martes, 2 de diciembre de 2014

Brahim Mojtar: “Cualquier ayuda condicionada viola la dignidad del pueblo saharaui”

Brahim Mojtar, ministro de Cooperación de la República Saharaui. Foto. EIC Poemario Sahara Libre
Hace pocos días entrevistamos a Brahim Mojtar, ministro de Cooperación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), con quien mantuvimos una extensa y rica charla, la cual tuvo lugar con motivo de cumplirse las cien emisiones ininterrumpidas de la columna radial semanal “Noticias del Sahara Occidental”, el pasado domingo 23 de noviembre. Tras haber presentado entonces un fragmento del audio de esa entrevista, la compartimos hoy en forma completa para los lectores y lectoras de Voz del Sahara Occidental en Argentina.
Con el ministro saharaui no solamente hemos hablado de cooperación en sus diversas aristas (paradigmas Norte-Sur y Sur-Sur y condicionalidad, por ejemplo), sino que también abordamos otros temas como la actualidad de la causa y el presente y FUTUROhttps://cdncache1-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png del Frente Polisario, incluyendo aspectos como la conducción de ese movimiento de liberación y la existencia -o no- de oposición y tribalismo. Mojtar envía, además, mensajes al pueblo saharaui que vive en los territorios ocupados y a los pueblos y gobiernos de América Latina y Caribeña.
La cooperación con la República Saharaui, RASD
¿Cómo coopera la RASD?
El Ministerio de Cooperación, conjuntamente con la Media Luna Roja Saharaui (MLRS), son los dos departamentos encargados de canalizar toda la ayuda humanitaria procedente del exterior, de la que depende en gran medida el pueblo saharaui. La MLRS tiene la responsabilidad de coordinar todo lo que es ayuda alimentaria, mientras que el Ministerio de Cooperación lo hace para todos los otros proyectos: educación, salud, medioambiente, transporte… son muchos.
¿Cómo lo articulan?
Tenemos dentro de la estructura del Ministerio un departamento llamado Consejo Superior de la Cooperación, que se reúne una vez al año. Nuestros “partners” son las instituciones nacionales con las que nos reunimos, escuchamos cuáles son sus necesidades para todo el año y, a partir de eso, elaboramos proyectos a los cuales el propio Ministerio se encarga de buscarles financiación. A partir de allí empezamos a tocar puertas, principalmente en Europa; en España -por razones históricas- y otros países europeos por la cercanía y también por los recursos, dado que se supone que Europa, sobre todo antes de la crisis, estaba muy involucrada con la cooperación con los campamentos y con la República Árabe Saharaui Democrática. Pero desde el año 2011, con el comienzo de la crisis económica y financiera europea, ya estamos tocando otras puertas. No le extrañe que cualquier día lleguemos a la Argentina a tocar las puertas de la cooperación y de la ayuda humanitaria. Sabemos que allí también se atraviesan condiciones difíciles pero no hay nada más difícil que las condiciones que atravesamos nosotros en pleno desierto, sin recursos naturales a explotar, absolutamente sin nada y dependiendo enteramente de la ayuda exterior.
El caso de España es conocido pero, ¿cuáles son los países que cooperan hoy con la RASD y en qué áreas?
El caso de España es conocido, por razones obvias. Se realiza cooperación centralizada (que es la del gobierno) y a través de las Comunidades Autónomas, que es la cooperación descentralizada. Toca todos los sectores. Salud y educación son los ámbitos en los de más se coopera con España. También cooperamos con Italia en muchos dominios como el de la capacitación o la mejora de la salud de las personas con enfermedades crónicas. Cooperamos, además, con Suecia en lo que respecta a la ropa para la población: la agencia de cooperación sueca nos proporciona desde hace muchísimos años miles de toneladas de ropa. Otra cooperación con varios países es el envío de niños en el programa de Vacaciones en Paz; la mayoría de los países europeos reciben a esos pequeños embajadores que también aportan su granito de arena a la causa del pueblo saharaui.
