domingo, 7 de diciembre de 2014

El Pais. El ‘Twitterleaks’ que intriga a Marruecos

Un ‘hacker’ revela desde hace dos meses papeles secretos del Gobierno
El caso Chris Coleman se está convirtiendo en Marruecos en un intrigante escándalo de revelaciones de secretos comprometidos para el Estado, pero que no ha generado ningún pronunciamiento oficial ni una querella, ni siquiera una palabra en la prensa local. En un país donde el control policial es intenso, un tuitero desvela desde comienzos de octubre en la cuenta @chris_coleman24 —llamada Le Makhzen en referencia al poderoso aparato del Estado marroquí— documentos de ministerios, embajadas, e incluso sobornos a periodistas para comprar su apoyo en casos tan delicados como la disputa sobre el Sáhara.
Este Twitterleaks marroquí ha sido comparado al caso Wikileaks, y Coleman, a Edward Snowden. La cuenta de Le Makhzen se ha convertido en materia de conversación en el país, a pesar de que poco más de 3.000 personas se identifican como sus seguidores. Sus publicaciones combinan algunas verdades demostradas (papeles, gestiones y presiones internacionales que no se conocían), varias medias verdades y muchas incógnitas. Cuando se pregunta sobre el escándalo a los responsables de alguno de los departamentos afectados, por ejemplo al Ministerio de Asuntos Exteriores, solo responden que es un asunto delicado y que el hacker ha pirateado alguna de sus cuentas de correo.
La única personalidad que ha hablado públicamente del asunto ha sido la ministra delegada de Asuntos Exteriores, Mbarka Bouaida, porque la cuenta llegó a publicar irrelevantes fotografías privadas con su marido. Bouaida acusó al tal Coleman de "ser un elemento del Polisario al servicio de Argelia" y avanzó que se iba a querellar. Nunca más se supo.
El ministro de Exteriores, Salahedín Mezouar, ha sido uno de los blancos principales de los ataques. Mezouar, que no ha querido ofrecer su versión a EL PAÍS, es uno de los políticos con más proyección ante las próximas elecciones y el secretario general del Reagrupamiento Nacional de los Independientes (RNI), una formación de centro-derecha. La cuenta denuncia que incurrió en tráfico de influencias al conceder varios millones de dólares a la consultora norteamericana McKinsey para elaborar un estudio sobre el relanzamiento de la economía marroquí a cambio de contratar a su hija. La hija trabaja para McKinsey, pero el ministro sostiene que por sus propios méritos.
Desde el 3 de octubre la cuenta también publica escritos y cartas de altos cargos de Exteriores, embajadores en Washington, Ginebra o en la ONU haciendo su trabajo, es decir recabando apoyos para defender la posición de Marruecos, particularmente sobre el Sáhara y contra Argelia y el Polisario. Sin embargo, el tono de alguna de esas charlas es incisivo y denigrante, por ejemplo contra Christopher Ross, el enviado especial del secretario general de la ONU para el Sáhara, al que se tacha de alcohólico, pese a que apoyó en su día el plan de autonomía que Marruecos ofreció al Sáhara.
La difusión de estos documentos revela una fuga de seguridad grave en el Exteriores. Una de las grandes revelaciones de Coleman gira en torno al acuerdo secreto alcanzado en noviembre de 2013 en el Despacho Oval de la Casa Blanca durante la visita del rey Mohamed VI a Barack Obama. Entonces el presidente norteamericano dio su respaldo al plan de autonomía previsto por Marruecos para el Sáhara, y Estados Unidos no incluyó la vigilancia de los derechos humanos entre los cometidos de la Minurso, la misión de la ONU sobre el terreno. Un éxito para Marruecos. El pacto descubierto ahora por Coleman, y no desmentido por nadie, agrega más condiciones: un plan de visitas a la zona de altos cargos, terminar con los juicios a civiles en los tribunales militares y legalizar ONG saharauis independentistas. Marruecos ha cumplido ya las dos primeras promesas.
Otro aspecto escabroso del escándalo es el de los sobornos a periodistas internacionales para que escriban a favor de las tesis marroquíes sobre el Sáhara. El presunto mediador de esas prebendas sería el periodista marroquí Ahmed Charai, director del semanario L'Observateur, un personaje influyente al que se relaciona con los servicios secretos marroquíes, con una afinidad no escondida por el rey, el Gobierno y contactos en think tanks norteamericanos y judíos.
Los tuits de Coleman aportan como prueba un recibí de un periodista norteamericano, Richard Miniter, ligado al American Media Institute, con una transferencia de 60.000 dólares. Miniter y Charai han facilitado cartas de sus bancos donde se afirma que esa operación nunca se hizo.
Charai sostiene que todo es falso, y que un hacker instigado por Argelia y el Polisario pirateó el correo de su ordenador con sus contactos justo cuando ingresó a finales de septiembre en un hospital para someterse a una operación. Lamenta que el Gobierno marroquí ni investigue ni denuncie la situación, que asegura que él ha puesto en manos de sus abogados en Nueva York y España para diferentes querellas.

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