Diario La Realidad Saharaui: La actual
crisis política que el régimen marroquí y los partidos del sistema del majzen
están provocando en la región, el largo conflicto anexionista que tiene abierto
con la República Saharaui, RASD, además de las recientes ilusas
reivindicaciones que alegan la soberanía marroquí sobre los territorios que se
extienden desde Tánger al Río Senegal, y que ha provocado la protesta formal de
la República de Mauritania, vienen de lejos. Casi cuarenta años después de que
fuera escrita recuperamos una interesante Tribuna de la hemeroteca del
periódico El País. Escrita por el sociólogo, político y ecologista español
Pedro Costa Morata (Aguilas, 1947) fue publicada en agosto de 1978. Resulta
incuestionable la vigencia de un artículo que desgranaba los sueños de un
monstruo “nacionalista fascista” que España tiene al lado y al que saharauis,
mauritanos y argelinos se enfrentan.
----------------------
El gran Marruecos, un sueño
nacional-fascista
EL PAÍS. TRIBUNA.PEDRO COSTA MORATA; 30 AGO
1978
La base de la argumentación marroquí -y de
Goytisolo- está en los pretendidos e inagotables derechos históricos sobre
buena parte de África del Noroeste, recogidos y formulados por Allal El Fassi,
líder del Istiqlal. Esta manifestación expansionista procede -mezcla de sueño y
ambición- de una parte importante de la burguesía nacionalista marroquí, que
halló en las imprecisiones. de la historia la clave de su expansión y
hegemonía. Aunque la monarquía quiso ser la enterradora de los fervores -y
peligros- nacionalistas (¿quién liquidó al Ejército Nacional de Liberación
después de la operación Ecouvillon?) hubo de asumirlos, a su manera, por su
propia supervivencia. Fracasadas las experiencias reivindicativas sobre Argelia
(guerra de octubre de 1961) y contra la República Islámica de Mauritania, los
esfuerzos se orientaron a desquitarse a base de las posesiones de España en la
región. La grotesca «marcha verde»
Las reivindicaciones sobre el Sahara
occidental están desprovistas de fundamento histórico y quiebran en lo
político, pero fueron realimentadas por la retrocesión de la «zona sur del
protectorado » (que no tiene nada que ver con el Saguiet el Hamra y Río de Oro)
y que tampoco había correspondido nunca a Marruecos. Del irredentismo histórico
al expansionismo fascista, no hay más que un paso y a mi juicio, se consiguió
dar con la invasión armada del Sahara occidental. Aquí se ha revelado
diáfanamente la potencialidad fascista del sueño de El Fassi, y también en las
frecuentes amenazas y bravatas sobre territorios de Argelia y Mali, (por
razones obvias, pero que interesaría que se nos explicaran, las
reivindicaciones sobre Mauritania están en el congelador). Del nacionalismo
romántico e interesado se ha pasado a un subimperialismo expansionista que
conviene frenar a todos los pueblos de la zona. Recuperar a base de bombardeos
con napalm y otras lindezas unos territorios evolucionados políticamente no
puede calificarse de otro modo. De todos modos convendría saber, para enjuiciar
debidamente sus fervores, cómo es el mapa del Marruecos histórico que Goytisolo
propugna, incluyendo sus opiniones sobre Mauritania.
En cuanto al clamor popular sobre el
Marruecos histórico me voy a permitir dudar absolutamente a la vez que me
reafirmo en la tristeza que me inspiraba la grotesca marcha verde,
esencialmente igual a las demostraciones de la plaza de Oriente y básicamente
manipulada por el aparato publicitario real, una vez que Kissinger, Rabat y
Madrid convinieron en que era la forma más adecuada de liquidar con honra el
asunto. En un país como Marruecos, de explotación salvaje del trabajador, de
feudalismo económico y de ausencia de libertades prácticas lanzar al pueblo a
aventuras expansionistas, por muy «históricas» que se presenten, no puede
hacerse sino con el engaño descarado y opresivo tan familiar en nuestros pagos.
Está claro que son los problemas interiores los que preocupan al régimen; para
neutralizarlos, el «gran Marruecos» resulta extremadamente útil.
