martes, 26 de noviembre de 2013

Pesca. “Si al dictamen. No al acuerdo”. Una campaña contra la resignación


*Fuente: Observatorio aragonés para el Sahara Occidental
El Pueblo Saharaui se enfrenta de nuevo a la renovación del tratado de pesca de la Unión Europea con Marruecos. Uno de los tratados internacionales que da vía libre al estado ocupante para enriquecerse con los recursos naturales de otros. Tanto activistas como asociaciones han dado la batalla para frenarlo, una vez más. El Observatorio Aragonés para el Sahara Occidental y Um Draiga han participado activamente en la elaboración y desarrollo de una campaña para hacer lobby y lograr que antes de que se vote el nuevo acuerdo, el Tribunal Europeo de Justicia emita un dictamen que explicite la legalidad o ilegalidad del mismo
Zaragoza, 23 de noviembre de 2013.- Es difícil describir algo que está por suceder. El próximo 9 de diciembre el Parlamento Europeo sentenciará, de una manera u otra, el destino inmediato del Pueblo Saharaui. En este momento, cuando el orden del día lo dicte, 754 cerebros se pondrán en marcha y procesarán información, sentimientos y órdenes para pulsar un botón… u otro. Hoy, 23 de noviembre, estamos en ese claro en el tiempo en el que aún cabe un rayo de esperanza. Todavía no está nada escrito. Y es por eso que hay margen para la acción.
El Pueblo Saharaui, junto con el movimiento de solidaridad que le acompaña, tiene claro que la invasión de Marruecos se guía por un objetivo principal: el saqueo de sus recursos naturales. Eso sí, un saqueo maquillado con la megalomanía de los monarcas alauitas y de discursos artificiales que hablan del “Gran Marruecos”.
Cada familia de colonos enviada a Dajla, cada metro del muro de la vergüenza, cada cárcel secreta de la DST tiene su traducción en toneladas de sardina, en toneladas de fosfato, en toneladas de tomates. Se puede traducir en dirhams, en euros.
Es por ello que desde diversos ámbitos se ha decidido cortar de raíz el problema. Una raíz que tiene múltiples ramificaciones, que se introduce en los almacenes, en los despachos, en las conciencias y también en los escaños del Europarlamento.
A lo largo de las últimas semanas, diversos activistas por los derechos humanos han visitado la Cámara baja europea. Han mantenido reuniones con grupos políticos y parlamentarios para mostrar los efectos de sus decisiones. Han tratado de “desburocratizar” una decisión que no es de trámite, que tiene consecuencias trágicas que en demasiadas ocasiones traen la tortura, la muerte o la desaparición forzosa.
Pero por si el dolor de un pueblo no consigue conmover la voluntad de diputados y diputadas que, en demasiadas ocasiones está sometida a la disciplina de partido, un grupo de juristas ha decidido dar la pelea en su propio terreno: en el de la burocracia de la Eurocámara.
Cargados con innumerables resoluciones, legislación y normativa internacional, juristas de IAJUWS han acudido a Bruselas y recorrido los grises pasillos tratando de mantener el sentido de voto de aquellos que la última vez tumbaron el acuerdo por motivos económicos y medioambientales, dotándoles de nuevos argumentos. Han mantenido reuniones con los indecisos y han planteado una nueva estrategia para dotar de cierta libertad de conciencia a los parlamentarios: previamente a la votación del nuevo tratado, solicitar un dictamen del Tribunal de Justicia Europeo para certificar la legalidad o no del mismo.
Ese pequeño y humilde lobby pro saharaui, se ha complementado con visitas de pescadores de los Territorios Ocupados a la capital europea, que cargados de dignidad han narrado su día a día en los puertos saharauis. Les han contado cómo Marruecos les bloquea el acceso al trabajo, cómo se falsean los diarios de abordo que cuantifican las capturas antes de llegar a la lonja, cómo se utilizan técnicas prohibidas que arrasan el fondo marino. Buena prueba de ello la dan las fotos ofrecidas recientemente por Western Sahara Resources Watch, en la que se ven las toneladas de descartes de sardinas pequeñas lanzadas por la borda de los barcos, dejando una estela de sangre inmensa en el mar.
Pero todos estos intentos de influir en una decisión, son pequeños gestos en comparación con el aparato de presión que ha desarrollado Marruecos a lo largo de los 38 años de ocupación. Su lobby ha sabido influir en los dos principales partidos en el Parlamento Europeo: los Populares europeos y los Socialistas-Demócratas.
En un intento de contrarrestar esta situación, la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sahara (CEAS Sahara) está haciendo de altavoz de la campaña “Sí al dictamen. No al acuerdo”.
La asociación aragonesa Um Draiga ha desarrollado un motor de envío de correos automático para que todo aquel que quiera escribir a sus representantes en la Eurocámara pueda hacerlo con sólo un clic. Asociaciones como AISA han repartido pasquines y folletos para animar a la gente a dirigirse a los eurodiputados. Mucha gente se ha esforzado para que esta táctica salga adelante.
Hoy, 23 de diciembre, hay margen para la esperanza. Cientos y cientos de correos electrónicos están siendo dirigidos a los ordenadores de quienes tienen que decidir.
Tan sólo con que se reúnan 70 firmas de eurodiputados que apoyen la propuesta de que el Tribunal de Justicia Europeo revise la legalidad del acuerdo se ganará tiempo.
Porque perder la esperanza de poder cambiar el curso del destino es fracasar.
El día 9 de diciembre cabe la posibilidad de que todo esto haya sido un espejismo y Marruecos siga saqueando los recursos naturales del Sahara Occidental con el beneplácito de Europa. Pero hoy, 23 de noviembre, todavía tiene sentido esta bella frase de Salvador Allende: “La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.



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