jueves, 21 de mayo de 2015

Tortura en Marruecos: oír, ver y acallar

Foto: YOUSSEF BOUDLAL / REUTERS
*Fuente: EUROPAPRESS
MADRID, 19 Mayo 2015 (Por Ana Gómez Pérez-Nievas, periodista en Amnistía Internacional España) -
Sobre la voz lejana de Ali Aarrass se escucha un sonido acompasado e insistente, como de pisadas que se acercan. Es en realidad la respiración de su hermana, Farida, quien le hace preguntas que él responde desde la prisión de Salé II, en Marruecos, donde cumple condena. La voz se quiebra de vez en cuando: "Las personas que me torturaron no son humanas, no pueden serlo".
Ali, ciudadano belga-marroquí que fue extraditado desde España a Marruecos a pesar de que existía riesgo de que fuera torturado, es sólo uno de los 173 casos documentados por Amnistía Internacional.
Como él, cientos de personas luchan por mantener la dignidad en los subsuelos de cárceles o comisarías, aunque también tras las puertas blindadas de coches policiales, donde han sido sometidas a palizas, descargas eléctricas, violencia sexual o psicológica, entre otras siniestras técnicas.
La Policía y las fuerzas de seguridad marroquíes no hacen distinción: estudiantes, activistas políticos de filiación izquierdista o islamista, partidarios de la autodeterminación del Sáhara Occidental y presuntos terroristas y delincuentes comunes pueden ser sus blancos. Obtener confesiones de delitos o silenciar a activistas y sofocar la disidencia, sus objetivos. La amenaza del terrorismo, la excusa.
"La realidad es que no hay voluntad política para establecer una buena gobernanza de la seguridad nacional", declara Khadija Ryadi, expresidenta y actual miembro del Consejo Administrativo de la AMDH (Asociación Marroquí de Derechos Humanos), una de las organizaciones de derechos humanos más importantes en Marruecos, que ha conocido la represión en los años 80, cuando varios de sus congresos fueron prohibidos y sus dirigentes detenidos.
La que fuera ganadora del premio de Derechos Humanos de Naciones Unidas en 2013 asegura además que el discurso que se escuchaba en mayo de 2003, tras los atentados de Casablanca que dejaron 45 muertos, ha vuelto a resurgir. "Incluso el Ministerio del Interior llegó a decir en el Parlamento que las asociaciones de Derechos Humanos obstaculizaban los esfuerzos de los servicios de seguridad en su lucha contra el terrorismo. Pero esa lucha no es más que un pretexto", asegura.
CUALQUIERA PUEDE SER VÍCTIMA DE TORTURA
Antidisturbios en Marruecos
 Y es que cualquiera puede ser víctima de la tortura y los malos tratos en el país. No sólo los activistas corren peligro, pasear por el campus también puede ser una actividad peligrosa.
"Volvía de las clases cuando tres CMI (antidisturbios) vinieron y me dispararon. Me caí, me rasgaron el pañuelo de la cabeza y comenzaron a golpearme. Boca abajo, me arrastraron hasta la furgoneta. Ahí es donde me pegaron de verdad. Durante cerca de media hora o más estuvieron pegándome y llamándome puta, insultando a mi madre y amenazándome con violarme", explica Khadija (nombre ficticio), estudiante de la Ben Abdellah University que fue arrestada cuando pasaba cerca de una manifestación violentamente dispersada. Ese mismo trato continuó hasta que la soltaron sin cargos, ni dinero, en la noche de Fez.
Lo mismo le sucedió a otro estudiante de filosofía, Boubker Hadari, de 26 años, que fue arrestado cuando se encontraba en una protesta en el tejado de la librería de la facultad de ciencias. "Tirad al perro", dijeron antes de lanzarle por el tejado, a dos pisos de altura del suelo, dejándole múltiples fracturas y vértebras rotas.
Como este y otros relatos espeluznantes, continúan las páginas del informe que Amnistía Internacional presenta en el marco de la campaña #StopTortura. Saharauis golpeados en los coches que los llevaban detenidos, entre los que se encuentran menores, partidarios de la autodeterminación obligados a confesar bajo terribles torturas y amenazas delitos de los que más tarde no pueden defenderse en un juicio justo.
Es el caso del activista saharaui Mohamed Dihani, que fue arrestado cuando celebraba la vuelta de prisión de su primo y sentenciado a cinco años de cárcel en la prisión de Kenitra por formar una banda criminal, a pesar de asegurar en el juicio y a las autoridades marroquíes a través de múltiples quejas, que lo torturaron para obtener la confesión mientras estaba bajo régimen de incomunicación en Temara, entre el 28 de abril y el 28 de octubre de 2010. Según su testimonio, fue golpeado por los agentes, amenazado con ser violado con una botella y suspendido por sus muñecas durante más de seis horas, dejándolo con una lesión duradera en el hombro.

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