En cuanto a América Latina y Caribeña, sabemos que Cuba, Venezuela y Uruguay cooperan con la RASD. ¿Hay más países?
Con los tres mencionados existe una cooperación muy fluida (que queremos que se desarrolle aun más) pero también ha habido reacciones desde Brasil, que recientemente nos ha ofrecido 2.500 toneladas de arroz gratuitamente, gesto que agradecemos profundamente y esperamos que pueda servir de ejemplo para otros países. Aquí cualquier ayuda a esta población refugiada marca la diferencia y tiene su importancia. También tenemos al Ecuador, que es un país en perspectiva donde queremos establecer una Embajada y abrir canales de cooperación en el sentido más amplio de la palabra.
En el caso de la Argentina, por obvias razones, la cooperación con la RASD tendría que ser descentralizada. Ud., que es conocedor de la situación argentina, ¿de qué manera cree que nuestro país puede cooperar con el pueblo saharaui?
Hay muchos dominios, nosotros necesitamos de todo: desde la ayuda alimentaria más básica hasta los proyectos más sofisticados de cooperación. En el ámbito de la salud, por ejemplo, o de la educación. La Argentina podría otorgar becas de postgrado para estudiantes saharauis, ya que tenemos bastantes dificultades en encontrar países de habla hispana que nos puedan recibir en sus Universidades. También puede enviar de vez en cuando una comisión médica para ver el estado de salud de la población saharaui en los campamentos de refugiados; asimismo, el país podría aportar una ayuda alimentaria sustancial de cualquier materia, que sirva como ejemplo para probar si lo enviado tiene importancia o no y, a partir de allí, iríamos identificando conjuntamente con Argentina, dónde esa cooperación podría incidir más.
Volvamos al modelo de Cooperación Norte-Sur. Además del caso de la Diputación de Valencia, que condicionó la continuidad de la ayuda a que una joven saharaui pudiese regresar allí desde los campamentos donde estuvo retenida por su familia, ¿existen otros casos de condicionalidad hacia el gobierno de la RASD por parte de los donantes?
No, no. Siempre, desde el comienzo en el año 1975, hemos dicho que la cooperación (o la ayuda) debe ser incondicional. Que nosotros tenemos, por encima de todo, nuestra dignidad y que cualquier ayuda condicionada viola la dignidad del pueblo saharaui. En el caso de la Diputación de Valencia, ya le hemos hecho saber a quién corresponde que no aceptamos en absoluto que se líe la cooperación de esa institución a un incidente transitorio como el caso de la joven saharaui que estuvo con sus padres aquí en los campamentos de refugiados y sobre lo que se ha creado ese problema que todos sabemos. Pero toda ayuda, independientemente de su procedencia, calidad o cantidad, tiene que ser sin condiciones, desinteresada.
En el último tiempo se han desarrollado mucho las corrientes de pensamiento dentro del paradigma de la Cooperación Sur-Sur, donde no somos donantes o receptores sino socios que acuerdan perseguir intereses comunes. ¿De qué manera está trabajando la RASD en ese paradigma, de cara a un futuro Estado libre e independiente y con la totalidad de su territorio?
Ojalá esto último suceda muy pronto… Hay que distinguir entre dos cosas. Una es la cooperación en la situación actual en la que se encuentra el pueblo saharaui, que hace que la cooperación sea unilateral porque se trata de paliar la situación del pueblo saharaui refugiado. Pero con vistas a un futuro Estado saharaui como dijo Ud. recién, que podría ser la ventana de América Latina para el continente africano y viceversa y, a partir de allí, abrir canales de Cooperación Sur-Sur, que es lo que necesitamos estos continentes. Tenemos mucho que ofrecer: poseemos recursos naturales en grandes cantidades y estamos dispuestos a colaborar con aquellos países que en los momentos difíciles nos han ayudado y, a la vez, necesitaremos evidentemente y en un futuro muy próximo, de su “know how”, su conocimiento y tecnología para desarrollar nuestra economía. Actualmente sí recibimos ayuda como receptores momentáneos y coyunturales pero pensando en crear una cooperación mucho más fructífera, basada en la Cooperación Sur-Sur ya establecida y, sobre todo, a nivel de los dos continentes: África y América Latina.
