*Por Conx Moya. Haz lo que debas; 15 de
mayo de 2014
El pasado sábado 3 de mayo el documental
‘Legna, habla el verso saharaui’ se alzaba con el primer premio de la XI
Edición del Festival Internacional de Cine del Sahara. Se da el caso de que es
la primera vez que un largo de temática saharaui enfocada desde el punto de
vista de la cultura y la antropología consigue la preciada camella blanca del
FiSahara. También es la primera vez que un saharaui (Bahia Mahmud Awah,
codirector de la película junto con Juan Ignacio Robles y Juan Carlos Gimeno)
consigue este premio. Hemos hablado con los tres directores de la cinta sobre
el enorme trabajo de investigación, filmación y edición realizado durante cinco
años, sus experiencias en los viajes al territorio y cómo han visto la
participación de ‘Legna’ en FiSahara.
¿Qué pretendíais lograr con este trabajo
y por qué lo habéis hecho así y no de otra forma?
Juan Carlos Gimeno: El documental forma
parte de un proyecto de investigación más amplio sobre la cultura oral en
hasania, que tiene tres componentes: el de generación de un archivo de poesía,
las antologías de cada uno de los poetas y el tercer componente recoger las
grabaciones de las imágenes y las palabras. En ese sentido el proyecto fue
madurando, y se fue configurando en contar la historia de la poesía. Para ello
hay varios elementos; uno es el tema de la visibilidad hacia el mundo exterior,
incidir en audiencias más amplias a través de las imágenes, que llegan más
lejos. La segunda cuestión es la manera de transmitir a las generaciones más
jóvenes la poesía, porque la poesía atraviesa a la sociedad saharaui. Y el
tercer componente es dar visibilidad a los poetas saharauis, algunos son gente
ya mayor, y el documental recoge el anhelo de un pueblo a través de todo un
trabajo que une lo personal con un proyecto colectivo.
Juan Ignacio, como profesor de
antropología audiovisual, me interesa que nos hables de los aspectos técnicos y
narrativos de ‘Legna, habla el verso saharaui’.
Juan Ignacio Robles: Recuerdo una
entrevista con la Ministra saharaui de cultura [Jadiya Hamdi], ella pensó
básicamente en dos elementos, utilizar las imágenes y la poesía visual para
llevar el mensaje de la cultura y la causa saharaui en un formato que
trascendiera al propio Sahara y que actuara como arma política hasta el último
rincón del mundo y evidentemente la poesía montada sobre las imágenes podía
tener este impacto. Y ella siempre está muy preocupada por transmitir a las
generaciones jóvenes lo esencial de la cultura saharaui, que está expresada y
contenida en la poesía. A eso le añadiríamos el amor. La poesía es un arma
política pero la potencia de este trabajo ha sido el amor de los saharauis por
su tierra, por la gran diversidad de su territorio, por esa cultura beduina que
está en la raíz de lo que hoy son y por esta forma de educarse, de tratarse, de
amarse, de decirse cómo se quieren los unos a los otros, de expresar esa forma
de acoger al exterior... Si las armas tienen fuerza y si las reivindicaciones
tienen fuerza y si la razón tiene fuerza, algo que es universal para todo el
mundo es el amor. Y la poesía refleja ese amor de los saharauis por lo que
ellos son.
Bahia, ¿qué nos puedes decir tú cómo
saharaui?
Bahia Mahmud Awah: como saharaui quiero
destacar que si no fuera por la implicación de Juan Carlos y Juan Ignacio no
habría sido posible la película, no hubiera sido posible el éxito. Los propios
saharauis no pensaban que esto podría darse algún día, porque se ha hablado del
conflicto desde la vertiente política, militar, de exilio, de derechos humanos
pero este trabajo es inédito y ha salido adelante gracias a la autoría
intelectual de los dos. Yo me he implicado por ellos y me siento de verdad
afortunado por haber sido el primer saharaui que participa en un trabajo de
este tipo y el resultado lo estamos compartiendo los tres y lo hemos disfrutado
con el pueblo saharaui, ¿Más, como nos piden los poetas? Nosotros somos
investigadores, el campo es nuestro, las dificultades son muchas pero hemos
abierto un camino en el que difícilmente nos quedaremos detenidos a la mitad.
