domingo, 9 de octubre de 2016

Crónica de la presencia saharaui en la Mostra Viva del Mediterráneo 2016- Valencia



Valencia, 9 de octubre 2016.
El pasado viernes 7 del corriente mes se ha inaugurado en el Palau de la Música el festival de cine valenciano, Mostra Viva del Mediterráneo. Esta es la V edición desde que Mostra de cine se convirtió en Mostra viva del mediterráneo. Esta edición está dedicada al Pueblo Saharaui y al Pueblo Palestino y a todos los pueblos que se les ha usurpado su tierra, se les ha expulsado de ella o viven en su país bajo la ocupación colonial.
En la inauguración además de un numeroso público y de personalidades del ramo han asistido autoridades valencianas como el Alcalde de Valencia D. Joan Ribó Canut, el Presidente de honor de Mostra Viva D.Vicent Garcés y varias autoridades de la Genaralitat valenciana. Por parte saharaui. Ha asistido Mohamed Ali Ali Salem Responsable de Asuntos Políticos y Culturales en la Delegación Saharaui para España, en representación del Gobierno de la RASD, al cual han acompañado Abderrahaman Maelainin, Delegado Adjunto para la Comunidad Valenciana, María Lourdes Crespo miembro de la Federación valenciana de asociaciones solidarias con el Pueblo Saharaui y Mustafa Mohamed Lamin Ahmed, Vicepresidente de la asociación de inmigrantes saharauis en Valencia. Se añade a ello un nutrido número de saharauis residentes en la Comunidad.
Ayer sábado 8 de octubre a las 16:45, Mohamed Ali Ali Salem ha presentado los cortos de la escuela Saharaui de Cine “Abidin Kaid Salah” en la Universidad de Valencia, como parte de las actividades del festival. En su intervención el Responsable saharaui se ha referido al joven e incipiente cine saharaui, a la escuela de cine. Su génesis y desarrollo hasta llegar a la tercera promoción de los estudiantes formados allí este curso. También abordo el contenido de los cortos, su clima y mensaje y ha lanzado un llamamiento urgente de ayuda a la escuela de cine que estos últimos años sus recursos escasean y para finalizar abordó, la situación actual.
En el mismo día, a las 19:15, la película “Leyuad, viaje al pozo de los versos” ha sido presentada por Nicolás Calvo su productor.
A las dos proyecciones ha asistido como parte del público miembros de la comunidad saharaui afincada en Valencia. Asociaciones y colectivos solidarios.      
Mañana lunes se celebrará un debate donde participara la delegación Saharaui.
GONZALO MOURE TRENOR 08.10.2016 
Hace 50 años que un profesor adelantado a su tiempo, Carlos Lozares, propuso a los alumnos de secundaria de un colegio de Valencia una insólita asignatura: Cine. Estudiamos un manual de cine y el guión de Truffaut, comparado con la novela de Bradbury, de Farenheit 451. E incluso hicimos un corto en 8mm, en un trabajo en el que estaban Pepe Molins y Julio Bustamante (entonces aún Julio Balanzá), y que no llegó a ver la luz.
Lo he acabado 50 años después, porque Leyuad empezó entonces, cuando el cine estaba al alcance de muy pocos. Un buen profesor es el que abre el mundo a sus alumnos, y Carlos Lozares nos enseñó no solo un lenguaje, sino también una inquietud. Soy hijo de esa inquietud, y aunque durante muchos años la encaucé a través del periodismo y la literatura, el cine dormía inquieto en mi corazón. Y fructificó en la película que se presenta ahora en la Mostra de Cinema del Mediterràni. Una película saharaui, rodada entre los campamentos de refugiados de Tinduf y el lugar más hermoso, y mítico, del desierto del Sáhara: Leyuad. La codirigimos Brahim Chagaf y yo, aunque en la sala de montaje, con un trabajo increíble, Ines G. Aparicio, una jovencísima cineasta asturiana, ascendió, con todo merecimiento, al mismo nivel de directora. Brahim Chagaf es la cabeza de una generación que está naciendo en esta década, fruto de la Escuela de Cine Abidin Saleh, de los campamentos de Tinduf. Brahim es, por tanto, el futuro. Y el futuro tiene que tener la base más sólida: el pasado. El pueblo saharaui no es sino la unión de todas las tribus que compartían territorio, costumbres, lengua, camellos y pozos, pero que combatían entre ellas. Y fueron los poetas, los hombres del libro, los que les dieron a todas las tribus una identidad común, la saharaui; la conciencia de ser, todos, saharauis. Leyuad es así una ecuación entre pasado, presente y futuro. Es el viaje de un joven poeta exiliado en Madrid, Limam Boisha, que se da cuenta de que se ha quedado «seco del Sáhara», y viaja a sus raíces para recuperar la esencia de la poesía saharaui. Que no está solo en el pasado, sino en el presente de su suelo. Es la poesía saharaui, sobre todo, descripción de su paisaje, de sus galabba (montañas-corazón), de sus lugares míticos y mágicos. Y entre todos ellos, Leyuad. Todos los protagonistas de esta ficción documental son ellos mismos. Poetas y filósofos que acompañan a Limam hasta el remoto valle de Leyuad a través de un relato, surcando un desierto sin carreteras a lo largo de mil kilómetros, los que separan a los campamentos de la hamada argelina de la auténtica tierra de la poesía.
Que nadie espere a Lawrence de Arabia, aunque el bellísimo paisaje que describe la película bien podría haber sido un escenario más de la de David Lean, porque en Leyuad no hay extranjeros ni estrategias imperialistas. Que nadie espere amores a la luz de las estrellas, porque en Leyuad no hay sino poetas y filósofos de la poesía más pura. Que quien acuda a ver Leyuad espere un paisaje silencioso, murmullos del alma y una música que surge de la tierra y asciende hasta lo universal, a través de la personalísima concepción de Gabo Flores, tan mejicano como saharaui. Leyuad no viene a insistir en el quejido por el dolor del exilio, sino que se dirige hacia la plenitud de la posesión, porque más allá del expolio, esa estrecha franja de terreno liberada por la guerra no es sino el desierto que «se renueva en cada amanecer», eterno y simple. No os podemos prometer más que ternura y verdad. Leyuad es lo que dice su subtítulo: Un viaje al pozo de los versos. Os invitamos a beber de él.

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