La causa saharaui
Pasemos ahora a la causa saharaui en general. ¿Cómo es su visión de lo que está ocurriendo hoy respecto del tema?
La solución del problema la ha establecido Naciones Unidas. Por su naturaleza, es un problema de descolonización y su solución pasa por el proceso de negociación directa entre las dos partes del conflicto -Marruecos y el Polisario-, conforme a la Resolución del Consejo de Seguridad 2152; una solución que respete el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, con un referéndum que dé múltiples opciones: independencia, integración o autonomía. El problema radica en que la parte marroquí, por miedo a los resultados de un eventual referéndum, no quiere involucrarse de lleno en la búsqueda de esa solución. No quiere ir a las urnas, le teme a las urnas. Nosotros, sin embargo, no les tenemos ningún temor a esas urnas, porque tenemos plena confianza en lo que nuestro pueblo va a depositar en ellas. ¿Por qué el conflicto no avanza, la solución no llega? Pensamos que, primero, por la intransigencia de Marruecos pero envalentonado por algunas potencias occidentales, como es el caso de Francia, que ha puesto sus intereses por encima del derecho y la legalidad internacional. El día en que Francia, Estados Unidos y, en gran parte, España converjan en la búsqueda real y sincera de una solución a este conflicto, Marruecos no tendrá nada que decir y deberá aceptar lo que esos países propongan como solución que, pensamos, será en un futuro muy próximo, el respeto escrupuloso del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y a la independencia.
¿Cuál es su opinión sobre la posición de algunos jóvenes -y no tan jóvenes- que evalúan fuertemente la posibilidad de tomar las armas?
El pueblo saharaui lleva veintitrés años esperando esa solución política. Desde el año ’91 en que hemos parado las armas y hemos optado por la vía pacífica. Hemos resistido mucho a muchas presiones desde el interior de nuestro pueblo, sobre todo del sector más joven de nuestra población, que no aceptan que en veintitrés años, no se cumpla la promesa de una solución pacífica al conflicto. Sin embargo, seguimos dispuestos a trabajar con Naciones Unidas para esa solución política, pacífica, que respete nuestro derecho. Pero, tanto nuestro pueblo como otros pueblos tienen limitada su capacidad de resistir a esas presiones y no se descarta que, si no se avanza en la vía pacífica, el sector más joven de la población podría retomar tranquilamente las armas en legítima defensa, como gente cansada de esperar esa solución política y frustrada por las promesas de Naciones Unidas.
El Frente Polisario
Días pasados, en una conferencia sobre el Sahara Occidental que tuvo lugar en la Argentina, alguien del público preguntó por qué la RASD tiene el mismo presidente desde hace tantos años. ¿Qué le respondería Ud. a quien efectuó esa pregunta?
Nosotros somos demócratas y respetamos las urnas. Cada tres o cuatro años tenemos un congreso general del Frente Polisario, en el que se elige su dirección política: un Secretariado Nacional y un Secretario General. El presidente Abdelaziz se ha presentado junto a otros compañeros y siempre ha resultado reelecto. ¿Qué le decimos al pueblo?, ¿le decimos que las urnas tienen que mentir, que tienen que poner a otra persona?, ¿les obligamos a votar a otra persona? Yo creo que él [presidente Mohamed Abdelaziz] está haciendo la labor que le corresponde y, de ahí, ha ganado el respeto y la confianza de la gente para que le puedan seguir votando durante 39 años. Eso sin olvidar que estamos viviendo todavía en el exilio, que somos un movimiento de liberación y que todavía el país no ha recobrado toda su soberanía y su integridad territorial. El día que eso se logre, pienso que habrá otras alternativas, otras opciones y podríamos, quizás, si las urnas lo dicen, cambiar de presidente. Solo habría que mirar un poco la historia de los demás movimientos de liberación, como el caso de la SWAPO [South-West African People’s Organization] en Namibia: el compañero Sam Nujoma estuvo al frente del movimiento durante veinte años antes de la liberación de ese país y luego otros seis o siete años como presidente de una Namibia independiente. Le citaría otros ejemplos, como es el caso de la ANC [Congreso Nacional Africano] o del FRELIMO [Frente de Liberación de Mozambique] o de Angola, que el propio secretario general del MPLA [Movimiento Popular de Liberación de Angola], el presidente Dos Santos, todavía sigue al frente de la República de Angola. En fin, son las idiosincrasias de los movimientos de liberación africanos.