Hay más cosas a explorar, investigar y registrar, partiendo de nuestros
conocimientos de esta cultura totalmente oral. Y esto es un orgullo para
nosotros, sentimos que estamos saldando una deuda con esta sociedad de la que
formamos parte y a la que debemos mucho. Que esto sea un granito de arena más
para la causa saharaui, el verso saharaui, el gaf, el talaa, y para los grandes
poetas.
¿Cómo habéis resuelto el aspecto visual,
la narrativa a través de imágenes?
JIR: Ha sido un verdadero encaje de
bolillos porque hemos recogido la forma de entender la poética de entre doce y
quince poetas nacionales saharauis.
¿Cuántos poemas podéis haber recogido en
total? Un número aproximado.
JIR: En el documental recogemos fragmentos.
Cada uno de los poetas ha recitado un mínimo de diez poemas, son entre 120 y
150 poemas. Un número tremendo para poder encajar con coherencia narrativa
audiovisualmente, porque no deja de ser una narración con un principio y un
final. La idea era recoger en una primera parte aquellos elementos esenciales
de la cultura saharaui, beduina, tradicional, a través de la poesía de sus
autores y sobre esa base construir la lucha por la soberanía del pueblo
saharaui, para que esa lucha cobrara sentido y enraizara en esa cultura, en esa
identidad que diera sentido y justifica esa lucha por la independencia, por el
territorio y la soberanía del pueblo saharaui. Por eso el documental dentro de
las siete partes de las que se compone, tiene básicamente dos: una primera en
la que recogíamos momentos de la cultura saharaui y de su territorio y de su
movimiento en el territorio, esencial para la cultura tradicional beduina y
después la segunda parte con todo el desarrollo histórico del conflicto. En la
última parte los poetas narran, cuentan, versifican la nostalgia en un
territorio vivido que hoy no pueden transitar. Como narrativa así lo hemos ido
encajando.
Luego la cuestión trascendental ha sido
cómo llegar a los públicos, al saharaui que habla hasania y al público
castellano parlante. Después de darle muchas vueltas, subtitulamos los poemas
en hasania pero impedíamos que la propia belleza de las imágenes llegara al público
que habla en castellano porque no podía leer y al mismo tiempo apreciar la
belleza de los paisajes. Decidimos centrarnos en fragmentos de poemas y después
la locución en castellano con la idea de que los dos públicos pudieran
disfrutar de los poemas y de las imágenes, ya que había que poner en valor esa
enorme riqueza visual. Pero la duración del trabajo era enorme y era difícil
darle un ritmo que mantuviera la atención. Lo que hicimos, siguiendo el consejo
de uno de los poetas saharauis, fue elegir fragmentos significativos de los
poemas de cada uno de los autores. De esta forma dábamos mucho más dinamismo a
la narrativa.
Y este trabajo habría sido imposible sin la
mirada y, no la traducción si no la recreación de la poesía en castellano, de
la Generación de la Amistad, especialmente Bahia, Ebnu y también Limam Boicha.
Su capacidad de recrear la poesía ha sido impresionante. Bahia nos ha ayudado a
dar a las imágenes esa textura y esa profundidad y ese tono específico a las
palabras en castellano. Ha habido momentos en que montaba secuencias enteras
con la mirada que yo tenía sobre un territorio determinado y cuando venía Bahia
todo cambiaba, porque un plano que mostraba un desierto, bello quizá para los
ojos europeos pero sin vida, tenía que ser cambiado por la mirada que aportaba
Bahia, como portador de la cultura saharaui: “hay que poner verde ahí porque si
no este plano no transmite la belleza al público saharaui”. Como esta
situación, infinidad de ellas, por eso es un trabajo plenamente colaborativo y
sin la mirada saharaui habría sido imposible.
Me gustaría que nos hablarais más sobre
la implicación de los saharauis en la película, teniendo en cuenta que parte de
la obra de los poetas nacionales saharauis en hasania, y que uno de los
codirectores es saharaui.
