lunes, 10 de agosto de 2015

Cuatro décadas de hostigamientos y lucha

Foto: nuncaestaransolos.blogspot.com
LOS ACTIVISTAS SAHARAUIS TACHAN A RABAT DE CRUEL, PERO ACUSAN A MADRID DE EVITAR SU RESPONSABILIDAD EN EL CONFLICTO
EL conflicto y las reivindicaciones del Sahara Occidental no han cesado desde que, en 1975, el Estado español “abandonó unilateralmente sus responsabilidades como potencia administradora del Territorio No Autónomo”, según proclama la Carta de Naciones Unidas en su artículo 73, Capítulo XI. La Asociación Pro Derechos Humanos de España (APDHE) apunta que los Acuerdos de Madrid y el Decreto 2258/76 son ilegales.
Así lo recuerda a DEIA el responsable de la APDHE Eugenio Sánchez Suárez, quien se encuentra estos días apoyando la campaña #Justiciaparahaidala en Las Palmas de Gran Canaria. “La campaña y denuncia internacional de dichos acuerdos comenzó en febrero de 2011 y ha traspasado hasta el momento un centenar de países”, añade su promotor.
Durante largos años, diversas personas implicadas en esta cuestión han testimoniado una situación de “terror” como “único instrumento de Marruecos con el Sahara. En décadas no han vivido un minuto de paz”, declaró a este diario Inés Miranda, abogada de Aminetu Haidar y Premio Internacional de la Abogacía. Y, coincidiendo con otras fuentes consultadas, Miranda afirmó que “España está actuando de espaldas a la legalidad internacional, diciendo una cosa y haciendo luego otra”.
“España tiene acuerdos económicos y militares con Marruecos”, corrobora Rafael Medina, coordinador de la cadena de apoyo a Haddi. “Ha hecho oídos sordos sobre el reparto ilegal del Sahara, tanto con el Gobierno del PSOE como con el del PP. No tiene consulados abiertos allí; juega incluso económicamente, creando negocios con Marruecos. Hasta Canarias ha abierto líneas aéreas”.
Eugenio Sánchez subraya el “genocidio al que se ha querido pasar página, con frases huecas, postfranquistas”. Elghalia Djimi habló de atroces torturas en las cárceles marroquíes, con mujeres abortando debido a los maltratos. Cuando su compañera de celda y causa Aminetu Haidar se fue recuperando de sus severas huelgas de hambre, indicó a DEIA que “el Gobierno marroquí no diferencia cuando tortura, entre mujer, hombre ni tampoco ¡niños! Algunos de ellos han muerto bajo tortura”.
Haidar logró, en 2009, que el mundo reparara en el Sahara Occidental. Casi pierde la vida en la huelga de hambre que realizó en Canarias -“me debatí entre la vida y la muerte”- pero estaba determinada, “porque me sentía ultrajada, no sólo por el Gobierno marroquí, sino también por el español. El Ministerio de Exteriores fue cómplice con el marroquí para expulsarme de mi propia tierra y separarme de mis hijos”. Así, la UE y la ONU pidieron cuentas a Marruecos al ver que la salud de Haidar era muy crítica. La activista Edi Escobar empujaba su silla de ruedas en la huelga...
La vuelta a El Aaiun no fue un lecho de rosas. “A diario pasan cosas, es un hervidero”, relata Medina. Y constantemente mueren chicos jóvenes, como Haidala, que rechazan la imposición.
¿FUTURO CERCANO? Si Haidar consiguió visibilizar el Sahara, Takbar Haddi no está siendo menos. Inició el 15 de mayo una huelga de hambre en Las Palmas, “reclamando el cadáver de su hijo Mohamed Haidala, agredido por colonos marroquíes, arrestado por la policía de ocupación en condiciones infrahumanas y bajo tortura, y negándosele atención médica. El joven murió a consecuencia de una hemorragia interna”, relata Edi Escobar.
La campaña ha ido creciendo tanto que, desde hace semanas, cada día se suma alguien a la huelga de hambre -como el profesor Carlos Taibo o Alicia Domínguez, de Unid@s se puede-. Hay un blog (justiciaparahaidala.blogspot) y Takbar habló en la sede de la ONU en Ginebra.
Los activistas explican que “a nivel institucional” no ha habido progresos, pero sí informativamente. Mientras el Frente Polisario pidió a la ONU el fin de su “inacción”, han enviado una carta a Mariano Rajoy por el caso de Haidala. Y “quizás pronto a España no le quede más remedio que llegar a un acuerdo con el Polisario”.

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