miércoles, 20 de mayo de 2015

#JusticiaParaHaidala Tekber, madre saharaui: ¿Para qué quiero la vida si no recupero el cuerpo de mi hijo, si no hay justicia?


(Alfonso Lafarga).- “Quiero el cuerpo de mi hijo, he llamado a todas las puertas y nadie me escucha, los marroquíes me ofrecieron dinero a cambio de no reclamar, me negué y me mandaron a la mierda. ¿Para qué quiero la vida si no recupero su cuerpo, si no hay justicia”.
Quien  así habla es Takbar Haddi,  madre de Mohamed Lamin Haidala, el joven saharaui de 20 años que murió ocho días después de ser atacado por cinco colonos marroquíes en El Aaiún y tras ser llevado de un hospital a otro sin recibir la asistencia médica adecuada, según denunciaron asociaciones de Derechos Humanos.
Esta madre, de 42 años, que lleva 10 viviendo en Tenerife, se encuentra en huelga de hambre desde el 15 de mayo en Las Palmas de Gran Canaria, en la calle de Pelayo, a 40 metros del Consulado de Marruecos –la Policía Nacional impidió que permaneciese enfrente de la delegación consular- para reclamar el cuerpo de su hijo, que fue enterrado sin su consentimiento.
Reclama “una investigación independiente sobre este crimen”, la detención de los tres presuntos autores que siguen en libertad –dos fueron detenidos  al día siguiente de morir Mohamed Lamin-, esclarecer la negligencia médica  y la tortura que sufrió su hijo en comisaría, la exhumación y autopsia del cadáver  por médicos imparciales y entregar los restos mortales a la familia para un entierro digno. También exige que cese el cerco y la presión policial a la que está sometida su familia en El Aaiún.
En conversación telefónica con El Espía Digital, Takbar Haddi repite que está dispuesta a llegar hasta el final, “a lo último de la vida”. ¿Para qué quiero la vida si no sé donde esta mi hijo, si no hay justicia?, se pregunta.
Mohamed Lamin Haidala tenía previsto reunirse con su madre en Tenerife la segunda semana de febrero de este año, pero en la noche del 31 de enero de 2014  fue atacado con piedras por ciudadanos marroquíes propietarios de tiendas próximas a la casa de sus abuelos. Fue alcanzado en el pecho y al caer al suelo recibió abundantes golpes y uno de los atacantes  le clavó unas tijeras en el cuello.
El joven saharaui permaneció detenido y esposado en el suelo una hora hasta que la policía decidió su trasladado al hospital, donde recibió suturas sin haber sido desinfectado ni anestesiado.  De allí pasó a la comisaría central para ser interrogado, pero las visitas al hospital se repitieron ante sus continuas quejas hasta que la misma doctora que un día antes le  prescribió un antibiótico y un analgésico determinó que tenía que ser trasladado con urgencia a otro hospital.
Según la información que en su día facilitó la agencia de prensa saharaui Equipo Mediático, el padre y un tío llevaron a Mohamed, ya en situación de libertad, al hospital Hassan II de Agadir, a donde llegaron el 4 de febrero. Allí solo recibió asistencia respiratoria, por lo que decidieron, dos días después, estando ya inconsciente, acudir a un centro  privado, pero ni en la clínica de la Caja Social ni en la clínica Tilila quisieron hacerse cargo de él,  por lo que volvieron al hospital público. El día 8 falleció por la mañana.
Mohamed Lamin no pudo reunirse con su madre en Tenerife y fue ella  quien viajó a El Aaiún, pero ya con su hijo muerto. Takbar Haddi  quiso  saber “las circunstancias de su asesinato” y se dirigió al ministro de Justicia y al Procurador General del Rey en El Aaiún, pero no obtuvo respuesta; presentó varias  denuncias y no hubo contestación.
Quería que médicos independientes hiciesen una autopsia al cadáver de su hijo, pero las autoridades marroquíes se negaron: “Me dijeron que si quería recoger el cuerpo para enterrarlo era sin hacerle otra autopsia, solo aceptaban la suya”.
Afirma que llegaron a ofrecer 90.000 euros a cambio de su silencio, para que no hiciese reclamaciones, y que en una ocasión fue despedida con un “vete para la mierda”. “Yo no puedo coger dinero, yo no vendo a mi hijo”, dice mientras se entrecorta su voz.
Desde que ocurrió la muerte de su hijo, por el que hubo varias manifestaciones de protesta en El Aaiún que fueron duramente reprimidas, los alrededores de la casa de la familia de Mohamed Lamin están controlados por la policía, que ha llegado a entrar varias veces en el domicilio.  “Los policías marroquíes, relata Takbar Haddi, han pegado a mi familia, han entrado en la casa, han botado los muebles, han pegado a mi hermana, la han dado con una piedra en los ojos, a mi hermano en la rodilla y no camina.  Es mala la justicia para los saharauis, nos pegan por la calle, nos llevan a la cárcel por querer un Sáhara libre. Cuando he estado en el Sáhara la policía me decía que no soy libre, que me callase”.
Ante la tensión que Takbar Haddi vivió en El Aaiún se llevó a Tenerife a otro de sus hijos, “amenazado de muerte por los mismos matones que la privaron de Haidala” según un comunicado de la Plataforma de apoyo al pueblo saharaui. Justicia para Haidala”.
Desde esta plataforma se ha rechazado la versión dada por el cónsul de Marruecos en Canarias, Ahmed Moussa, quien dijo que la familia de Mohamed Lamine "rechazó recuperar los restos mortales del difunto",  y aseguran que no fue así ya que no se les permitió hacer una segunda autopsia. Desde el consulado se invitó a Takbar Haddi a entrar en la delegación, pero manifestó que si el cónsul quería hablar con ella tenia que salir a la calle y hacerlo delante de todos.
Takbar Haddi está firme en su huelga de hambre: “Hasta lo último de la vida, quiero justicia para Haidala, mi hijo, mi corazón”.
AI denuncia torturas en el Sáhara Occidental
El mismo día que Takbar Haddi inició la huelga de hambre se anunció en Paris la publicación, el 19 de mayo, de un informe de  Amnistía Internacional en el que se denuncia la práctica de la tortura en Marruecos y en los territorios ocupados del Sáhara Occidental.
El  informe revela "el uso de la tortura y otros malos tratos utilizados por las fuerzas policiales marroquíes durante la detención policial y el interrogatorio" y, según la agencia de prensa argelina APS, se basó en 173 casos de tortura cometidos entre 2010 y 2014. Cita el caso de dos ciudadanos marroquíes víctimas de la tortura policial marroquí, entre ellos un capitán de la fuerza aérea condenado a dos años y medio de prisión y arbitrariamente detenido por 30 meses por haber denunciado en el periódico Le Monde la corrupción imperante en el ejército marroquí.
También menciona el caso de un ex campeón del mundo de boxeo tailandés, Zakaria Moumni, detenido en Marruecos en 2010, torturado  varios días y encarcelado durante 18 meses.
El informe de Amnistía Internacional expresa "su preocupación por un acuerdo de cooperación judicial" entre Francia y Marruecos, que "otorga la impunidad contra cualquier marroquí en estas violaciones de derechos humanos”.

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