JCG. La película es un diálogo
intergeneracional, es un diálogo entre las dos lenguas que los saharauis
habitan, el español y el hasania, está la poesía de los mayores y está la
poesía de los más jóvenes. Es un diálogo entre el proyecto colectivo y la
personalidad de cada uno de los poetas que están aquí, incluyendo los poetas de
la Generación de la Amistad. Es un diálogo entre la sociedad saharaui y los que
venimos de fuera. En ese sentido la colaboración es la construcción común. No
es un proyecto que ya venía diseñado y que hemos hecho juntos; es algo que se
ha ido codiseñando permanentemente y cambiando juntos. Una de las primeras
cosas que se montaron fueron a partir de un poeta, Hussein Moulud, nos impactó
la entrevista y sobre eso hicimos todo un trabajo. Cuando lo empezamos a ver y
a circular por ahí nos dimos cuenta de que era imposible hacer un trabajo sobre
la poesía en hasania a través de un poeta, que tenía que ser el colectivo y
además ese colectivo tenía que incluir a una serie de personas que ya estaban
designadas por el Ministerio de Cultura y por los propios poetas nacionales.
Hay una serie de cuestiones sobre la representación colectiva que también han
influido en la película y que no sólo hemos respetado si no que hemos tratado de
alimentar. Por eso es un trabajo colaborativo en el sentido de que lo hemos ido
haciendo juntos. Co-laborar, trabajar con. En el diálogo se ha ido haciendo la
película, a partir de lo que cada uno podía aportar.
¿Cómo han sido los diferentes viajes que
habéis realizado, en especial los que habéis hecho por el territorio liberado,
Tiris y Zemmur, para recoger las imágenes de la tierra de los saharauis?
JCG. Los viajes han sido un ejemplo de esta
colaboración, porque es precisamente el encuentro con uno de los poetas
nacionales. El primer viaje, con el poeta Hussein Moulud, fue un viaje de
descubrimiento. Tuvimos momentos muy emotivos desde el principio. La
experiencia de Hussein se nos reveló en una conversación que quedó grabada en
Miyek, acerca de su vida, de su familia, de sus hermanos, del reencuentro con
su padre después de treinta años, muchas cosas personales. También nos acompañó
la experiencia de Ebnu desde el principio; cuando pasamos por Tifariti y
supimos de la historia de su familia, de su padre [Nota: el padre de Ebnu cayó
en la guerra en esa parte del territorio], el bombardeo, cuando estuvimos en el
cementerio fue un momento muy excepcional. Fue un viaje donde el paisaje era un
paisaje humano atravesado por historias y donde la poesía no era literatura, si
no que la poesía era vida y la vida era poesía.
El segundo contó con la participación de
Sidi Brahim y Bahia. La complicidad entre ambos a mí me exasperaba a veces
(risas) porque parecía contener cosas interesantísimas y Bahia nos lo reducía a
la mínima expresión y no podíamos apuntarlo ni hacer nada con ello. En el
segundo viaje también quiero destacar a Mohamed Salem Abdelmayid, que es muy
especial por su conocimiento de la poesía, su humor y su complicidad con Sidi
Brahim, que también ayudó muchísimo. Son dos viajes fantásticos y hay que
insistir en la colaboración, unos por ser mayores y su poesía, los otros por su
capacidad de hacer esa poesía propia, como Ebnu y Bahia, Juan Ignacio por su
trabajo con la cámara... En los viajes se pasan momentos tensos, también los
tuvimos, pero fueron los menos. También hay que hablar de alguien presente en
los dos viajes, Mohamed Ali Lamam, que ha hecho un trabajo por detrás enorme
con los poetas pero que se ha mantenido en los viajes en una posición de
logista más que del aspecto sustantivo del proyecto.
¿Cómo es ver Tiris para un occidental?
