domingo, 7 de junio de 2015

Escasez, tráfico y despilfarro de agua en el Sahara Occidental

*Fuente: Equipe Média, El Aaiún ocupada. 6 de junio de 2015
Desde el 1º de mayo de 2015, las temperaturas son excepcionalmente altas en el Sahara Occidental, y ya se han presentado problemas de escasez de agua en las ciudades ocupadas por Marruecos.
Los cortes frecuentes del agua de grifo, sin aviso, que impone el Office National de l’Eau Potable (ONEP) en las ciudades de El Aaiún, Smara, Bojador y Dajla obligan a los habitantes a equiparse de pompas para almacenar agua en depósitos en las azotea de las casas y a comprarla a vendedores privados.
Para los que se lo pueden permitir, el agua potable distribuida por camión cisterna se compra a precios que superan diez veces el precio del agua de grifo.
El agua de grifo, llamada “a’aiafa” es agua desalinizada. Los cortes de agua “a’aiafa” duran de uno a cuatro días, y cuando el agua vuelve, sólo es para 3 o 4 horas máximo, con poco caudal, lo que obliga a todas las casas a tener una o dos cisternas de almacenamiento. Los barrios habitados mayoritariamente por los saharauis, Ma’atalah, Lahchicha, Erraha, El Quads, l’Erak y los inmuebles 707 padecen cortes de agua frecuentes.
Los barrios de la ciudad antigua y el barrio El Massira (la marcha verde) donde viven las autoridades de la ocupación -oficiales del ejército real marroquí o de la policía- no tienen los mismos problemas.
La ONEP marroquí no avisa nunca de los cortes en los barrios saharauis, ni los justifica objetivamente o de forma creíble. En 2009, la ONEP prometió resolver el problema y cubrir el 90 % de las necesidades de los habitantes, pero 5 años más tarde nada ha cambiado. Al revés y paradójicamente, el Consejo Municipal de ocupación ha hecho construir fuentes de lujo que, ellas, no sufren escasez.
Desde la ocupación marroquí, en 1975, el agua que proporcionan las autoridades de ocupación por la red y por conexiones individuales a los habitantes de los territorios ocupados es esa agua no potable llamada “a’aiafa”, un agua salobre, producida por la desalinización del agua de mar. La “a’aiafa”, además de distribuirse sin regularidad, es mala para beber. Se utiliza para lavar y para el baño salvo en las casas pobres que la utilizan también para beber y cocinar.
Una casa de 9 personas debe poder almacenar unos 1.300 litros para poder cubrir los periodos de escasez.
Para tener agua potable de verdad, los habitantes de El Aaiún, Boujdour y Dajla no tienen más remedio que comprar el agua que llega en camiones cisterna desde Tan Tan, 320 km. al norte de El Aaiún.
 A título indicativo, la ONEP factura mensualmente por el consumo y saneamiento de la “a’aiafa” a 10 dirhams el m3.
Revendida en cisternas, cuesta 6 dirhams los 100 litros, es decir, 60 dirhams el m3. Los propietarios y conductores de camiones que revenden la “a’aiafa” son marroquíes.
En la Plaza de Cataluña de El Aaiún, cada camión compra la ‘a’aiafa” a la ONEP a 5,5 dirhams el m3. Las modalidades de pago son un adelanto mensual de 10.000 dirhams, regularizado en función del agua retirada.
Las inspecciones sanitarias, que dependen del Consejo municipal, no parecen muy rigurosas dado el estado de algunos de los camiones que se ven circular.
Un barril de 100 l. de agua de Tan Tan cuesta 60 dirhams. Los camiones están equipados con largos tubos y pompas para subir el agua hasta las terrazas. Los propietarios de las fuentes y de los camiones también son marroquíes. Se trata de empresas privadas.
Un bidón de 5 litros de agua mineral cuesta 12 dirhams en las tiendas de alimentación.
Para hacer el té, los saharauis utilizan tradicionalmente “lghadir” agua de lluvia con restos de arcilla, que se recoge en el desierto.
Está claro que las infraestructuras de distribución del agua potable son insuficientes en el Sahara Occidental, y que el ocupante marroquí no tiene ninguna intención de mejorar las condiciones de vida en el territorio en el que saquea los recursos naturales, entre ellos el agua para la agricultura y la propaganda.
En El Aaiún, los habitantes recuerdan las grandes dificultades y problemas sanitarios que vivieron durante el verano de 2014, cuando fueron privados de agua durante varios días en pleno Ramadán, y se preocupan al ver perfilarse los mismos problemas.

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