jueves, 18 de julio de 2013

España pasa de puntillas sobre el Sáhara para no enturbiar el clima con Marruecos

El Rey a su llegada al Ayuntamiento de Rabat, donde ha recibido la llave de oro de la ciudad | J.J. Guillén / Efe
El Rey y Mohammed VI saludan el 'nuevo modelo de vecindad'
Hay un 'excelente entendimiento' entre ambos gobiernos
Diez años después de la toma de Perejil, España y Marruecos viven una diplomática luna de miel y hoy lo han puesto sobre el papel. Una vez superado el miedo atávico al PP, las relaciones Madrid-Rabat marchan viento en popa con la vista puesta en la economía y en la estabilidad política.
La declaración de este 18 de julio, suscrita con motivo de la visita del Rey a Marruecos, es un documento de dos folios y medios trufado de expresiones positivas como la celebración del "carácter estratégico y multidimensional de las relaciones", la "amplia convergencia de puntos de vista sobre cuestiones de interés común" o la "cooperación ejemplar" en materia migratoria y de Justicia. España se sitúa así políticamente al nivel de Francia, a la que el año pasado desbancó como primer socio comercial.
Lejos queda la serie de rifirrafes que han enturbiado el escenario desde 2003, con picos como el desmantelamiento del campamento saharaui de Gdeim Izik en el otoño de 2010. Para ello, ha sido vital la decisión del Gobierno de Mariano Rajoy de ponerse de perfil en la situación del Sáhara Occidental, la ex colonia española tomada militarmente por Marruecos en 1975 cuando Franco agonizaba. Es lo que el diario 'Le Matin', el órgano oficial del Palacio Real, ha llamado esta semana llama una actitud de "neutralidad".
En el comunicado, ambos países resuelven con este párrafo el contencioso de la ex colonia española: "España ha reiterado su apoyo a los esfuerzos desplegados en el marco de Naciones Unidas para alcanzar una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable en la cuestión del Sáhara Occidental, de conformidad con los parámetros definidos por el Consejo de Seguridad".
En dos ocasiones en el último año, el Gobierno del PP ha facilitado la postura de Marruecos en el conflicto, que es la de que el Sáhara Occidental ha de convertirse en una autonomía dentro del reino alauí. Primero, con el apoyo del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo al rechazo que expresó Mohammed VI al enviado especial de la ONU, Christopher Ross. Esta primavera, no poniendo trabas en la ONU al bloqueo franco-ruso de una resolución que hubiera permitido a los cascos azules desplegados en el Sáhara velar por los derechos humanos allí.
Superado así uno de los mayores escollos, el camino está abierto a una relación inmejorable: "En un momento histórico definido por las difíciles condiciones económicas internacionales y la inestabilidad política regional, España y Marruecos han reafirmado el carácter estratégico sobre el que se sustentan sus relaciones bilaterales y han manifestado su deseo de profundizar sus vínculos y contribuir conjuntamente a la prosperidad, desarrollo y estabilidad de su entorno".

A lo largo del viaje, se han suscrito dos convenios, uno empresarial "que tendrá efecto multiplicador de los proyectos comunes" y otro educativo. Además, se ha formado un Círculo de Amistad de personalidades hispano-marroquíes para potenciar la "solidaridad activa" entre ambos países.