JIR: Tiris hay que verlo sobre el
horizonte, porque es una tierra blanca y pura, la recuerdo así. Y ver los
montes, los galb, sobre el horizonte es lo que más me ha impresionado de Tiris,
porque Zemmur es bella, tiene agua, los uad, y es mucho más agradable quizás,
pero Tiris tiene la magia de la pureza. Cuando uno está filmando con la vista
tiene que sentir con el tacto lo que está viendo a través de la mirada, y yo
filmaba descalzo porque algo que me ha impresionado mucho es la tierra pura y
blanca de Tiris. Y así la recuerdo, la he sentido, la he vivido y la he
transmitido. Hemos aprendido a mirar el territorio, la gran lección fue en
Tiris: “No te acerques demasiado. Los montes han de verse a la distancia justa
porque los montes orientan”. Eso vino a través de la enseñanza de la buenísima
gente que hemos tenido alrededor, que nos han enseñado a mirar.
JCG: Dice Badi que cuando llega a Tiris se
descalza, porque efectivamente la tierra hay que sentirla. En nuestro viaje a
Tiris en 2010 había llovido. Era un Tiris con agua y nos permitió ver eso que
dice Uld Tolba: “Me gusta el Tiris con lluvia como sin lluvia también”.
BMA: Yo aprendí una frase que finalmente la
he metido en mi libro ‘Tiris, rutas literarias’, porque a mí el viaje me ha
servido para escribir el libro. Estábamos trabajando con Juan Ignacio en la
Universidad y me sorprendió con una frase “Tiris siempre es actual”. Tiris es
esa tierra que no pierde actualidad de acontecimientos, imágenes, personajes,
de fábulas, de magia. El primer día del viaje, cuando ya estábamos en Tiris
dormimos en la intemperie, el firmamento, nuestras hogueras, dispersos
tranquilamente, y el tener contacto con la tierra, transmite algo, hay algo,
una magia que te transmite, te da fuerza, alegría. Cuando llegamos a la famosa
cueva de Uld Tolba nos quedamos como absorbidos dentro de la cueva,
contemplando la belleza de la cueva y el horizonte que hay alrededor. Tocar las
paredes de la cueva te transmite, te lleva a siglos atrás, a la época de los
eruditos de la tierra, como el gran Uld Tolba. Esto es lo que podemos hablar de
Tiris, pero de Tiris no se puede hablar en una hora, Tiris abarca mucho.
JIR: Hay una deuda, hemos recorrido sólo
una parte del territorio, porque está partido y según se va viajando vas
sintiendo la emoción de recorrer un territorio que forma parte de las anécdotas
de su familia, está en su presente pero también está en su futuro. Todas las
partes del territorio nacional saharaui son actuales por eso, porque forman
parte de la historia, porque hoy están luchando por ella y la están soñando en
el futuro. Y sí que sentíamos la deuda de un territorio partido, a partir de un
punto no podíamos pasar y eso rompía el corazón de los saharauis. Ese muro no
solo rompe la tierra, sentíamos que ese muro rompe por la mitad el corazón de
los saharauis, era una sensación muy fuerte.
¿Cómo habéis vivido el FiSahara y el
premio?
JIR: Ha sido un momento de una emoción
gigantesca. El premio está muy bien pero el verdadero premio ha sido compartir
la emoción de la gente cuando estaban viendo el trabajo. Esos jóvenes tumbados
en las alfombras, viendo la película, levantando los móviles para sacar fotos
de zonas del territorio de las que habrían escuchado hablar a sus padres, a sus
abuelos, y verlas protagonistas de una pantalla grande, su territorio, eso es
de una emoción gigantesca. Ver a los hombres y mujeres más mayores a nuestro
lado reírse, llorar, por un territorio, una cultura que es la suya, nosotros no
hemos sido más que instrumentos para mostrarles algo tan suyo, esto ha sido de
una emoción absolutamente impagable. Para mí el gran premio ha sido esto. Esa
es la sensación de reconocimiento compartido y vivido que he tenido en el FiSahara,
y el compromiso sellado de sentirme hijo de los saharauis y un compromiso
personal de querer envejecer con ellos. Para mí, como antropólogo, todo lo que
he experimentado esta semana con la gente ha sido el momento más potente como
antropólogo, más fuerte, más íntimo, más feliz de toda mi vida.
