esta competencia al mandato de la Minurso. Es algo único y novedoso que no se había hecho hasta el momento”, lamenta Daddach, que culpa a Francia y a España de aliarse con Marruecos y dejar de lado el respeto al derecho internacional y a los derechos humanos.
“Al Gobierno español le achacamos un error histórico: entregar de formar ilegal el territorio del Sahara Occidental a Mauritania y Marruecos”, denuncia a la vez que califica como de “poca identidad y débil” la política exterior española, ya que “en cada lugar al que acude dice una cosa diferente”. “Que quede claro que hablamos del Gobierno y no de la sociedad, que es nuestro mayor apoyo”, apostilla Daddach, para quien PP y PSOE son lo mismo ya que siempre han mantenido una postura similar de afinidad con Marruecos respecto al Sahara.

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