martes, 30 de junio de 2015

El muro de la vergüenza en el Sáhara

La presencia española en África llegó a su fin con el abandono del Sáhara en febrero de 1976.
En secreto, el 14 de noviembre de 1975, se firman los "ilegales" acuerdos tripartitos de Madrid, por los que España transfiere la administración del Sáhara a Marruecos y Mauritania.
El mes anterior Marruecos había iniciado la "Marcha verde" ("Marcha Negra" para los saharauis), en la que unos 300.000 marroquíes ocupan ilegalmente el Sáhara español, y comienza una invasión militar que supone la huida masiva de población civil saharaui que es atacada con napalm por la aviación marroquí.
El Ejército español abandona totalmente el Sáhara en febrero de 1976, dejando a su suerte al pueblo saharaui, que empieza a sufrir persecuciones y asesinatos, teniendo que refugiarse gran parte de la población en el desierto argelino y quedando otra parte bajo la ocupación marroquí carentes de los más básicos derechos y sufriendo violaciones, encarcelaciones, torturas situación que continúa hasta día de hoy.
Así las cosas, el Frente Polisario proclama la constitución de la República Árabe Saharaui Democrática el 27 de febrero de 1976 haciendo frente a la ocupación y organizando la huída y acogida de la población saharaui que se refugia en campamentos en la región argelina de Tindouf.
En 1980 el Ejército marroquí, en un cambio de estrategia, comienza la construcción de muros defensivos que van ocupando zonas cada vez más amplias, llegando a anexionarse la parte a la que había renunciado años antes Mauritania.
Marruecos tardó siete años en construir, lo que se conoce como "el muro de la vergüenza". Muro que divide el Sáhara Occidental de norte a sur con una longitud de 2.720 kilómetros, lo que lo convierte en el muro militar más grande del mundo. Suponiendo una amenaza cotidiana para la vida de los civiles saharauis: niños, pastores e incluso ganado.
Este muro constituye una flagrante violación del derecho internacional, en un desesperado intento por controlar al pueblo saharaui e impedir su libre circulación, a fin de no tener acceso a las explotaciones mineras o las zonas costeras, explotadas ilegalmente por Marruecos con el apoyo de terceros países, incluida la Unión Europea.
Esta construcción está formada por muros de arena, rocas, cercas, bunkers, grandes guarniciones militares, más de siete millones de minas terrestres, bombas de racimo, bases militares, tecnología de vanguardia y más de 100.000 soldados.
El muro fue financiado por países como Arabia Saudita e Israel. Su mantenimiento supone a las arcas del gobierno marroquí cerca de 2 millones de dólares al día.
A día de hoy ya son más de 2.500 las víctimas por la explosión de minas, que se suman a las miles de familias que se encuentran divididas desde hace más de cuatro décadas: madres separadas de sus hijos, hermanos que no se conocen?
En pleno siglo XXI es inconcebible la existencia de este muro y el silencio en torno a las minas terrestres, cuyo único propósito es diezmar el pueblo saharaui y evitar que el mundo vea los crímenes cometidos por el gobierno marroquí en el Sáhara Occidental.
La comunidad internacional sigue mirando hacia otro lado y continúa con la venta de armas a Marruecos, apoyando la ocupación por la fuerza del territorio no autónomo del Sáhara Occidental.

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