JCG: FiSahara mucha farándula, mucho ego,
para la gente de Dajla un placer poder estar en la fiesta, tener otro ambiente,
un pase de modelos de la jovencitas, momentos muy interesantes desde el punto
de vista del hecho etnográfico del festival. Reflexionar también cómo
contribuye al conocimiento y qué tipo de conocimiento porque siempre es
interesante pero también puede tener su sombra, porque no sé cuánto contribuye
realmente a involucrar al mundo del cine en el fondo. La película lo que trata
de plantear es una mirada desde el Sahara sobre el territorio, sobre toda la
historia, sobre los problemas sobre la percepción de la gente sobre los poetas,
la indignación, la frustración con la comunidad internacional. Nosotros somos
parte del problema tanto como parte de la solución. El FiSahara contribuye a
eso pero al final hay una distancia que todavía queda mucho por cubrir. El
encuentro con las familias es muy interesante para la gente, remueve
conciencias. Pero falta algo que se debería seguir trabajando.
En lo personal, la posibilidad de un
escenario donde estás con todo lo que has tratado de hacer, muy cercano a la
gente, ver cómo la gente lo empieza a apreciar, lo empieza a valorar. De alguna
manera ese reconocimiento a tu trabajo empieza o continúa, se va fraguando una
relación que diluye la distancia entre nosotros y ellos, y eso es muy bonito
para un antropólogo y te compromete más.
BMA: Miro el FiSahara como saharaui pero
desde el exterior. Veo mucha gente comprometida, del cine, de las
universidades, del mundo solidario, implicados en el festival, que es una
referencia en la historia del pueblo saharaui, en el marco de la solidaridad.
Lo veo como algo muy importante. Para la gente de Dajla cuando llega el festival
les llena un vacío. Cada año los actores y actrices que vienen no se repiten,
esto potencia la estructura del FiSahara para darle más proyección y más
fuerza. Y siento que los saharauis cada vez tenemos más amigos, cada vez somos
más fuertes, nuestra causa se siente arropada internacionalmente. Cuando tienes
muchos amigos y detrás de una causa justa, tarde o temprano llegará a buen
puerto.
JIR: En FiSahara todo es positivo. Ha
cumplido un excelente papel como escenario para los que hacemos cine desde y
para el pueblo saharaui. Están puestas las bases para que esto suceda, los
propios saharauis son sujetos creadores de las historias que se proyectan del
FiSahara hacia fuera. Hay una Escuela de Cine que empieza a dar sus frutos,
tiene su espacio. Este ha sido el primer FiSahara en el que un director
saharaui ha ganado el premio, eso ha de ser puesto en valor. Los saharauis como
sujeto han estado en lo más alto y esto tiene que tener un reconocimiento y una
proyección hacia el exterior de lo que ellos desde allí son capaces de
proyectar como sujetos de su propia historia y de su propia capacidad creativa.
Este es el paso que el FiSahara debe dar y estoy seguro, por la sensibilidad de
la gente que está dentro, que lo van a hacer.
Tras haber ganado el primer premio del
FiSahara, ¿a dónde esperáis que llegue la película?
JIR: Hay un mandato del pueblo saharaui,
nos han dado un mensaje, “compartimos con vosotros este premio pero tenéis una
responsabilidad y una obligación, y es llevar nuestra identidad que se sustancia
en nuestra poesía llevarla hasta el último rincón del mundo”. Nuestro deseo una
vez acabado el trabajo de creación es llegar a esta fase de distribución
cumpliendo este mandato, que no es un mandato que alimenta nuestros egos. A lo
largo de estos años hemos dejado nuestros egos repartidos en el territorio con
la gente con la que hemos trabajado. Es cumplir el mandato de llevar esta obra
que condensa esta identidad saharaui tan enraizada, este amor por su
territorio, hasta el último rincón del mundo. Este es el desafío, la
responsabilidad que tenemos ante el pueblo saharaui. Hacia el interior, apoyar
a la gente de las wilayas, la gente joven en los colegios, en sus
instituciones, fuera, para que pueda ver este trabajo en el propio territorio
saharaui, campamentos, territorios liberados, en los territorios ocupados y por
supuesto la población saharaui en la diáspora.
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