Los prejuicios colonialistas, para quien
los tenga
Ni que decir tiene que comparto todas y
cada una de las aseveraciones dirigidas contra los colonialistas españoles y
la: miopía eurocéntrica de los partidos obreros españoles de antes y después de
1931. Pero Goytisolo descarga sobre, éstos, innecesariamente, gran parte del
peso de sus argumentaciones; estamos de acuerdo, pero nada de esto tiene que
ver con el tema que nos ocupa, que es la validez o no de la causa saharaui y la
justificación o no de las pretensiones marroquíes. Poco tiene que ver en esto
lo que decía Largo Caballero o dicen González y Azcárate (estos personajes
dicen lo que haya que decir y dejarán de decirlo cuando haya que dejar de
decirlo: la seriedad política no va por ahí).
La reconstrucción del Estado histórico
desmembrado por la intervención europea, a base de no contar con la voluntad de
sus habitantes, en contra de lo que opina Laraui, significa ahora una operación
fascista-expansionista que solamente un Istiqlal estimulado por la gran
burguesía, unos partidos de izquierda sin bases y humillados constantemente por
el trono y un monarca que se juega a esta carta su supervivencia pueden
promover. No veo al pueblo por ninguna parte en toda esta fanfarria colorista,
amenazante y exultante y sí veo la misma miseria de hace cinco años y las cárceles
ocupadas por izquierdistas y revolucionarios (con y sin partido) que se niegan
a jugar el juego nacionalista y suelen apoyar la causa saharaui.
No es la unidad marroquí la que se ventila
en este conflicto sino, en definitiva, la afirmación de un statu quo social y
político en un Marruecos que juega un papel fundamental en la estrategia
imperialista de Occidente, especialmente en el marco de la OTAN. Se trata de un
sistema reaccionario que secuestra al pueblo con pretextos fraudulentos y
supone un peligro constante para otros pueblos del área. Y aquí no voy a
excusar a Argelia (cuyo régimen me resulta notablemente más simpático que el de
Marruecos), que actúa movida por el mismo imperativo del equilibrio en la
región, pero rehuso claramente el situar el problema saharaui en un duelo entre
los Estados argelino y marroquí.
Mal que pese, Marruecos juega, a nivel
internacional, el papel reaccionario y Argelia, el progresista; y esto no lo
van a impedir las variaciones goytisolianas sobre progresismo y reacción,
generalmente conceptos de sentido común (político). Apoyar un movimiento
político emancipador surgido de una situación colonial y estructurado y
definido en una guerra contra ocupantes colonialistas, primero, y
neocolonialistas después, resulta bastante digno, incluso sabiendo cuál es el
interés material que Argel tiene en el tema. Los movimientos revolucionarios
tercermundistas han necesitado ayuda -y la han obtenido casi siempre- en países
amigos, próximos o lejanos.
El tema, como casi todo, es opinable; pero
mi definición del conflicto no es, desde luego, «choque de dos nacionalismos
opuestos», sino aparición de un movimiento de liberación popular y
antiimperialista opuesto al expansionismo marroquí y ayudado en la revolución
argelina. Sus orígenes no son los que señala, muy simplistamente, Goytisolo
-deseo franquista y estímulo argelino- sino que obedecen a factores culturales,
políticos, geográficos y, desde luego, históricos.
El nacionalismo poético de los adheridos a
causas expansionistas forzosamente es contradictorio y adolece de enfoques
absolutos que no pueden servir. Los problemas que suscita la cuestión saharaui
son sustancialmente políticos, puesto que hay que admitir la voluntad de un
pueblo y la naturaleza de dos regímenes diferentes, en una estrategia amplia de
potencias e intereses en la zona. ¿Cómo no hablar de Francia, USA, URSS, del
Estrecho, el Mediterráneo, la OTAN, etcétera? ¿Cómo va a reducirse todo a la
tirria argelino-marroquí, sin dar a los saharauis el peso debido y sin reconocer
el interés de Occidente en un Marruecos configurado políticamente como en la
actualidad?
* Este artículo apareció en la edición
impresa del Miércoles, 30 de agosto de 1978 en el periódico El País
No hay comentarios:
Publicar un comentario