También en ciertos medios se habla de que se está conformando una oposición al Frente Polisario, ¿es esto así?
Yo no hablaría de oposición. Hablaría de que el Frente Polisario -y su propio nombre lo dice- no es un partido sino un frente donde están todas las corrientes políticas que comparten el mismo objetivo, que es la liberación del Sahara Occidental. Entre nosotros hay corrientes de izquierda, de centro, de derecha… pero, por el momento, tenemos un catalizador común que es liberar el Sahara. Yo no descarto que una vez liberado tengamos muchísimos partidos políticos. Eso lo contempla, incluso, nuestra Constitución: que después de la independencia seríamos un sistema político multipartidista. Actualmente, dentro del frente Polisario sí que hay diversidad de ideas. Pero oposición estructurada, clara o definida, yo no la he visto todavía.
¿Cuál es la respuesta que tiene el Frente Polisario cuando se lo acusa de tribalismo?
No hay que olvidar una cosa: nosotros somos una sociedad nueva. Antes del colonialismo español, hace menos de un siglo, vivíamos en el desierto como tribus. Así estábamos estructurados y teníamos nuestro sistema político. Pero hemos evolucionado de un sistema basado en la tribu a otro basado en el pueblo (la propia noción de pueblo para nosotros es nueva). No se puede pasar de la noche a la mañana de un grupo de tribus que quiere ser pueblo a ser pueblo. Todavía subsisten en la sociedad saharaui, ideas o tradiciones que corresponden al pasado y que no es fácil borrarlas de la mente de la gente. Pero de ahí a que eso llegue a tener repercusiones políticas o que sea la base de un sistema político, de eso sí que no hay nada. Ya somos un pueblo estructurado, con un solo pensamiento actualmente, que es la liberación del país donde todos convergemos.
Los mensajes
¿Cuál es su mensaje para la gente saharaui que vive en los territorios ocupados?
El mensaje para mis compañeros y compañeras en los territorios ocupados es que tenemos que resistir… tenemos que resistir. A ellos les corresponde ahora la parte más difícil que es vivir la represión, las cárceles y la tortura pero su lucha está contribuyendo enormemente en la aceleración del proceso de liberación del Sáhara Occidental. De ahí mi mensaje para resistir, a seguir con esa perseverancia que le está haciendo mucho daño al régimen marroquí. Y que si seguimos, ellos sacrificándose de la manera en que lo están haciendo y nosotros resistiendo como lo estamos haciendo, seguro que nuestro esfuerzo colectivo acabará por traernos el logro que tanto añoramos, que es la independencia del Sahara Occidental lo antes posible.
Le pido ahora un mensaje para el sur: para América Latina y Caribeña en general y para la Argentina en particular…
Mi mensaje para el sur y, sobre todo, para Argentina, es que tenéis aquí un pueblo hermano de habla hispana, aislado, rodeado de gentes que no hablan español. Un país con el que compartís cultura, tradición, historia… No lo olvidéis. Hagan lo posible para que ese país pueda jugar el papel que le corresponde en el conjunto de las naciones. Que eso será, con toda seguridad, un apoyo y un refuerzo a América Latina en el continente africano.

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